SOBRE EL AMOR EN LA FAMILIA

Encuentre aquí (columna de la izquierda - Mensajes del Papa) el texto completo de la Carta Apostólica 'Misericordia et Mísera'

miércoles, 13 de agosto de 2014

Si Jesús vino a salvar, ¿por qué tenemos que juzgar y condenar?

¡Amor y paz!

Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por Él. Así, quien vive en Cristo es una criatura nueva en Él, pues todo don perfecto viene de Dios, que nos ha reconciliado consigo mismo y nos ha confiado el ministerio de la reconciliación. No podemos, por tanto, satanizar y condenar a los malvados y pecadores.

El Señor, que hecho uno de nosotros, entregó su vida para salvar a la humanidad entera, nos ha enviado a continuar su misión de Buen Pastor, buscando a la oveja descarriada hasta encontrarla para que, cargándola sobre nuestros hombros, la llevemos de vuelta a la comunión con Dios y con la Iglesia. Hemos de agotar hasta el último recurso con tal de liberar a nuestro prójimo de sus esclavitudes al pecado y a la muerte.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este miércoles de la XIX Semana del Tiempo Ordinario.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Mateo 18,15-20. 
Si tu hermano peca, ve y corrígelo en privado. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, busca una o dos personas más, para que el asunto se decida por la declaración de dos o tres testigos. Si se niega a hacerles caso, dilo a la comunidad. Y si tampoco quiere escuchar a la comunidad, considéralo como pagano o publicano. Les aseguro que todo lo que ustedes aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo. También les aseguro que si dos de ustedes se unen en la tierra para pedir algo, mi Padre que está en el cielo se lo concederá. Porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos".  

Comentario

Hemos de agotar hasta el último recurso con tal de liberar a nuestro prójimo de sus esclavitudes al pecado y a la muerte. No atemos, no condenemos; más bien desatemos y salvemos. El Señor ha confiado ese poder a su Iglesia. Cuando pareciera que ya todo es imposible, sin dejar de trabajar por el bien de los demás, acudamos al Señor y roguémosle que conceda su amor, su perdón, su paz, la salvación y la vida eterna a quienes pareciera que ya no tienen esperanza de ser renovados.

Puesto que la salvación es un Don gratuito y libre de parte de Dios hacia nosotros, acudamos con fe al autor de nuestra salvación para que nos renueve y nos haga no sólo llamarnos sino vivir como hijos suyos, pues lo que a los ojos de los hombres es imposible, es posible para Dios.

El Dios paciente, lleno de amor y de misericordia hacia nosotros, nos reúne en la Eucaristía para ofrecernos su perdón. A pesar de todo aquello que nos alejó de Él, Él quiere que renovemos nuestra Alianza de amor. Él no se complace en la muerte del pecador, sino en que se convierta y viva. Para eso el Señor derramó su Sangre por nosotros. Él intercede ante el Padre Dios por nosotros para que nos contemple con amor y nos perdone. ¿Habrá alguien que nos haya amado como Él?

Dios no quiere alejarse de nosotros. Él está a la puerta y llama; si alguien le abre Él entrará y cenará con Él. Él nos sienta a la Mesa en la Cena Pascual. No sólo quiere llegar a nosotros como visitante, sino como huésped que, al habitar en nosotros, nos convierta en templos suyos para que seamos santos, como Él es Santo. No cerremos nuestro corazón a su presencia salvadora. Ojalá y escuchemos hoy su voz y no endurezcamos nuestro corazón en su presencia.

La Iglesia de Cristo es un comunidad en diálogo; en diálogo permanente con su Señor para conocer su voluntad y para poder cumplirla con la ayuda del Espíritu Santo; en diálogo permanente con los demás miembros de este Cuerpo Místico de Cristo, de tal forma que viviendo la comunión pongamos mutuamente nuestros carismas para nuestra mutua edificación; en diálogo permanente con toda la humanidad para vivir la solidaridad que nos ayude a remediar los males y las pobrezas de muchos hermanos nuestros, pues desde Cristo ya no podemos hablar sólo de prójimos, sino de hermanos, que tal vez dispersó el pecado y los alejó en un día de tinieblas y nubarrones, pero que Dios no ha dejados de amarlos, ni ha dejado de llamarlos a la plena unión con Él. Como Iglesia no vayamos a los demás para condenarlos y alejarlos, sino para atraerlos a todos hacia Cristo para que en Él encuentren la salvación, y recuperen el compromiso de trabajar por la unidad y la paz.

Homiliacatolica.com

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