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lunes, 4 de septiembre de 2017

Las palabras de Jesús suscitan aplauso y... rechazo

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, as leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este lunes de la 22ª semana del Tiempo Ordinario.

Dios nos bendice...

Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses (4,13-18):

No queremos que ignoréis la suerte de los difuntos para que no os aflijáis como los hombres sin esperanza. Pues si creemos que Jesús ha muerto y resucitado, del mismo modo, a los que han muerto, Dios, por medio de Jesús, los llevará con él. Esto es lo que os decimos como palabra del Señor: Nosotros, los que vivimos y quedamos para cuando venga el Señor, no aventajaremos a los difuntos. Pues él mismo, el Señor, cuando se dé la orden, a la voz del arcángel y al son de la trompeta divina, descenderá del cielo, y los muertos en Cristo resucitarán en primer lugar. Después nosotros, los que aún vivimos, seremos arrebatados con ellos en la nube, al encuentro del Señor, en el aire. Y así estaremos siempre con el Señor. Consolaos, pues, mutuamente con estas palabras.

Palabra de Dios

Salmo
Salmo responsorial Sal 95,1.3.4-5.11-12a.12b-13

R/.
 El Señor llega a regir la tierra

Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra.
Contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones. R/.

Porque es grande el Señor, y muy digno de alabanza,
más temible que todos los dioses.
Pues los dioses de los gentiles son apariencia,
mientras que el Señor ha hecho el cielo. R/.

Alégrese el cielo, goce la tierra, retumbe el mar
y cuanto lo llena; vitoreen los campos
y cuanto hay en ellos. R/.

Aclamen los árboles del bosque,
delante del Señor, que ya llega, ya llega
a regir la tierra: regirá el orbe con justicia
y los pueblos con fidelidad. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (4,16-30):

En aquel tiempo, fue Jesús a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos la vista; para dar libertad a los oprimidos, para anunciar el año de gracia del Señor.» Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él.
Y él se puso a decirles: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.» Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios.
Y decían: «¿No es éste el hijo de José?»
Y Jesús les dijo: «Sin duda me recitaréis aquel refrán: "Médico, cúrate a ti mismo" y' "haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún".»
Y añadió: «Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos habla en Israel en tiempos de] profeta Elíseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio.»
Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.

Palabra del Señor

Comentario

1. ¿Qué será de los que ya murieron?

1.1 Hemos comentado en otras ocasiones que la Primera Carta a los Tesalonicenses es con muy alta probabilidad el primer documento escrito del Nuevo Testamento. Y vemos en la primera lectura de hoy que uno de los temas que ocupan a estos cristianos de las primeras horas es el destino de los difuntos.

1.2 ¿Por qué esa cuestión parece tan importante para ellos? La pregunta puede revertirse y hacer que apunte hacia nosotros: ¿en nombre de qué o de quién hemos convertido la religión en un asunto fundamentalmente para esta vida? ¿No será que hemos llegado a pensar que el cristianismo es una manera de pasar por esta tierra, o una manera de hacer vivible el mundo, o una manera decente de no dañar a los otros mientras uno busca lo que le gusta?

1.3 Lo cierto es que aquellos cristianos necesitaban una luz sobre su destino final, y sobre el destino final de los que ya se han ido. Y lo esencial de cuanto leemos hoy es: Pablo anuncia que la victoria de Cristo sobre la muerte significa también la victoria de los cristianos sobre la muerte. Aunque los ribetes específicos de su enseñanza quedan un poco velados por el uso generoso de metáforas, una cosa es clara, ante todo: allí donde la fe ha encontrado a Cristo no hay lugar para el temor.

2. ¿A qué vino?

2.1 Es reconfortante y gratísimo escuchar a Nuestro Señor en el evangelio del día de hoy. Oír que hay alguien, por lo menos alguien, que sabe para qué está en el mundo y a qué ha venido a este planeta.

2.2 Y en verdad es grande la misión del profeta de Nazareth: "llevar a los pobres la buena nueva... anunciar la liberación a los cautivos y la curación a los ciegos... dar libertar a los oprimidos... proclamar el año de gracia del Señor". Palabras capaces de despertar viva gratitud y encendida admiración, pero también incredulidad, envidia, incomodidad, desprecio o incluso odio.

2.3 Y esas dos facetas, la del aplauso y la del rechazo, aparecen de manera consecutiva en el pasaje de hoy. Es posible que los hechos como tales no se hubieran dado cronológicamente tal como están descritos en el texto que nos ha llegado y que hace norma para nuestra fe. Lo importante es reconocer que Jesús despierta esas dos reacciones y que tal vez en nosotros mismos pueden darse esos dos modos de abordar el misterio de la misión del Señor.

2.4 Así aprendemos que el entusiasmo, aunque es impulso para el alma, no lo es todo. Las multitudes, por ejemplo, suelen "padecer" el entusiasmo con la misma irracionalidad con que se dejan arrastrar al odio, la destrucción, la burla o la crueldad. Hace bien recibir la energía de un momento cargado de emoción, pero no podemos hacer de la emoción la única estrella o guía de nuestra fe.


http:/ / fraynelson.com/homilias.html.


sábado, 22 de abril de 2017

Nuevos relatos, pero un mismo contenido: el que murió en la cruz sigue vivo


¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este sábado de la octava de Pascua.

Dios nos bendice...

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Marcos (16,9-15):

JESÚS, resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a anunciárselo a sus compañeros, que estaban de duelo y llorando.
Ellos, al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no la creyeron.
Después se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban caminando al campo. También ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero no los creyeron. Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado.
Y les dijo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación».

Palabra del Señor

Comentario

Cada evangelio tiene su manera peculiar de contar la vida de Jesús, sus enseñanzas, sus actos, su pasión, su muerte y por supuesto su resurrección. Esto no es de extrañar puesto que cada uno se recoge en diferente época de la vida de la comunidad creyente y se pone por escrito para alentar la fe de una comunidad específica. Se dice (una hipótesis creíble) que Marcos se dirige a la comunidad de Roma, Lucas a la de Atenas, Mateo a la de Antioquía y Juan a la de Efeso.
El evangelio de Marcos presenta el seguimiento de Jesús como el seguimiento en la pasión. Presenta a Jesús como el discípulo ejemplar por lo cual se entiende que los otros discípulos queden cortos o ciegos para entender. Jesús es como una parábola (mashal en hebreo) del reinado de Dios que aclara las Escrituras, aunque el significado no es tan obvio para el lector y le exige dialogar con el texto, como quien hace unos ejercicios espirituales. No da respuestas directas sino que invita a la actitud orante y reflexiva del lector (más claro aún en Juan).
Cuando a Jesús le preguntan sobre la resurrección de los muertos, con el ejemplo de la mujer que enviuda siete veces, responde que los resucitados son como ángeles y que Dios es un Dios de vivos porque aún los muertos (Abrahán, Isaac y Jacob) viven para él. La escena de la transfiguración es para algunos, por la similitud del lenguaje, una anticipación de la resurrección de Jesús y de transformación (metamorfosis) de los discípulos. La sanación de la hija de Jairo, de la hemorroísa y de la hija de la Sirofencia, sin que equivalgan a la resurrección de Jesús apuntan en tal dirección.
Como bien lo dice Pablo y Juan en el diálogo con Marta, la resurrección no es un tema para el momento de la muerte sino para llenar de sentido la vida. El sentido de la vida de Jesús como parábola se enriquece si tenemos en cuenta que a través de ella Dios continúa revelando nuevos sentidos, porque las Escrituras interactúan con la historia y cada comunidad de fe tiene la oportunidad y el desafío de descubrir esta importancia mutua. Esto aparece más claro en Marcos y Mateo que en Lucas que presenta una revelación más fija y menos evolutiva.
El camino que sigue Marcos para que los discípulos lleguen a la resurrección de Jesús empieza por María Magdalena, pasa por los discípulos de Emaús y termina en la aparición a los once, pues los dos testimonios anteriores no habían sido creídos. María Magdalena, con la anotación de que de ella había salido siete demonios lo cual supone un problema o enfermedad seria (probablemente mental) es la que posibilita que no todo termine en la tumba. La aclaración de los siete demonios se origina en el evangelio de Lucas y aquí simplemente se repite. Difícilmente puede identificarse con la pecadora de la que habla el mismo Lucas sino más bien lo grave de una enfermedad funesta de la que Jesús la había curado.
Son las leyendas medievales y algunas insinuaciones anteriores las que le adjudicarán los siete pecados capitales que es una sistematización del siglo IX. María Magdalena da la noticia de que Jesús está vivo. Pero también la primera negativa a aceptarlo por aquellos que se han quedado bloqueados por lo sucedido en Jerusalén. La aparición a los discípulos de Emaús implica ya (al menos en el relato de Lucas) un encontrar al Resucitado en una comida eucarística que vuelve a los discípulos testigos de la resurrección. Y vuelve a repetirse la incredulidad de los discípulos. Parecerían más reacios a creer que otros, con las ironías propias de este evangelio. La aparición a los once, preparada por las dos apariciones anteriores, se dirige inmediatamente hacia lo esencial del final de Marcos, recordando el reproche debido a la actitud de los once: «Reprendió su incredulidad y su dureza de corazón». A estos se apareció mientras estaban “a la mesa” que también puede tener un carácter eucarístico.
Volvemos a la afirmación del Vaticano II que la Iglesia nace y se nutre de la Eucaristía. No es una mera afirmación piadosa sino que toca el sentido último de la Iglesia. Así, el lector del evangelio se sitúa ante una neta e inexorable alternativa subrayada por el reproche de Jesús. Exige esencialmente adhesión mediante la fe en que el Resucitado lo es porque vivió su vida como pasión. Esto es lo que resume el bautismo: ser insertados en la pasión y muerte de Jesús para ser como él resucitados.
La expresión para describir la manera como se presenta Jesús es «bajo otra figura » (heteromorfa en griego) que nos recuerda la transfiguración. Puede interpretarse de dos formas: a) con las características de un viajero a la manera como a María se le aparece como jardinero; b) bajo un aspecto glorioso de rostro o vestidos relucientes contrastantes con los rasgos normales de su vida terrena.
Los discípulos pasan por una gama de sentimientos. Antes de las apariciones, una situación de abatimiento, «estaban tristes y lloraban»; después de las apariciones relatadas por María Magdalena y sus dos compañeros su estado era de «incredulidad» que los llevaba a ser obstinados; luego serán enviados a predicar el evangelio a toda la creación.
El Resucitado los hace salir a dar testimonio, como a María Magdalena y los discípulos de Emaús. Los mismos discípulos, pues, se forman y son convertidos dentro de la comunidad. Este es una verdad profunda del evangelio: Dios no obra sino a través de personas humanas y cuando obra internamente nos lanza hacia los demás. Nunca la experiencia religiosa me aísla.
Como en otros comentarios se ha dicho, entre fe y comunidad la relación no es temporal como en la primacía del huevo o la gallina. El acento recae ahí en la incredulidad de los discípulos a quienes el Señor reprocha el no haber dado fe a quienes lo habían visto. Luego los mismos discípulos, compañeros de Jesús en los caminos de Palestina, también necesitaron de otros para madurar en su fe.
La conversión es un proyecto de vida permanente para todos, como individuos y como comunidad. Es a la vez una amonestación a los creyentes que vendrán después que pueden juzgar su fe menos cimentada por estar alejada en el tiempo y el espacio de los discípulos y de Palestina. Esta parte final de Marcos falta en los manuscritos más antiguos y muchos Padres de la Iglesia la desconocen, pero es un resumen, a su estilo, de los relatos de las apariciones que relatan los otros Evangelios, especialmente los de Lucas y Juan. Los evangelios relatan los testimonios de quienes tuvieron entonces la experiencia Pascual. Pablo la tendrá muy tardíamente pero marca la pauta para la que debe experimentar todo creyente. Todos podemos relatar cuando el Resucitado se nos hizo el encontradizo y los rasgos serán bien diferentes a los relatados, pero su contenido será igual: el que murió en la cruz sigue vivo.
Apuntes del Evangelio.
Luis Javier Palacio, S.J.

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miércoles, 27 de febrero de 2013

¿Estás dispuesto a cumplir la voluntad de Dios?



¡Amor y paz!

El misterio pascual de Jesús es el cumplimiento decisivo de su misión en el mundo. Mateo subraya, después del anuncio de la Pasión, la importancia de la imitación del Señor para la Iglesia. El que quiera ser grande en el Reino ha de aceptar el último lugar entre los discípulos, tal como Jesús, el Hijo del hombre, que da la vida como siervo del mundo (Misa dominical 1990/06).

Te invito, hermano, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este miércoles de la 2ª. Semana de Cuaresma.

Dios te bendiga…

Evangelio según San Mateo 20,17-28.

Cuando Jesús se dispuso a subir a Jerusalén, llevó consigo sólo a los Doce, y en el camino les dijo: "Ahora subimos a Jerusalén, donde el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas. Ellos lo condenarán a muerte y lo entregarán a los paganos para que sea maltratado, azotado y crucificado, pero al tercer día resucitará". Entonces la madre de los hijos de Zebedeo se acercó a Jesús, junto con sus hijos, y se postró ante él para pedirle algo. "¿Qué quieres?", le preguntó Jesús. Ella le dijo: "Manda que mis dos hijos se sienten en tu Reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda". "No saben lo que piden", respondió Jesús. "¿Pueden beber el cáliz que yo beberé?". "Podemos", le respondieron. "Está bien, les dijo Jesús, ustedes beberán mi cáliz. En cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí concederlo, sino que esos puestos son para quienes se los ha destinado mi Padre". Al oír esto, los otros diez se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús los llamó y les dijo: "Ustedes saben que los jefes de las naciones dominan sobre ellas y los poderosos les hacen sentir su autoridad. Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser el primero que se haga su esclavo: como el Hijo del hombre, que no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud".

Comentario

I. Jesús, como a la madre de Santiago y Juan, a veces también me tienes que decir: no sabéis lo que pedís. Te pido aprobar un examen cuando no he puesto todas las horas que debía; te pido superar un defecto pero no lucho en serio para combatirlo. No alcanzamos la gracia si no la buscamos, porque no se conceden los dones de lo alto a los que los menosprecian. Llamad por medio de la oración, de los ayunos y de las limosnas (1).

¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber? ¿Puedes sacrificarte por Mí como yo me he sacrificado por ti? Jesús, también a Ti te ha costado esfuerzo la redención. Y San Pablo dice: Pues no habéis resistido aún hasta la sangre para combatir el pecado (2). Jesús, he de tomarme más en serio la lucha por mejorar en mi vida cristiana. Sólo entonces mi petición será sincera.

Le dijeron: Podemos: Podemos. Jesús, puedo esforzarme más. Al menos quiero intentarlo. Quiero ser más generoso en mis pequeñas mortificaciones, en las comidas, en la vista, en el orden; en la puntualidad a la hora de ponerse a estudiar o hacer la oración; en el minuto heroico de levantarse a la hora (o de acostarse a la hora, que también cuesta). Puedo... si Tú me ayudas, porque como dice San Pablo: Todo lo puedo en aquel que me conforta (3).

II. También a nosotros nos llama, y nos pregunta, como a Santiago y a Juan: ¿estáis dispuestos a beber el cáliz -este cáliz de la entrega completa al cumplimiento de la voluntad del Padre- que yo voy a beber? Possumus!; ¡sí, estamos dispuestos!, es la respuesta de Juan y de Santiago. Vosotros y yo, ¿estamos seriamente dispuestos a cumplir, en todo, la voluntad de nuestro Padre Dios? ¿Hemos dado al Señor nuestro corazón entero, o seguimos apegados a nosotros mismos, a nuestros intereses, a nuestra comodidad, a nuestro amor propio? ¿Hay algo que no responde a nuestra condición de cristianos y que hace que no queramos purificarnos? Hoy se nos presenta la ocasión de rectificar.

Es necesario empezar por convencerse de que Jesús nos dirige personalmente estas preguntas. Es Él quien las hace, no yo. Yo no me atrevería ni a planteármelas a mí mismo. Estoy siguiendo mi oración en voz alta, y vosotros, cada uno de nosotros, por dentro, está confesando al señor: Señor: ¡Qué poco valgo, qué cobarde he sido tantas veces! ¡Cuántos errores!: en esta ocasión y en aquélla, y aquí y allá. Y podemos exclamar aún: menos mal, Señor, que me has sostenido con tu mano, porque me veo capaz de todas las infamias. No me sueltes, no me dejes, trátame siempre como a un niño. Que sea yo fuerte, valiente, entero. Pero ayúdame como a una criatura inexperta; llévame de tu mano, Señor, y haz que tu Madre esté también a mi lado y me proteja. Y así, possumus!, podremos, seremos capaces de tenerte a Ti por modelo (4).
___________
Notas:
1. S. Juan Crisóstomo, Catena Aurea, vol. I, pág 427.
2. Heb 12, 1-4.
3. Phil. 4, 13.
4. Es Cristo que pasa, 15.
Meditación extraída de la colección “Una cita con Dios”, Tomo II, Cuaresma por Pablo Cardona.