¡Amor
y paz!
Igual
que el amor o la amistad verdadera, también seguir a Cristo exige muchas veces
renuncia, esfuerzo, sacrificio. Como tiene que sacrificarse el estudiante para
aprobar, el atleta para ganar, el labrador para cosechar, los padres para sacar
la familia adelante.
Depende
del ideal que se tenga. Para un cristiano el ideal es colaborar con Cristo en
la salvación del mundo. Por eso, en la vida de comunidad muchas veces debemos
estar dispuestos al trabajo y a la renuncia por los demás, sin pasar factura.
La filosofía de la cruz no se basa en la cruz misma, con una actitud masoquista,
sino en la construcción de un mundo nuevo, que supone la cruz.
Lo
que parece una paradoja -buscar los últimos lugares, ser el esclavo de todos-
sólo tiene sentido desde esta perspectiva y este ejemplo de Jesús. (José Aldazábal).
Los
invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este
miércoles de la 8ª. Semana del tiempo ordinario.
Dios
los bendiga…
Evangelio
según San Marcos 10,32-45.
Mientras iban de camino para subir a Jerusalén, Jesús se adelantaba a sus discípulos; ellos estaban asombrados y los que lo seguían tenían miedo. Entonces reunió nuevamente a los Doce y comenzó a decirles lo que le iba a suceder: "Ahora subimos a Jerusalén; allí el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas. Lo condenarán a muerte y lo entregarán a los paganos: ellos se burlarán de él, lo escupirán, lo azotarán y lo matarán. Y tres días después, resucitará". Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, se acercaron a Jesús y le dijeron: "Maestro, queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir". El les respondió: "¿Qué quieren que haga por ustedes?". Ellos le dijeron: "Concédenos sentarnos uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, cuando estés en tu gloria". Jesús les dijo: "No saben lo que piden. ¿Pueden beber el cáliz que yo beberé y recibir el bautismo que yo recibiré?". "Podemos", le respondieron. Entonces Jesús agregó: "Ustedes beberán el cáliz que yo beberé y recibirán el mismo bautismo que yo. En cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí concederlo, sino que esos puestos son para quienes han sido destinados". Los otros diez, que habían oído a Santiago y a Juan, se indignaron contra ellos. Jesús los llamó y les dijo: "Ustedes saben que aquellos a quienes se considera gobernantes, dominan a las naciones como si fueran sus dueños, y los poderosos les hacen sentir su autoridad. Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser el primero, que se haga servidor de todos. Porque el mismo Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud".
Comentario
El
mensaje de Jesús en los evangelios es persistente, constante. Frente a la
tendencia que tiene el ser humano a conquistar el poder, la fama y los honores,
Jesús desvela a los discípulos que su camino pasa por “dar la vida” para “dar
vida”, que la cruz no es un fin en sí mismo, sino el paso necesario -la pascua-
para llegar a la resurrección. Pero los discípulos -y tal vez nosotros como
ellos- o no entienden o no quieren entender.
El
evangelio de hoy da una vez más prueba de ello. Esta vez son dos discípulos,
los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, quienes se acercan a Jesús para pedirle
sentarse a su derecha e izquierda el día de su gloria. Ellos sueñan todavía en
clave de poder, de dominio, de gobierno.
Jesús les dice que no saben lo que piden. Porque sentarse a la derecha y a la izquierda el día de su gloria -el día en que se manifieste el poder del amor de Dios en la cruz- será estar dispuestos a ser crucificados con él para dar vida, o lo que es igual, sumergirse en las aguas de la muerte como condición para arribar a la orilla de la resurrección. Y esto no depende de Jesús, ni siquiera del Padre, sino de quienes de entre sus seguidores estén dispuestos a seguirlo hasta la muerte. Ésos serán los que se sienten a su derecha y a su izquierda.
Jesús les dice que no saben lo que piden. Porque sentarse a la derecha y a la izquierda el día de su gloria -el día en que se manifieste el poder del amor de Dios en la cruz- será estar dispuestos a ser crucificados con él para dar vida, o lo que es igual, sumergirse en las aguas de la muerte como condición para arribar a la orilla de la resurrección. Y esto no depende de Jesús, ni siquiera del Padre, sino de quienes de entre sus seguidores estén dispuestos a seguirlo hasta la muerte. Ésos serán los que se sienten a su derecha y a su izquierda.
El
día de la muerte de Jesús ninguno de los discípulos optó por los primeros
puestos, por ser crucificados con él. En su lugar tuvieron que poner dos
bandidos. Ninguno de ellos había aprendido la verdadera lección de amor a
partir de la cual nace una nueva humanidad en la que no se trata ya de tiranizar
a los demás como suelen hacer los jefes de los pueblos, ni de oprimir a los
otros como hacen los grandes. En la nueva sociedad vale más quien más se abaja
para servir; es el primero quien se hace esclavo de todos, como Jesús que no
vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por
todos. Así de sencillo; así de difícil. ¿Estamos de acuerdo nosotros con esta
forma de pensar? ¿La llevamos a la práctica en la vida diaria?
Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional
Claretiana de Latinoamérica)
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