sábado, 4 de abril de 2020

“Este hombre realiza muchos signos. Si le dejamos que siga así, todos creerán en él”


¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio, a la manera de la lectio divina, en este sábado de la 5ª semana de Cuaresma, ciclo A.

Dios nos bendice...

Lectio Divina: Juan 11,45-56
Lectio
Sábado, 4 Abril , 2020
Tiempo de Cuaresma 
1) Oración inicial 
Señor, tú que nunca dejas de procurar nuestra salvación y en estos días de Cuaresma nos otorgas gracias más abundantes, mira con amor a esta familia tuya y concede tu auxilio protector a quienes se preparan para el bautismo y a quienes hemos renacido ya a una vida nueva. Por nuestro Señor Jesucristo... 
2) Lectura 
Del Evangelio según Juan 11,45-56

Muchos de los judíos que habían venido a casa de María, viendo lo que había hecho, creyeron en él. Pero algunos de ellos fueron a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús. Entonces los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron consejo y decían: «¿Qué hacemos? Porque este hombre realiza muchos signos. Si le dejamos que siga así, todos creerán en él y vendrán los romanos y destruirán nuestro Lugar Santo y nuestra nación.» Pero uno de ellos, Caifás, que era el sumo sacerdote de aquel año, les dijo: «Vosotros no sabéis nada, ni caéis en la cuenta que os conviene que muera uno solo por el pueblo y no perezca toda la nación.» Esto no lo dijo por su propia cuenta, sino que, como era sumo sacerdote aquel año, profetizó que Jesús iba a morir por la nación - y no sólo por la nación, sino también para reunir en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos. Desde este día, decidieron darle muerte. Por eso Jesús no andaba ya en público entre los judíos, sino que se retiró de allí a la región cercana al desierto, a una ciudad llamada Efraín, y allí residía con sus discípulos.
Estaba cerca la Pascua de los judíos, y muchos del país habían subido a Jerusalén, antes de la Pascua para purificarse. Buscaban a Jesús y se decían unos a otros estando en el Templo: «¿Qué os parece? ¿Que no vendrá a la fiesta?» Los sumos sacerdotes y los fariseos habían dado órdenes de que, si alguno sabía dónde estaba, lo notificara para detenerle. 
3) Reflexión 
• El evangelio de hoy nos relata la parte final del largo episodio de la resurrección de Lázaro en Betania, en la casa de Marta y María (Juan 11,1-56). La resurrección de Lázaro es la séptima señal (milagro) de Jesús en el evangelio de Juan y es también el punto álgido y decisivo de la revelación que viene haciendo de Dios y de sí mismo.

• La pequeña comunidad de Betania, en la que a Jesús le gustaba hospedarse, refleja la situación y el estilo de vida de las pequeñas comunidades del Discípulo Amado al final del primer siglo en Asia Menor. Betania quiere decir "Casa de los pobres". Eran comunidades pobres, de gente pobre. Marta quiere decir "Señora" (coordinadora): una mujer coordinaba la comunidad. Lázaro significa "Dios ayuda": la comunidad pobre esperaba todo de Dios. María significa "amada de Javé": era la discípula amada, imagen de la comunidad. El episodio de la resurrección de Lázaro comunicaba esta certeza: Jesús trae vida para la comunidad de los pobres. Jesús es fuente de vida para todos los que creen en él.

• Juan 11,45-46: La repercusión de la séptima Señal en medio del pueblo. Después de la resurrección de Lázaro (Jn 11,1-44), viene la descripción de la repercusión de esta señal en medio de la gente. La gente estaba dividida. “Muchos judíos, que habían ido a casa de María y que vieron lo que Jesús hizo, creyeron en él”. Pero otros “fueron donde los fariseos y contaron lo que Jesús había hecho.” Estos últimos le denunciaron. Para poder entender esta reacción negativa de una parte de la población, es preciso tener en cuenta que la mitad de la población de Jerusalén dependía en todo del Templo para poder vivir y sobrevivir. Por ello, difícilmente irían a apoyar a un desconocido profeta de Galilea que criticaba el Templo y las autoridades. Esto también explica el que algunos se prestaran para informar a las autoridades.

• Juan 11,47-53: La repercusión de la séptima Señal en medio de las autoridades. La noticia de la resurrección de Lázaro hizo crecer la popularidad de Jesús. Por esto, los líderes religiosos convocan el consejo, el sinedrio, la máxima autoridad, para discernir qué hacer. Pues, “ este hombre realiza muchos signos. Si le dejamos que siga así, todos creerán en él y vendrán los romanos y destruirán nuestro Lugar Santo y nuestra nación.” Ellos temían a los romanos. De hecho, el pasado, desde la invasión romana en el 64 antes de Cristo hasta la época de Jesús, había ya mostrado varias veces que los romanos reprimían con toda la violencia cualquier intento de rebelión popular (cf Hechos 5,35-37). En el caso de Jesús, la reacción romana podía llevar a la pérdida de todo, inclusive del Templo y de la posición privilegiada de los sacerdotes. Por eso, Caifás, el sumo sacerdote, decide: “Es mejor que un solo hombre muera por el pueblo, y no que la nación entera perezca”. Y el evangelista hace un lindo comentario: “Caifás no lo dijo por su propia cuenta, sino que, como era sumo sacerdote aquel año, profetizó que Jesús iba a morir por la nación - y no sólo por la nación, sino también para reunir en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos.” Así, a partir de este momento, los líderes, preocupados por el crecimiento de la lideranza de Jesús, y motivados por el miedo a los romanos, deciden matar a Jesús.

• Juan 11,54-56: La repercusión de la séptima señal en la vida de Jesús. El resultado final es que Jesús tenía que vivir como un clandestino. “Por eso Jesús no andaba ya en público entre los judíos, sino que se retiró de allí a la región cercana al desierto, a una ciudad llamada Efraín, y allí residía con sus discípulos”.
 
La pascua estaba cerca. En esa época del año, la población de Jerusalén se triplicaba por causa del gran número de peregrinos y romeros. Todos conversaban sobre Jesús: "¿Qué piensa hacer? Será que no va para la fiesta?" Asimismo, en la época en que fue escrito el evangelio, al final del primer siglo, época de la persecución del emperador Domiciano (81 a 96), las comunidades cristianas se veían obligadas a vivir en la clandestinidad.

• Una llave para entender la séptima señal de Lázaro. Lázaro estaba enfermo. Las hermanas Marta y María mandaron a llamar a Jesús: "¡Aquel a quien tú quieres está enfermo!" (Jn 11,3.5). Jesús atiende la petición y explica a los discípulos: "Esta enfermedad no es de muerte, es para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.” (Jn 11,4) En el evangelio de Juan, la glorificación de Jesús acontece a través de su muerte (Jn 12,23; 17,1). Una de las causas de su condena a muerte va a ser la resurrección de Lázaro (Jn 11,50; 12,10). Muchos judíos estaban en la casa de Marta y María para consolarlas de la pérdida del hermano. Los judíos, representantes de la Antigua Alianza, sólo saben consolar. No saben traer vida nueva. Jesús es aquel que trae vida nueva. Así, por un lado, la amenaza de muerte contra Jesús y, por otro, ¡Jesús que llega para vencer la muerte! Y es en este contexto de conflicto entre vida y muerte que se realiza la séptima señal de la resurrección de Lázaro.

Marta dice que cree en la resurrección. Los fariseos y la mayoría de la gente creen en la Resurrección (Hechos 23,6-10; Mc 12,18). Creían, pero no la revelaban. Era una fe en la resurrección al final de los tiempos y no en una resurrección presente en la historia, aquí y ahora. Esta fe antigua no renovaba la vida. Pues no basta creer en la resurrección que va a acontecer al final de los tiempos, sino que hay que creer que la Resurrección que ya está presente aquí y ahora en la persona de Jesús y en aquellos que creen en Jesús. Sobre éstos la muerte ya no tiene ningún poder, porque Jesús es la "resurrección y la vida". Sin ver la señal concreta de la resurrección de Lázaro, Marta confiesa su fe: "Yo creo que tú eres el Cristo, el hijo de Dios, el que iba a venir al mundo" (Jn 11,27).

Jesús ordena quitar la piedra. Marta reacciona: "Señor, ya huele, ¡es el cuarto día!"(Jn 11,39). De nuevo, Jesús la desafía haciendo referencia a la fe en la resurrección, aquí y ahora, como una señal de la gloria de Dios: "¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?" (Jn 11,40). Retiraron la piedra. Ante el sepulcro abierto y ante la incredulidad de las personas, Jesús se dirige al Padre. En su oración, primero pronuncia una acción de gracias: "«Padre, te doy gracias por haberme escuchado. Ya sabía yo que tú siempre me escuchas" (Jn 11,41-42). Jesús conoce al Padre y confía en él. Pero ahora pide una señal a causa de la multitud que le rodea, para que pueda creer que él, Jesús, es el enviado del Padre. Luego grita en alto, grito creador: "Lázaro, ¡sal a fuera!" Y Lázaro sale a fuera (Jn 11,43-44). Es el triunfo de la vida sobre la muerte, de la fe sobre la incredulidad! Un agricultor comentó: "¡A nosotros nos toca retirar la piedra! Y Dios resucita la comunidad. Hay gente a la que no le gusta quitar la piedra, y por eso su comunidad no tiene vida".
4) Para la reflexión personal
• ¿Qué significa para mí, bien concretamente, creer en la resurrección?
• Parte de la gente aceptaba a Jesús, parte no. Hoy, parte de la gente acepta la renovación de la Iglesia, y parte no. ¿Y yo?
5) Oración final
Pues tú eres mi esperanza, Señor,
mi confianza desde joven, Señor.
En Ti busco apoyo desde el vientre,
eres mi fuerza desde el seno materno.
¡A Ti dirijo siempre mi alabanza! (Sal 71,5-6)
Orden de los Carmelitas

viernes, 3 de abril de 2020

Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis; pero si las hago, creed por las obras

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos,  leer y meditar el Evangelio, a la manera de la lectio divina, en este viernes de la 5ª semana de Cuaresma, ciclo A.

Dios nos bendice...

Lectio Divina: Juan 10,31-42
Lectio
Viernes, 3 Abril , 2020
Tiempo de Cuaresma 
1) Oración inicial
Perdona las culpas de tu pueblo, Señor, y que tu amor y tu bondad nos libren del poder del pecado, al que nos ha sometido nuestra debilidad. Por nuestro Señor. 
2) Lectura
Del Evangelio según Juan 10,31-42

Los judíos trajeron otra vez piedras para apedrearle. Jesús les dijo: «Muchas obras buenas de parte del Padre os he mostrado. ¿Por cuál de esas obras queréis apedrearme?» Le respondieron los judíos: «No queremos apedrearte por ninguna obra buena, sino por una blasfemia y porque tú, siendo hombre, te haces a ti mismo Dios.» Jesús les respondió:
«¿No está escrito en vuestra Ley: Yo he dicho: dioses sois? Si llama dioses a aquellos a quienes se dirigió la palabra de Dios -y no puede fallar la Escritura- a aquel a quien el Padre ha santificado y enviado al mundo, ¿cómo le decís que blasfema por haber dicho: `Yo soy Hijo de Dios'?
Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis; pero si las hago, aunque a mí no me creáis, creed por las obras, y así sabréis y conoceréis que el Padre está en mí y yo en el Padre.»
Querían de nuevo prenderle, pero se les escapó de las manos.
Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan había estado antes bautizando, y se quedó allí. Muchos fueron a él y decían: «Juan no realizó ningún signo, pero todo lo que dijo Juan de éste, era verdad.» Y muchos allí creyeron en él. 
3) Reflexión
• Estamos cerca de la Semana Santa, en la que conmemoramos y actualizamos la Pasión, la Muerte y la Resurrección de Jesús. Desde la cuarta semana de cuaresma, los textos cotidianos de los evangelios están sacados casi exclusivamente del Evangelio de Juan, dos capítulos que acentúan la tensión dramática entre, de un lado la revelación progresiva que Jesús hace del misterio del Padre que lo llena totalmente y, por otro, la cerrazón progresiva de parte de los judíos que se vuelven cada vez más impenetrables al mensaje de Jesús. Lo trágico de esta cerrazón es que se hace en nombre de la fidelidad a Dios. Rechazan a Jesús en nombre de Dios.
 
• Esta manera que Juan tiene de presentar el conflicto entre Jesús y las autoridades religiosas no es sólo algo que aconteció en el pasado. Es un espejo de lo que acontece hoy. Algunas personas se transforman en bombas vivas y matan a los otros en nombre de Jesús. en nombre de Jesús, nosotros los miembros de las tres religiones del Dios de Abrahán, judíos, cristianos y musulmanes, nos condenamos y nos enfrentamos mutuamente, a lo largo de la historia. Es tan difícil y tan necesario el ecumenismo entre nosotros. En nombre de Dios se hicieron muchas barbaridades y se siguen haciendo hasta hoy. La cuaresma es un tiempo importante para pararse y preguntarse cuál es la imagen de Dios que habita en mi ser.

• Juan 10,31-33: Los judíos quieren apedrear a Jesús. Los judíos buscan piedras para matar a Jesús. Jesús pregunta: “Muchas obras buenas de parte del Padre os he mostrado. ¿Por cuál de esas obras queréis apedrearme?” La respuesta: "No queremos apedrearte por ninguna obra buena, sino por una blasfemia y porque tú, siendo hombre, te haces a ti mismo Dios.” Quieren matar a Jesús por blasfemia. La ley mandaba apedrear a tales personas.
• Juan 10,34-36: La Biblia llama a todos Hijos de Dios. Quieren matar a Jesús porque se hace pasar por ser Dios. Jesús responde en nombre de la Ley misma de Dios: "¿No está escrito en vuestra Ley: Yo he dicho: dioses sois? Si llama dioses a aquellos a quienes se dirigió la palabra de Dios -y no puede fallar la Escritura- a aquel a quien el Padre ha santificado y enviado al mundo, ¿cómo le decís que blasfema por haber dicho: `Yo soy Hijo de Dios”?

• Es extraño el que Jesús diga “vuestra ley”. Tendría que decir “nuestra ley”. ¿Por qué habla así? Aquí trasparece de nuevo la ruptura trágica entre Judíos y Cristianos, dos hermanos, hijos del mismo padre Abrahán, que se vuelven enemigos irreducibles hasta el punto que los cristianos dicen “vuestra ley”, como si no fuera nuestra ley.

• Juan 10,37-38: Y menos creen en las obras que hago. Jesús vuelve a hablar de las obras que hace y que son revelación del Padre. Si no hago las obras del Padre no me creáis. Pero si las hago, aunque a mí no me creáis, creed por las obras, y así sabréis y conoceréis que el Padre está en mí y yo en el Padre. Las mismas palabras que Jesús pronunciará para los discípulos en la última Cena (Jn 14,10-11).

• Juan 10,39-42: Quieren de nuevo matarle, pero él se escapa de sus manos. No hay ninguna señal de conversión. Siguen acusando a Jesús de blasfemia e insisten en quererle matar. No hay futuro para Jesús. Su muerte está decretada, pero su hora no ha llegado todavía. Jesús sale y atraviesa el Jordán para el lugar donde Juan había sido bautizado. Así muestra continuidad en su misión con la misión de Juan. Ayudaba a la gente a percibir la línea de Dios en la historia. La gente reconoce en Jesús a aquel que Jesús había anunciado. 
4) Para la reflexión personal
• Los judíos condenan a Jesús en nombre de Dios, en nombre de la imagen que tienen de Dios. ¿Condeno a alguien en nombre de Dios y después descubro que estoy equivocado?
• Jesús se dice a si mismo “Hijo de Dios”. Cuando yo profeso en el Credo que Jesús es el Hijo de Dios, ¿qué contenido le doy en mi profesión de fe? 
5) Oración final
Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;
Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador.
Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío,
mi fuerza salvadora, mi baluarte. (Sal 17)
Orden de los Carmelitas