miércoles, 15 de junio de 2022

Dios ama al que da con alegría

 

¡Amor y paz!

 

Los invito a leer y meditar la Palabra de Dios, en este miércoles undécimo del Tiempo Ordinario, ciclo C.

 

Dios nos bendice...

 

PRIMERA LECTURA

 

Lectura del segundo libro de los Reyes   2, 1. 6-14

 

Esto es lo que sucedió cuando el Señor arrebató a Elías y lo hizo subir al cielo en el torbellino.

Elías y Eliseo partieron de Guilgal, y Elías le dijo: «Quédate aquí, porque el Señor me ha enviado al Jordán.» Pero Eliseo respondió: «Juro por la vida del Señor y por tu propia vida que no te dejaré.» Y se fueron los dos.

Cincuenta hombres de la comunidad de profetas fueron y se pararon enfrente, a una cierta distancia, mientras los dos estaban de pie a la orilla del Jordán. Elías se quitó el manto, lo enrolló y golpeó las aguas. Estas se dividieron hacia uno y otro lado, y así pasaron los dos por el suelo seco. Cuando cruzaban, Elías dijo a Eliseo: «Pide lo que quieres que haga por ti antes de que sea separado de tu lado.»

Eliseo respondió: « ¡Ah, si pudiera recibir las dos terceras partes de tu espíritu!»

« ¡No es nada fácil lo que pides!, dijo Elías; si me ves cuando yo sea separado de tu lado, lo obtendrás; de lo contrario, no será así.»

Y mientras iban conversando por el camino, un carro de fuego, con caballos también de fuego, los separó a uno del otro, y Elías subió al cielo en el torbellino.

Al ver esto, Eliseo gritó: « ¡Padre mío! ¡Padre mío! ¡Carro de Israel y su caballería!» Y cuando no lo vio más, tomó sus vestiduras y las rasgó en dos pedazos. Luego recogió el manto que se le había caído a Elías de encima, se volvió y se detuvo al borde del Jordán.

Después, con el manto que se le había caído a Elías, golpeó las aguas, pero estas no se dividieron. Entonces dijo: « ¿Dónde está el Señor, el Dios de Elías?» El golpeó otra vez las aguas; estas se dividieron hacia uno y otro lado, y Eliseo cruzó.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO     

 

Sal 30, 20. 21. 24 (R.: 25)

 

R.        Sean fuertes y valerosos, todos los que esperan en el Señor.

 

¡Qué grande es tu bondad, Señor!

Tú la reservas para tus fieles;

y la brindas a los que se refugian en ti,

en la presencia de todos.  R.

 

Tú los ocultas al amparo de tu rostro

de las intrigas de los hombres;

y los escondes en tu Tienda de campaña,

lejos de las lenguas pendencieras.  R.

 

Amen al Señor, todos sus fieles,

porque él protege a los que son leales

y castiga con severidad a los soberbios.  R.

 

EVANGELIO

 

Lectura del santo Evangelio según san Mateo   6, 1-6. 16-18

 

Jesús dijo a sus discípulos:

Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre que está en el cielo. Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.

Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.

Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que se note que ayunan. Les aseguro que con eso, ya han recibido su recompensa.

Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

  • Acaba el «ciclo de Elías» y empieza el de Eliseo. Con un relato lleno de imágenes y de símbolos se cuenta la desaparición de Elías, su «ascensión» al cielo y la transmisión de su poder profético a su discípulo, Eliseo.
  • Eliseo le pidió a Elías los «dos tercios de su espíritu» que es la porción que toca al primogénito, el doble que a los demás hijos. Quizás sin saberlo  le está pidiendo ser un hombre a la escucha de Dios, enviado en misión cerca de otros hombres, para restablecer la Alianza entre Dios y los hombres. Muchos más asumieron a lo largo de la historia ese papel y con ese espíritu: Isaías, Jeremías, Juan Bautista… y ¡tantos otros!
  • Pero el profetismo es un don gratuito de Dios, un carisma muy personal que, Elías no lo puede conceder, sino sólo Dios. La escena del milagro del manto sobre las aguas, demuestra que Dios transfiere a Eliseo el carisma profético de Elías.
  • La desaparición de Elías tuvo lugar en circunstancias misteriosas que fueron embellecidas por sus discípulos. Un profeta de fuego, como Elías, no podía desaparecer sino en el «fuego», símbolo de haber sido asumido por Dios absoluta y definitivamente. Si Elías vive en Dios, también continuará viviendo aquí abajo, en los que prosiguen su misión; arriesgando la vida, por Dios.
  • Eliseo tomó el manto de Elías. El «manto de Elías», símbolo de su papel de profeta que ahora pasa a los hombros de Eliseo.

***

  • Mateo nos presenta las diferencias que deben darse entre los discípulos de Jesús y los fariseos, tomando las tres mediaciones que utilizaba la ley judía para obtener la gracia y  el perdón de los pecados: la limosna, la oración y el ayuno. Estas mediaciones habían sido convertidas por el legalismo en elementos de vanidad y ostentación.
  • Nadie puede poner en duda que los fariseos hacían buenas obras; los letrados se dedicaban de por vida al estudio de la Ley de Dios; daban limosna, ayunaban más veces de las que estaba mandado; rezaban con frecuencia. Pero muchos de ellos no eran de corazón recto y Jesús los llama por dos veces “hipócritas”. Daban limosna para que todos vieran lo que hacían; rezaban de pie en las sinagogas y en las esquinas para mostrarse ante la gente. Sus obras eran buenas, pero sus intenciones no eran claras. Jesús enuncia, ante todo, un principio general: «Eviten hacer el bien delante de la gente para que los vean». Esta frase es la puerta de entrada que nos permite entender todo lo que sigue. Jesús no está en contra de las obras de piedad; al contrario, estimula a sus discípulos para que las practiquen. Pero no está de acuerdo, con el modo como las llevan a cabo los fariseos: «delante de la gente, para llamar la atención», para tener buen reconocimiento ante los demás.
  • Jesús aplica este principio, a la limosna, la oración y el ayuno, con un esquema fijo para las tres situaciones. En los tres ejemplos contrapone la postura del hipócrita, que busca el aplauso y la aprobación humana que funcionan ya en el presente como retribución, impidiendo toda otra retribución; y la del discípulo que debe procurar pasar desapercibido y obtener su recompensa sólo de Dios.
  • Limosna, oración y ayuno sólo pueden ser eficaces si son capaces de sacar al ser humano del propio egoísmo, de los propios intereses, de la búsqueda de ventajas y privilegios personales. Hipócrita es el que finge, realizando una acción que no corresponde a su actitud in­terior. La limosna realizada para conseguir buena fama entre los hombres alcanza un premio humano, que es la fama misma.
  • La limosna debe quedar «en lo escondido», en la esfera del Padre. Como corresponde a «los limpios de corazón», Jesús excluye todo interés mezquino en la ayuda al prójimo. Su auténtica recompensa será la experiencia de Dios en la propia vida.
  • La oración en público se hacía en determinados momentos del día; el judío piadoso se detenía en el lugar donde se encontraba y recitaba de pie las oraciones. La oración de los «hipócritas» pretendía exhibir ante los hombres su piedad personal, igual que la limosna pública. Este tipo de ora­ción es inútil, porque no busca el encuentro con Dios. La verdadera oración se realiza en lo más profundo del hombre, donde no llega la mirada de los demás, sólo la del Padre que está en lo escondido. El exceso de palabras en la oración indica falta de fe, porque el Padre sabe lo que necesita el que ora. La oración, debe disponer al hombre para recibir los dones que Dios quiere concederle.
  • En el ayuno, Jesús se opone al que se realiza hipócritamente descuidando el aspecto para mostrar que se está ayunando y ser admirados por los hombres. En el Antiguo Testamento el ayuno aparece relacionado con el luto o con el arrepentimiento. La desfiguración del rostro formaba parte del ritual del duelo y del luto. Para desfigurarse, la persona colocaba sobre sí, el «saco y las cenizas». El ayuno tiene que hacerse en secreto, quiere expresar ante el Padre una actitud de corazón. Al ser privación del ali­mento que es fuente de vida es signo de solidaridad con el dolor de la muerte y expresa su tristeza.
  • Los discípulos de Jesús tienen que formar una comunidad de hermanos que renuncian al prestigio, al poder, al dinero, porque priman otros valores. Las obras de piedad que no corresponden a actitudes interiores, no tienen ningún valor para quien hace de su vida un teatro de apariencias.
  • La enseñanza de Jesús no tiene vueltas: la justicia y la caridad son un deber y hay que realizarlo con honestidad y verdad; la limosna es un deber, es el ejercicio de la solidaridad con las necesidades de los demás y hay que hacerla sencillamente, participando de lo nuestro a los más necesitados.
  • Esta es la plenitud de la ley: hacer todo el bien posible con el corazón y la mente en Dios, buscando la felicidad de los hermanos de forma tan sencilla que nadie se dé cuenta ni le dé importancia. Cuando nuestras obras de piedad se tiñen de sencillez, de compasión y alegría por hacer el bien y por contribuir al bien vivir de los demás, estamos obrando en calidad de hijos del Padre en cuyo hogar vivimos.

 

PARA DISCERNIR

  • ¿Cómo es mi religiosidad?
  • ¿Mis gestos religiosos son expresión de la profundidad de mi fe?
  • ¿En qué gestos expreso con mayor coherencia mi vínculo de fe?

 

ARZOBISPADO DE BUENOS AIRES

Vicaría Pastoral

 

martes, 14 de junio de 2022

Amen a sus enemigos

¡Amor y paz!

 

Los invito a leer y meditar la Palabra de Dios, en este martes de la undécima semana del tiempo ordinario, ciclo C.

 

Dios nos bendice...

 

PRIMERA LECTURA

 

Lectura del primer libro de los Reyes  21, 17-29

 

Después que murió Nabot, la palabra del Señor llegó a Elías, el tisbita, en estos términos: «Baja al encuentro de Ajab, rey de Israel en Samaría. Ahora está en la viña de Nabot: ha bajado allí para tomar posesión de ella. Tú le dirás: Así habla el Señor: ¡Has cometido un homicidio, y encima te apropias de lo ajeno! Por eso, así habla el Señor: En el mismo sitio donde los perros lamieron la sangre de Nabot, allí también lamerán tu sangre.»

Ajab respondió a Elías: «¡Me has sorprendido, enemigo mío!»

«Sí, repuso Elías, te he sorprendido, porque te has prestado a hacer lo que es malo a los ojos de Señor. Yo voy a atraer la desgracia sobre ti: barreré hasta tus últimos restos y extirparé a todos los varones de la familia de Ajab, esclavos o libres en Israel. Dejaré tu casa como la de Jeroboám, hijo de Nebat, y como la de Basá, hijo de Ajías, porque has provocado mi indignación y has hecho pecar a Israel. Y el Señor también ha hablado contra Jezabel, diciendo: Los perros devorarán la carne de Jezabel en la parcela de Izreel. Al de la familia de Ajab que muera en la ciudad, se lo comerán los perros, y al que muera en despoblado, se lo comerán los pájaros del cielo.»

No hubo realmente nadie que se haya prestado como Ajab para hacer lo que es malo a los ojos del Señor, instigado por su esposa Jezabel. El cometió las peores abominaciones, yendo detrás de los ídolos, como lo habían hecho los amorreos que el Señor había desposeído delante de los israelitas.

Cuando Ajab oyó aquellas palabras, rasgó sus vestiduras, se puso un sayal sobre su carne, y ayunó. Se acostaba con el sayal y andaba taciturno.

Entonces la palabra del Señor llegó a Elías, el tisbita, en estos términos: «¿Has visto cómo Ajab se ha humillado delante de mí, no atraeré la desgracia mientras él viva, sino que la haré venir sobre su casa en tiempos de su hijo.»

 

Palabra de Dios.

 

SALMO   

 

Sal 50, 3-4. 5-6a. 11 y 16 (R.: cf. 3a)

 

R.        Ten piedad, Señor, porque hemos pecado.

 

¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad,

por tu gran compasión, borra mis faltas!

¡Lávame totalmente de mi culpa

y purifícame de mi pecado!  R.

 

Porque yo reconozco mis faltas

y mi pecado está siempre ante mí.

Contra ti, contra ti solo pequé

e hice lo que es malo a tus ojos.  R.

 

Aparta tu vista de mis pecados

y borra todas mis culpas.

¡Líbrame de la muerte, Dios, salvador mío,

y mi lengua anunciará tu justicia!  R.

 

EVANGELIO

 

Lectura del santo Evangelio según san Mateo   5, 43-48

 

Jesús dijo a sus discípulos:

Ustedes han oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores; así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos.

Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos? Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos?

Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo.

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

  • Después de la maldad perpetrada por  Ajab y su mujer, llega la denuncia por parte del profeta. Perseguido por Jezabel, Elías había tenido que huir, pero ahora, por orden de Dios, vuelve a la ciudad y habiendo pasado la crisis y recobradas las fuerzas se dispone a seguir profetizando.
  • La misma Palabra de Dios que pide a Elías que se retire al desierto en la soledad, es la que le pide que vaya hacia Ajab. Elías, un hombre cabal, totalmente de Dios, y totalmente entregado a su pueblo obedece sin discutir esta Palabra.
  • Valientemente echa en cara al rey que ha asesinado, robado y ha hecho «pecar a Israel» con la idolatría.
  • Le anuncia que como duro castigo de Dios, en el mismo lugar que los perros han lamido la sangre de Nabot, los perros lamerán también su sangre.
  • Al oír estas las palabras el rey, se arrepiente, reconoce su pecado se avergüenza. El castigo de Dios profetizado, ante el arrepentimiento mostrado por el endeble e inconsecuente rey, se le anuncia que sucederá en tiempo de su hijo.
  • Habiendo sido enviado para que se realice la justicia divina, Elías será ahora testigo de la misericordia. Si bien, por el evangelio sabemos que el castigo no pasa de padres a hijos, estos sufren, muchas veces, las consecuencias de nuestras sus acciones.

***

  • Jesús sigue contraponiendo la ley antigua con su nuevo estilo de vida: esta vez el tema es el amor a los enemigos. La primera consigna, “amarás a tu prójimo”, estaba en el Antiguo Testamento. La segunda, «aborrecerás a tu enemigo», jamás fue precepto de Moisés, sino deducción teológica de los rabinos que «a causa de sus tradiciones habían quebrantado los mandamientos de Dios».
  • Jesús corrige esta interpretación exhortando a sus seguidores a amar también a los enemigos, o sea extiende la obligación de amar más allá de la familia, o del pueblo, o el gusto.
  • Saludar a los que nos saludan lo hacen todos. Amar a los que nos aman, es fácil, sale de dentro y lo hacen hasta los paganos. Jesús trae una propuesta de un hombre y mujer nuevos, capaces de superar las cadenas del egoísmo, la venganza y que se caracterizarán por algo «extraordinario»: saludar a los que no los saludan, amar a los enemigos, hacer el bien a los que los aborrecen.
  • Jesús pone por delante como modelo nada menos que al “Padre celestial que es perfecto”. Esta perfección que presenta Jesús, no es estática sino dinámica, es plenitud. Dios es perfecto, es decir pleno en el amor. La perfección consiste en la capacidad de amar de verdad y como Jesús.
  • Jesús mostró su preferencia por los pobres, los débiles, los marginados, los enfermos, los pecadores. Amó a tal punto que entregó su vida por todos y murió perdonando a los mismos que le crucificaban. Desde la cruz de Jesús, el perdón y el amor a los enemigos es la nota característica del discípulo. Esto da a la caridad fraterna su verdadera fisonomía, que es la misericordia, la que consiste en la imitación de su amor tierno, fuerte y compasivo.
  • Amar sin esperar nada a cambio. A la hora de amar tenemos que enterrar las calculadoras. La perfección es amar sin medida. Para amar verdaderamente lo primero que tenemos que aceptar de los “otros” es eso, el que sean “otros”, con su carácter, sus particularidades, sus limitaciones, sus opiniones.
  • La perfección, el amor, está en nuestras manos en medio del mundo, en medio de nuestras ocupaciones diarias, en medio de la realidad. Debemos superar la absolutización de lo que nos resulta espontáneo como norma de vida.
  • El amor hacia los enemigos es el vértice donde Jesús ha puesto todo el contenido de su proyecto, cambiando la ley antigua por una la nueva norma del amor sin límites ni restricciones. La sola voluntad no alcanza, es una obra de Dios en nosotros. Por eso, los discípulos tenemos que construir nuestra vida desde la paradoja de la oración, la compasión para poder vivir el amor y el perdón, incluso a los enemigos, como la norma central de la vida y la misión.

 

PARA DISCERNIR

  • ¿Cuál es el límite de mi amor?
  • ¿Pongo condiciones para el perdón?
  • ¿Cuál es mi actitud frente a los que se que no me quieren o mis enemigos?

 

ARZOBISPADO DE BUENOS AIRES

Vicaría de Pastoral