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domingo, 9 de diciembre de 2018

“Todos verán la salvación de Dios”


¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio, en este II Domingo de Adviento, ciclo C.

Dios nos bendice....

LECTIO DIVINA: 2º DOMINGO DE ADVIENTO (C)

Lectio: 

Domingo, 9 diciembre, 2018

La predicación de Juan Bautista
Prepararse para la visita de Dios

Lucas 3,1-6

1. Oración inicial

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección. 

Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.

2. Lectura

a) Clave de lectura:

El texto del Evangelio de esta segunda semana de Adviento, nos presenta a Juan Bautista, profeta, que aparece en el desierto para preparar los caminos del Señor. La gente, desde hacía siglos, vivía en una espera de la venida del Mesías, pero el dominio cada vez más opresor de la ocupación romana había hecho aumentar el deseo de la venida del Liberador, del Salvador. La aparición de Juan en el desierto era señal del hecho de que Dios estaba de nuevo visitando a su pueblo. ¡La redención estaba cerca!

Lucas se preocupa de colocar la aparición de Juan en el contexto político social y en el contexto religioso de la época. En el contexto político social, Tiberio es el emperador, Pilatos es el gobernador de Judea, Herodes gobierna la Galilea, Anás y Caifás son los sumos sacerdotes. Después, por medio de un texto bíblico, Lucas coloca a Juan en el contexto religioso del proyecto de Dios y dice que él ha venido para preparar la realización de las esperanzas seculares de la venida del Mesías.

b) Una división del texto para ayudarnos en su lectura:

Lucas: 3,1-2: Colocación de la acción de Juan en el tiempo y en el espacio
Lucas: 3,3: Resumen de la actividad política de Juan
Lucas 3,4-6: Iluminación bíblica de la actividad de Juan

c) Texto:

1 En el año quince del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilato procurador de Judea; Herodes tetrarca de Galilea; Filipo, su hermano, tetrarca de Iturea y de Traconítida, y Lisanias tetrarca de Abilene; 2 en el pontificado de Anás y Caifás, fue dirigida la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. 3 Y se fue por toda la región del Jordán proclamando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, 4 como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías:
Voz del que clama en el desierto:
Preparad el camino del Señor,
enderezad sus sendas;
5 todo barranco será rellenado,
todo monte y colina será rebajado,
lo tortuoso se hará recto
y las asperezas serán caminos llanos.
6 Y todos verán la salvación de Dios.

3. Un momento de silencio orante
para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

4. Algunas preguntas
para ayudarnos en la meditación y en la oración.

a) ¿Cuál es el punto de este texto que más te ha gustado o que ha llamado más tu atención? ¿Por qué

b) ¿En qué lugar y en qué época aparece Juan?

c) ¿Cuál es el significado de la iluminación bíblica para entender las actividades de Juan?

d) Desierto, camino, senderos, barranco, montes, colina, pasos tortuosos, lugares ásperos: ¿Cuál es el significado de estas imágenes para entender mejor la actividad de Jesús?

e) ¿Cuál es el mensaje de este texto para nosotros hoy?

5. Para aquellos que quisieran profundizar más en el tema

a) Contexto de ayer y de hoy:

* Lucas coloca la actividad de Juan Bautista en el año 15 del gobierno de Tiberio, emperador de Roma. Tiberio fue emperador del 14 al 37 después de Cristo. En el año 63 antes de Cristo, el imperio romano había invadido a Palestina, imponiendo al pueblo una dura esclavitud. Las revueltas populares se sucedían, una tras otra, sobre todo en Galilea, pero fueron duramente reprimidas por las legiones romanas. Del año 4 antes de Cristo hasta el 6 después de Cristo, esto es, durante el gobierno de Archelao, la violencia se hizo sentir en toda la Judea. Este hecho empuja a José y María a regresar a Nazaret en Galilea y no hacia Belén en la Judea (Mt 2,22). En el año 6, Archelao fue depuesto y la Judea se convirtió en Provincia Romana con el Procurador nombrado directamente del emperador de Roma. Pilatos fue uno de estos procuradores. Gobernó desde el año 25 al 36. Este cambio de régimen político trajo una cierta calma, pero revueltas esporádicas, como la de Barrabás (Mc 15,7) y la subsiguiente represión romana (Lc 13,1), recordaban la extrema gravedad de la situación. Bastaba que alguno atizase la brasa para hacer saltar el incendio de la revuelta. La calma era apenas una tregua, una ocasión ofrecida por la historia, por Dios, para que el pueblo pudiese hacer una revisión del camino emprendido (cf. Lc 13,3.5) y, así, evitar la destrucción total. Y Roma era cruel. En caso de revuelta, terminaría con el Templo y con la Nación (Jn 11,48; cf. Lc 13,34-35; 19,41-44).

* Es en este contexto en el que, hacia el año 28 después de Cristo, Juan Bautista aparece como profeta en el desierto. Lucas habla de la gran expectativa que se creó entre la gente en torno a la predicación de Juan Bautista, que anunciaba un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. También hoy existe una gran expectativa de conversión y reconciliación con Dios que se manifiesta de muchas maneras: la búsqueda de un significado que dar a la vida, búsqueda de espiritualidad, el movimiento internacional del Foro Social Mundial “Otro mundo es posible” y tantos otros movimientos religiosos. Sociólogos y políticos a la búsqueda de un mundo más humano que revelan el deseo de conversión o reconciliación con Dios. El adviento es un tiempo apropiado para renovar este deseo de cambio en nosotros, de conversión de acercamiento a Dios.

b) Comentario del texto:

Lucas 3,1-2: Recordando a los antiguos profetas

El modo en el que Lucas introduce la predicación de Juan es muy semejante al comienzo de los libros de los antiguos profetas. Ellos solían señalar los nombres de los reyes, en cuyo gobierno el profeta desarrollaba su actividad. Véase por ejemplo Isaías (Is 1,1), Jeremías (Jer 1,1-3), Oseas (Os 1,1), Amós (Am 1,1) y otros . Lucas hace la misma cosa para decir que, casi 500 años sin tener un profeta, aparece de nuevo un profeta que se llama Juan, hijo de Zacarías y de Isabel. Lucas se preocupa de colocar los hechos en el tiempo y en el espacio. Presenta los nombres de los gobernantes y describe los lugares donde Juan se movía. La historia de la salvación, de hecho, no es una historia diversa de la historia humana y de nuestra historia personal.

Esta preocupación de Lucas suscita una curiosidad. Hoy día, cuando una persona se ordena de sacerdote o emite la profesión perpetua se acostumbra a imprimir una estampa de recuerdo en la que se indica la fecha y el lugar de la ordenación o de la profesión y se añade una frase significativa de la Biblia o de un santo para expresar el significado de la ordenación o de la profesión para su vida. Pero no se ve nunca una pequeña estampa, por ejemplo, diciendo: “ En el quinto año de Bush, presidente de los Estados Unidos: siendo Blair el presidente del Consejo del Reino Unido; Prodi el presidente de Italia, Zapatero presidente del gobierno de España; siendo Joseph Ratzinger Papa con el nombre de Benedicto XVI, recibió la ordenación sacerdotal para anunciar la Buena Nueva a los pobres, para abrir los ojos a los ciegos, para liberar a los oprimidos y anunciar un año de gracia por parte del Señor!”. ¿Por qué Lucas prefiere colocar los datos de la historia de la salvación en el conjunto de la historia de la humanidad?

Lucas 3,3: Arrepentimiento y perdón

Juan recorre la región del Jordán predicando un bautismo de penitencia para obtener el perdón de los pecados. Arrepentimiento (en griego metanoia) significa cambio, no sólo de la conducta moral, sino también y sobre todo de la mentalidad. ¡Cambio en el modo de pensar! La gente debía tomar conciencia del hecho de que su modo de pensar, bañado por el “fermento de los fariseos y de Herodes” (Mc 8,15), o sea por la propaganda del gobierno y de la religión oficial, era un error y se debía cambiar. El perdón lleva consigo la reconciliación con Dios y con el prójimo. De este modo, Juan anunciaba un nuevo modo en el que el pueblo se ponía en relación con Dios. Reconciliación será también el marco de la predicación de Jesús: reconciliarse hasta “setenta veces siete” (Mt 18,22).

Lucas 3,4-6: Define la misión de Juan

Lucas cita el siguiente texto de Isaías para ayudar a los lectores a captar mejor el sentido de la predicación de Juan: “Una voz grita: «Preparad el camino al Señor en el desierto, enderezad en la estepa una calzada para nuestro Dios. Que se alcen todos los valles y se rebajen todos los montes y collados; que se allanen las cuestas y se nivelen los declives. Y todos verán la salvación de Dios”. (Is 40,3-5) . En este texto, Isaías anunciaba el regreso del pueblo del destierro hacia la Palestina y lo describía como si fuese un nuevo Éxodo. Era como si la gente, retornando de la esclavitud de Babilonia, saliese de Egipto y entrase de nuevo en el desierto. Para Lucas, Jesús comienza un nuevo éxodo que estaba preparado por la predicación de Juan en el desierto. Los evangelios de Mateo (Mt 3,3) y de Marcos (Mc 1,3) citan ellos también la misma frase de Isaías, pero citan sólo el principio (Is 40,3). Lucas lo cita enteramente, hasta donde dice: “Y todos verán la salvación de Dios” (Is 40,5). La expresión todos, todo hombre, significa todo ser humano. Esta pequeña diferencia indica la preocupación de Lucas por mostrar a las comunidades que la apertura a los paganos ¡era ya prevista por los profetas! Jesús no sólo ha venido por los judíos, sino para que “todo ser humano” pudiese ver la salvación de Dios. Lucas escribe su evangelio para las comunidades de la Grecia, que, en su mayoría, eran paganos convertidos.

c) Ampliando conocimientos:

Juan, el profeta – Desde el siglo VI antes de Cristo la profecía había cesado. “Ya no existen profetas”, se decía (Sl 74,9). La gente vivía con la esperanza de la llegada del profeta prometido por Moisés (Dt 18,15; 1 Mac 4,46; 14,41). Esta larga espera terminó con la venida de Juan (Lc 16,16). Juan era considerado por el pueblo, no como un rebelde del tipo de Barrabás, ni como un escriba o fariseo, sino como un profeta esperado por todos (Lc 1,76) Muchos pensaban que él fuese el Mesías. Hasta en la época de Lucas, en los años 80, había personas y sobre todo judíos que consideraban a Juan como el Mesías (Act 19,1-6).

Juan llega y anuncia: “¡Convertíos, porque el Reino de los cielos está cerca!” Mt 3,2). Fue encarcelado por su valor en denunciar los errores tanto del pueblo como de los hombres de gobierno (Lc 3,19-20). Jesús al oír que Juan estaba en la cárcel, vuelve a Galilea y anuncia las mismas cosas anunciadas por Juan: “El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca, convertíos y creed al evangelio” (Mc 1,15). Jesús continúa la predicación de Juan y va más allá. En Juan termina el Viejo Testamento, en Jesús empieza el Nuevo. Jesús llega a decir: “ Yo os digo, entre los nacidos de mujer, no hay ninguno más grande que Juan; pero el más pequeño en el Reino de Dios es más grande que él.” (Lc 7,28).

El contenido de la predicación de Juan (Lc 3,7-18) – Juan atrae muchedumbres predicando un bautismo de cambio y perdón de los pecados. Señal de que la gente quería cambiar y deseaba relacionarse con Dios de un modo nuevo. Juan denunciaba los errores y atacaba privilegios. Decía que el hecho de ser hijo de Abrahán no ofrecía ninguna garantía ni ventaja delante de Dios. Para Dios la piedra y el hijo de Abrahán es la misma cosa: “¡ Porque yo os digo que Dios puede hacer nacer hijos de Abrahán de estas piedras!” (Lc 3,8). Lo que da valor a la persona delante de Dios no es el privilegio de ser hijo de Abrahán, sino la práctica que produce buenos frutos.

Lucas señala tres categorías de personas que van a pedir a Juan: “¿Qué debemos hacer?”: el pueblo (Lc 3,10), los publicanos (3,12) y los soldados (Lc 3,14). La repuesta para el pueblo es sencilla: “¡Quien tenga dos túnicas, dé una a quien no tiene; y el que tenga para comer, haga otro tanto!” (Lc 3,11). Respuesta clara: Compartir los bienes es la condición para recibir la visita de Dios y pasar del Viejo al Nuevo Testamento. En la respuesta para los publicanos (Lc 3,13) y a los soldados (Lc 3,14) Juan pide la misma cosa pero aplicada a su categoría. Los publicanos no pueden exigir más de lo permitido. El abuso por parte de los publicanos era la plaga de la sociedad de aquella época. Los soldados no pueden hacer extorsión a nadie o denunciar falsamente, deben contentarse con el salario.

Cuando Lucas escribe, hacia los años ochenta, todavía había mucha gente que pensaba que Juan fuese el Mesías (cf. Act 19,3; 13,15). Lucas cita las mismas palabras de Juan para ayudar a los lectores a colocar la persona de Juan en el conjunto de la historia de la Salvación. Juan reconoce que Jesús es el más fuerte. La diferencia entre Jesús y Juan está en el don del Espíritu que será dado a través de Jesús. Lucas muestra que la idea que Juan tenía del Mesías no era completa: Para Juan, el Mesías sería un juez severo, listo para comenzar un juicio, una condena (Lc 3,17). Quizás por esto Juan, más tarde, tuvo problemas en reconocer a Jesús como el Mesías (Lc 7,18-28), porque Jesús no se comportaba como un juez severo que condenaba. Antes bien, llegó a decir: “Yo no condeno a ninguno” (Jn 8,15); 12,47). En vez del juicio y condena, mostraba ternura, acogida hacia los pecadores y comía con ellos.

6. Orar con el Salmo 15 (14)

Señor ¿quién puede entrar en tu santuario?

Señor, ¿quién vivirá en tu tienda?,
¿quién habitará en tu monte santo?
El de conducta íntegra
que actúa con rectitud,
que es sincero cuando piensa
y no calumnia con su lengua;
que no daña a conocidos
ni agravia a su vecino;
que mira con desprecio al réprobo
y honra a los que temen al Señor;
que jura en su perjuicio y no retracta;
que no presta a usura su dinero
ni acepta soborno contra el inocente.
Quien obra así jamás vacilará.

7. Oración final

Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.

Orden de los Carmelitas

martes, 8 de mayo de 2018

El Espíritu Santo, testigo de Jesús y acusador del mundo



¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar la Palabra de Dios, en este martes de la sexta semana de Pascua.

Dios nos bendice...

LECTIO

Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 16,22-34

En aquellos días, 22 la gente se amotinó contra ellos, y los magistrados ordenaron que les despojaran de sus vestiduras y los azotaran con varas. 23 Después de una severa flagelación, los metieron en la cárcel y encargaron al carcelero que los guardase con cuidado. 24 El carcelero, siguiendo a la letra la orden, los metió en el calabozo más seguro y les sujetó los pies en el cepo.
25 A medianoche, Pablo y Silas oraban entonando himnos a Dios, mientras que los otros presos los escuchaban. 26 De repente, se produjo un gran terremoto, que sacudió los cimientos de la cárcel; se abrieron solas todas las puertas y a todos los presos se les soltaron las cadenas. 27 Al despertarse el carcelero y ver abiertas las puertas de la cárcel, sacó el puñal con intención de suicidarse, pensando que los presos se habrían fugado. 28 Pero Pablo le gritó:
  • No te hagas daño, que estamos todos aquí.
29 El carcelero pidió una antorcha, entró en el calabozo y se echó temblando a los pies de Pablo y Silas. 30 Después los sacó fuera y dijo:
  • Señores, ¿qué debo hacer para salvarme?
31 Ellos le respondieron:
  • Si crees en el Señor Jesús, os salvaréis tú y tu familia. 32 Luego le explicaron a él y a todos sus familiares el mensaje del Señor. 33 En aquella misma hora de la noche, el carcelero los tomó consigo, les lavó las heridas y a continuación recibió el bautismo con todos los suyos. 34 Después Ios llevó a su casa, preparó un banquete y celebró con toda su familia la alegría de haber creído en Dios.

Pablo y Silas están en la cárcel por haber expulsado el espíritu de adivinación de una esclava: «El espíritu salió de ella en aquel mismo instante, pero sus amos, al ver que habían desaparecido sus expectativas de lucro, echaron mano a Pablo y a Silas y los llevaron a la plaza pública ante las autoridades» (vv. 18b-19) acusándoles de turbar el orden público.

Los «estrategas» de Filipos, sin hacer demasiadas averiguaciones, ordenan que azoten con varas a los acusados y encargan al carcelero que los vigile con cuidado. Por eso, al día siguiente, cuando los magistrados querían liberar a los prisioneros, Pablo protesta de manera vivaz y, haciéndose fuerte en su ciudadanía romana, les exige explicaciones por su acción ilegal. Lucas se muestra solícito también en esta ocasión en sacar a la luz el derecho romano, que favorece la libre circulación de la Palabra. Las persecuciones todavía están lejos.

Entre ambos episodios «policíacos» se inserta la clamorosa conversión narrada en nuestro pasaje: el testimonio sereno de los prisioneros, su lealtad, la serie de acontecimientos extraordinarios, conmueven al carcelero y le hacen plantear la pregunta: «¿Qué debo hacer para salvarme?».

La respuesta no consiste en una serie de preceptos, sino en la presentación de una persona: «Si crees en el Señor Jesús, os salvaréis tú y tu familia». Así, a la «prosélito judía» se añade un «funcionario romano»: dos conversiones que entran a formar parte de una comunidad muy querida por Pablo. En efecto, los cristianos de Filipos le habían «robado» a Pablo el corazón.

Evangelio: Juan 16,5b-11

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: 5 Pero ahora vuelvo al que me envió y ninguno de vosotros me pregunta: «¿Adónde vas?». 6 Eso sí, al anunciaros estas cosas, la tristeza se ha apoderado de vosotros. 7 Y sin embargo, os digo la verdad: os conviene que yo me vaya, porque si no me voy el Paráclito no vendrá a vosotros; pero si me voy, os lo enviaré. 8 Cuando él venga, pondrá de manifiesto el error del mundo en relación con el pecado, con la justicia y con la condena. 9 Con el pecado, porque no creyeron en mí; 10 con la justicia, porque retorno al Padre y ya no me veréis; 11 con la condena, porque el que tiraniza a este mundo ha sido condenado.

El tema fundamental que nos propone el evangelista es el Espíritu Santo, testigo de Jesús y acusador del mundo. Los versículos introductorios recogen el tema de la tristeza de los discípulos. Jesús ha hablado de las persecuciones que deberán padecer los suyos, y éstos se sienten turbados frente a esos acontecimientos. Las palabras dirigidas por Jesús a los discípulos, recogidas en los vv. 5-7, sacan a la luz su cierre. Los discípulos, atemorizados por el inminente futuro de sufrimiento que les espera, son incapaces de confiarse al que es el único que puede hacerles superar toda tristeza y angustia.

Por eso les reprocha Jesús el hecho de que ninguno le pregunte qué significa su partida al Padre y su próxima pasión y muerte, de las que ya les ha hablado otras veces (cf. 7,33; 13,33; 14,2-5.12). Si hubieran comprendido el sentido de su misión de sufrimiento redentor, se habrían tranquilizado con el pensamiento de que su «ascenso» al Padre tendría como consecuencia la venida del Espíritu, quien reforzará su convicción en torno a la victoria de su fe y les dará la comprensión plena de la verdad del Evangelio.

¿Cuál será, entonces, la tarea del Espíritu? Dar testimonio contra el mundo, que está en pecado por haber rechazado a Cristo. Él, como abogado en un proceso, revelará a los creyentes, a lo largo del desarrollo de la historia, el error del mundo. Lo pondrá en situación de acusado por su pecado de incredulidad. Probará al mundo la justicia de Cristo. Demostrará que el juicio de condena contra Jesús es inconsistente; más aún: que se ha resuelto con la condena para siempre del «que tiraniza a este mundo», sobre el que ha triunfado Cristo con su muerte-exaltación (v. 11).

MEDITATIO

Mientras el mundo condena a los discípulos porque siguen a Cristo, el Espíritu dará la vuelta a la situación, revelando el verdadero ser del mundo, su error, su nulidad. Es una luz que procede del criterio del juicio divino, diferente e incluso opuesto al del mundo. Los discípulos, perseguidos y condenados por los tribunales del mundo, pueden juzgar y condenar en lo íntimo de su conciencia al mundo, en espera del juicio final, que pondrá de manifiesto los términos exactos de la eterna lid.

De este Espíritu que refuerza los corazones, que hace evidentes las razones del creer, que da el valor necesario para oponerse a la mentalidad de este mundo, de este Espíritu -decía- tenemos hoy una extrema necesidad. Y tenemos tanta necesidad porque se trata de un mundo cada vez más seguro de sí mismo, más persuasivo, más seductor. Tenemos necesidad, sobre todo, de este Espíritu que muestra al corazón y a la mente de cuantos creen que sectores completos del mundo «mundano» tienen en sí mismos componentes diabólicos, que la batalla entre Cristo y el Príncipe de este mundo continúa, que nosotros participamos en esta lucha decisiva, dentro de nosotros, entre nosotros y en el ambiente que nos rodea.

ORATIO

Envía tu Espíritu, Señor, para que podamos resistir al poder del mundo. Estás viendo lo débiles que somos, cómo disminuyen nuestras fuerzas, cómo disminuyen nuestras filas, cómo se vuelven cada vez más tímidos tus discípulos y cómo las razones del mundo están conquistando el corazón de no pocos de nuestros jóvenes y de los que ya no lo son. ¿Qué podremos oponer al poder del mundo si tu Espíritu no está con nosotros? Nuestros argumentos no interesan demasiado, y apenas arañan las seguridades de pocos. Sin tu Espíritu corremos el riesgo de ser homologados con el sentir común.

Tenemos una extrema necesidad de una dosis masiva de tu Espíritu para no sentirnos los últimos defensores de una causa que, a los ojos de muchos, no tiene futuro. Envía a tu Paráclito, a tu Abogado, a tu Argumentador, a tu Defensor, a tu Consolador, para que no huyamos de la lucha, para que no nos quedemos sin armas, para que no nos veamos sumergidos en la envolvente mentalidad que proclama un tranquilo paganismo. Envía tu Espíritu para convertirnos en profetas críticos de este mundo, profetas entusiastas de tu mundo, de tu verdad.

CONTEMPLATIO

«Se acerca el príncipe de este mundo» (Jn 14,30). ¿Quién es ese príncipe de este mundo, sino aquel de quien ya había hablado antes, diciendo: «Se acerca el príncipe de este mundo. Aunque no tiene ningún poder sobre mí», es decir, no encuentra nada que le dé derecho alguno, nada que le pertenezca, o sea, ningún pecado en absoluto? Gracias al pecado se ha convertido el diablo en el príncipe de este mundo.

El diablo no es, ciertamente, príncipe del cielo y de la tierra y de todas las cosas que están en el cielo y en la tierra, es decir, no es príncipe del mundo en el sentido en que se entiende el mundo con estas palabras: «Y el mundo fue hecho por él». Es príncipe de ese mundo del que el mismo evangelista dice inmediatamente después: «Y el mundo no lo reconoció», a saber: los hombres infieles, de los que el mundo —esto es, la superficie de la tierra— está lleno, y en medio de los cuales gime el mundo de los fieles, que fueron elegidos de en medio del mundo por aquel por cuya mediación fue hecho el mundo (Agustín, Comentario al evangelio de Juan, 79,2).

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra:

«Cuando venga el Paráclito, pondrá de manifiesto el error del mundo en relación con el pecado» (Jn 16,8).

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

¿Qué signos caracterizan a los verdaderos profetas? ¿Quiénes son esos revolucionarios? Los profetas críticos son personas que atraen a los otros con su fuerza interior. Los que se encuentran con ellos quedan fascinados y quieren saber más de ellos, porque tienen la impresión irresistible de que toman su fuerza de una fuente escondida, fuerte y abundante. Fluye de ellos una libertad interior que les concede una independencia que no es soberbia ni separación, pero que les hace capaces de estar por encima de las necesidades inmediatas y de las realidades más apremiantes.

Estos profetas críticos son movidos por lo que sucede a su alrededor, pero no dejan que eso los oprima o los destruya. Escuchan con atención, hablan con segura autoridad, pero no son gente que se incline al apresuramiento y al entusiasmo con facilidad. En todo lo que dicen y hacen parece como si hubiera ante ellos una visión viva, una visión que los que les escuchan pueden presumir, aunque no ver. Esta visión guía sus vidas y la obedecen. Por medio de ella saben cómo distinguir entre lo que es importante y lo que no lo es. Muchas cosas, que parecen de una apremiante inmediatez, no les agitan, y atribuyen una gran importancia a algunas cosas a las que los otros no prestan atención.

No viven para mantener el status quo, sino que fabrican un mundo nuevo, cuyos rasgos ven. Ese mundo tiene para ellos tal aliciente que ni siquiera el miedo a la muerte ejercen sobre ellos un poder decisivo (H. J. M. Nouwen, A mani aperte, Brescia 1 9973, pp. 57ss).

http://www.mercaba.org/LECTIO/PAS/semana6_martes.htm