Mostrando entradas con la etiqueta Dios amó tanto al mundo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Dios amó tanto al mundo. Mostrar todas las entradas

miércoles, 6 de abril de 2016

Tanto amó Dios al mundo...

 ¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este miércoles de la 2ª. Semana de Pascua.

Dios nos bendice..

Evangelio según San Juan 3,16-21. 
Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.» El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. En esto consiste el juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Todo el que obra mal odia la luz y no se acerca a ella, por temor de que sus obras sean descubiertas. En cambio, el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se ponga de manifiesto que sus obras han sido hechas en Dios. 
Comentario

-Tanto amó Dios al mundo...
Todo viene de una iniciativa divina.
¡Nuestro Dios es un Dios que "ama"! Es un Dios Padre.
Dios es amor.
Medito sobre el adverbio: Dios ha amado tanto, de tal manera ha amado, tan fuertemente amó... Se adivina que va a hacer locuras, que este amor le llevará a hacer cosas sorprendentes.
"El mundo". Sin embargo se comprende un poco que Dios ame el mundo: después de todo es su obra, es su creación, es su hijo.

-... ¡Que le dio su unigénito Hijo!
Juan no cesa de contemplar ese "don". Jesús es el don de Dios, el regalo maravilloso que el Padre ha dado: lo que de más precioso tenía.
Jesús es la maravilla de Dios.
Se tiende, a veces, a pensar que "el amor de Dios" se ha manifestado solamente en el calvario... pero, la "venida del Hijo a este mundo" es ya una manifestación del amor.

-Todo el que crea en El no perecerá, sino que tendrá la "vida eterna" Dios es el "viviente" por excelencia: la "vida" en el mayor bien que el hombre pueda poseer.
Pues bien, Dios ha comunicado su vida. Las imágenes son abundantes: el árbol de vida, el camino de la vida, la fuente de la vida, el libro de vida, el pan de vida...
Vincularse a Dios, conformarse a su voluntad, es "vivir"...
Desobedecer a la voluntad divina es "perecer"...
¡El que cree, no perecerá!

-Pues Dios ha enviado su Hijo al mundo...
Esta fórmula será repetida más de 50 veces en el evangelio de San Juan. Es el Padre quien ha tenido esta idea, quien ha enviado a su Hijo.

-No para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por El.
Nos encontramos siempre con el único y mismo pensamiento: "Tanto ha amado Dios..."
El único deseo de Dios, el único anhelo, la gran empresa de Dios, ¡es la de "salvar"! Basta con evocar nuestras propias experiencias, nuestros propios amores, para experimentar cuán natural es esto: cuando se ama, se quiere el bien para aquellos a quienes se ama.
¡Dios quiere que "yo" sea salvado! Gracias, Señor.
¡Dios quiere que "Un Tal" que conozco, mi hijo, mi amigo, mi colega, mi marido, sea salvado! Gracias, Señor.

-El que cree en El, no es juzgado.
El que no quiere creer, ya está condenado.
Volvemos a encontrar "la opción" radical:
por... o contra... Jesús.
creer... no creer en... Jesús.
Hay pues una responsabilidad del hombre. ¡Qué misterio! Dios quiere salvar. Pero algunos "rehúsan" esta salvación y se condenan a sí mismos.

-Cuando vino la luz al mundo, los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Todo el que obra mal aborrece la luz... Pero el que obra según la verdad viene a la luz.
"Hacer el bien"... "Hacer el mal"... Suele ser de esta manera práctica que se hace la división. Cualquiera que hace el bien aun si no conoce a Cristo -está ya en una cierta comunión con Dios.

NOEL QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 1
EVANG. DE ADVIENTO A PENTECOSTES
EDIT. CLARET/BARCELONA 1984.Pág. 194 s
 

miércoles, 15 de abril de 2015

Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único…

¡Amor y paz!

Hoy, el Evangelio nos vuelve a invitar a recorrer el camino del apóstol Tomás, que va de la duda a la fe. Nosotros, como Tomás, nos presentamos ante el Señor con nuestras dudas, pero Él viene igualmente a buscarnos: «Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3,16).

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este miércoles de la II Semana de Pascua.

Dios nos bendice…

Evangelio según San Juan 3,16-21. 
Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.» El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. En esto consiste el juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Todo el que obra mal odia la luz y no se acerca a ella, por temor de que sus obras sean descubiertas. En cambio, el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se ponga de manifiesto que sus obras han sido hechas en Dios. 
Comentario

La mañana del día de Pascua, en la primera aparición, Tomás no estaba. «Pasados ocho días», no obstante su rechazo a creer, Tomás se une a los otros discípulos. La indicación está clara: lejos de la comunidad no se conserva la fe. Lejos de los hermanos, la fe no crece, no madura. 

En la Eucaristía de cada domingo reconocemos su Presencia. Si Tomás muestra la honestidad de su duda es porque el Señor no le concedió inicialmente lo que sí tuvo María Magdalena: no sólo escuchar y ver al Señor, sino tocarlo con sus propias manos. Cristo viene a nuestro encuentro, sobre todo, cuando nos reencontramos con los hermanos y cuando con ellos celebramos la fracción del Pan, es decir, la Eucaristía. Entonces nos invita a “meter la mano en su costado”, es decir, a penetrar en el misterio insondable de su vida.

El paso de la incredulidad a la fe tiene sus etapas. Nuestra conversión a Jesucristo —el paso de la oscuridad a la luz— es un proceso personal, pero necesitamos de la comunidad. En los pasados días de Semana Santa, todos nos sentimos urgidos a seguir a Jesús en su camino hacia la Cruz. Ahora, en pleno tiempo pascual, la Iglesia nos invita a entrar con Él a la vida nueva, con obras hechas según la luz de Dios (cf. Jn 3,21).

También nosotros hemos de sentir hoy personalmente la invitación de Jesús a Tomás: «No seas incrédulo, sino fiel» (Jn 3,21). Nos va la vida en ello, ya que «el que cree en Él, no es juzgado» (Jn 3,18), sino que va a la luz.

Rev. D. Manel Valls i Serra (Barcelona, España

domingo, 15 de junio de 2014

¿A qué Dios adoramos? Somos lo que creemos

¡Amor y paz!

Hoy tenemos más conciencia que en otras épocas de que la disyuntiva más que entre "ateísmo" (=no creer en Dios) o teísmo (=creer en Dios), está entre "fe en el Dios de Jesús" e "idolatría" (=creer en otros dioses). Porque hemos llegado a la conclusión de que nadie deja de tener sus dioses, ante los cuales sacrifica su vida y la de los demás, cuya prioridad convierte en ley suprema.

Dioses o ‘mesías’ del negocio, del poder, del placer, o de la política o también dioses en el campo religioso, pero que en todo caso están lejos del Dios que revela Jesús. Quizá tengamos que tener conciencia clara de que nuestra mayor tentación no es el ateísmo sino la idolatría. Por eso nuestra reflexión inicial parece que tendría que ser: ¿A qué Dios adoramos? ¿En qué Dios creemos? (Dabar/32).

En Colombia celebramos también hoy un votación histórica porque el país se juega su futuro: elige entre continuar con la guerra y volver a la mentira  y la corrupción o darle paso a la paz y la democracia. Oremos porque los colombianos elijan a conciencia.

Los invito, hermanos, a leer meditar el Evangelio y el comentario, en este domingo en que celebramos la solemnidad de la Santísima Trinidad.

Dos nos bendice…

Evangelio según San Juan 3,16-18. 
Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.  
Comentario

¡Qué gran fiesta es Dios! A veces pensamos que Dios es un poquito aburrido, un poquito  serio. A veces incluso hemos llegado a pensar que Dios es un tanto severo y exigente,  tendiendo a cruel. ¡Qué imágenes de Dios, Dios mío, hemos llegado a presentar! Como  para hacer ateo a cualquiera. Y. efectivamente. muchos negaron a Dios, pero sólo estaban  negando las imágenes que les presentaban los creyentes. Recordemos aquellas terribles  palabras de Martin Buber: "Dios... es la palabra más vilipendiada de todas las palabras  humanas... Las generaciones humanas... han desgarrado esta palabra. Han matado y se  han dejado matar por ella... Los hombres dibujan un monigote y escriben debajo la palabra  Dios".

En el libro de los Proverbios leemos unas preciosas palabras puestas  en boca de la Sabiduría: «Mi origen es antiquísimo... Cuando colocaba los cielos, allí  estaba yo... Cuando asentaba los cimientos de la tierra, yo estaba junto a él, como  aprendiz, yo era su encanto cotidiano, todo el tiempo jugaba en su presencia». Antes de  que el agua fuera vapor y empezara a llover por los siglos; antes que las palabras fueran  como un mar de olas rojas: antes del primer fulgor de las estrellas, que iniciaron enseguida  una danza espléndida, ininterrumpida; antes de que el polvo cósmico produjera inmensas  espirales de galaxias: antes de la primera explosión cósmica, gigantesca, que dio origen a  la expansión no acabada de la materia, hace de esto más de 13.000 millones de años;  antes de todas las cosas creadas, yo, la sabiduría, jugaba con Dios hasta llegar al éxtasis;  yo, su Hijo, «jugaba en su presencia», y ese juego quedó personalizado en el Espíritu.

Entonces, Dios no es un ser solitario o triste o aburrido. Dios está siempre jugando y vive  siempre en una relación desbordante, misteriosa. Dios es una fiesta que no acaba. Dios  vive siempre en éxtasis electrizante. Dios es una danza apasionada. Dios es fecundidad  infinita. Dios es creatividad desbordante. Dios está siempre creando. Y Dios está siempre  amando. La creación es para El como un juego de amor. Dios juega siempre con su Hijo,  con sus hijos. Dios ama infinitamente a su Hijo, a sus hijos. Dios habla mucho con su Hijo,  con sus hijos. Dios es diálogo y amor. Dios es un verdadero «encanto». Dios es una gran  fiesta.

Pero, claro, todo lo que decimos de Dios es palabra relativa, y se define mejor por lo que  no es, que por lo que es. También podríamos decir de Dios que es compasión infinita. que  es una cascada inagotable de lágrimas misericordiosas, que tiene sus ojos puestos con  preferencia sobre los pobres y los despreciados, que no hay dolor que El no sienta, que se  pasa su cielo consolando y ayudando a sus hijos ¿Cómo será ese cielo de Dios?  Realmente es que no le dejamos descansar. Si tiene que escuchar todas nuestras  plegarias y enjugar todas nuestra lágrimas y resolver todas nuestras dudas, ¿qué tiempo le  queda para El? 

De todos modos. aunque no sabemos bien cómo se entiende, algunas cosas sobre Dios  sí podemos asegurar. Podemos decir, por ejemplo. que Dios es Padre, que es Amor, pero  sobrepasando todas nuestras categorías. Podemos decir que Dios es Vida, que es plenitud.  Podemos decir que Dios es Donación- Comunicación-comunión: un Amor que se da, que se  relaciona y que unifica.

¿En qué Dios creemos? Es importante responder a esta pregunta, porque «uno es lo que  adora». Queremos siempre ser como el Dios que adoramos. Cuando uno tiene un ídolo, trata de imitarlo. El Dios que adora hoy la mayoría de la gente  es el dinero y el consumo, y así se van convirtiendo en devotos consumistas.

• Nosotros creemos en un Dios todo corazón, un Dios compasivo y misericordioso. Lluvia  de besos y gracias. Un Dios-Amor.

• Nosotros creemos en un Dios-Padre, fuente de vida, generosidad desbordante. Nos lo  da todo. Nos crea con capacidad de crear.

• Nosotros creemos en un Dios-Hijo, su palabra y su encanto, diálogo
permanente,  comunicación plena, entrega total.

• Nosotros creemos en un Dios-Espíritu, chispazo de unión, arco voltaico divino, abrazo  vivo, comunión profunda, la flor del Amor, el Amor del Amor. Siguiendo la huella trinitaria, podríamos distinguir tres grandes «dimensiones divinas»:  Donación-Comunicación-Comunión.

CARITAS/92-1.Págs. 270-275

miércoles, 30 de abril de 2014

Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único

¡Amor y paz!

Vi recientemente un cortometraje muy conmovedor: ‘El puente’. Cuenta la historia de un hombre que tiene que escoger entre la vida de su hijo y la de decenas de personas dentro de un tren. Está basado en la película "Most", que representa el amor de Dios por nosotros.

No pocos espectadores se ponen en lugar del operador y rechazan la idea de tener que sacrificar a su hijo único, atrapado bajo el puente, para salvar la vida de los pasajeros.

Es un buena ocasión para reflexionar sobre el inmenso amor que Dios nos tiene  y que lo lleva a sacrificar a su propio Hijo, con el fin de salvar a la humanidad. Sobre esto nos habla hoy el Evangelio.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este miércoles de la segunda semana de Pascua.

Dios nos bendice…

Evangelio según San Juan 3,16-21.
Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. En esto consiste el juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Todo el que obra mal odia la luz y no se acerca a ella, por temor de que sus obras sean descubiertas. En cambio, el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se ponga de manifiesto que sus obras han sido hechas en Dios.  

Comentario

La oscuridad nos inquieta. La luz, en cambio, nos da seguridad. En la oscuridad no sabemos dónde estamos. En la luz podemos encontrar un camino. En pocas líneas, el Evangelio nos presenta los dos grandes misterios de nuestra historia. Por un lado, “tanto amó Dios al mundo”. Sin que lo mereciéramos, nos entregó lo más amado. Aún más, se entregó a sí mismo para darnos la vida. Cristo vino al mundo para iluminar nuestra existencia. Y en contraste, “vino la luz al mundo y los hombres amaron más las tinieblas que la luz”. No acabamos de darnos cuenta de lo que significa este amor de Dios, inmenso, gratuito, desinteresado, un amor hasta el extremo.

El infinito amor de Dios se encuentra con el drama de nuestra libertad que a veces elige el mal, la oscuridad, aún a pesar de desear ardientemente estar en la luz. Pero precisamente, Cristo no ha venido para condenar sino para salvarnos. Viene a ser luz en un mundo entenebrecido por el pecado, quiere dar sentido a nuestro caminar.

Obrar en la verdad es la mejor manera de vivir en la luz. Y obrar en la verdad es vivir en el amor. Dejarnos penetrar por el amor de Dios “que entregó a su Hijo unigénito”, y buscar corresponderle con nuestra entrega.

Fuente: Catholic.net
Autor: Ignacio Sarre