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lunes, 3 de julio de 2017

“Dichosos los que crean sin haber visto”

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar la Palabra de Dios y el comentario, en este lunes en que celebramos la Fiesta de Santo Tomás, Apóstol.

Dios nos bendice...

Primera Lectura

Lectura de la carta de San Pablo los Efesios 2,19-22

Hermanos: Ya no sois extranjeros ni forasteros, sino que sois ciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios. Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular. Por él todo el edificio queda ensamblado, y se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor. Por él también vosotros os vais integrando en la construcción, para ser morada de Dios, por el Espíritu.

Salmo

Sal. 116

R/. Id al mundo entero y proclamad el Evangelio.
Aleluya.

Alabad al Señor, todas las naciones,
aclamadlo, todos los pueblos. R.

Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre. R.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según Jn 20, 24-29

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: "Hemos visto al Señor." Pero él les contestó: "Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo." A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: "Paz a vosotros." Luego dijo a Tomás: "Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente." Contestó Tomás: "¡Señor mío y Dios mío!" Jesús le dijo: "¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto."

Reflexión del Evangelio del día

Tomás, el apóstol y el creyente que todos queremos llegar a ser

Quizá lo fácil hoy es hablar de Tomás, el incrédulo, que lo fue; yo prefiero ver a Tomás como modelo de tantísimas personas, entre las que me encuentro, que creemos, que queremos creer más y mejor, y a veces dudamos, y otras veces tenemos miedo, y hasta puede que otras nos pongamos, como él, “chulos”, diciendo: “Señor, a no ser que… yo no creo”, sin percatarnos, como Tomás, que, al decirlo, estamos haciendo un acto de fe.

El gesto de Tomás no tiene otra explicación, pienso, que el gran amor que tuvo –que tiene- a Jesús. Y, al mismo tiempo, el sufrimiento atroz al ver a Jesús en la pasión, en la cruz y en el sepulcro. Sufrimiento, decepción, dudas, unido todo a unas ansias enormes de que aquello que le están contando no fueran sólo bellas palabras de consuelo y de nostalgia y tuvieran algún viso de realidad. Quisiera creerlo, pero después de lo que ha visto, no se le ocurre otra cosa que decir a sus compañeros: “Ya quisiera, pero no puedo ser tan ingenuo y torpe como vosotros. Yo sólo creeré…” Algo disparatado, inverosímil, aparentemente imposible; así lo ve él, y así quiere apostar él por lo que piensa es lo único razonable.

Y Jesús que no se fija en las apariencias, que ve en Tomás un corazón limpio y sincero, accede a las para nosotros imposibles condiciones de Tomás, se da por vencido, como diciendo: “Soy yo, Tomás. ¿Dudas todavía? Mete tu dedo, mete tu mano. Créeme”. Y el que creía que no creía, se percató de su fe y de su amor.  Y empezó, por Jesús, a ser Santo Tomás.

Dichosos los que creemos sin ver

La Ascensión va a tener lugar en cuestión de días, y Jesús quiere dejar
clara su otra presencia. Seguirá con nosotros a perpetuidad, pero sólo le verán los que quieran creer, los que quieran seguirle sin verle físicamente, los que le amen, sus seguidores. Y a estos les promete una dicha y felicidad que no promete a los otros.

Tomás, a partir de entonces, no necesitó más pruebas, y empezó a ser dichoso por creer sin ver. Como nosotros. Por eso, la fiesta hoy de Santo Tomás es una invitación a no sufrir por creer que no creemos, o que no amamos o que no servimos como se espera de nosotros. En lugar de sufrir, intentemos confiar y fiarnos del Señor, sin verle.

Recordemos su consigna y su promesa. En lugar de pensar en la poca fe que tenemos, sigamos teniendo los mismos gestos que tuvimos en nuestros mejores momentos. Porque no se trata tanto de decir o pensar que creemos cuanto de obrar y vivir como creyentes discípulos y seguidores de Jesús. Como Tomás, al final: “Señor mío y Dios mío”.

Que no nos deprima ni nos quite la paz “el no ver por algún tiempo”. Seremos dichosos.

Hagamos hincapié en la limpieza de corazón, en la transparencia y en la simplicidad de vida. Serán buenas actitudes para estar abiertos al don de la fe. 

Fray Hermelindo Fernández Rodríguez
La Virgen del Camino 

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lunes, 30 de mayo de 2016

Autoridades que no obedecen a Dios y no buscan el bien de la gente


¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este lunes de la 9ª. semana del Tiempo Ordinario.

Dios nos bendice...

Evangelio según San Marcos 12,1-12
En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes, a los escribas y a los ancianos: "Un hombre plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. A su tiempo, envió un criado a los labradores, para percibir su tanto del fruto de la viña. Ellos lo agarraron, lo apalearon y lo despidieron con las manos vacías. Les envió otro criado; a éste lo insultaron y lo descalabraron. Envió a otro y lo mataron; y a otros muchos los apalearon o los mataron. Le quedaba uno, su hijo querido. Y lo envió el último, pensando que a su hijo lo respetarían. Pero los labradores se dijeron: "Éste es el heredero. Venga, lo matamos, y será nuestra la herencia." Y, agarrándolo, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña. ¿Que hará el dueño de la viña? Acabará con los ladrones y arrendará la viña a otros. ¿No habéis leído aquel texto: "La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”? “Intentaron echarle mano, porque veían que la parábola iba por ellos; pero temieron a la gente, y, dejándolo allí, se marcharon. 
Comentario


Sin embargo, estos líderes tiene miedo del pueblo al que dicen representar. El pueblo ve en Jesús un profeta y estos protectores del pueblo quieren quitar a Jesús de en medio. Pero tienen miedo de sus protegidos y les angustia pensar que se vuelvan contra ellos los mismo que guían. ¿De dónde esta contradicción?

Es un caso en que podemos aprender lo que significa una falsa autoridad. No obedecen a Dios y no buscan el bien de la gente. Obedecen a sus intereses y quieren cuidar su fama, su honra y sus privilegios. Por eso les estorba Jesús y por eso harán todo para eliminar a Jesús.

Y lo lograrán: quitarán a Jesús de la tierra, con lo cual lo habrán liberado del poder inicuo que ellos mismos detentan. La muerte de Jesús será el triunfo más grande de su astucia y el fracaso más grande de su locura. Puesto en el umbral de la muerte, este Cristo estará también puesto en las manos del Dios Fuerte. Y resucitado de entre los muertos ni la muerte ni los siervos de la muerte tendrán ya poder sobre él.

http://fraynelson.com/homilias.html 

viernes, 1 de marzo de 2013

¿Estamos produciendo buenos frutos?



¡Amor y paz!

El Evangelio nos hace reflexionar sobre cómo se ha comportado el hombre con Dios, con su Hijo, con sus enviados ¿Cómo te comportas tú?

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este viernes de la 2ª. Semana de Cuaresma.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Mateo 21,33-43.45-46.

Escuchen otra parábola: Un hombre poseía una tierra y allí plantó una viña, la cercó, cavó un lagar y construyó una torre de vigilancia. Después la arrendó a unos viñadores y se fue al extranjero. Cuando llegó el tiempo de la vendimia, envió a sus servidores para percibir los frutos. Pero los viñadores se apoderaron de ellos, y a uno lo golpearon, a otro lo mataron y al tercero lo apedrearon. El propietario volvió a enviar a otros servidores, en mayor número que los primeros, pero los trataron de la misma manera. Finalmente, les envió a su propio hijo, pensando: 'Respetarán a mi hijo'. Pero, al verlo, los viñadores se dijeron: "Este es el heredero: vamos a matarlo para quedarnos con su herencia". Y apoderándose de él, lo arrojaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando vuelva el dueño, ¿qué les parece que hará con aquellos viñadores?". Le respondieron: "Acabará con esos miserables y arrendará la viña a otros, que le entregarán el fruto a su debido tiempo". Jesús agregó: "¿No han leído nunca en las Escrituras: La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos? Por eso les digo que el Reino de Dios les será quitado a ustedes, para ser entregado a un pueblo que le hará producir sus frutos". Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír estas parábolas, comprendieron que se refería a ellos. Entonces buscaron el modo de detenerlo, pero temían a la multitud, que lo consideraba un profeta.

Comentario

Quizás, y a propósito de esta parábola de Jesús, sería bueno el preguntarnos: ¿qué hemos hecho de nuestra vida, de la viña que el Señor nos confió el día de nuestro bautismo? ¿Podríamos decir que hemos o estamos produciendo frutos? O ¿Nos hemos apoderado de ella, sin respetar a aquellos que nos han sido enviados para pedirnos cuentas (padres, hermanos, amigos, sacerdotes)?

Y ¿que podríamos decir de la viña que nos entregó nuestro Señor en nuestra familia, en la esposa, en los hijos, y en general en todo lo que poseemos?

Es bueno recordar siempre que no somos dueños sino administradores y que al menos una parte de los frutos le tocan al Señor. Este tiempo de cuaresma puede ser una buena oportunidad para cambiar nuestra actitud en relación a cómo vivo mi bautismo y como administro los bienes y las gracias que Dios me ha dado. No vaya a ser que corramos la suerte de los viñadores de la parábola.

Que el Señor sea luz y lámpara para tu camino.
Como María, todo por Jesús y para Jesús
Pbro. Ernesto María Caro