SOBRE EL AMOR EN LA FAMILIA

Encuentre aquí (columna de la izquierda - Mensajes del Papa) el texto completo de la Carta Apostólica 'Misericordia et Mísera'

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Sirvamos a nuestros hermanos, como respuesta a la generosidad de Dios

¡Amor y paz!

En el Evangelio de hoy, Jesús sale de la sinagoga, entra a la casa de Simón y cura a la suegra de éste. Como ayer, el Señor predica y cura y recorre así toda Judea, a pesar de que muchos quieren retenerlo.

Es interesante ver cómo reacciona la suegra de Simón. Recordemos cómo reaccionan aquellos que son curados. Pensemos en sólo dos casos: en una ocasión cura a 10 leprosos, pero sólo uno regresa a agradecerle (Lc 17, 11-19); y también a un sordomudo quien,  a pesar de que Jesús insiste en que no diga nada, con mayor ahínco proclama que ha sido curado (Mc 7,31-37). La reacción de la suegra de Pedro es diferente: cuando se le pasa la fiebre, se levanta y se pone a servirles.

Cabe preguntarnos cómo respondemos nosotros a los dones y favores que nos dispensa Dios. Seguramente no hay mejor manera que sirviendo a sus hijos, nuestros hermanos, especialmente los más necesitados.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este miércoles de la 22ª. Semana del Tiempo Ordinario.

Dios los bendiga…

Del santo evangelio según san Lucas (4,38-44):
En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, entró en casa de Simón. La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le pidieron que hiciera algo por ella. Él, de pie a su lado, increpó a la fiebre, y se le pasó; ella, levantándose en seguida, se puso a servirles. Al ponerse el sol, los que tenían enfermos con el mal que fuera se los llevaban; y él, poniendo las manos sobre cada uno, los iba curando. De muchos de ellos salían también demonios, que gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios.» Los increpaba y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Mesías. Al hacerse de día, salió a un lugar solitario. La gente lo andaba buscando; dieron con él e intentaban retenerlo para que no se les fuese. Pero él les dijo: «También a los otros pueblos tengo que anunciarles el reino de Dios, para eso me han enviado.» Y predicaba en las sinagogas de Judea.

Comentario

Siempre me ha llamado la atención la actitud de la suegra de Pedro. Está en la cama con fiebres. Jesús la cura. Vale. Lo lógico habría sido montar una fiesta o descansar o irse a visitar a las amigas. Algo así. Pero lo que hace es otra cosa: se levanta y se pone a servirles, a Jesús y a los discípulos, que han llegado a su casa. La hospitalidad es lo primero. Y ella está para servir. 

      La suegra de Pedro es todo un modelo de vida cristiana. De los que han venido para servir y no para ser servidos. Paremos por un momento a pensar cómo nos iría en la vida si todos nos colocásemos en esa posición: en la del que sirve. Podemos imaginar la vida de en familia, la vida en las empresas, en los partidos políticos, en los grupos de amigos. ¿A que sería diferente?

      Cuando era seminarista, nuestro formador nos comentaba que la vida de comunidad era como un carro que llevábamos entre todos. Era posible que en algún momento uno de los miembros de la comunidad se subiese al carro por la razón que fuese (enfermedad, debilidad, cansancio...). No importaba los demás seguirían tirando y, aunque con un poco más de dificultad, el carro seguiría adelante. Para los que tiran la dificultad va en aumento según son más los que se suben al carro y son menos los que tiran. El momento imposible es cuando todos o la mayoría deciden subirse al carro. En ese momento ya no se avanza más. Incluso se retrocede en el caso de que el carro estuviese subiendo una cuesta. Más complicado todavía es si los que tiran no están unidos y cada uno tira para un lado. 
     
 Conclusión: vivir juntos implica siempre una actitud de servicio. Y un cierto grado de consenso o unidad para tirar todos en la misma dirección. Si empezamos a hacer partidos y cada uno busca su propio interés el carro/comunidad no va para ninguna parte. (…) Que no se nos olvide que todos somos de Cristo, que todos estamos al servicio unos de otros y que los primeros de la comunidad son los más débiles. Con estos sencillos criterios, un poco de generosidad y algo de capacidad de sacrificio, seguro que nuestra comunidad termina siendo presencia del Reino para todos los que se acerquen a ella.

Fernando Torres Pérez, cmf

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