sábado, 15 de octubre de 2016

Optar por Cristo o no optar por él trae consecuencias

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en reste sábado de la 28ª semana del Tiempo Ordinario.

Dios nos bendice...

Evangelio según San Lucas 12,8-12. 
Les aseguro que aquel que me reconozca abiertamente delante de los hombres, el Hijo del hombre lo reconocerá ante los ángeles de Dios. Pero el que no me reconozca delante de los hombres, no será reconocido ante los ángeles de Dios. Al que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará. Cuando los lleven ante las sinagogas, ante los magistrados y las autoridades, no se preocupen de cómo se van a defender o qué van a decir, porque el Espíritu Santo les enseñará en ese momento lo que deban decir".  
Comentario


Negar a Cristo puede parecer algo tan extremo que muchos pensaríamos que jamás lo hemos hecho o lo haríamos. Para entender la seriedad de lo que está en juego, conviene recordar el contexto en el que Cristo dijo estas palabras. No fue con ocasión de una persecución en la que pusieron contra el paredón a algunos cristianos para que dijeran que negaran su fe y así fueran acribillados. Fue en un ambiente más cotidiano: sus obras maravillosas, sus milagros y exorcismos, no eran reconocidos por sus enemigos, que llegaban incluso a decir que Cristo mismo estaba poseído por algún demonio. Ellos estaban negando a Cristo porque se resistían a aceptar su mensaje y la gracia que él ofrece. ¿Cuántas veces nos ha pasado eso?

Luego está el tema difícil del pecado contra el Espíritu Santo. Es bueno aquí simplemente recordar lo que nos enseña el Catecismo de Juan Pablo II, en el n. 1864: "No hay límites a la misericordia de Dios, pero quien se niega deliberadamente a acoger la misericordia de Dios mediante el arrepentimiento rechaza el perdón de sus pecados y la salvación ofrecida por el Espíritu Santo (véase Dei Verbum, 46). Semejante endurecimiento puede conducir a la condenación final y a la perdición eterna."

http://fraynelson.com/homilias.html.


viernes, 14 de octubre de 2016

“No teman”

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este viernes de la 28ª semana del Tiempo Ordinario.

Dios nos bendice…

Evangelio según San Lucas 12,1-7. 
Se reunieron miles de personas, hasta el punto de atropellarse unos a otros. Jesús comenzó a decir, dirigiéndose primero a sus discípulos: "Cuídense de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía. No hay nada oculto que no deba ser revelado, ni nada secreto que no deba ser conocido. Por eso, todo lo que ustedes han dicho en la oscuridad, será escuchado en pleno día; y lo que han hablado al oído, en las habitaciones más ocultas, será proclamado desde lo alto de las casas. A ustedes, mis amigos, les digo: No teman a los que matan el cuerpo y después no pueden hacer nada más. Yo les indicaré a quién deben temer: teman a aquel que, después de matar, tiene el poder de arrojar a la Gehena. Sí, les repito, teman a ese. ¿No se venden acaso cinco pájaros por dos monedas? Sin embargo, Dios no olvida a ninguno de ellos. Ustedes tienen contados todos sus cabellos: no teman, porque valen más que muchos pájaros." 
Comentario

¿Cuántos miles de veces hemos oído en los últimos tiempos este grito evangélico? Casi con tono mitinero, ha sonado en la Iglesia, por ejemplo, al encarar el nuevo milenio, el nuevo siglo. Hoy lo dice Jesús precisamente cuando se encuentra cercado, acosado por sus enemigos, que tienen designios de muerte sobre él. Su libertad personal y su relación libre y amorosa con Dios choca con los intereses y la religión chata de los fariseos y maestros de la ley.

Y estamos liberados del miedo y el temor, sencillamente, porque Dios nos quiere y cuida de nosotros. Para el que no tiene fe esto es una pamplina alienante. Para los que –aun pecadores-, nos sentimos encanto de Dios, agraciados, tiernamente mirados por Dios, es fuerza y ánimo irrefrenable.

Dios nos asiste, nunca nos abandona. La última seguridad no la buscamos en nosotros mismos. Dios es el único Absoluto. Nuestro pecado, nuestras limitaciones no nos derriban hasta la desesperanza. Al fondo está la roca firme. Podrán matarnos el cuerpo, pero hay valores más altos por los que hasta vale la pena entregar la vida. Incluso creemos en un final feliz que ni siquiera la muerte lo arrebata, porque está más allá de la muerte. Todo esto, tan sublime y tan sencillo: como que Jesús lo dibuja en la imagen de los pájaros y los lirios que ni siembran ni cosen, y Alguien cuida de su vida y su hermosura.

Si la cosa es así, ¿por qué temer? Hay un temor de Dios y un temor de los hombres. El temor de Dios es un don del Espíritu santo. No es miedo sino estar pendientes del amor de Dios y de su providencia; es decir, es confianza, paz, esperanza. El temor de los hombres es miedo. Miedo a la persecución, a perder el prestigio social, al quebranto económico, a la enfermedad, a la traición, a la muerte. Este temor queda sepultado cuando Alguien –ocurra lo que ocurra-, nunca falla, siempre está a punto.

Hoy es la fiesta de Ignacio de Antioquia. En Roma se va a ejecutar la condena de morir devorado por las fieras. Ante el inminente martirio, en Ignacio no cabe el miedo. Es más, se apresta a escribir una carta a la Iglesia de Roma: “No me lo impidáis...soy trigo de Dios y he de morir por los dientes de las fieras, para llegar a ser pan limpio de Cristo”.

Que no suene a moraleja sino a realismo. No basta con que se nos llene la boca con la consigna “No tengáis miedo”. Es preciso vivir desde esta ausencia de miedo. Y el que nada teme y se siente seguro en Dios, está lleno de confianza, le impulsa la audacia, mira el futuro con esperanza, es llamado a la creatividad. Entonces, si estamos tan convencidos de no tener miedo, hemos de desterrar de nosotros el temor, la alarma, la cobardía. ¿Qué pintaría, entonces, una Iglesia “a la defensiva”, quejándose a todas horas, mirando con gafas oscuras, temiendo a sistemas, ideas o personas?

No tengáis miedo. Lo ha dicho el Maestro. ¿Pero nos lo creemos...o no nos lo creemos tanto?

Conrado Bueno Bueno
Ciudadredonda.org