sábado, 18 de febrero de 2012

Gracias a Cristo, luego de la cruz vendrá la gloria

¡Amor y paz!

En los días precedentes, Jesús nos ha indicado que para ser verdaderos discípulos suyos es necesario renunciar a nosotros mismos, tomar la cruz y seguirlo. Hoy, con el acontecimiento de la Transfiguración, nos participa del sentido pleno de su misión redentora: luego de la cruz, vendrá la gloria.

El Padre nos asegura que la vida y la obra de Jesús no terminan con la muerte. Ésta deja de ser el fin irremediable y la sombra del horror, y comienza a ser entendida como el trasladarse a donde está Dios. Por eso, desde entonces, la muerte está íntimamente ligada al triunfo, y no puede ser entendida sino a la luz de la Resurrección.

Entonces, para nosotros debe ser claro que, como dice San Juan: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna...” (Jn 3, 16-18).

Los invito, hermanos, a leer y meditar el evangelio y el comentario, en este sábado de la VI semana del Tiempo Ordinario.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Marcos 9,2-13.
Seis días después, Jesús tomó a Pedro, Santiago y Juan, y los llevó a ellos solos a un monte elevado. Allí se transfiguró en presencia de ellos.  Sus vestiduras se volvieron resplandecientes, tan blancas como nadie en el mundo podría blanquearlas. Y se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Pedro dijo a Jesús: "Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías". Pedro no sabía qué decir, porque estaban llenos de temor. Entonces una nube los cubrió con su sombra, y salió de ella una voz: "Este es mi Hijo muy querido, escúchenlo". De pronto miraron a su alrededor y no vieron a nadie, sino a Jesús solo con ellos. Mientras bajaban del monte, Jesús les prohibió contar lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Ellos cumplieron esta orden, pero se preguntaban qué significaría "resucitar de entre los muertos". Y le hicieron esta pregunta: "¿Por qué dicen los escribas que antes debe venir Elías?". Jesús les respondió: "Sí, Elías debe venir antes para restablecer el orden en todo. Pero, ¿no dice la Escritura que el Hijo del hombre debe sufrir mucho y ser despreciado? Les aseguro que Elías ya ha venido e hicieron con él lo que quisieron, como estaba escrito".
Comentario

"¡Dios mío, cuánta belleza!". La flor que acaba de abrirse, el paisaje que aparece al coronar una cumbre tras una penosa marcha, la sonrisa que florece en el rostro del niño entre lágrimas aún no del todo enjugadas, el trabajo del artesano... "¡Dios mío, cuánta belleza!".

Maravilla, triunfo de la luz... Hay momentos de gracia en los que todo se ilumina y la vida se transfigura. El amor se convierte en certidumbre, la fraternidad se hace palpable y la vida se vuelve sabrosa. Son momentos de luz que transforman durante mucho tiempo lo cotidiano. Intensa claridad que sostiene la marcha a través de los enervantes tonos grises y conduce a la aurora. En esos momentos, el signo se hace transparente y desaparece ante la realidad, que súbitamente se vuelve tangible. El amor ya no necesita flores para expresarse; es transparencia de dos seres, comunión de dos corazones. La solidaridad no necesita ya ser proclamada; se manifiesta en unas manos uncidas al yugo de una misma tarea.

"Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y al Hijo del hombre los letrados lo condenarán a muerte". Jesús se lleva consigo a Pedro, Santiago y Juan, los mismos discípulos que llevará a Getsemaní.

Les lleva sólo a ellos a una montaña elevada. Allí están, en medio de la luz; y la cara oculta de las cosas se esclarece por unos momentos. La vida de aquel hombre, al que aman, se torna transparente. Más allá del signo de aquella vida entregada por amor, palpan, en medio de la nube, el misterio mismo de Dios.

“Este es mi Hijo amado; escuchadle". Era necesario hacer ver a los discípulos la luz que se esconde detrás de la muerte cuando ésta es abrazada con amor. Había que subir a la montaña para que el Gólgota entrara en la historia de los hombres acompañado por el Tabor.

Fogonazo momentáneo que revela cuál es el sentido de la marcha.

Pronto volverá a imponerse el tiempo del signo. El amor volverá a necesitar flores y besos para que la comunión experimentada no se convierta en ilusión. La solidaridad, si no quiere quedar reducida a mera utopía y mero sueño, habrá de nacer de nuevo de la búsqueda prolongada y paciente de los avances inciertos. La luz nos remite más lejos; hay que volver a descender al llano, donde está oculto el término de la marcha.

Muchas veces, vuestra vida se os antoja oscura. Sea como sea, vosotros seguid caminando. Sólo tomando el camino de Jerusalén pudieron entender los discípulos lo que les había sido revelado.

Hasta el día de la Pascua, permanecieron callados, sin saber siquiera lo que quería decir "resucitar de entre los muertos". De signo en signo, llegaremos al final del camino, pues sólo en el asombro del cara a cara conoceremos la parte transfigurada de nuestra vida y podremos, conscientes de la seriedad de nuestro asombro, decir: "¡Dios mío, cuánta belleza!"

Bendito seas, Dios y Padre nuestro,
porque, fiel a tu alianza,
no nos abandonas a nuestra pobreza,
sino que nos llevas aparte, a la montaña,
nos sacas de nuestros caminos empantanados
y nos haces ascender a la luz
para ver cómo se levanta el mundo nuevo.

Tú entreabres los cielos, y nosotros sabemos
cuál es la vocación a que nos llamas.

Tú envías tu Espíritu,
que renueva la faz de la tierra,
y nuestros rostros desfigurados resplandecen
con la gloria del Hijo amado.

Con la mirada asombrada por tan enorme esperanza,
te cantamos, Dios de Jesucristo.

Señor y Dios nuestro,
Jesús transfigurado es la belleza de tu proyecto,
desvelado por un instante.
El pan compartido es el cuerpo roto de tu Hijo,
prenda de nuestra comunión contigo.
Con los ojos aún iluminados, te pedimos
que nos hagas descender de nuevo al llano,
ya que es por él por donde debemos caminar
para llegar a la eternidad.

DIOS CADA DIA
SIGUIENDO EL LECCIONARIO FERIAL
SEMANAS I-IX T.O. EVANG.DE MARCOS
SAL TERRAE/SANTANDER 1990.Pág. 249 s.
http://www.mercaba.org/

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