viernes, 22 de enero de 2010

JESÚS LLAMA A LOS QUE QUIERE Y LOS ENVÍA

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este viernes de la 2ª. semana del Tiempo Ordinario.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Marcos 3,13-19.

Después subió a la montaña y llamó a su lado a los que quiso. Ellos fueron hacia él, y Jesús instituyó a doce para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar con el poder de expulsar a los demonios. Así instituyó a los Doce: Simón, al que puso el sobrenombre de Pedro; Santiago, hijo de Zebedeo, y Juan, hermano de Santiago, a los que dio el nombre de Boanerges, es decir, hijos del trueno; luego, Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago, hijo de Alfeo, Tadeo, Simón, el Cananeo, y Judas Iscariote, el mismo que lo entregó.

Comentario

a) Marcos nos cuenta la elección de los doce apóstoles.

Por una parte está la multitud que oye con gusto la predicación de Jesús y se aprovecha de sus milagros. Por otra, los discípulos, que creen en él y le van reconociendo como el Mesías esperado. Ahora, finalmente, él elige a doce, que a partir de ahora le seguirán y estarán con él en todas partes.

Apóstol, en griego, significa «enviado». Estos doce van a convivir con él y los enviará luego a predicar la Buena Noticia, con poder para expulsar demonios, como ha hecho él. O sea, van a compartir su misión mesiánica y serán la base de la comunidad eclesial para todos los siglos.

El número de doce no es casual: es evidente su simbolismo, que apunta a las doce tribus de Israel. La Iglesia va a ser desde ahora el nuevo Israel, unificado en torno a Cristo Jesús.

b) «Llamó a los que quiso». Es una elección gratuita. También a nosotros nos ha elegido gratuitamente para la fe cristiana o para la vocación religiosa o para el ministerio sacerdotal.

En línea con esa lista de los doce, estamos también nosotros. No somos sucesores de los Apóstoles -como los obispos- pero sí miembros de una comunidad que forma la Iglesia «apostólica».

No nos elige por nuestros méritos, porque somos los más santos ni los más sabios o porque estamos llenos de cualidades humanas.

Probablemente también entre nosotros hay personas débiles, como en aquellos primeros doce: uno resultó traidor, otros le abandonaron en el momento de crisis, y el que él puso como jefe le negó cobardemente. Nosotros seguro que también tenemos momentos de debilidad, de cobardía o hasta de traición. Pero siempre deberíamos confiar en su perdón y renovar nuestra entrega y nuestro seguimiento, aprovechando todos los medios que él nos da para ir madurando en nuestra fe y en nuestra vida cristiana.
Como los doce, que «se fueron con él» y luego «los envió a predicar», también nosotros, cuando celebramos la Eucaristía, «estamos con él» y al final de la misa, cuando se nos dice que «podemos ir en paz», en realidad «somos enviados» para testimoniar con nuestra vida la Buena Noticia que acabamos de celebrar y comulgar.

J. ALDAZABAL
ENSÉÑAME TUS CAMINOS 4.
Tiempo Ordinario. Semanas 1-9
Barcelona 1997. Págs. 62-65
www.mercaba.org

jueves, 21 de enero de 2010

JESÚS NO NOS LIBERA CON LA FUERZA SINO CON EL AMOR

¡Amor y paz!

Después de las controversias de Jesús con los fariseos, a propósito del sábado y del ayuno, hoy nos presenta el Evangelio una escena diferente: Jesús va con sus discípulos a la orilla del lago y le sigue mucha gente.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este jueves de la 2ª semana del Tiempo Ordinario.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Marcos 3,7-12.

Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del mar, y lo siguió mucha gente de Galilea. Al enterarse de lo que hacía, también fue a su encuentro una gran multitud de Judea, de Jerusalén, de Idumea, de la Transjordania y de la región de Tiro y Sidón. Entonces mandó a sus discípulos que le prepararan una barca, para que la muchedumbre no lo apretujara. Porque, como curaba a muchos, todos los que padecían algún mal se arrojaban sobre él para tocarlo. Y los espíritus impuros, apenas lo veían, se tiraban a sus pies, gritando: "¡Tú eres el Hijo de Dios!". Pero Jesús les ordenaba terminantemente que no lo pusieran de manifiesto.

Comentario

Tras la confrontación con los fariseos, Jesús se retira en dirección al mar. Éste representa la frontera con los pueblos paganos, frontera que Él ha venido a abolir. Rechazado por los suyos, Jesús se abrirá a to¬dos. De hecho, la acción liberadora de Jesús crea unas inmensas expectativas en el pueblo oprimido que acude a El de todas partes. Todos, judíos y paganos, podrán entrar a formar parte de su reino, un reino con vocación universal...

Jesús toma precauciones con esta multitud que «se le echa encima para tocarlo» y arrebatarle de este modo la liberación, como si ésta fuese algo que se consigue por arte de magia, con un leve contacto y no como resultado de un largo proceso de fe, de adhe¬sión a su persona y estilo de vida.

También los espíritus inmundos, es decir, toda aquella gente imbuida de falsas ideas mesiánicas, quie¬ren ver en Jesús ese Mesías davídico que liberaría al pueblo mediante el poder y la fuerza. Pero Jesús no se identifica con ese tipo de Mesías, que se impone por la fuerza, y manda callar... La verdadera liberación del pueblo se conseguirá no mediante la fuerza, la domi-nación o la opresión de los demás, sino mediante la práctica individual y comunitaria de un amor capaz de dar la vida para dar vida. La liberación se basa en el desarrollo del ser humano en libertad, autonomía y amor solidario. ¿Estarán dispuestas las multitudes a seguir este camino? Parece que no, pues al final tam-bién dejarán solo a un maestro que despertó tantas expectativas. ¿Y nosotros?

Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica
www.mercaba.org