sábado, 12 de diciembre de 2015

¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este sábado en que celebramos la solemnidad de Nuestra Señora de Guadalupe, patrona de América y Filipinas.

Dios nos bendice…

Evangelio según San Lucas 1,39-48. 
María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: "¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor". María dijo entonces: "Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador, porque Él miró con bondad la pequeñez de tu servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz". 
Comentario

1. La maravilla como puerta al Dios Admirable

1.1 Varias veces los Evangelios nos presentan el profundo sentimiento de admiración, incluso estupor, de las multitudes ante las obras de Jesús. Esta admiración es una puerta que no debe ser despreciada como camino para la conversión y la transformación de la vida entera, pues el que admira está dispuesto a dejarse guiar y está en excelente actitud para dejarse impregnar por el poder de la gracia.

1.2 Los hechos que hemos escuchado sobre las apariciones de la Virgen en el Tepeyac tienen ese tinte maravilloso. No como ostentación sino como esplendor. Algo como lo que sucedió el día en que Moisés vio una zarza que ardía sin consumirse (Éx 3). Aquel portento atrajo su atención, es decir, lo asombró, y de aquel asombro partió un diálogo, una alianza, un camino, una liberación. El Dios admirable es el Dios esplendoroso; el Dios maravilloso es el que nos rebasa y levanta nuestra atención como un modo de indicar que puede también levantar nuestra vida.

2. Un templo para María

2.1 Se quejan los cristianos no católicos y suelen criticar con fuerza el origen celestial de aquellas apariciones a San Juan Diego, y piensan encontrar un argumento irrebatible en aquello que cuenta la historia: ¿cómo es eso de un templo para María? ¿No se supone que los templos, si es que hay que hacerlos, han de construirse sólo para Dios? No nos apresuremos a contestar; no seamos agresivos con quienes están en desacuerdo con nosotros, incluso si manifiestan este desacuerdo de mala manera. Simplemente dejemos que hablen los hechos.

2.2 He aquí las palabras que la historia recoge como dichas por María a Juan Diego: "Mucho quiero que se me construya una casita para mostrar a mi hijo y para darlo a todos los hombres que me invoquen". Pregunta: ¿es esta una casa para adorar a María como si fuera una diosa? Respuesta: Ella misma dice para que es esa "casita", ese templo, al que llama suyo. El propósito es sólo uno: "mostrar a mi hijo". Un predicador que quiere hacer oír la palabra de Dios pide un micrófono; María, que quiere mostrarnos las benditas gracias y admirables enseñanzas de su Hijo, pide una casa. Ella es una mujer de casa y quiere recibirnos como en su casa para entregarnos sus tesoros.

2.3 Es razonable, pues, el celo de quienes se preocupan que descuidemos nuestra mirada de Dios por quedarnos con una creatura; pero este celo por la gloria divina tiene mucho que agradecer y poco que temer en el caso del Tepeyac: todo allí habla de mirar hacia Jesús. La Casa es porque la Señora quiere "darnos a su hijo". ¿Habrá señal más grande del origen celeste de estos hechos tan cargados de sencillez como de ternura?

3. Guadalupe y la Eucaristía

3.1 María quiere darnos a su Hijo; el Hijo quiere darse a sí mismo. Guadalupe y la Eucaristía son dos misterios inseparables. La voluntad de la Señora brota de la voluntad del Señor, y ambas voluntades admirablemente unidas se vuelven una sola ofrenda en el altar, especialmente cuando el sacerdote dice: "Por Cristo, con Él y en Él...".

3.2 Guadalupe es una escuela de evangelización y, a la vez, una escuela de adoración. Un lugar para admirar, agradecer y celebrar, así como un camino para aprender a proclamar, profesar y predicar el misterio de Cristo, Hijo del Dios "por quien se vive", como dijo la Santa Virgen María, que tanto amó a América, desde el prólogo mismo de nuestra historia cristiana.




viernes, 11 de diciembre de 2015

Dios te quiere a ti; eres importante para Él; ¡no lo ignores!

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar la 1ª. Lectura y el Evangelio de la Santa Misa, así como el comentario, en este viernes de la 2ª semana de Adviento.
Dios nos bendice…

Libro de Isaías 48,17-19. 

Así habla el Señor, tu redentor, el Santo de Israel: Yo soy el Señor, tu Dios, el que te instruye para tu provecho, el que te guía por el camino que debes seguir. ¡Si tú hubieras atendido a mis mandamientos, tu prosperidad sería como un río y tu justicia, como las olas del mar! Como la arena sería tu descendencia, como los granos de arena, el fruto de tus entrañas; tu nombre no habría sido extirpado ni borrado de mi presencia. Invitación a salir de Babilonia 

Evangelio según San Mateo 11,16-19. 

¿Con quién puedo comparar a esta generación? Se parece a esos muchachos que, sentados en la plaza, gritan a los otros: '¡Les tocamos la flauta, y ustedes no bailaron! ¡Entonamos cantos fúnebres, y no lloraron!'. Porque llegó Juan, que no come ni bebe, y ustedes dicen: '¡Ha perdido la cabeza!'. Llegó el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: 'Es un glotón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores'. Pero la Sabiduría ha quedado justificada por sus obras". 

Comentario

1. Un problema de sintonía

1.1 Dios se queja de su pueblo. No hay sintonía. Llamó a penitencia por medio de Juan, y la respuesta fue de rechazo; llamó a amistad por medio de Cristo, y de nuevo el rechazo. La dureza del hombre desconcierta al mismo hombre si reflexiona un poco sobre ella.

1.2 Nos conmueve la palabra de Isaías. He aquí a un Dios que casi tiene que darle explicaciones a su pueblo. "Te instruyo por tu bien", dice el Señor, por si alguien no lo había entendido. El problema de nuevo es de sintonía: el bien que Dios quiere no es bien que el pueblo quiera. O tal vez estos bienes coinciden en el fondo, pero la obediencia a los mandatos, camino para el bien, no encuentra espacio en el corazón endurecido del pueblo.

1.3 Ahora bien, nosotros no podemos quedarnos contemplando el espectáculo de la desobediencia pasada. Es preciso que hoy y aquí creamos en la palabra del profeta: lo que Dios nos ordena nos lo ordena por nuestro bien. La gran mentira del demonio es: "Dios no te ama, no se ocupa de ti"; la gran verdad revelada por Cristo es: "Dios te quiere a ti; eres importante para él". Y desde ese amor y desde esa importancia que tienes ante él, te ordena sus mandamientos.

2. El amigo de sus enemigos

2.1 La crítica contra Jesús, recogida por él mismo en el evangelio de hoy, es en el fondo un elogio en su parte final: "ahí tienen a un amigo de pecadores". Frase que nació el desprecio y de la envidia, y que sin embargo describe bien el misterio y el ministerio de Jesucristo: es el amigo de los pecadores, el amigo de sus enemigos.

2.2 La ley de Moisés prohibía juntarse con el enfermo de lepra, por temor al contagio de la lepra. Con una lógica semejante estos hombres quieren que se prohíba el contacto con los pecadores, por miedo a contagiarse de pecado. No han descubierto que Jesús no quedará sucio, sino que los limpiará. Jesús es el lugar del "bien fuerte", el bien que no se ensucia en contacto con el mal, sino que lo vence y lo limpia. Él es la luz que vence a las tinieblas.

2.3 Si Jesús fuera enemigo de sus enemigos, podría tal vez ganarles a ellos pero a precio de dar una victoria a la enemistad y un nuevo cubil al odio. El amigo de los enemigos es aquel que pierde, a primera vista, pero gana la batalla, porque vence no a un humano débil sino a un pecado fuerte.

http://fraynelson.com/homilias.html.