¡Amor y paz!
Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio, en este Domingo de la Undécima Semana del Tiempo Ordinario.
Dios los bendiga…
Evangelio según San Lucas 7,36-50.8,1-3.
Un fariseo invitó a Jesús a comer con él. Jesús entró en la casa y se sentó a la mesa. Entonces una mujer pecadora que vivía en la ciudad, al enterarse de que Jesús estaba comiendo en casa del fariseo, se presentó con un frasco de perfume. Y colocándose detrás de él, se puso a llorar a sus pies y comenzó a bañarlos con sus lágrimas; los secaba con sus cabellos, los cubría de besos y los ungía con perfume. Al ver esto, el fariseo que lo había invitado pensó: "Si este hombre fuera profeta, sabría quién es la mujer que lo toca y lo que ella es: ¡una pecadora!".
Pero Jesús le dijo: "Simón, tengo algo que decirte". "Di, Maestro!", respondió él. "Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios, el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, perdonó a ambos la deuda. ¿Cuál de los dos lo amará más?". Simón contestó: "Pienso que aquel a quien perdonó más". Jesús le dijo: "Has juzgado bien". Y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: "¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y tú no derramaste agua sobre mis pies; en cambio, ella los bañó con sus lágrimas y los secó con sus cabellos. Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entré, no cesó de besar mis pies. Tú no ungiste mi cabeza; ella derramó perfume sobre mis pies. Por eso te digo que sus pecados, sus numerosos pecados, le han sido perdonados porque ha demostrado mucho amor. Pero aquel a quien se le perdona poco, demuestra poco amor". Después dijo a la mujer: "Tus pecados te son perdonados". Los invitados pensaron: "¿Quién es este hombre, que llega hasta perdonar los pecados?". Pero Jesús dijo a la mujer: "Tu fe te ha salvado, vete en paz". Después, Jesús recorría las ciudades y los pueblos, predicando y anunciando la Buena Noticia del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce y también algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, esposa de Cusa, intendente de Herodes, Susana y muchas otras, que los ayudaban con sus bienes.
Comentario
Leí en alguna parte la historia de un niño de seis años llamado Luis, que se levantó muy temprano un domingo y viendo que sus papás todavía dormían, decidió prepararles unos pankakes para el desayuno. Se fue para la cocina, sacó un gran tazón y una cuchara de palo, acercó la silla a la mesa y buscó la harina entre la despensa. Al levantar la pesada bolsa de harina, para ponerla sobre la mesa, se le resbaló y comenzó el reguero más espantoso. Recogió con sus manitas todo lo que pudo de la harina y la fue colocando en el enorme tazón. El resto quedó desparramado entre la mesa, la silla y la despensa. Fue después a la nevera y sacó una caja de leche, tomó el frasco del azúcar y fue mezclando los ingredientes dentro del tazón. El resultado fue una mezcla pegajosa que empezaba a chorrear por los bordes.
Ya para ese momento, había harina regada por toda la cocina. Cada vez que el niño iba de un lugar a otro, dejaba las huellas de sus pequeños pies, marcados por todas partes. El gato iba lamiendo donde encontraba algo para saciar su hambre matutina y le ayudaba a Luisito a dejar pistas de sus pasos por toda la cocina. Cuando Luisito quiso comenzar a cocinar los pankakes, trató de bajar el tazón de la mesa para acercarlo a la estufa y terminó regando el resto de leche que quedaba entre la caja. Desistió de bajar el tazón y decidió acercar la sartén para ir poniendo algo de su mezcla en él. Cuando traía la sartén se resbaló con leche que se había derramado y quedó tirado en medio de la cocina, sintiendo que las cosas no estaban saliendo bien.
Ya para ese momento, se dio cuenta de que no sabía lo que seguía; si debía prender el horno o uno de los fogones… Y mucho menos cómo hacerlo sin quemarse. Ciertamente, quería hacer algo simpático para sorprender a sus papás, pero las cosas no estaban saliendo tan bien como él las había imaginado. Cuando miró otra vez hacia la mesa, su gatito estaba lamiendo el tazón, por lo que corrió a apartarlo, con tan mala suerte que se vino abajo el frasco del azúcar. Ya su pijama estaba completamente pegajosa y la mezcla para los pankakes ocupaba la mitad del piso de la cocina.
En ese momento vio a su papá de pie en la puerta. Dos grandes lágrimas se asomaron a sus ojos. El sólo quería hacer algo bueno, pero en realidad había causado un gran desastre. Estaba seguro de que su papá lo iba a castigar y muy posiblemente le iba a dar una buena paliza. Pero su papá sólo lo miraba en medio de aquel desorden, sin entender qué había pasado allí. Su papá, caminando por encima de todo aquello, se agachó y tomó a Luisito entre sus brazos, que ya estaba llorando, y le dio un gran abrazo lleno de amor, sin importarle cómo estaba quedando su propia pijama.
Dios nos trata así. Jesús se encuentra con una mujer de mala vida en la casa de Simón el fariseo. Ella “llegó con un frasco de alabastro lleno de perfume. Llorando, se puso junto a los pies de Jesús y comenzó a bañarlos con lágrimas. Luego los secó con sus cabellos, los besó y derramó sobre ellos el perfume”. Manifiesta con sus obras, un gran amor a Jesús. Lo expresa sin importarle lo que puedan decir los presentes. Y Jesús recibe estas expresiones de cariño con mucha libertad. Sabe que el anfitrión seguramente va a pensar mal de él, pero no le importa. De hecho, dice el evangelio que “El fariseo que había invitado a Jesús, al ver esto, pensó: “Si este hombre fuera de veras un profeta, se daría cuenta de qué clase de persona es esta que lo está tocando: una mujer de mala vida”.
Cuando Jesús se da cuenta de lo que está penando su anfitrión, le propone una comparación: “Dos hombres le debían dinero a un prestamista. Uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta; y como no le podían pagar, el prestamista les perdonó la deuda a los dos”. Después, Jesús le pregunta al fariseo: “¿cuál de ellos le amará más?” A lo que Simón respondió: “Me parece que el hombre a quien más le perdonó”. Y Jesús, con su intuición pedagógica, que primero hace morder el anzuelo y luego saca las consecuencias, le va mostrando cómo esta mujer demuestra más amor, porque se le ha perdonado más, mientras que él muestra poco amor, porque parece que se le ha perdonado menos…
Dios tiene en mucho los esfuerzos que hacemos por manifestarle nuestro amor. El amor que hemos dado y hemos sido capaces de expresar, es lo que tendrá en cuenta el Señor al final de nuestro camino. Aunque, a veces, por expresar nuestro amor, volvemos todo un desastre a nuestro alrededor. Pero Dios se acerca a nosotros, nos toma en sus brazos y nos regala su perdón, como el padre de Luisito, que se compadece de su pequeño hijo, que ha convertido la cocina de su casa en un verdadero desastre, por querer hacerle unos pankakes a sus papás en día domingo.
Hermann Rodríguez Osorio, S.J.*
* Decano académico de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana – Bogotá
domingo, 13 de junio de 2010
sábado, 12 de junio de 2010
‘MARÍA CONSERVABA ESTAS COSAS EN SU CORAZÓN’
¡Amor y paz!
Ayer celebrábamos la solemnidad del Corazón de Jesús, del Amor. Propio de hijos bien nacidos es que hoy, junto al Hijo, encontremos a su Madre. El Papa Pío XII, muy sensible a la celebración del amor compartido entre el Hijo y la Madre, instituyó esta fiesta el año 1944.
Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este sábado en que celebramos la memoria del Inmaculado Corazón de María.
Dios los bendiga…
Evangelio según San Lucas 2,41-51.
Sus padres iban todos los años a Jerusalén en la fiesta de la Pascua. Cuando el niño cumplió doce años, subieron como de costumbre, y acabada la fiesta, María y José regresaron, pero Jesús permaneció en Jerusalén sin que ellos se dieran cuenta. Creyendo que estaba en la caravana, caminaron todo un día y después comenzaron a buscarlo entre los parientes y conocidos. Como no lo encontraron, volvieron a Jerusalén en busca de él. Al tercer día, lo hallaron en el Templo en medio de los doctores de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Y todos los que lo oían estaban asombrados de su inteligencia y sus respuestas. Al verlo, sus padres quedaron maravillados y su madre le dijo: "Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Piensa que tu padre y yo te buscábamos angustiados". Jesús les respondió: "¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?". Ellos no entendieron lo que les decía. El regresó con sus padres a Nazaret y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba estas cosas en su corazón.
Comentario
Hablar del corazón, y más hablar del corazón de una mujer bendita, es situarnos en un campo de esperanza. El lenguaje popular dice: "tiene un corazón de oro", "te lo digo de corazón", "es toda corazón". Corazón significa intimidad, vida interior, el motor y la raíz de la persona. En la Biblia, corazón es igual a la persona misma. El corazón de la Virgen María es representado con dos símbolos: la espada del dolor y del martirio y las llamas del amor y la ternura.
Con qué temblor apunta el evangelista: "Su madre conservaba todo esto en su corazón". Otro tanto se afirmaba en la Noche de Navidad. No se dice cómo era este corazón; pero si María, madre y formadora, hizo al de Jesús manso y humilde, Jesús, como Dios, hizo al de María, misericordioso y clemente.
Contemplar hoy a Nuestra Señora es mirar el misterio del hombre desde la luz que brota de María. Y decirse devoto del Corazón de María es ser hombre o mujer de corazón misericordioso, donde habita el amor y la ternura. Aquí es inconcebible cualquier integrismo o rigorismo moral, están fuera de sitio los corazones duros e inflexibles o los discursos retóricos y curialescos. La Iglesia es madre y maestra, pero maestra va delante.
Corazón es emoción, sentimiento y pasión. Sólo la palabra que sale del corazón y se dice de corazón puede llegar al corazón del otro. Lenguajes rutinarios, formalistas, abstractos no pueden ser los de un profeta porque nada dicen ni a nadie llegan.
Finalmente, cantar al Corazón de la Virgen María es adentrarse por el camino de la profundidad, de la contemplación, del silencio interior. Lo que guardaba y meditaba en su corazón nos señala la senda. Del hondo silencio brota la palabra insondable. "No se ve bien sino con el corazón (El Principito).
Así lo deseo para todos en esta fiesta. "Tener corazón" es la herencia y el regalo que nos ofrece hoy María. Por eso suplicamos: "Danos un corazón grande para amar".
Conrado Bueno Bueno
CLARETIANOS 2002
www.mercaba.org
Ayer celebrábamos la solemnidad del Corazón de Jesús, del Amor. Propio de hijos bien nacidos es que hoy, junto al Hijo, encontremos a su Madre. El Papa Pío XII, muy sensible a la celebración del amor compartido entre el Hijo y la Madre, instituyó esta fiesta el año 1944.
Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este sábado en que celebramos la memoria del Inmaculado Corazón de María.
Dios los bendiga…
Evangelio según San Lucas 2,41-51.
Sus padres iban todos los años a Jerusalén en la fiesta de la Pascua. Cuando el niño cumplió doce años, subieron como de costumbre, y acabada la fiesta, María y José regresaron, pero Jesús permaneció en Jerusalén sin que ellos se dieran cuenta. Creyendo que estaba en la caravana, caminaron todo un día y después comenzaron a buscarlo entre los parientes y conocidos. Como no lo encontraron, volvieron a Jerusalén en busca de él. Al tercer día, lo hallaron en el Templo en medio de los doctores de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Y todos los que lo oían estaban asombrados de su inteligencia y sus respuestas. Al verlo, sus padres quedaron maravillados y su madre le dijo: "Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Piensa que tu padre y yo te buscábamos angustiados". Jesús les respondió: "¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?". Ellos no entendieron lo que les decía. El regresó con sus padres a Nazaret y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba estas cosas en su corazón.
Comentario
Hablar del corazón, y más hablar del corazón de una mujer bendita, es situarnos en un campo de esperanza. El lenguaje popular dice: "tiene un corazón de oro", "te lo digo de corazón", "es toda corazón". Corazón significa intimidad, vida interior, el motor y la raíz de la persona. En la Biblia, corazón es igual a la persona misma. El corazón de la Virgen María es representado con dos símbolos: la espada del dolor y del martirio y las llamas del amor y la ternura.
Con qué temblor apunta el evangelista: "Su madre conservaba todo esto en su corazón". Otro tanto se afirmaba en la Noche de Navidad. No se dice cómo era este corazón; pero si María, madre y formadora, hizo al de Jesús manso y humilde, Jesús, como Dios, hizo al de María, misericordioso y clemente.
Contemplar hoy a Nuestra Señora es mirar el misterio del hombre desde la luz que brota de María. Y decirse devoto del Corazón de María es ser hombre o mujer de corazón misericordioso, donde habita el amor y la ternura. Aquí es inconcebible cualquier integrismo o rigorismo moral, están fuera de sitio los corazones duros e inflexibles o los discursos retóricos y curialescos. La Iglesia es madre y maestra, pero maestra va delante.
Corazón es emoción, sentimiento y pasión. Sólo la palabra que sale del corazón y se dice de corazón puede llegar al corazón del otro. Lenguajes rutinarios, formalistas, abstractos no pueden ser los de un profeta porque nada dicen ni a nadie llegan.
Finalmente, cantar al Corazón de la Virgen María es adentrarse por el camino de la profundidad, de la contemplación, del silencio interior. Lo que guardaba y meditaba en su corazón nos señala la senda. Del hondo silencio brota la palabra insondable. "No se ve bien sino con el corazón (El Principito).
Así lo deseo para todos en esta fiesta. "Tener corazón" es la herencia y el regalo que nos ofrece hoy María. Por eso suplicamos: "Danos un corazón grande para amar".
Conrado Bueno Bueno
CLARETIANOS 2002
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