viernes, 21 de enero de 2011

«Jesús llamó a los que quiso y fueron hacia Él»

¡Amor y paz!

En el Evangelio de hoy, Marcos resume en tres puntos lo que significa ser discípulo de Jesús: "estar con Jesús, anunciar el Reino y expulsar demonios".

Si bien los discípulos son elegidos por el Señor, es necesario que los escogidos estén con Él, es decir, vivan como Él quiere, prediquen la Buena Noticia de la Salvación y expulsen los demonios. Esto último hay que entenderlo en el medio en que vivía Jesús: Demonio era el símbolo donde se acumulaba lo negativo de la historia: enfermedad, injusticia, pecado... El poder de expulsar demonios no debe ser visto tanto como poder de hacer milagros y exorcismos, sino como la capacidad de acercar al ser humano al diseño original -que es Jesús- de ser la imagen más fiel de Dios Padre.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este Viernes de la 2ª. Semana del Tiempo Ordinario.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Marcos 3,13-19.

Después subió a la montaña y llamó a su lado a los que quiso. Ellos fueron hacia él, y Jesús instituyó a doce para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar con el poder de expulsar a los demonios. Así instituyó a los Doce: Simón, al que puso el sobrenombre de Pedro; Santiago, hijo de Zebedeo, y Juan, hermano de Santiago, a los que dio el nombre de Boanerges, es decir, hijos del trueno; luego, Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago, hijo de Alfeo, Tadeo, Simón, el Cananeo,  Judas Iscariote, el mismo que lo entregó.

Comentario

a) Marcos nos cuenta la elección de los doce apóstoles.

Por una parte está la multitud que oye con gusto la predicación de Jesús y se aprovecha de sus milagros. Por otra, los discípulos, que creen en él y le van reconociendo como el Mesías esperado. Ahora, finalmente, él elige a doce, que a partir de ahora le seguirán y estarán con él en todas partes.

Apóstol, en griego, significa «enviado». Estos doce van a convivir con él y los enviará luego a predicar la Buena Noticia, con poder para expulsar demonios, como ha hecho él. O sea, van a compartir su misión mesiánica y serán la base de la comunidad eclesial para todos los siglos.
El número de doce no es casual: es evidente su simbolismo, que apunta a las doce tribus de Israel. La Iglesia va a ser desde ahora el nuevo Israel, unificado en torno a Cristo Jesús.

b) «Llamó a los que quiso». Es una elección gratuita. También a nosotros nos ha elegido gratuitamente para la fe cristiana o para la vocación religiosa o para el ministerio sacerdotal.
En línea con esa lista de los doce, estamos también nosotros. No somos sucesores de los Apóstoles -como los obispos- pero sí miembros de una comunidad que forma la Iglesia «apostólica».

No nos elige por nuestros méritos, porque somos los más santos ni los más sabios o porque estamos llenos de cualidades humanas.

Probablemente también entre nosotros hay personas débiles, como en aquellos primeros doce: uno resultó traidor, otros le abandonaron en el momento de crisis, y el que él puso como jefe le negó cobardemente. Nosotros seguro que también tenemos momentos de debilidad, de cobardía o hasta de traición. Pero siempre deberíamos confiar en su perdón y renovar nuestra entrega y nuestro seguimiento, aprovechando todos los medios que él nos da para ir madurando en nuestra fe y en nuestra vida cristiana.

Como los doce, que «se fueron con él» y luego «los envió a predicar», también nosotros, cuando celebramos la Eucaristía, «estamos con él» y al final de la misa, cuando se nos dice que «podemos ir en paz», en realidad «somos enviados» para testimoniar con nuestra vida la 

Buena Noticia que acabamos de celebrar y comulgar.
J. Aldazábal
Enséñame tus caminos 4.
Tiempo Ordinario. Semanas 1-9
Barcelona 1997. Págs. 62-65

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