miércoles, 12 de enero de 2022

«Todos te andan buscando»

¡Amor y paz!

Los invito a leer y meditar la Palabra de Dios, en este miércoles de la 1a semana del Tiempo Ordinario, ciclo C.

Dios nos bendice…


PRIMERA  LECTURA

Lectura del primer libro de Samuel 3,  3b-10. 19

Samuel estaba acostado en el Templo del Señor, donde se encontraba el Arca de Dios. El Señor llamó a Samuel, y él respondió: «Aquí estoy». Samuel fue corriendo adonde estaba Elí y le dijo: «Aquí estoy, porque me has llamado». Pero Elí le dijo: «Yo no te llamé; vuelve a acostarte». Y él se fue a acostar.
El Señor llamó a Samuel una vez más. Él se levantó, fue adonde estaba Elí y le dijo: «Aquí estoy, porque me has llamado». Elí le respondió: «Yo no te llamé, hijo mío; vuelve a acostarte». Samuel aún no conocía al Señor, y la palabra del Señor todavía no le había sido revelada. El Señor llamó a Samuel por tercera vez. Él se levantó, fue adonde estaba Elí y le dijo: «Aquí estoy, porque me has llamado». Entonces Elí comprendió que era el Señor el que llamaba al joven, y dijo a Samuel: «Ve a acostarte, y si alguien te llama, tú dirás: Habla, Señor, porque tu servidor escucha». Y Samuel fue a acostarse en su sitio.
Entonces vino el Señor, se detuvo, y llamó como las otras veces: «¡Samuel, Samuel!» Él respondió: «Habla, porque tu servidor escucha».
Samuel creció; el Señor estaba con él, y no dejó que cayera por tierra ninguna de sus palabras.

Palabra de Dios.

SALMO  

 Sal 39, 2.5.7-10

R.        ¡Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad!
Esperé confiadamente en el Señor:
El se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor.
¡Feliz el que pone en el Señor toda su confianza,
y no se vuelve hacia los rebeldes
que se extravían tras la mentira! R.

Tú no quisiste víctima ni oblación;
pero me diste un oído atento;
no pediste holocaustos ni sacrificios,
entonces dije:”Aquí estoy”. R.

“En el libro de la Ley está escrito
lo que tengo que hacer:
yo amo, Dios mío, tu voluntad,
y tu ley está en mi corazón”. R.

Proclamé gozosamente tu justicia en la gran asamblea;
no, no mantuve cerrados mis labios,
Tú lo sabes, Señor. R.

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 1, 29-39

Jesús salió de la sinagoga, y fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron de inmediato. El se acercó, la tomó de la mano y la hizo levantar. Entonces ella no tuvo más fiebre y se puso a servirlos.
Al atardecer, después de ponerse el sol, le llevaron a todos los enfermos y endemoniados, y la ciudad entera se reunió delante de la puerta. Jesús curó a muchos enfermos, que sufrían de diversos males, y expulsó a muchos demonios; pero a estos no los dejaba hablar, porque sabían quién era él.
Por la mañana, antes que amaneciera, Jesús se levantó, salió y fue a un lugar desierto; allí estuvo orando. Simón salió a buscarlo con sus compañeros, y cuando lo encontraron, le dijeron: «Todos te andan buscando.»
Él les respondió: «Vayamos a otra parte, a predicar también en las poblaciones vecinas, porque para eso he salido.» Y fue predicando en las sinagogas de toda la Galilea y expulsando demonios.

Palabra del Señor.

PARA REFLEXIONAR

El nacimiento extraordinario de Samuel y su dedicación a Yahvé en el santuario de Silo lo predestinaban a la misión profética que ahora comienza. El niño Samuel vive en el templo, ha sido consagrado a Dios por su madre, y en su corazón de niño se ha entregado. Pero Dios interviene y lo llama por su nombre. Dios toma la iniciativa y Samuel le tendrá que responder.
Dios lo llamó «tres veces». La escucha de Dios no es fácil, ni absolutamente evidente. Las tres llamadas son un signo del tiempo de maduración en la escucha.
Samuel fue corriendo hacia el sumo sacerdote para contarle. Elí comprendió que era el Señor quien llamaba al niño y supo guiar al joven discípulo y asesorarlo bien, sugiriéndole la mejor actitud de un creyente: «Habla, Señor, que tu siervo escucha».
A partir de ese momento, el hijo de la plegaria de Ana, ya no es solamente la ofrenda de una madre, ni la ofrenda de sí mismo; ahora es una «respuesta». El niño que había sido ofrecido al servicio de Dios, se convierte en un joven llamado para una misión, que responde y que crece en el Templo de Silo hasta llegar a ser el hombre de Dios, el juez y profeta respetado, que guía a su pueblo en su proceso de maduración consolidación social y religiosa.
El Señor estaba con él, y todo Israel reconoció la autoridad de Samuel como profeta del Señor. Dios lo llama para que inicie la etapa profética. Dios le dirá lo que tenga que hacer o lo que tenga que comunicar a su Pueblo.
Samuel será a la vez el último de los jueces y el primero de los profetas. La llamada de Dios, la vocación es siempre para una misión, un servicio a los hombres. El profeta es llamado a realizar una tarea en medio del pueblo de Dios. El profeta es «Servidor de Dios», y «servidor de los hombres». Dios sigue llamando. Tenemos que saber escuchar esa voz y ayudar a que sea oída por otros.
***
Jesús como conocedor de los sufrimientos humanos aparece hoy en el Evangelio de Marcos tocando el sufrimiento. Y así lo descubrimos en esta escena que nos presenta, el programa de una jornada entera de Jesús.
Al salir de la sinagoga va a casa de Pedro y cura a su suegra: la toma de la mano y la levanta. Cristo va comunicando su victoria contra el mal y la muerte, curando enfermos y liberando a los poseídos por el demonio.
Los milagros no son sólo una preocupación de Jesús para lograr una curación física en las personas. Son un gesto destinado a mostrar el querer de Dios sobre sus hijos y a crear conciencia de la responsabilidad frente al hermano que sufre. Jesús, con su actitud, quiere generar la nueva actitud que se debe asumir frente al sufrimiento, el dolor, la exclusión, la opresión y la muerte.
Jesús, busca que los hombres se reconozcan con su dignidad de hijos de Dios, quiere que se reconozcan como personas y descubran que no es el cumplimiento ciego de la ley lo que libera al ser humano, si este cumplimiento no se realiza en libertad, amor y responsabilidad, que permitan una vida más digna y más humana.
El episodio de la curación de la suegra de Pedro al salir de la sinagoga, es elocuente en este sentido: Jesús la cura y ella se pone a servir; se trata de una curación y liberación para el servicio, de una curación para el amor.
Luego atiende y cura a otros muchos enfermos y endemoniados; pero tiene tiempo también para estar a solas y ponerse a rezar, para estar en comunión con su Padre, antes de continuar predicando por otros pueblos. No se queda con el éxito fácil porque ha venido a evangelizar a todos.
Su triunfo sobre el mal que ve a su alrededor, no puede encerrarse en los límites estrechos de una ciudad, sino que debe manifestarse también a «los pueblos vecinos». La salida de Jesús de Cafarnaún puede ser una clave para entender su misión y la nuestra; y la agenda de Jesús debe ser una agenda para la Iglesia, para nuestra comunidad, para cada uno de nosotros.
La comunidad de los discípulos de Jesús está invitada también, a ser capaz de realizar una salida que, como la de Jesús, se coloque en la lucha contra el mal, y vaya allí donde hay necesidad de su presencia.
La realidad de los males que nos cercan, y a los que debemos dar una respuesta no pueden hacernos olvidar la característica universal de nuestra misión.
Estar al servicio del Evangelio, nos lleva a estar al servicio de nuestro prójimo. No podemos conformarnos con servir a los “nuestros”. Cuando creemos tener éxito por las obras que realizamos, o el bien que hacemos, no podemos quedar satisfechos y buscar la aprobación y el aplauso de los demás.
Antes de enviarnos, el Señor nos llama para que estemos con Él. La fuerza salvadora de nuestra acción no proviene de nuestro conocimiento o sagacidad, sino de Dios mismo, que continúa hablando y salvando a la humanidad por medio de su Iglesia.
Es necesario entrar en intimidad con el Señor en el desierto de nuestro propio corazón, para que encontrándonos cara a cara con nuestro Dios y Padre, descubramos el modo de realizar su voluntad de amor. Nuestra experiencia personal de Dios, nos permitirá ser realmente testigos del Evangelio de salvación que nos ha confiado.
No podemos conformarnos con la confesión de nuestra misma fe sólo en el interior de los templos, de la comunidad, o en la intimidad de la vida privada. Dios ha enviado a su Iglesia como puente para continuar realizando su obra de salvación a favor de toda la humanidad.
La Iglesia ha nacido para manifestar el amor de Dios a todos los hombres sin excepción. No nos conformemos, ni nos ilusionemos falsamente trabajando con quienes ya vienen; pensado que con eso basta, creyendo que así está todo cumplido. Dios quiere que su salvación alcance a todos los hombres y  llegue hasta el último rincón de la tierra.

PARA DISCERNIR

¿Nos acercamos a los que sufren compartiendo sus sentimientos?
¿Nuestro testimonio de fe se limita a los más cercanos?
¿Me siento comprometido en la salvación de todos los hombres?

ARZOBISPADO DE BUENOS AIRES
Vicaría de Pastoral



 

martes, 11 de enero de 2022

Habla con autoridad

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar la Palabra de Dios, en este martes de la primera semana del Tiempo Ordinario, ciclo C.



Dios nos bendice…


PRIMERA LECTURA

Lectura del primer libro de Samuel          1,10-20

Ana, con el alma llena de amargura, oró al Señor y lloró desconsoladamente.
Luego hizo este voto: «Señor de los ejércitos, si miras la miseria de tu servidora y te acuerdas de mí, si no te olvidas de tu servidora y le das un hijo varón, yo lo entregaré al Señor para toda su vida, y la navaja no pasará por su cabeza.»
Mientras ella prolongaba su oración delante del Señor, Elí miraba atentamente su boca. Ana oraba en silencio; sólo se movían sus labios, pero no se oía su voz.
Elí pensó que estaba ebria, y le dijo: « ¿Hasta cuándo te va a durar la borrachera? ¡Ve a que se te pase el efecto del vino!»
Ana respondió: «No, mi señor; yo soy una mujer que sufre mucho. No he bebido vino ni nada que pueda embriagar; sólo me estaba desahogando delante del Señor. No tomes a tu servidora por una mujer cualquiera; si he estado hablando hasta ahora, ha sido por el exceso de mi congoja y mi dolor.»
«Vete en paz, le respondió Elí, y que el Dios de Israel te conceda lo que tanto le has pedido.»
Ana le dijo entonces: « ¡Que tu servidora pueda gozar siempre de tu favor!» Luego la mujer se fue por su camino, comió algo y cambió de semblante.
A la mañana siguiente, se levantaron bien temprano y se postraron delante del Señor; luego regresaron a su casa en Ramá. Elcaná se unió a su esposa Ana, y el Señor se acordó de ella. Ana concibió, y a su debido tiempo dio a luz un hijo, al que puso el nombre de Samuel, diciendo: «Se lo he pedido al Señor.»
 

Palabra de Dios.

SALMO             Sal 1 Sam. 2,1. 4-8

 

R. Mi corazón se regocija en el Señor.

Mi corazón se regocija en el Señor,
tengo la frente erguida gracias a mi Dios.
Mi boca se ríe de mis enemigos,
porque tu salvación me ha llenado de alegría. R.
El arco de los valientes se ha quebrado,
y los vacilantes se ciñen de vigor;
los satisfechos se contratan por un pedazo de pan,
y los hambrientos dejan de fatigarse;
la mujer estéril da a luz siete veces,
y la madre de muchos hijos se marchita. R.
El Señor da la muerte y la vida,
hunde en el Abismo y levanta de él.
El Señor da la pobreza y la riqueza,
humilla y también enaltece. R.
El levanta del polvo al desvalido
y alza al pobre de la miseria,
para hacerlos sentar con los príncipes
y darles en herencia un trono de gloria. R.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Marcos                           1, 21-28

En aquel tiempo, se hallaba Jesús en Cafarnaúm y el sábado fue a la sinagoga y se puso a enseñar. Los oyentes quedaron asombrados de sus palabras, pues enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.
Había en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: “¿Qué quieres tú con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios”.
Jesús le ordenó: “¡Cállate y sal de él!” El espíritu inmundo, sacudiendo al hombre con violencia y dando un alarido, salió de él. Todos quedaron estupefactos y se preguntaban: “¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es ésta? Este hombre tiene autoridad para mandar hasta a los espíritus inmundos y lo obedecen”. Y muy pronto se extendió su fama por toda Galilea.

Palabra del Señor.

PARA REFLEXIONAR

El pasaje de hoy describe las circunstancias de la concepción de Samuel. Dios siempre está dispuesto a escuchar la oración sencilla y humilde de sus siervos. Ana, la esposa estéril de Elcaná, va a ser madre. La concepción de Samuel se realizará después de un proceso de purificación espiritual atravesado por el dolor. Esto permitirá a Ana y Elcaná descubrir la acción de Dios en la vida que va a nacer.
Ana transforma dolor e impotencia en oración, y su plegaria se hará en sumisión a Dios, por eso decide que si le es concedido un hijo, no le pertenecerá, lo consagrará a Dios porque a Él le pertenece. Después de la plegaria y junto a la oración constante, la vida de Ana sigue su curso.
Dios mismo ha tomado la iniciativa como lo ha hecho tantas veces en la historia. Nace Samuel, el hijo que parecía imposible y ha sido por don gratuito de Dios. “Dio a luz un niño, a quien llamó «Samuel», porque dijo «se lo he pedido al Señor».
Este acontecimiento humano, Ana, lo ha descifrado en su profundidad de fe. Y lo «dice» al mundo, lo reconoce «delante de todos», al dar a ese hijo que afirma su reconocimiento y acción de gracias.
Este hijo va a ser providencial para la historia de Israel. Dios se sirve de padres estériles o de circunstancias impensadas para llevar a cabo sus planes de salvación.
Estas circunstancias precisan la posición de un profeta en el designio de Dios. Todo viene de Dios, todo es gracia.
***
De este hombre, en el evangelio de hoy, todos se asombran de lo que decía y hacía. Reúne a sus primeros discípulos y comienza a predicar. Lo hace a partir de la plataforma religiosa de Israel: las celebraciones de los sábados en las sinagogas. Su fama crece en Galilea. Es que no sólo predica, sino que actúa. Enseña y cura. Libera a los posesos de los espíritus malignos y enseña como ninguno ha enseñado, con autoridad. Hasta los espíritus del mal tienen que reconocer que es el Santo de Dios, el Mesías.
Jesús apoya su enseñanza en los hechos, da una nueva dimensión a la Ley y a la tradición, valora a las personas frente al templo, la sinagoga y la ley que eran las instituciones dominantes de su tiempo. Por eso, su mensaje sencillo pero vital, cala hondo en el pueblo sencillo y choca tanto en las estructuras y en sus dirigentes.
Su autoridad estaba al servicio del ser humano, para que pueda reconocer su propia dignidad, su lugar en la vida y en la historia. Este episodio del hombre poseído por un espíritu impuro, además de demostrar la autoridad de Jesús sobre las fuerzas espirituales del mal, muestra cómo Jesús vuelve a integrar al que era excluido y rechazado en el seno de la comunidad.
También ahora su existencia de Resucitado, sale al paso de los que seguimos siendo débiles, pecadores y esclavos, en la novedad de su palabra y en la potencia de su gracia; al igual que cuando iba por los caminos de Galilea atendiendo a los enfermos y a los posesos. Nos quiere liberar para que en la solidaridad compasiva y eficaz con nuestros hermanos también débiles, los pecadores y excluidos experimenten la obra de Cristo en ellos.
En este camino, su palabra poderosa y eficaz, no sólo nos instruye sino que nos sana y nos libera. Modela nuestro corazón al modo del alfarero a imagen de su propio corazón.

PARA DISCERNIR

¿Qué relación hay entre nuestras palabras y nuestros hechos?
¿Nos contentamos sólo con anunciar la Buena Noticia, o en verdad nuestras palabras van acompañadas por los hechos?
¿De qué clase de demonios contribuimos a que se liberen los que conviven con nosotros?


ARZOBISPADO DE BUENOS AIRES
Vicaría de Pastoral