domingo, 2 de octubre de 2022

¡Si tuvieran fe ...!

¡Amor y paz!

 

Los invito, hermanos, a leer y meditar la Palabra de Dios, en este Domingo XXVII del Tiempo Ordinario, ciclo C.

 

Dios nos bendice...

 

Hoy, domingo, 2 de octubre de 2022

 

Primera lectura

 

Lectura de la profecía de Habacuc (1,2-3;2,2-4):

¿Hasta cuándo, Señor,
pediré auxilio sin que me oigas,
te gritaré: ¡Violencia!,
sin que me salves?
¿Por qué me haces ver crímenes
y contemplar opresiones?
¿Por qué pones ante mí
destrucción y violencia,
y surgen disputas
y se alzan contiendas?
Me respondió el Señor:
Escribe la visión y grábala
en tablillas, que se lea de corrido;
pues la visión tiene un plazo,
pero llegará a su término sin defraudar.
Si se atrasa, espera en ella,
pues llegará y no tardará.
Mira, el altanero no triunfará;
pero el justo por su fe vivirá.

Palabra de Dios

 

Salmo

 

Sal 94,1-2.6-7.8-9

R/.
Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón».

V/. Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos. R/.

V/. Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía. R/.

V/. Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masa en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba y me tentaron,
aunque habían visto mis obras». R/.

 

Segunda lectura

 

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo (1,6-8.13-14):

Querido hermano:
Te recuerdo que reavives el don de Dios que hay en ti por la imposición de mis manos, pues Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de fortaleza, de amor y de templanza. Así pues, no te avergüences del testimonio de nuestro Señor ni de mí, su prisionero; antes bien, toma parte en los padecimientos por el Evangelio, según la fuerza de Dios.
Ten por modelo las palabras sanas que has oído de mí en la fe y el amor que tienen su fundamento en Cristo Jesús. Vela por el precioso depósito con la ayuda del Espíritu Santo que habita en nosotros.

Palabra de Dios

 

Evangelio de hoy

 

Lectura del santo evangelio según san Lucas (17,5-10):

En aquel tiempo, los apóstoles le dijeron al Señor:
«Auméntanos la fe».
El Señor dijo:
«Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera:
“Arráncate de raíz y plántate en el mar», y os obedecería.
¿Quién de vosotros, si tiene un criado labrando o pastoreando, le dice cuando vuelve del campo: “Enseguida, ven y ponte a la mesa”?
¿No le diréis más bien: “Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú”?
¿Acaso tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: cuando hayáis hecho todo lo que se os ha mandado, decid:
“Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer”».

Palabra del Señor

 

Comentario

i vacila tu fe (Dios no lo quiera)
y vacila por débil y por poca,
pídele a Dios que te la dé de roca,
¡y acuérdate de mí!
que soy pecador porque soy débil,
pero Dios hizo tan grande la fe mía,
que si a ti te faltara, yo podría
¡darte mucha fe a ti!
(Gabriel y Galán)

       Quienes dialogan con Jesús en esta escena son los apóstoles, sus principales amigos y los más cercanos a Jesús. Y de ellos ha salido esta petición: «Auméntanos la fe».  Me consuela ver que son precisamente los apóstoles, los pilares de nuestra fe, los que están en contacto cotidiano con el Maestro, los que reconocen la fragilidad de su fe. ¡Tantas veces desfallecemos o nos pasan por la cabeza ideas que nos hacen tambalear o cuestionar nuestra fe, nuestra confianza en el Maestro! ¡Qué ignorancia de las Escrituras quienes a veces nos han dicho que «era pecado tener dudas de fe, dudar de Dios». Nos ha dicho el Papa Francisco:

 “Si alguien dice que ha encontrado a Dios con certeza total y ni le roza un margen de incertidumbre, algo no va bien…Si uno tiene todas las respuestas a todas las preguntas, estamos ante una prueba de que Dios no está con él”.

Hoy soplan vientos recios para la fe. Pasaron ya aquellos tiempos en los que, al menos en apariencia, todos el mundo se consideraba cristiano, y vivían su fe sin mayores conflictos ni sobresaltos.  Era «natural» (lo normal) ser cristiano. ¿Pues qué ha pasado para que en pocos años, cueste encontrar quien reconozca humilde y sinceramente: «Yo soy cristiano», «para mí la fe es importante», «no me imagino a mí mismo sin contar en mi vida con Dios». ¿Por qué tantos hermanos se encuentran en una crisis de fe, o la han perdido, o no saben si creen, o en qué creer? Las razones pueden ser muchas. Vamos a fijarnos en algunas de las que aparecen mencionadas en las lecturas de hoy que, puedan ayudarnos a ponernos el termómetro de la fe, y chequear cómo anda nuestro «ser cristianos».

        ♠ Podemos comenzar por los que han vivido una experiencia parecida al profeta Habacuc, de la 1ª lectura: se han encontrado con la experiencia del mal, de la injusticia en el mundo, del sufrimiento personal o en otros, y se han preguntado: ¿Dónde está Dios? ¿Qué hace? ¿De qué ha servido que le rezáramos, si las cosas han seguido su curso terrible y nos han dejado doloridos y descolocados? ¿Qué aporta el tener fe cuando se nos muere alguien querido, cuando nos agarra una enfermedad terrible, cuando sentimos que el suelo se hunde bajo nuestros pies?  Han (hemos) gritado  a Dios, protestando, exigiendo alguna respuesta, alguna señal, alguna intervención... ¡y nada pareció ocurrir! El Libro de Job profundiza en este tipo de crisis y de preguntas existenciales.

         ♠ El Evangelio de hoy nos señala una segunda causa: Ideas equivocadas de Dios.  Los apóstoles, influidos sin duda por la mentalidad farisea, ven a Dios como un «amo exigente», y entienden la relación con Dios como una serie de creencias, obligaciones y cumplimientos, según los cuales, ganarían unos méritos -a modo de «puntos»- que Dios tendría que compensar de alguna manera.  De esto nos quedan todavía muchos restos en nuestro cristianismo tradicional: 

«Te estás ganando el cielo a pulso». «Dios se lo pague»
«¿Vale esta misa para el domingo?». «¿Es obligatorio ir hoy a misa?»
«Hay que hacer un sacrificio para que Dios nos ayude»
«¿Qué habré hecho yo para que Dios me trate así?»
«Dios te ha castigado por tu comportamiento»
«Pórtate bien, que el niño Jesús no te va a querer»...
«Pues las monjas no tienen «mérito», porque como no tienen familia que cuidar, se pueden dedicar mejor a su labor.  En cambio nosotros los seglares...»

Méritos, obligaciones, premios y castigos... que no encuentran ningún apoyo en el Evangelio de Jesús.

           Otro ejemplo: Entre los escombros de las Torres Gemelas se encontró un papel de Mohamed Atta, el pilotó del primer avión que fue estrellado y que decía: “Oración destinada a rezarla cuando entres en el avión”: 

“Oh Dios, ábreme todas las puertas,
oh Dios, que respondes a las plegarias y contestas a quien te pregunta,
estoy pidiéndote ayuda, estoy pidiéndote perdón.
Estoy pidiéndote que ilumines mi camino”. (…).
Y terminaba así: “Somos de Dios y a Dios volvemos”. 

          Pero un atentado que se llevó por delante a más de tres mil personas no puede ser fruto de la oración, ni encontrar en ella apoyo. Estamos ante un falso creyente o, quizá mejor, ante alguien que tiene un Dios totalmente deformado. Tampoco anda muy acertado el Patriarca de Moscú de la Iglesia ortodoxa cuando afirma que «aquellos rusos que sacrifican su vida en el campo de batalla en Ucrania lavan todos sus pecados», o que «el dirigente ruso Putin era el único defensor del cristianismo en el mundo» o cuando habla de una «guerra santa» en Ucrania. Por no mencionar al Presidente de EEUU pidiendo a Dios que bendijera sus tropas antes de partir para la guerra. ¡Cuántas barbaridades se han dicho y hecho en el nombre de Dios, y en la mezcolanza entre política y religión! 
     No es raro que todas estas ideas sobre Dios entren en crisis... o provoquen desconcierto y rechazo y perplejidad en aquellos a quienes les resulta imposible «creer» en un Dios así.

          ♠  Podríamos añadir algunas otras causas de la crisis o pérdida de la fe, de orden interno, o personal.  Por ejemplo:

- Muchos cristianos no han recibido más formación que las catequesis infantiles y lo que luego  escuchan en las homilías... y eso les resulta insuficiente para responder a los complicados problemas de la vida adulta. 

- Bastantes cristianos no fueron educados para encontrar a Dios en la oración y comunicarse con él. Aprendieron rezos, ritos, celebraciones... pero no han sido iniciados en una experiencia personal de encuentro con Dios... que es la base de la fe. Y cuando algunos la buscan en la comunidad cristiana... a menudo no encuentran respuestas.

- Hay cristianos que se sienten distantes y poco identificados con ciertas afirmaciones, declaraciones, exigencias, normas y estilos venidos de las jerarquías católicas, especialmente en asuntos de moral y en posicionamientos políticos, que les parecen parciales, trasnochados, injustos, intransigentes, o imposibles de vivir en estos tiempos... Es la desidentificación con la institución eclesial.

- Hay que contar también con los estilos de vida actuales que hacen muy difícil una vida de profundidad, de reflexión, de interioridad.  Vivimos tan ocupados, tan volcados hacia afuera, tan acelerados, tan superficialmente... que no queda resquicio para el silencio, para la reflexión, para vivir consentido, para la maduración personal...

- Sin olvidarnos de la mediocridad: Decía la 2ª lectura: «Toma parte en los duros trabajos del Evangelio. No te avergüences de dar testimonio».  Cuando el ser creyente no conlleva una implicación personal con la comunidad cristiana, con la transformación de la sociedad... y se queda en un asunto privado («íntimo») entre Dios y yo y en unas prácticas religiosas... es muy fácil que la fe se vaya apagando por inanición, o quede «momificada».

¿Y qué hacemos con todo esto, que de una manera u otra nos va afectando a todos? 
Cuando los apóstoles reconocen que su fe es insuficiente, y le piden a Jesús que se la aumente, la respuesta de Jesús es algo desconcertante: les habla del «poder» de la fe y les confirma que la suya es menor que un diminuto grano de mostaza. Para empezar: Dios no es como un «amo» exigente con el que hay que cumplir, o , del que esperar «recompensas», sino como un «Padre» que les hará sentar a la mesa, les servirá, les lavará los pies y les dirá: «no os llamo siervos, sino amigos».

           Pablo nos invitaba en la segunda lectura: «reaviva el don que recibiste el día de tu Bautismo», que es un espíritu de fortaleza, de amor y de templanza. O sea: que lo cuides, porque Dios te lo ha dado (don) y es bueno, necesario, te ayuda. 
El reto es a la vez personal (a mí me toca ser responsable de ese don y madurarlo) y de la Comunidad... porque la fe nunca es un asunto privado, aunque sea personal. La Comunidad cristiana, de la que tú formas parte, debe ofrecer y facilitar los medios necesarios para cuidar, madurar, compartir y transmitir la fe. Necesitamos construir unas comunidades cristianas diferentes, donde nos formemos juntos en la fe, donde la catequesis no sea cosa de niños y adolescentes, sino de todos, donde compartamos la  vida y los compromisos, las dudas y las necesidades de cada hermano; donde aprendamos a «orar» y a encontrar a Dios en nuestra vida diaria; donde purifiquemos nuestras ideas equivocadas de Dios, donde podamos corregirnos fraternalmente cuando estemos metiendo la pata -laicos y pastores-...  Con la ayuda del Espíritu Santo que habita en nosotros.
Todos somos responsables de la fe de todos... y cada cual, además, lo es de la suya. Aunque sólo tengamos «una pizca de fe».

Quique Martínez de la Lama-Noriega, cmf 

Ciudad Redonda

 


sábado, 1 de octubre de 2022

Alégrense de que sus nombres estén escritos en el cielo

¡Amor y paz!

 

Los invito, hermanos. a leer y meditar la Palabra de Dios, en este sábado de la 26ª semana del Tiempo Ordinario, ciclo C.

 

Dios nos bendice...

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Job      42, 1-3. 5-6. 12-17

 

Job respondió al Señor, diciendo:

Yo sé que tú lo puedes todo y que ningún proyecto es irrealizable para ti. Sí, yo hablaba sin entender, de maravillas que me sobrepasan y que ignoro. Yo te conocía sólo de oídas, pero ahora te han visto mis ojos. Por eso me retracto, y me arrepiento en el polvo y la ceniza.

El Señor bendijo los últimos años de Job mucho más que los primeros. El llegó a poseer catorce mil ovejas, seis mil camellos, mil yuntas de bueyes y mil asnas. Tuvo además siete hijos y tres hijas. A la primera la llamó «Paloma», a la segunda «Canela», y a la tercera «Sombra para los párpados.» En todo el país no había mujeres tan hermosas como las hijas de Job. Y su padre les dio una parte de herencia entre sus hermanos.

Después de esto, Job vivió todavía ciento cuarenta años, y vio a sus hijos y a los hijos de sus hijos, hasta la cuarta generación. Job murió muy anciano y colmado de días.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO         

Sal 118, 66. 71. 75. 91. 125. 130 (R.: 135a)

 

R.        Señor, que brille sobre mí la luz de tu rostro.

 

Enséñame la discreción y la sabiduría,

porque confío en tus mandamientos.  R.

 

Me hizo bien sufrir la humillación,

porque así aprendí tus preceptos.  R.

 

Yo sé que tus juicios son justos, Señor,

y que me has humillado con razón.  R.

 

Todo subsiste hasta hoy conforme a tus decretos,

porque todas las cosas te están sometidas.  R.

 

Yo soy tu servidor: instrúyeme,

y así conoceré tus prescripciones.  R.

 

La explicación de tu palabra ilumina

y da inteligencia al ignorante.  R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas   10, 17-24

 

Los setenta y dos volvieron y le dijeron llenos de gozo: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu Nombre.»

El les dijo: «Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Les he dado poder para caminar sobre serpientes y escorpiones y para vencer todas las fuerzas del enemigo; y nada podrá dañarlos. No se alegren, sin embargo, de que los espíritus se les sometan; alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo.»

En aquel momento Jesús se estremeció de gozo, movido por el Espíritu Santo, y dijo: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido. Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie sabe quién es el Hijo, sino el Padre, como nadie sabe quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.»

Después, volviéndose hacia sus discípulos, Jesús les dijo a ellos solos: « ¡Felices los ojos que ven lo que ustedes ven! ¡Les aseguro que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven y no lo vieron, oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron!»

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

  • Después de las turbulencias de todo el libro, Job reconoce la grandeza de Dios y se muestra dispuesto a aceptar sus designios, y acaba con un poético final feliz. El Dios de Job es misterioso y desconcertante. Según el autor del libro, el hombre, no es capaz de tener de Dios un conocimiento que le permita saber siempre, qué significa un suceso de los que ocurren en el mundo.
  • No se puede abandonar a Dios en nombre de una justicia mejor para el hombre. La justicia de Dios se manifiesta a veces de una manera que supera al hombre, al igual que la creación escapa a su comprensión.
  • Job confiesa también que todo lo vivido lo ha hecho madurar, y reconoce que, anteriormente, su encuentro con Dios había sido defectuoso, que lo conocía sólo de oídas, y ahora lo han visto sus ojos. Si bien el problema del mal no ha recibido, en el libro de Job, una respuesta filosóficamente convincente, pero lo ha ayudado a crecer. El sufrimiento le ha puesto entre la espada y la pared y lo ha obligado, a plantearse unas cuestiones y a llegar a un encuentro vital con Dios.
  • Aunque Dios bendice a Job con bienes, incluso superiores a los que tenía al principio, la conclusión del libro de Job es que también el hombre justo puede sufrir en esta vida, y tal vez más que los otros. Pero ni el sufrimiento es un castigo, ni Dios se complace en ver sufrir.

***

  • Los que habían sido enviados vuelven de la misión y se toman un tiempo para contarle al Maestro lo que han vivido. Este encuentro es el punto de partida para nuevas lecciones de Jesús para los misioneros. Los setenta y dos regresan alegres por el éxito de su trabajo: la victoria sobre el mal lograda por la invocación del nombre de Jesús. Experimentan la grandeza del ser discípulos de Jesús, que les ha dado poder sobre todo “poder enemigo”.
  • Pero Jesús no se queda en la acción, sino que los invita a levantar sus miradas hacia lo alto y alaba a Dios Padre, por la obra realizada por sus discípulos. Jesús se goza en la acción de gracias porque la revelación de Dios, ha llegado a los pequeños y han tenido acceso al corazón de un Padre que se desvela por sus hijos más pequeños y los ama a través de las acciones de su Hijo. Sin embargo la verdadera victoria, no es sólo la obra que han realizado por la salvación de otros sino la misma salvación de ellos.
  • Como Iglesia evangelizadora no podemos olvidar que evangelizamos y nos evangelizamos, que siempre somos discípulos, que lo que anunciamos debe ir en coherencia con lo que vivimos, que lo que proclamamos es lo que nos esforzamos en creer, que lo que damos es la expresión de lo que llevamos dentro.
  • La Iglesia es dichosa por la obra que se le encomienda pero sobre todo porque la Palabra de gracia sigue resonando en su interior y la invita a renovarse constantemente.
  • Hoy más que nunca, nuestro testimonio de vida es condición esencial para la eficacia de la misión. Debemos hacernos responsables del Evangelio que proclamamos.
  • Es necesario que nuestro esfuerzo evangelizador brote de una verdadera santidad de vida y que el anuncio, animado con la oración y el amor a la Eucaristía, vaya santificándonos. El mundo exige y espera de nosotros: sencillez de vida, espíritu de oración, caridad para con todos y especialmente con los pequeños y los pobres, humildad, generosidad y alegre renuncia. Sólo es creíble para el mundo de hoy un Evangelio encarnado.

 

PARA DISCERNIR

  • ¿Experimento mi vida como misión?
  • ¿Me alegro de que la buena noticia llegue a los hombres?
  • ¿Dónde está mi felicidad como evangelizador?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

 

Te alabo, Padre

 

ARZOBISPADO DE BUENOS AIRES

Vicaría de Pastoral