viernes, 21 de mayo de 2021

«Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero»

Los invito, hermanos, a leer y meditar la Palabra de Dios, en este viernes de la 7a semana de Pascua, ciclo B.

Dios nos bendice…

I. Contemplamos la Palabra

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 25, 13-21

En aquellos días, el rey Agripa llegó a Cesarea con Berenice para cumplimentar a
Festo, y se entretuvieron allí bastantes días. Festo expuso al rey el caso de
Pablo, diciéndole: -«Tengo aquí un preso, que ha dejado Félix; cuando fui a
Jerusalén, los sumos sacerdotes y los ancianos judíos presentaron acusación
contra él, pidiendo su condena. Les respondí que no es costumbre romana ceder
a un hombre por las buenas; primero el acusado tiene que carearse con sus
acusadores, para que tenga ocasión de defenderse. Vinieron conmigo a Cesarea,
y yo, sin dar largas al asunto, al día siguiente me senté en el tribunal y mandé
traer a este hombre. Pero, cuando los acusadores tomaron la palabra, no
adujeron ningún cargo grave de los que yo suponía; se trataba sólo de ciertas
discusiones acerca de su religión y de un difunto llamado Jesús, que Pablo
sostiene que está vivo. Yo, perdido en semejante discusión, le pregunté si quería
ir a Jerusalén a que lo juzgase allí. Pero, corno Pablo ha apelado, pidiendo que lo
deje en la cárcel, para que decida su majestad, he dado orden de tenerlo en
prisión hasta que pueda remitirlo al César.»

Sal 102, 1-2. 11-12. 19-20ab R. El Señor puso en el cielo su trono.

Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios. R/.

Como se levanta el cielo sobre la tierra,
se levanta su bondad sobre sus fieles;
como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros delitos. R/.

El Señor puso en el cielo su trono,
su soberanía gobierna el universo.
Bendecid al Señor, ángeles suyos,
poderosos ejecutores de sus órdenes. R/.

Lectura del santo evangelio según san Juan 21, 15-19

Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos, después de comer con ellos, dice a
Simón Pedro: - «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?» Él le contestó:
- «Sí, Señor, tú, sabes que te quiero.» Jesús le dice: - «Apacienta mis
corderos.» Por segunda vez le pregunta: - «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?» Él
le contesta: - «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Él le dice: - «Pastorea mis
ovejas.» Por tercera vez le pregunta: - «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?» Se
entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le contestó:
- «Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero.» Jesús le dice: - «Apacienta
mis ovejas. Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde
querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te
llevará adonde no quieras.» Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar
gloria a Dios. Dicho esto, añadió: - «Sígueme.»

II. Oramos con la Palabra

JESUCRISTO: tú todo lo conoces, también mi corazón. Y sabes que te quiero, a
pesar de que lo disimule con los pecados, a causa de la debilidad humana.
Quiero ser el Pedro, que es pecador y se arrepiente y te ama con todo su ser.
(Esta oración está incluida en el libro: Evangelio 2011 de
EDIBESA).
 

III. Compartimos la Palabra
 
En estos tiempos ante la que cae, es imperativo buscar palabras de esperanza. Y
en los textos encontramos algunas: "Pablo sostiene que está Vivo" es la razón
de nuestra esperanza.

Es tiempo de resurrección, no lo olvidemos, y la resurrección se relaciona con la
vida, incluso en la vida de las dificultades, la resurrección es “cotidiana”,
“continua”. En esa dirección, la frase del salmo: “Como se levanta el cielo sobre
la tierra, se levanta su bondad…así aleja de nosotros nuestros delitos”. Dios se
encuentra en lo cotidiano, en nuestro día a día, con nuestras dificultades y
alegrías.

El evangelio de hoy bien puede ser visto como un “Diálogo amoroso” (me amas
más que estos? me amas? me quieres? )… y además insiste en que ese
diálogo de amor con Jesús es personal, es un dialogo de tú a tú (Simón, “hijo de
Juan”, no otro…). Dios está enamorado de todos y cada uno de nosotros.

El protagonista de este diálogo es Pedro, la persona que se ha ido
transformando hasta comprender a Jesús. Si hacemos memoria de Pedro a
través del evangelio, vemos que acompaña a Jesús en hechos importantes
(Jairo, Transfiguración, Getsemani,..) e interviene significativamente en diálogos
y situaciones. Pedro atraviesa un proceso personal de transformación. Es
presentado a Jesús por su hermano Andrés (cambia de nombre, Simón-Roca).
Jesús le llama específicamente a orillas del lago, su profesión de fe junto al
rechazo de Jesús a la mesianidad que entendía él, la promesa de Pedro de que
nunca le abandonará, las negaciones de Pedro acompañadas de la mirada de
Jesús, en los relatos de la resurrección que es mencionado especialmente…

Pedro es cabezota, fanfarrón, seguro de sí mismo, hasta niega a Jesús, le
traiciona, sin embargo, en su proceso personal que culmina con este texto, ante
Jesús, su amor es más importante que sus pecados. Jesús ante Pedro muestra
su meta, la compasión y la liberación del pecado. “Los sanos no necesitan
médico”. La mentalidad farisaica era que Dios estaba con los justos no con los
pecadores.

Pedro seguirá siendo pecador, aún en relatos de los Hechos se comportará
ambiguamente, hasta será increpado por Pablo por su conducta,… pero nada de
eso importa. Los pecados de Pedro están cubiertos por otra frase, que es la
clave “Señor, tú sabes que te quiero!”

Todo esto nos debe hacer situar en una posición correcta ante Dios. Pecadores
queridos por Dios, elegidos por Dios, para llevar una misión tan grande como es
reconstruir su Reino, con el mismo Espíritu que Jesús.

Ojalá seamos capaces de dejarnos transformar humildemente como Pedro,
sabiéndonos pecadores en manos de Dios, y decir como él esa preciosa triple
oración desde el fondo de nuestro ser, “Señor, tú sabes que te quiero!”
 
Comunidad El Levantazo
Valencia
Dominicos.org

jueves, 20 de mayo de 2021

«Padre santo, no sólo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos»

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar la Palabra de Dios, en este jueves de la 7a semana de Pascua, ciclo B.

Dios nos bendice…

I. Contemplamos la Palabra

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 22, 30; 23, 6-11

En aquellos días, queriendo el tribuno poner en claro de qué acusaban a Pablo
los judíos, mandó desatarlo, ordenó que se reunieran los sumos sacerdotes y el
Sanedrín en pleno, bajó a Pablo y lo presentó ante ellos. Pablo sabía que una
parte del Sanedrín eran fariseos y otra saduceos y gritó: - «Hermanos, yo soy
fariseo, hijo de fariseo, y me juzgan porque espero la resurrección de los
muertos.» Apenas dijo esto, se produjo un altercado entre fariseos y saduceos, y
la asamblea quedó dividida. (Los saduceos sostienen que no hay resurrección, ni
ángeles, ni espíritus, mientras que los fariseos admiten todo esto.) Se armó un
griterío, y algunos escribas del partido fariseo se pusieron en pie, porfiando: -
«No encontramos ningún delito en este hombre; ¿y si le ha hablado un espíritu o
un ángel?» El altercado arreciaba, y el tribuno, temiendo que hicieran pedazos a
Pablo, mandó bajar a la guarnición para sacarlo de allí y llevárselo al cuartel. La
noche siguiente, el Señor se le presentó y le dijo: - «¡Animo! Lo mismo que has
dado testimonio a favor mío en Jerusalén tienes que darlo en Roma.»

Sal 15, 1-2 y 5. 7-8. 9-10. 11 R. Protégeme, Dios mío, que me refugio en Ti.

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú eres mi bien.»
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano. R/.

Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré. R/.

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. R/.

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha. R/.

Lectura del santo evangelio según san Juan 17, 20-26


En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, oró, diciendo: - «Padre
santo, no sólo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la
palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti,
que ellos también lo sean en nosotros, para que el mundo crea que tú me has
enviado. También les di a ellos la gloria que me diste, para que sean uno, como
nosotros somos uno; yo en ellos, y tú en mí, para que sean completamente uno,
de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y los has amado como me
has amado a mí. Padre, éste es mi deseo: que los que me confiaste estén
conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me
amabas, antes de la fundación del mundo. Padre justo, si el mundo no te ha
conocido, yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste. Les he
dado a conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor que me tenías
esté con ellos, como también yo estoy con ellos.»

II. Oramos con la Palabra

JESUCRISTO: tu oración al Padre por los que dejas en este mundo nos es
necesaria. Que llegue el día en que mi unión contigo sea perfecta: que esté
donde tú estás y contemple tu gloria, porque el Padre me ama, aunque yo sea
débil e indigno hijo de Dios.
(Esta oración está incluida en el libro: Evangelio 2011 de
EDIBESA).

III. Compartimos la Palabra


El testimonio de Pablo y… el nuestro

La vida de Pablo, después de que Jesús conquistara su corazón y se dedicara por
entero a extender el evangelio, no fue nada fácil, como nos relata la primera
lectura y tantos otros pasajes de sus cartas, donde nos recuerda los múltiples
peligros en los que se vio envuelto: “peligros de ríos, de ladrones, de los de mi
linaje, de los gentiles, en la ciudad, en despoblado, en el mar, entre falsos
hermanos…”. De dnde sac fuerzas para salir a flote en una vida tan agitada y
peligrosa? “Todo lo puedo en aquel que me conforta”. Éste es el secreto de
Pablo. Apoyarse en Cristo, su Dueño y Señor, seguir viviendo en constante unión
amorosa con él, recibir de él, de la vid, la savia, la fuerza que necesita en cada
momento. ¿Cómo vivió san Pablo esta su peripecia vital? ¿Fue un hombre
apesadumbrado, temeroso, roto por el dolor y la tribulación? Él mismo nos
explica su estado de ánimo: “Estoy rebosando de consuelo y sobreabundo de
gozo en medio de todas nuestras tribulaciones” (2Cor 7,4). Ante todo lo que
Dios no ha regalado, ante las promesas de Cristo no concebía la vida de un
cristiano, tuviese las circunstancias que tuviese, sin alegría: “Alegraos siempre
en el Seor; os lo repito, alegraos” (Flp 4,4).
Ante la situación que nos relata de primera lectura, Pablo recibe la visita del
Seor que le dice: “Animo! Lo mismo que has dado testimonio a favor mío en
Jerusalén, tienes que darlo en Roma”.

“Yo estoy en ellos”

Algunas de las palabras de Jesús en el evangelio de hoy explican lo que
acabamos de decir de San Pablo y explican también la vida de cualquier
cristiano. Para poder dar testimonio del evangelio, para poder ser seguidor de
Jesús en todos los momentos de la existencia… el secreto está en vivir unido a
Jesús, la fuente de nuestra vida, de nuestra energía, de nuestro consuelo, de
nuestra fortaleza… “Padre… yo en ellos y tú en mí… éste es mi deseo: que los
que me confiaste estén conmigo… … yo estoy en ellos”.

Los dominicos celebramos hoy la Traslación del cuerpo de Santo Domingo, por
decisión del Papa Gregorio IX en 1233, de un sepulcro humilde, como Santo
 Domingo quiso, “bajo los pies de los frailes”, a un sepulcro de mayor belleza
artística, en la misma iglesia de San Nicolás en Bolonia.

Fray Manuel Santos Sánchez
La Virgen del Camino
Dominicos.org