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miércoles, 28 de agosto de 2013

"¡Ay de ustedes, hipócritas, que parecen sepulcros blanqueados!"

¡Amor y paz!

Dos acusaciones más de Jesús contra los fariseos, con los que terminamos esta serie, nada halagüeña para las clases dirigentes de Israel.

Según él, esos letrados y fariseos hipócritas se parecen a «sepulcros blanqueados», «hermosos por fuera», pero por dentro «llenos de… podredumbre». Los sepulcros se blanqueaban, entre otras cosas, para que se pudieran distinguir bien y no tocarlos, porque eso dejaba impura a la persona.

Además, los fariseos levantan mausoleos o adornan los sepulcros de los profetas muertos por sus antepasados: pero ellos mismos rechazan a los profetas vivientes, y están a punto de asesinar al enviado de Dios, con lo que van a «colmar la medida de sus padres».

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este miércoles de la vigésima primera semana del tiempo ordinario.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Mateo 23,27-32. 
¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que parecen sepulcros blanqueados: hermosos por fuera, pero por dentro llenos de huesos de muertos y de podredumbre! Así también son ustedes: por fuera parecen justos delante de los hombres, pero por dentro están llenos de hipocresía y de iniquidad. ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que construyen los sepulcros de los profetas y adornan las tumbas de los justos, diciendo: 'Si hubiéramos vivido en el tiempo de nuestros padres, no nos hubiéramos unido a ellos para derramar la sangre de los profetas'! De esa manera atestiguan contra ustedes mismos que son hijos de los que mataron a los profetas. ¡Colmen entonces la medida de sus padres!
Comentario

Jesús sigue fustigando el pecado de hipocresía: aparecer por fuera lo que no se es por dentro. Como había condenado los árboles que sólo tienen apariencia y no dan fruto, aquí desautoriza a las personas que cuidan su buena opinión ante los demás, pero dentro están llenos de maldad.

¿Se nos podría achacar algo de esto? ¿No andamos preocupados por lo que los demás piensan de nosotros, cuando en lo que tendríamos que trabajar es en mejorar nuestro interior, en la presencia de Dios, a quien no podemos engañar? ¿Es auténtica o falsa nuestra apariencia de piedad? ¿Sería muy exagerado tacharnos de «sepulcros blanqueados»?

También conviene que nos evaluemos en el otro aspecto que Jesús denuncia: ¿somos de las personas que, de palabra, se distancian de los malos, como los fariseos de sus antepasados («nosotros no hubiéramos hecho eso de ninguna manera»), pero en realidad somos tan malos o peores que ellos, cuando se nos presenta la ocasión? Se podría decir algo así de la Iglesia, que denuncia, y con razón, los defectos de la sociedad, pero que puede caer en las mismas faltas que critica, como la ambición o la violencia o el interés por el poder? Y también de cada uno de nosotros, los «buenos», siempre tentados de creernos los mejores, los perfectos, cuando en realidad tal vez somos espiritualmente más pobres que los que tenemos por alejados o no creyentes.

J. ALDAZABAL
ENSÉÑAME TUS CAMINOS 5
Tiempo Ordinario. Semanas 10-21
Barcelona 1997. Págs. 312-315

miércoles, 25 de agosto de 2010

Jesús censura las falsas apariencias

¡Amor y paz!

Concluyen los ‘ayes’ de Jesús y dice hoy que los letrados y fariseos hipócritas se parecen a ‘sepulcros blanqueados’, por fuera ‘con buena apariencia’, pero por dentro ‘llenos de podredumbre’. Los sepulcros se blanqueaban, entre otras cosas, para que se pudieran distinguir bien y no tocarlos, porque eso dejaba impura a la persona.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este Miércoles de la XXI Semana del Tiempo Ordinario.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Mateo 23,27-32.

¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que parecen sepulcros blanqueados: hermosos por fuera, pero por dentro llenos de huesos de muertos y de podredumbre! Así también son ustedes: por fuera parecen justos delante de los hombres, pero por dentro están llenos de hipocresía y de iniquidad. ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que construyen los sepulcros de los profetas y adornan las tumbas de los justos, diciendo: 'Si hubiéramos vivido en el tiempo de nuestros padres, no nos hubiéramos unido a ellos para derramar la sangre de los profetas'! De esa manera atestiguan contra ustedes mismos que son hijos de los que mataron a los profetas. ¡Colmen entonces la medida de sus padres!

Comentario

Terminan los lamentos de Jesús con un acento especial al hacer memoria histórica de los profetas. Hay una memoria tramposa que no sirve para vivir en el Hoy de Dios lo que ellos vivieron en sus épocas. De nada sirven esos monumentos erigidos en su honor ni lamentar su muerte si repetimos los crímenes que causaron su martirio.

Dios se convirtió en un “producto nacional”, sólo judío. La justicia legalista ha borrado del mapa a los profetas, al pretender ser al mismo tiempo fieles a Dios y asesinos de los profetas.

Con estos ayes Jesús quiere darnos nuevos ojos para ver la vida. Nos advierte del peligro de pervertir la fe en el Dios del la alianza. La fe así pervertida, produce mucha muerte. Lo que quiere decir Jesús es que Dios está interviniendo en la historia con sus prácticas a favor de los indefensos y marginados. Matar al mensajero es matar a ese Dios, comprometido con su pueblo. La originalidad de Jesús está precisamente aquí: en considerar a los excluidos como las fuerzas vivas de la historia. Vivir eso hace que el culto no sea estéril, y que las tradiciones de nuestros padres puedan ser releídas desde los signos de los tiempos.

No es una reforma lo que ofrece Jesús, sino una alternativa, un nuevo comienzo, una novedad. Romper con ese Dios de muertos, y con una religión encubridora de las injusticias. Prácticas como pagar impuestos, diezmos… son irrelevantes ante las exigencias de la justicia y de la misericordia. No existe la impureza externa, sino la impureza del corazón.

Servicio Bíblico Latinoamericano

www.mercaba.org