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lunes, 23 de octubre de 2017

“Guárdense de toda clase de codicia”

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar la Palabra de Dios y el comentario, en este lunes de la 29ª semana del tiempo ordinario.

Dios nos bendice...

Primera lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 4,20-25
Hermanos: Ante la promesa de Dios Abrahán no fue incrédulo, sino que se hizo fuerte en la fe, dando con ello gloria a Dios, al persuadirse de que Dios es capaz de hacer lo que promete, por lo cual le valió la justificación. Y no sólo por él está escrito: "Le valió", sino también por nosotros, a quienes nos valdrá si creemos en el que resucitó de entre los muertos a nuestro Señor Jesús, que fue entregado por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificación.

Salmo

Lc 1,69-70.71-72.73-75
R/. Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado a su pueblo
Nos ha suscitado una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas. R/.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán. R/.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 12,13-21

En aquel tiempo, dijo uno del público a Jesús: «Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia.»
Él le contestó: «Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros?»
Y dijo a la gente: «Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes.»
Y les propuso una parábola: «Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos: "¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha." Y se dijo: "Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mí mismo: Hombre, tienes bienes acumulados para muchos años; túmbate, come, bebe y date buena vida." Pero Dios le dijo: "Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será?" Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios.»

Reflexión del Evangelio de hoy

Las manos vacías
Así las tiene “el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios”. “Porque, necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será?”

Pero, permitidme empezar con una precisión. Aunque sólo sea por un respeto obligado y elemental hacia los pobres, hacia los que tienen las manos vacías no ya a la hora de la muerte sino a la hora de la vida, hacia los afectados por eso que llamamos la “crisis”, el paro, la angustia de muchas familias, de muchas personas que, mientras nosotros elucubramos sobre los males del dinero, ellos lo padecen, sin posibilidad siquiera de preguntarse por qué. Mi profundo respeto para ellos.

Hay un 2º grupo de personas que les ha ido y les va bien en la vida. Son, aparentemente, triunfadores, como el de la parábola. Jesús no critica sin más el dinero o la riqueza, sino el sitio que a veces ocupa en nuestro corazón; a esto se refiere el ejemplo que nos pone. Se trata, según Jesús, de cambiar de actitud respecto de los bienes materiales, de no darles más importancia de la que tienen (y la tienen, pero en su justa medida). Para ello describe con gran agudeza lo que sucede al que hace de la riqueza su único horizonte. El hombre de la parábola tuvo un golpe de suerte y se hizo inmensamente rico. Y pensó de forma insensata que su vida estaba salvada. Sin darse cuenta de que la vida en este mundo es pasajera, y que los bienes externos no pueden formar parte del equipaje que podemos llevarnos al otro mundo.

El tercer grupo está formado por los atrapados en la corrupción, o sea, en “solicitar, ofrecer, otorgar o aceptar (…) cualquier ventaja indebida…” No hace falta insistir sobre el problema y los corruptos en particular, porque, por desgracia son el pan nuestro de cada día. Pero sí incidir en la transcendencia que su conducta tiene peyorativamente para el resto de los ciudadanos. Pero, en el caso que nos ocupa, no hay paraíso fiscal alguno ni seguro de vida que les garantice llevar algo en sus manos en el momento del peaje.
Las manos llenas o, al menos, mediadas
“Nunca vi un camión de mudanzas detrás de un cortejo fúnebre” nos dijo con cierta ironía el Santo Padre Francisco, indicando que lo que se nos va a pedir en aquel momento es la vida, no nuestros bienes y dineros. Por otra parte, también en este punto necesitamos un sano equilibrio: no podemos despreciar el dinero que necesitamos, pero tampoco debemos poner nuestro corazón y depositar nuestra confianza en él.

Jesús tenía, entre sus amigos, a pobres y a ricos, y acudía a sus casas y aceptaba sus invitaciones. Y, al mismo tiempo, nos pedía ser muy cautos ante las riquezas, cuidar mucho la actitud interior ante ellas, de forma que nunca las consideremos fines sino sólo medios para poder dignificar nuestra vida y la de los demás. Lo malo del rico no era que fuera rico, sino que hubiera organizado y programado su vida en torno al dinero y no a Dios

Los valores económicos, el poder, el éxito, el prestigio, la buena vida atrae poderosamente al hombre de nuestros días. Una lástima que no pongamos el mismo cuidado y dedicación en la adquisición de los valores éticos, religiosos, culturales, en la amistad, en la familia, el estudio, etc. “Buscad los bienes de allá arriba” –nos decía San Pablo (Col 3,1-4)-. Se refería a estos últimos, que son bienes aquí y ahora y lo van a seguir siendo después. Esta es la sagacidad que nos pide Jesús: la armonía y el equilibrio entre esta vida y la otra. Y hacerlo, muy en particular, con lo que nos puede enriquecer aquí y allí. Lo que hizo él; lo que hicieron y hacen los santos.

 Como seguidores de Jesús, ¿qué sentimientos tenemos ante el dinero? ¿Nos distinguimos de los demás?
Con el dinero como telón de fondo, ¿qué “estilo” ven los demás en nosotros? ¿El mismo que creemos tener?

Fray Hermelindo Fernández Rodríguez
La Virgen del Camino






sábado, 24 de diciembre de 2016

La espera ha terminado: El Señor llega para estar con nosotros ¡Alabado sea!

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar la Palabra de Dios cuando hoy celebramos el sábado de la Feria privilegiada de Adviento (24 de dic.)

Dios nos bendice...

Lectura del segundo libro de Samuel (7,1-5.8b-12.14a.16):
CUANDO el rey David se asentó en su casa y el Señor le hubo dado reposo de todos sus enemigos de alrededor, dijo al profeta Natán: «Mira, yo habito en una casa de cedro, mientras el Arca de Dios habita en una tienda». Natán dijo al rey:«Ve y haz lo que desea tu corazón, pues el Señor está contigo».Aquella noche vino esta palabra del Señor a Natán: «Ve y habla a mi siervo David: "Así dice el Señor: ¿Tú me va a construir una casa para morada mía? Yo te tomé del pastizal, de andar tras el rebaño, para que fueras jefe de mi pueblo Israel. He estado a tu lado por donde quiera que has ido, he suprimido a todos tus enemigos ante ti y te he hecho tan famoso como los grandes de la tierra. Dispondré un lugar para mi pueblo Israel y lo plantaré para que resida en él sin que lo inquieten, ni le hagan más daño los malvados, como antaño, cuando nombraba jueces sobre mi pueblo Israel. A ti te he dado reposo de todos tus enemigos. Pues bien, el Señor te anuncia que te va a edificar una casa. En efecto, cuando se cumplan tus días y reposes con tus padres, yo suscitaré descendencia tuya después de ti. Al que salga de tus entrañas le afirmaré su reino. Yo seré para él un padre, y él será para mi un hijo. Tú casa y tu reino se mantendrán siempre firmes ante mi; tu trono durará para siempre"».
Sal 88

R/. Cantaré eternamente tus misericordias, Señor

V/. Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dijiste: «La misericordia es un edificio eterno»,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad. R/.

V/. «Sellé una alianza con mi elegido,
jurando a David, mi siervo:
Te fundaré un linaje perpetuo,
edificaré tu trono para todas las edades». R/.

V/. «Él me invocará: “Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora”;
Le mantendré eternamente mi favor,
y mí alianza con él será estable». R/.
 
Lectura del santo evangelio según san Lucas (1,67-79):

EN aquel tiempo, Zacarías, padre de Juan, se llenó de Espíritu Santo y profetizó diciendo:«“Bendito sea el Señor, Dios de Israel”, porque ha visitado y “redimido a su pueblo”, suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas. Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; realizando la “misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza” y “el juramento que juró a nuestro padre Abrahán” para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días. Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante “del Señor a preparar sus caminos”, anunciando a su pueblo la salvación por el perdón de sus pecados. Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz».
Comentario


1.1 Zacarías había quedado mudo. Le había pedido certeza al arcángel Gabriel, un modo de asegurarse él, porque no podía sentirse seguro con la sola palabra del mensajero. Ya que no le han bastado las palabras, el ángel le da una dura señal de certeza: lo deja mudo. Si la palabra del cielo no le convence, que se quede sin palabras en la tierra. Mudo y todo, Zacarías hace finalmente caso, ahora que ya se siente seguro: se une a su mujer y en el silencio engendra. De su silencio saldrá la Voz; en el silencio fue concebido Juan, el Bautista.

1.2 El evangelio de hoy nos transporta al momento bello y solemne en que ese silencio se quiebra. Todo hay que notarlo: Zacarías es interrogado por el nombre de su hijo, su único, y él renuncia a su propio nombre para dar a su hijo un nombre que expresa y canta la misericordia: "misericordia o gracia de Dios" es el nombre de Juan, según la etimología común. Sus primeras palabras, pues, son para alabar la misericordia, después de haberse desprendido, en cierto modo, de su propio derecho como padre.

1.3 Zacarías canta y alaba a Dios a boca llena, no el día del nacimiento de Juan, sino el día de la circuncisión, que es el día en que los niños judíos recibían su nombre, de acuerdo con lo que sucedió el día en que Dios hizo pacto en la carne de Abraham y le dio este nombre en lugar de Abram (cf. Gén 17). El día en que renace la voz es el día del nombre, el día de darle nombre al niño. El día también en que ese niño entra en la alianza, pues esa operación quirúrgica la que introducía en la alianza (Gén 17,10). Con su hijo, que entra en el Pacto, Zacarías renueva su propio Pacto.

1.4 De este modo se cumple, de modo inesperado y profético, lo que el ángel le había dicho al mismo anciano: "irá delante de El en el espíritu y poder de Elías para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y a los desobedientes a la actitud de los justos, a fin de preparar para el Señor un pueblo bien dispuesto" (Lc 1,17). Bien podemos decir que esto se cumple ya el día mismo en que Juan está entrando en la alianza de Abraham: están volviendo "los corazones de los padres a los hijos" y "los desobedientes a la actitud de los justos", aunque ese padre sea el propio padre de Juan, y ese desobediente se llame Zacarías.

2. Un Canto para el Precursor

2.1 Todo habría que comentarlo en el cántico de Zacarías. Se le ha llamado resumen precioso de la esperanza del Antiguo Testamento, y así lo es. Fijemos nuestra atención esta vez en lo que atañe a Juan.

2.2 Juan es aquí el "profeta del Altísimo", y también el que va "delante del Señor". Anuncia, porque es profeta, y muestra, porque va delante. Su voz tiene el tono ardoroso del que espera y el entusiasmo maravilloso del que ve llegar al esperado. En él se abrazan la esperanza y la llegada. Su alma conoce los dolores de la ausencia y el gozo de la presencia.

2.3 Ir "delante del Señor" es mucho más que contar a los demás que el Señor está cerca. Los Evangelios nos muestran el altísimo precio, precio de sangre, que implicó para Juan esto de "ir delante". Ni más ni menos quiere decir que todo cuanto sucedió a Cristo de algún modo sucedió primero a Juan. Y ya sabemos cuál vida fue la del Señor Jesús, de donde entendemos que clase de misión es esta de preceder al redentor del mundo.

2.4 Juan no es el único precursor. En Lc 10,1 leemos: "el Señor designó a otros setenta, y los envió de dos en dos delante de El, a toda ciudad y lugar adonde El había de ir". Estos precursores reciben instrucciones explícitas sobre su dura misión: "os envío como corderos en medio de lobos" (Lc 10,3). A menudo el apóstol de Cristo tiene misión de precursor de Cristo, y entonces tendrá, como Juan y como estos 70, que probar un bocado de la pasión de su Señor.

http://fraynelson.com/homilias.html.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

¡Ya llega el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas!

¡Amor y paz!

Zacarías rompió el silencio de su obstinación para entonar un himno a la esperanza y a la alegría. La expectativa, durante tantos años contenida, se hacía realidad precisamente en el momento en que todos pensaban que era el fin de Israel. Las promesas de Dios se hacían realidad en la humildad de un acontecimiento cotidiano: nacía un niño, revivía una esperanza.

Dios irrumpía en el silencio del hogar con el canto jubiloso de un recién nacido. La legión de profetas que desde antiguo animaban la fe de Israel, hoy tenía una nueva voz. Una voz que lucharía en el desierto de la desidia y la obstinación humanas. Una voz, que sin embargo, estaba destinada a anunciar la irrupción del Reinado de Dios de la mano de un hombre íntegro: Jesús de Nazaret (Servicio Bíblico Latinoamericano).

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este miércoles de la Feria privilegiada de Adviento (24 de dic.)

Dios nos bendice…

Evangelio según San Lucas 1,67-79
En aquel tiempo, Zacarías, padre de Juan, lleno del Espíritu Santo, profetizó diciendo: "Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas. Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán. Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días. Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados. Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz."
Comentario

El "Benedictus" de Zacarías hace pareja con el "Magnificat" de María. Ambos son cánticos de acción de gracias a Dios por las maravillas de su salvación en Jesucristo. Ambos se cantan diariamente en el oficio divino de la iglesia, el 1º en la mañana y el 2º en la tarde. Ambos nos invitan en esta Navidad a que también nosotros demos gracias a Dios.

Seguramente serán muchos los motivos que tengamos para exponer ante él confiadamente nuestras necesidades. Pero serán también muchas las razones para agradecerle en esta víspera del nacimiento de su Hijo en carne humana: agradecerle por el mismo Jesucristo, por sus palabras en el Evangelio, por su predilección por los pobres, los humildes y los sencillos, por (…) habernos enseñado los caminos que más agradan a Dios: el del amor a los hermanos y el del perdón. Por habernos convocado en la Iglesia para ser hermanos y darle al mundo un testimonio de fraternidad. Por entregarnos su Palabra, en las Sagradas Escrituras y en las palabras de nuestros hermanos los pobres que nos enseñan y nos ayudan a entenderlas.

Y muchos más motivos de acción de gracias a Dios. Para cantarlas como María y como Zacarías en estos días de Navidad que ya mañana comienzan y para los cuales nos estábamos preparando hasta hoy.

Zacarías saluda en su cántico a "el sol que nace de lo alto", al mismo Jesucristo, de quien Juan Bautista, el hijo de Zacarías, será precursor. Dicho sol brillará sobre "los que viven en tinieblas y en sombras de muerte", es decir sobre todos aquellos que hasta ahora se han visto privados, a causa de sus pecados, de la amistad con Dios; y sumidos en un mundo de violencia e injusticia, de mentira y opresión, enfermedad y muerte, que son los frutos del pecado. Pero este sol anunciado por Zacarías disipará todas las sombras, "a su luz caminarán las naciones", como decía Isaías. "Guiará nuestros pasos por el camino de la paz". Este sol es Jesús cuyo nacimiento estaremos celebrando dentro de pocas horas.

Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica). 

martes, 24 de diciembre de 2013

Llega la hora cero: nos visitará el sol que nace de lo alto

¡Amor y paz!

El que nos trae el Evangelio hoy es un hermoso cántico que la comunidad eclesial ha hecho suyo desde hace dos mil años, y lo canta con más motivos aún que Zacarías.

Cada día se reza en la oración matutina de Laudes, y ciertamente con coherencia, recordando «el sol que nace de lo alto», que para nosotros es Cristo Jesús, que quiere iluminar a todos los que caminamos en la tiniebla o en la penumbra, y comprometiéndonos a servirle «en santidad y justicia en su presencia todos nuestros días», y «guiar nuestros pasos en el camino de la paz» a lo largo de la jornada.

Pero hoy, víspera de la Navidad, tras la preparación de las cuatro semanas de Adviento, este himno nos llena particularmente de alegría, pregustando ya la celebración del nacimiento del Señor esta próxima noche (José Aldazábal).

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en estas vísperas de la solemne Natividad del Señor.

Dios los bendiga…

Del santo Evangelio según san Lucas 1, 67-79
En aquel tiempo, Zacarías, padre de Juan, lleno del Espíritu Santo, profetizó diciendo: "Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, y ha hecho surgir en favor nuestro un poderoso salvador en la casa de David, su siervo. Así lo había anunciado desde antiguo, por boca de sus santos profetas: que nos salvaría de nuestros enemigos y de las manos de todos los que nos aborrecen, para mostrar su misericordia a nuestros padres y acordarse de su santa alianza. El Señor juró a nuestro padre Abraham concedernos que, libres ya de nuestros enemigos, lo sirvamos sin temor, en santidad y justicia delante de él, todos los días de nuestra vida. Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos y a anunciar a su pueblo la salvación, mediante el perdón de los pecados. Y por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en las tinieblas y en sombras de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.
Comentario

Hemos llegado a la hora cero, la noche santa, la Nochebuena. ¡Qué nombre tan bello se le ha puesto! Noche en la que todos nos hacemos niños, y dejamos que hable el corazón, que se haga villancico, luz, ternura, amor familiar, bondad e ingenuidad. Noche en la que sale fuera el niño que somos por dentro, y hablan el Niño del pesebre, la mula y el buey, los ángeles y los pastores....narraciones simbólicas que revelan lo más hondo de nosotros mismos y del sentido de nuestra existencia.

Vivamos con intensidad estos días. Detengámonos -¡como sea!- para encontrar un tiempo de paz, de sabor, de oración ante el misterio: el misterio de Dios, el de Jesús, el de los seres humanos, el mío...

El tiempo de Navidad es un tiempo de amnesia. Se nos invita a olvidar todo aquello que nos disminuye y enferma. En toda comunidad hay roces y malos entendidos. Todos pasamos por muy malos ratos, con reacciones tan injustas como crueles hacia los demás. Todos somos heridos y heridores. Todos necesitamos olvidar. No solo perdonar desde lo alto de nuestra dignidad herida, cuando alimentamos con el recuerdo de nuestro perdón el recuerdo de la ofensa. Hagamos en este tiempo un esfuerzo definido y sistemático para expulsar de nuestra memoria la convicción de que somos víctimas.

Todos nos regocijamos hoy por el nacimiento de Jesucristo en la tierra. "¡Un Niño nos ha nacido, un Hijo se nos ha dado!" -canta alegremente la Iglesia en la misa de Nochebuena, con las palabras del profeta Isaías. Sí, Jesús ha nacido, y en Él "ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres" -nos dice san Pablo en la lectura de la carta a Tito-. Y en el Evangelio escuchamos el mensaje jubiloso que el ángel anuncia a los pastores: "Hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: ¡el Mesías, el Señor! Y aquí tenéis la señal: encontraréis a un Niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre". 

¡Dios se ha hecho hombre! ¡El Verbo eterno del Padre se ha hecho carne para redimirnos del pecado, para abrirnos las puertas del cielo y darnos la salvación! Es un misterio insondable, incapaz de ser abarcado ni comprendido suficientemente por nuestra pobre y oscura razón humana. El Dios infinito se hace un ser pequeñísimo; el Dios eterno se hace hombre temporal y mortal; el Dios omnipotente se hace un niño frágil, impotente e indefenso; el Dios creador de todo cuanto existe y a quien no puede contener el universo entero, se hace una creatura capaz de ser contenida en el vientre de María y luego envuelta en pañales... ¡Sí, este Niño es Dios! Y nace en la más absoluta pobreza, en la más profunda humildad, silencio, desprendimiento, obediencia al Padre... ¿Por qué? Por amor a cada uno de nosotros. ¿Para qué? Para darnos la vida eterna. Como bellamente nos dice san Ireneo, "el Hijo de Dios se hizo hijo del Hombre para que el hombre llegara a ser hijo de Dios".

Ojalá que en esta Navidad meditemos hondamente en el significado y en el sentido profundo de lo que estamos celebrando.

Autor: P Juan Pablo Menéndez | Fuente: Catholic.net