SOBRE EL AMOR EN LA FAMILIA

Encuentre aquí (columna de la izquierda - Mensajes del Papa) el texto completo de la Carta Apostólica 'Misericordia et Mísera'

lunes, 20 de octubre de 2014

Que el afán de tener no obstruya nuestra relación con Dios

¡Amor y paz!

La segunda parte de la instrucción a los discípulos antes de comenzar la enseñanza a las multitudes tiene que ver con un asunto muy debatido: la plata, el dinero, que tiene en cada uno de nuestros países un nombre popular típico...

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este lunes de la 29ª- semana del Tiempo Ordinario.

Dios nos bendice…

Evangelio según San Lucas 12,13-21. 
En aquel tiempo: Uno de la multitud le dijo: "Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia". Jesús le respondió: "Amigo, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre ustedes?". Después les dijo: "Cuídense de toda avaricia, porque aún en medio de la abundancia, la vida de un hombre no está asegurada por sus riquezas". Les dijo entonces una parábola: "Había un hombre rico, cuyas tierras habían producido mucho, y se preguntaba a sí mismo: '¿Qué voy a hacer? No tengo dónde guardar mi cosecha'. Después pensó: 'Voy a hacer esto: demoleré mis graneros, construiré otros más grandes y amontonaré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma: Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe y date buena vida'. Pero Dios le dijo: 'Insensato, esta misma noche vas a morir. ¿Y para quién será lo que has amontonado?'. Esto es lo que sucede al que acumula riquezas para sí, y no es rico a los ojos de Dios".  

Comentario

El dinero siempre es fuente de conflictos, agresiones y opresión. Uno quita a otro sus derechos por apoderarse de un capital. Los empleados públicos se corrompen dando y recibiendo sobornos. Los candidatos a altos cargos del estado reciben dineros de dudosa procedencia. Fondos destinados a obras sociales van siendo «serruchados» a su paso por las diversas dependencias burocráticas de la administración del Estado y llegan a su destino muy disminuidos, incluso a veces no legan.

En toda campaña electoral se aparecen dineros que vienen de nadie sabe dónde... Malversación de fondos, tráfico de influencias, especulación financiera, fuga de capitales, quiebras empresariales ficticias...

De este modo la sociedad se convierte en un mercado donde se negocia con la honestidad, la justicia y el derecho. La ambición, al acaparamiento y el enriquecimiento se tornan entonces, en la medida de toda acción interhumana dando al traste con los grandes valores que deben sostener la sociedad.

En medio de este imperio del dinero, Jesús clama por una comunidad fraterna donde se respete el derecho y la dignidad de las personas. Para llegar allá, es necesario cambiar nuestra actitud ante el dinero. Es necesario dejarlo de considerar el bien supremo, el mayor valor. Es necesario no creer que su poder es omnipotente y superior a la acción de Dios. En pocas palabras, Jesús nos pide que pongamos a Dios y su reinado como supremo valor de nuestra vida, y que le quitemos ese lugar al dinero. De esto depende la salvación, pues, ¿qué saca el ser humano con atesorar bienes y capitales si a cambio lo único que obtiene es explotación, marginación y la destrucción de la naturaleza?

La comparación que Jesús propone para comprender la ficción que en nuestras mentes crea la riqueza, nos debe ayudar a comprender que el mayor bien humano es la vida en sí misma. Y que ésta no se alcanza acumulando cosas, sino ganando espacios donde ella florezca en todo su esplendor: una sociedad justa, un ser humano nuevo, una naturaleza respetada y protegida.

Servicio Bíblico Latinoamericano

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