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sábado, 26 de septiembre de 2015

Crece la popularidad de Jesús, pero también la claridad de su mensaje

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y bel comentario, en este Sábado de la XXV Semana del Tiempo Ordinario.

Dios nos bendice…

Evangelio según San Lucas 9,43b-45.
Mientras todos se admiraban por las cosas que hacía, Jesús dijo a sus discípulos: "Escuchen bien esto que les digo: El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres". Pero ellos no entendían estas palabras: su sentido les estaba velado de manera que no podían comprenderlas, y temían interrogar a Jesús acerca de esto. 
Comentario

El evangelio de hoy nos presenta la paradójica enseñanza de Cristo sobre el desenlace de su vida. Su popularidad ha crecido, pero así también hace él que crezca la claridad de su mensaje sobre el sombrío futuro que le aguarda.

Definitivamente Cristo no se puso nunca a hacer extrapolaciones del tipo: "ya vemos que nos quiere mucha gente y que muchos nos aceptan; ¡pronto serán todavía más!". Al contrario, haciendo evidente contrapeso a los aplausos y elogios de la gente, Cristo dice a sus discípulos (¡y a sí mismo!) que lo que viene es traición, dolor, tortura, cruz y muerte.

Es interesante la anotación que nos da Lucas. Los discípulos, por una parte no entienden, pero por otra sienten temor de preguntar. ¿Por qué temor? Un comentarista protestante, Matthew Henry, adelanta una hipótesis: "no querían ser despertados de su sueño placentero", porque en realidad es "sueño" pretender que la vida cristiana va de victoria en aplauso y de elogio en risa. Otros piensan que el temor venía de no querer ser reprendidos en su ignorancia, pues en otros lugares vemos que alguna vez Cristo les había mostrado su torpeza y se había quejado de su lentitud para aprender (cf. Mt 16,9) y también de su poca fe (cf. Lc 9,41).

Esto es interesante reconocerlo, porque esa misma clase de temores pueden asaltarnos a nosotros.

http://fraynelson.com/homilias.html.

jueves, 14 de mayo de 2015

¡Dios nos ama!

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este jueves en que celebramos la fiesta de San Matías Apóstol.

Dios nos bendice…

Evangelio según San Juan 15,9-17. 
Jesús dijo a sus discípulos:«Como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo cumplí los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto.» Este es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado. No hay amor más grande que dar la vida por los amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre. No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero. Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá. Lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros.»
Comentario

El breve pasaje del evangelio según san Juan, que la Liturgia nos presenta en la festividad de san Matías, ofrece unas palabras de Nuestro Señor durante la Última Cena con sus Discípulos, cargadas de riqueza, que se podrían comentar largamente. Fijémonos, en esta ocasión, en la idea inicial del breve discurso que hoy consideramos: Dios nos ama. Con toda razón hemos de decir que somos objeto del cariño divino. Nuestro Creador y Señor –sin dejar de serlo– nos ama con un amor personal, con un amor a la manera del amor que el Padre eterno tiene a su Hijo unigénito, Segunda persona de la Trinidad Beatísima.

Es de justicia mostrar a Dios, desde lo más profundo de nuestro ser, una gratitud rendida. Ciertamente no hay palabras que pueden expresar como conviene la bondad de Dios con su criatura humana; como tampoco nuestros sentimientos son capaces de vibrar adecuadamente en consonancia con el inapreciable tesoro recibido. Querríamos, sin embargo, saber corresponder; y, bien consientes de la pequeñez nuestra, se lo decimos sencillamente a nuestro Padre Dios, con las torpes palabras que nos broten del corazón al intentarlo; con nuestros pobres sentimientos –toscos, sin duda–, aunque, a veces, nos llenen el alma.

Es necesario pensarlo muchas veces, volver una y otra vez con la imaginación a esas escenas que nos cuentan los evangelios, cuando Jesús insiste en que Dios ha querido hacernos objeto de su amor. En ocasiones las palabras de Jesús muestran una particular ternura –reflejo de los sentimientos de su corazón–, que, en cierta medida, nos ayuda a entender algo de ese amor de Dios inmenso por sus hijos los hombres: no estéis preocupados por vuestra vida: qué vais a comer; o por vuestro cuerpo: con qué os vais a vestir. (...) No temáis, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el Reino. Fomentemos la fe; pidamos a Dios esa visión sobrenatural de nuestra vida, que nos haga reconocernos contemplados, protegidos, permanentemente estimulados por un Amor tierno y omnipotente.

—¡Dios es mi Padre! —Si lo meditas, no saldrás de esta consoladora consideración.
—¡Jesús es mi Amigo entrañable! (otro Mediterráneo), que me quiere con toda la divina locura de su Corazón.
—¡El Espíritu Santo es mi Consolador!, que me guía en el andar de todo mi camino.
Piénsalo bien. —Tú eres de Dios..., y Dios es tuyo.

De esta manera se expresaba san Josemaría, ejemplo de confianza y abandono feliz en Nuestro Señor. "Sin miedo a la vida y sin miedo a la muerte", solía afirmar que vivía, sabiéndose entrañablemente querido por el Señor del mundo y de la historia. Tampoco queremos nosotros abandonar nunca estas consideraciones. Deseemos, por la fe y la esperanza, vivir de ellas. Permaneced en mi amor, aconseja el Señor a los suyos. Claro, que ha de ser un amor con obras, si queremos que sea verdadero amor. Pero antes, posiblemente debemos contemplar a Dios queriéndonos; fijarnos en Él y recrearnos con el pensamiento de que somos objeto de las delicias de un cariño imposible de expresar con palabras, aunque, como auténticos infantes, no tengamos aún capacidad de apreciarlo.

Mirad qué amor tan grande nos ha mostrado el Padre: que nos llamemos hijos de Dios, ¡y lo somos! San Juan, el discípulo amado, animaba así a un grupo de los primeros cristianos. Por sí mismo había tenido buena experiencia del amor de Jesús durante los tres años de su vida pública. Parecía persuadido de que la caridad entre los hombres –signo inequívoco de los buenos discípulos– sería una consecuencia inmediata en la vida de los que valorasen el amor que nos tiene Dios. En efecto, el cariño nos "arrastra" a los hombres. Sentimos el deseo de corresponder al amor recibido y, en la medida en que lo valoramos, nos sentimos también dispuestos a amar cada vez más generosamente, olvidados de nosotros mismos.

El consejo de san Juan: mirad qué amor..., parece bueno y gratificante, pero es necesario –imprescindible– poner atención, detenerse con la pausa necesaria, hasta apreciar adecuadamente, como dice este apóstol, el amor tan grande que nos han mostrado el Padre. Nos hace falta un momento de sosegada contemplación. Si no, por lamentable y triste que resulte, todo lo que Dios nos quiere, puede ser tan infecundo para nosotros, como la lluvia generosa para una roca dura e impenetrable y, por ello, incapaz de fructificar. Necesitamos cada día unos momentos de oración.

Santa María se admira. Atiende sin perder detalle las palabras de Gabriel y comprende muy bien la singular predilección de que ha sido objeto. Luego, agradecida, exulta de gozo: Mi alma alaba al Señor...

FLUVIUM 2004 

miércoles, 13 de mayo de 2015

Jesús anuncia al Espíritu Santo, que enseña e ilumina

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este miércoles de la VI Semana de Pascua.

Hoy celebra la Iglesia la fiesta de Nuestra Señora de Fátima, quien se apareció en un día como hoy de 1917 a tres pastorcitos. Rogamos a la Madre de 
Dios que interceda por nosotros.

Dios nos bendice…

Evangelio según San Juan 16,12-15. 
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Todavía tengo muchas cosas que decirles, pero ustedes no las pueden comprender ahora. Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá sucediendo. El me glorificará, porque recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes. Todo lo que es del Padre es mío. Por eso les digo: 'Recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes'."
Comentario

Día a día, texto a texto, Jesús nos va enseñando en su Evangelio quién es y qué puede en nosotros el Divino Espíritu.

Hoy nos habla de cómo el Espíritu “nos conduce hacia la verdad completa”, “nos anuncia las cosas venideras” y “glorifica a Jesucristo”. ¡Dios Santo, cuántas maravillas!

Aprendamos algo de cada una de estas frases destacadas. Si el Espíritu nos conduce hacia la verdad completa quiere decir que hay un desarrollo o crecimiento en la verdad gracias a la acción del Espíritu en medio de la comunidad cristiana. Esta idea no es bien recibida por todos los cristianos. Hay quienes quisieran que todas las verdades estuvieran en algún versículo de la Biblia, porque predican la “Sola Scriptura”, de modo que no quieren admitir como cierta una cosa si no está en algún versículo bíblico, con lo cual, según vemos, contradicen a la misma Biblia. Esto no quiere decir que cualquier cosa pueda ser admitida como parte de nuestra fe, sino que indica que Dios, que obra en la Iglesia, no nos revelará la verdad completa sino en la Iglesia.

Si el Espíritu nos anuncia las cosas venideras, debemos entender que nuestra esperanza no se sostiene solamente en las palabras que hemos escuchado ni solamente en el testimonio del pasado. La Iglesia es un organismo vivo y necesita alimento vivo para avanzar hacia su meta, que es el encuentro definitivo con Cristo Esposo. Esta idea no es bien recibida por todos los católicos. Hay algunos que piensan que cualquier palabra inspirada que parezca provenir del Cielo es alucinación, manipulación, histeria o sugestión. Y se olvidan del importante lugar que Pablo otorga al ministerio de los profetas en el Nuevo Testamento.

Si el Espíritu glorifica a Jesucristo, es porque la Iglesia necesita crecer en adoración. Esta idea no es bien recibida por todos los creyentes. Hay quienes ven o quieren ver en la Iglesia sólo una institución humana que debe cambiar el rostro de la distribución de la riqueza o del potencial laboral. Hay quienes ven o quieren ver en la Iglesia sólo un modo de mantener el nivel moral en la familia o en la sociedad. Hoy aprendemos que la Iglesia tiene entre sus deberes, y no es el menor, glorificar a Jesucristo, alabar su misericordia, ponderar sus maravillas, cantar sus grandezas, elogiar su hermosura, gozarse en su Palabra, anhelar, en fin, la felicidad infinita de contemplar su Rostro por la eternidad.

http://fraynelson.com/homilias.html.

martes, 12 de mayo de 2015

“Les conviene que yo me vaya”, dice Jesús

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este martes de la VI Semana de Pascua.

Dios nos bendice…

Evangelio según San Juan 16,5-11. 
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Ahora me voy al que me envió, y ninguno de ustedes me pregunta: '¿A dónde vas?'. Pero al decirles esto, ustedes se han entristecido. Sin embargo, les digo la verdad: les conviene que yo me vaya, porque si no me voy, el Paráclito no vendrá a ustedes. Pero si me voy, se lo enviaré. Y cuando él venga, probará al mundo dónde está el pecado, dónde está la justicia y cuál es el juicio. El pecado está en no haber creído en mí. La justicia, en que yo me voy al Padre y ustedes ya no me verán. Y el juicio, en que el Príncipe de este mundo ya ha sido condenado."
Comentario

Hoy contemplamos otra despedida de Jesús, necesaria para el establecimiento de su Reino. Incluye, sin embargo, una promesa: «Si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito; pero si me voy, os lo enviaré» (Jn 16,7).

Promesa hecha realidad de forma impetuosa en el día de Pentecostés, diez días después de la Ascensión de Jesús al cielo. Aquel día —además de sacar la tristeza del corazón de los Apóstoles y de los que estaban reunidos con María, la Madre de Jesús (cf. Hch 1,13-14) — los confirma y fortalece en la fe, de modo que, «todos se llenaron del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu Santo les impulsaba a expresarse» (Hch 2,4).

Hecho que se “hace presente” a lo largo de los siglos a través de la Iglesia, una, santa, católica y apostólica, ya que, por la acción del mismo Espíritu prometido, se anuncia a todos y en todas partes que Jesús de Nazaret —el Hijo de Dios, nacido de María Virgen, que fue crucificado, muerto y sepultado— verdaderamente resucitó, está sentado a la diestra de Dios Padre (cf. Credo) y vive entre nosotros. Su Espíritu está en nosotros por el Bautismo, constituyéndonos hijos en el Hijo, reafirmando su presencia en cada uno de nosotros el día de la Confirmación. Todo ello para llevar a término nuestra vocación a la santidad y reforzar la misión de llamar a otros a ser santos.

Así, gracias al querer del Padre, la redención del Hijo y la acción constante del Espíritu Santo, todos podemos responder con total fidelidad a la llamada, siendo santos; y, con una caridad apostólica audaz, sin exclusivismos, llevar a cabo la misión, proponiendo y ayudando a los otros a serlo.

Como los primeros —como los fieles de siempre— con María rogamos y, confiando que de nuevo vendrá el Defensor y que habrá un nuevo Pentecostés, digamos: «Ven, Espíritu Santo, llena el corazón de tus fieles y enciende en ellos la llama de tu amor» (Aleluya de Pentecostés).

Rev. D. Lluís Roqué i Roqué (Manresa-Barcelona

lunes, 11 de mayo de 2015

El Espíritu Santo está con nosotros: nada hemos de temer

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este lunes de la VI Semana de Pascua.

Dios nos bendice…

Evangelio según San Juan 15,26-27.16,1-4a. 
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Cuando venga el Paráclito que yo les enviaré desde el Padre, el Espíritu de la Verdad que proviene del Padre, él dará testimonio de mí. Y ustedes también dan testimonio, porque están conmigo desde el principio. Les he dicho esto para que no se escandalicen. Serán echados de las sinagogas, más aún, llegará la hora en que los mismos que les den muerte pensarán que tributan culto a Dios. Y los tratarán así porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Les he advertido esto para que cuando llegue esa hora, recuerden que ya lo había dicho.» 
Comentario

Hoy, el Evangelio es casi tan actual como en los años finales del evangelista san Juan. Ser cristiano entonces no estaba de moda (más bien era bastante peligroso), como tampoco no lo está ahora. Si alguno quiere ser bien considerado por nuestra sociedad, mejor que no sea cristiano —porque en muchas cosas— tal como los primeros cristianos judíos, le «expulsarán de las sinagogas» (Jn 16,2).

Sabemos que ser cristiano es vivir a contracorriente: lo ha sido siempre. Incluso en épocas en que “todo el mundo” era cristiano: los que querían serlo de verdad no eran demasiado bien vistos por algunos. El cristiano es, si vive según Jesucristo, un testimonio de lo que Cristo tenía previsto para todos los hombres; es un testigo de que es posible imitar a Jesucristo y vivir con toda dignidad como hombre. Esto no gustará a muchos, como Jesús mismo no gustó a muchos y fue llevado a la muerte. Los motivos del rechazo serán variados, pero hemos de tener presente que en ocasiones nuestro testimonio será tomado como una acusación.

No se puede decir que san Juan, por sus escritos, fuera pesimista: nos hace una descripción victoriosa de la Iglesia y del triunfo de Cristo. Tampoco se puede decir que él no hubiese tenido que sufrir las mismas cosas que describe. No esconde la realidad de las cosas ni la substancia de la vida cristiana: la lucha.

Una lucha que es para todos, porque no hemos de vencer con nuestras fuerzas. El Espíritu Santo lucha con nosotros. Es Él quien nos da las fuerzas. Es Él, el Protector, quien nos libra de los peligros. Con Él al lado nada hemos de temer.

Juan confió plenamente en Jesús, le hizo entrega de su vida. Así no le costó después confiar en Aquel que fue enviado por Él: el Espíritu Santo.

Rev. D. Jordi Pou i Sabaté (Sant Jordi Desvalls-Girona, España) 

viernes, 8 de agosto de 2014

“El que pierda su vida a causa de mí, la encontrará”

¡Amor y paz!

El viraje decisivo de los evangelios se hizo a partir de la Confesión de Pedro. Jesús se dirige hacia lo esencial, hacia "su hora"... y se concentra en lo que considera como trabajo suyo principal: la formación profunda del grupo de los Doce.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este viernes de la XVIII Semana del Tiempo Ordinario.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Mateo 16,24-28.
Entonces Jesús dijo a sus discípulos: "El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará. ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida? Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre, rodeado de sus ángeles, y entonces pagará a cada uno de acuerdo con sus obras. Les aseguro que algunos de los que están aquí presentes no morirán antes de ver al Hijo del hombre, cuando venga en su Reino".  
Comentario

-Jesús, después de haber anunciado a los discípulos su pasión y su resurrección, les dijo: "El que quiera venirse conmigo, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga.

"Si alguien quiere venirse conmigo..." Este "si" condicional, o sea la frase inicial: "El que quiera", me ayudan a penetrar en un misterio esencial de Dios: El es quien inventó la libertad del hombre... que es la grandeza del hombre según Dios. Jamás la forzará.

"Si tú quieres venir conmigo..." ¡Sí, Señor, lo quiero! Pero ¡ven a ayudar mi flaqueza! Esto es, precisamente, lo que me atrae en el evangelio: seguirte, ir contigo, vivir mi vida humana "como la vivió Cristo".

Tú has ido delante. Tú me precedes a cualquier parte que yo vaya. Considerarme como "aquel-que-trabaja-con": mis trabajos de hoy, mis responsabilidades, "contigo", siguiéndote.

-Que renuncie... que cargue con su cruz...

Sin estos requisitos no hay vida cristiana verdadera. La vida según el evangelio no es una vida fácil, como agua de rosas, muelle y sin consistencia.

Seguir a Cristo supone un cierto número de elecciones y de rupturas. He escogido esto, he renunciado a aquello.

Es necesario que revise mi vida para ver si de hecho encuentro que hay en ella renuncias.

¿A qué he renunciado por ti, Señor?

¿El que quiera salvar su vida, la perderá... el que pierde su vida por mí, la conserva.

He aquí una fórmula paradójica que Jesús pronunció ciertamente, y, sin duda, con esas mismas palabras... pues se la encuentra seis veces en los evangelios: Mateo 10, 39; 16, 25; Marcos 8, 35; Lucas 9, 24; 17, 33; Juan 12, 25.

Nuestra vida no está hecha para ser guardada, sino para ser entregada. Amar no es "sentir emoción", no es desear poseer al otro, es olvidarse de sí mismo para darse al otro.

Cada vez que uno "toma" para sí, deja de amar. No digas que amas cuando quieres solamente disfrutar del otro: ¿no sería esto entonces un amarte solamente a ti mismo? Sí, amas de veras, si eres capaz de renunciarte, de olvidarte, si eres capaz de morir a ti mismo en beneficio de aquel a quien amas.

El que más ha amado, es Jesucristo.

La "cruz" de Jesús no es solamente un instrumento de suplicio, de renuncia... es el signo mismo del más grande amor que haya levantado jamás a un corazón.

"No te he amado en broma..."

-¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si malogra su vida? o ¿qué puede dar el hombre a cambio de su vida?

Es para "salvarse" que hay que "perder": la renuncia no tiene su fin en sí misma... es la condición de una "vida" en plenitud. ¡Por la renuncia y la cruz, Jesús no propone una destrucción, sino un desarrollo... una expansión total y eterna!

-Porque el Hijo del hombre va a venir entre sus ángeles con la gloria de su Padre: Entonces pagará a cada uno según su conducta.

Señor, ayúdanos a vivir los verdaderos valores.

NOEL QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 2
EVANG. DE PENTECOSTES A ADVIENTO
EDIT. CLARET/BARCELONA 1983.Pág. 112