sábado, 11 de diciembre de 2010

Reconozcamos los signos que anuncian la venida de Jesús

¡Amor y paz!

El Evangelio de hoy nos sitúa a todos ante una alternativa. ¿Sabemos leer los signos de los tiempos, sabemos distinguir la presencia de los profetas y de Jesús mismo en nuestra vida? ¿Y la aceptamos?

A nuestro alrededor hay muchos testigos de Dios, hombres y mujeres que nos dan testimonio de Cristo y de su Evangelio, personas fieles que sin actitudes espectaculares nos están demostrando que sí es posible vivir según las bienaventuranzas de Cristo. Lo que pasa es que tal vez no queremos verlas (J.A.)

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este sábado de la 2ª. Semana de Adviento.

Dios los bendiga,

Evangelio según San Mateo 17,10-13.
Entonces los discípulos le preguntaron: "¿Por qué dicen los escribas que primero debe venir Elías?". El respondió: "Sí, Elías debe venir a poner en orden todas las cosas; pero les aseguro que Elías ya ha venido, y no lo han reconocido, sino que hicieron con él lo que quisieron. Y también harán padecer al Hijo del hombre". Los discípulos comprendieron entonces que Jesús se refería a Juan el Bautista. 
Comentario
En tiempo de Jesús se esperaba el retorno de Elías. Los escribas se apoyaban en un texto de Malaquías (3, 23) tomado en un sentido material: "He aquí que envío mi profeta, Elías, antes de que venga el gran y terrible día del Señor". Estaban convencidos de que Dios enviaría a Elías antes que su Mesías. Y utilizaban este argumento para rechazar a Jesús "no puedes ser el Mesías porque Elías no ha venido".

Jesús les responde: "en efecto Elías viene a preparar los caminos al Mesías. Pero os lo digo: "Elías ha venido ya". Es Juan Bautista: no se llamaba Elías, pero ha cumplido su papel.

"Ha venido revestido del espíritu y de la virtud de Elías (Lc 1, 17). Ha allanado los senderos y enderezado los caminos" (Jn 1, 23). Es el que ha señalado con el dedo al "Cordero de Dios".

"Y no lo reconocieron, sino que lo trataron a su antojo". En lugar de reconocerle, han hecho con él todo lo que han querido.

Este es el drama de todos los tiempos. Juzgamos siempre muy superficialmente. No acertamos a reconocer los signos que Dios nos da como precursores de su presencia. Hoy, como siempre, Dios está junto a nosotros, en nuestras vidas y en las vidas de los que nos rodean. Y pasa desapercibido.
"Así también el Hijo del hombre va a padecer a manos de ellos". La suerte de Jesús, el Mesías, está ligada a la suerte del Bautista, el precursor.

La ignorancia del precursor es ignorancia de Cristo. La muerte del Bautista anuncia y predice la muerte de Cristo.

Estamos en Adviento y debemos desear con fuerza la venida de Dios a nosotros y a nuestro mundo, pero ojo: hay que estar alertas para descubrir los signos que Dios nos envía como precursores de su venida.

Si desconocemos esos signos...

Si pisoteamos esos signos...

Si matamos esos signos...

viernes, 10 de diciembre de 2010

Nuestro corazón seguirá inquieto hasta que descanse en Dios

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este viernes de la 2ª. Semana de Adviento.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Mateo 11,16-19.

¿Con quién puedo comparar a esta generación? Se parece a esos muchachos que, sentados en la plaza, gritan a los otros: '¡Les tocamos la flauta, y ustedes no bailaron! ¡Entonamos cantos fúnebres, y no lloraron!'. Porque llegó Juan, que no come ni bebe, y ustedes dicen: '¡Ha perdido la cabeza!'. Llegó el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: 'Es un glotón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores'. Pero la Sabiduría ha quedado justificada por sus obras". 

Comentario

Nada satisfacía a la sociedad en la época de Cristo. Ni la predicación de Juan ni la de Jesús les resultaba aceptable: alguna crítica suscitaban.

El hombre de hoy también es víctima de la insatisfacción. Nada lo convence. Por momentos se siente pleno, pero muy pronto vuelve la sensación de vacío. Sus aspiraciones muchas veces son muy materiales y se reducen a tener más y más. Es como una veleta a merced de los vientos del consumismo, que le hace querer algo que muy pronto desprecia.

Seguramente pasa por alto que, como dice san Agustín: “Nos hiciste para ti, Señor, y nuestro corazón estará inquieto hasta que no descanse en ti.” Mientras que el hombre no centre su vida en Cristo, toda su vida será insatisfacción…

Agustín de Hipona, que al comienzo no fue cristiano y llegó a ser uno de los teólogos más importantes del cristianismo, expresa así su reacción luego del descubrimiento de la verdad en Cristo, tantas veces buscada: «¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y he aquí que tú estabas dentro de mí y yo fuera, y por fuera te buscaba; y deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste. Tú estabas conmigo, mas yo no lo estaba contigo. Reteníanme lejos de ti aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no serían. Llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y fugaste mi ceguera; exhalaste tu perfume y respiré, y suspiro por ti; gusté de ti, y siento hambre y sed, me tocaste, y abraséme en tu paz».. De las Confesiones (X, 27, 38).