martes, 2 de octubre de 2012

Ángel de la guarda, dulce compañía…

¡Amor y paz!

Así habla el Señor en Éxodo 23: “Yo voy a enviar un Ángel delante de ti, para que te proteja en el camino y te conduzca hasta el lugar que te he preparado”.

Pues hoy celebramos la memoria de los Santos Ángeles de la Guarda, de raíces bíblicas y populares muy antiguas,  que se celebró primero en tono menor, como fiesta particular, pero que luego el Papa Paulo V la incluyó en el calendario universal, en 1607. Posteriormente, Clemente X (1670-1676) le señaló como fecha litúrgica el 2 de octubre.

En esta fecha especial, nos encomendamos a  nuestros ángeles custodios rezando, como aprendimos de pequeños, palabras más, palabras menos: “Ángel de mi guarda, mi dulce compañía, no me desampares ni de noche de día hasta que me pongas, en paz y alegría, con todos los santos, Jesús y María.Amén”.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, éste último escrito por el beato Papa Juan Pablo II.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Mateo 18,1-5.10.
En aquel momento los discípulos se acercaron a Jesús para preguntarle: "¿Quién es el más grande en el Reino de los Cielos?". Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y dijo: "Les aseguro que si ustedes no cambian o no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos. Por lo tanto, el que se haga pequeño como este niño, será el más grande en el Reino de los Cielos. El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí mismo. Cuídense de despreciar a cualquiera de estos pequeños, porque les aseguro que sus ángeles en el cielo están constantemente en presencia de mi Padre celestial. 
Comentario

1. Según la Sagrada Escritura, los ángeles, en cuanto criaturas puramente espirituales, se presentan a la reflexión de nuestra mente como una especial realización de la 'imagen de Dios', Espíritu perfectísimo, como Jesús recuerda a la mujer samaritana con las palabras; 'Dios es espíritu' (Jn 4, 24).

Los ángeles son, desde este punto de vista, las criaturas más cercanas al modelo divino. El nombre que la Sagrada Escritura les atribuye indica que lo que más cuenta en la Revelación es la verdad sobre las tareas de los ángeles respecto a los hombres: ángel (angelus) quiere decir, en efecto, 'mensajero'. 

El término hebreo 'malak' -mélk-, usado en el Antiguo Testamento, significa más propiamente 'delegado' o ‘embajador'.

Los ángeles, criaturas espirituales, tienen función de mediación y de ministerio en las relaciones entre Dios y los hombres. Bajo este aspecto la Carta a los Hebreos dirá que a Cristo se le ha dado un 'nombre', y por tanto un ministerio de mediación, muy superior al de los ángeles (Cfr. Heb 1, 4).

2. El Antiguo Testamento subraya sobre todo la especial participación de los ángeles en la celebración de la gloria que el Creador recibe como tributo de alabanza por parte del mundo creado.

Los Salmos de modo especial se hacen intérpretes de esa voz cuando proclaman, p.e.: 'Alabad al Señor en el cielo, alabad al Señor en lo alto. Alabadlo, todos sus ángeles.' (Sal 148, 1-2).De modo semejante en el Salmo 102: 'Bendecid a Yahvéh vosotros sus ángeles, que sois poderosos y cumplís sus órdenes, prontos a la voz de su palabra' (Sal 102, 20). Este último versículo del Salmo 102 indica que los ángeles toman parte, a su manera, en el gobierno de Dios sobre la creación, como 'poderosos ejecutores de sus órdenes' según el plan establecido por la Divina Providencia.

A los ángeles está confiado en particular un cuidado y solicitud especiales por los hombres, en favor de los cuales presentan a Dios sus peticiones y oraciones, como nos recuerda, p.e., el Libro de Tobías (Cfr. especialmente Tob 3, 17 y 12, 12), mientras el Salmo 90 proclama: 'a sus ángeles ha dado órdenes. te llevarán en sus palmas, para que tu pie no tropiece en la piedra'(Cfr. Sal 90, 1-12). Siguiendo el libro de Daniel, se puede afirmar que las funciones de los ángeles como embajadores del Dios vivo se extienden no sólo a cada uno de los hombres y a aquellos que tienen funciones especiales, sino también a enteras naciones (Dan 10, 13-21).

3. El Nuevo Testamento puso de relieve las tareas de los ángeles respecto a la misión de Cristo como Mesías y, ante todo, con relación al misterio de la encarnación del Hijo de Dios, como constatamos en la narración de la anunciación del nacimiento de Juan Bautista (Cfr. Lc 1, 11), de Cristo mismo (Cfr. Lc 1, 26), en las explicaciones y disposiciones dadas a María y José (Cfr. Lc 1, 30-37; Mt 1, 20-21), en las indicaciones dadas a los pastores la noche del nacimiento del Señor (Cfr. Lc 2, 9-15), en la protección del recién nacido ante el peligro de la persecución de Herodes (Cfr. Mt 2, 13).

Más adelante los Evangelios hablan de la presencia de los ángeles durante el ayuno de Jesús en el desierto a lo largo de 40 días (Cfr. Mt 4, 11) y durante la oración en Getsemaní (Cfr. Lc 22, 43). Después de la resurrección de Cristo será también un ángel, que se aparece en forma de un joven, quien dirá a las mujeres que habían acudido al sepulcro y estaban sorprendidas por el hecho de encontrarlo vacío: 'No os asustéis. Buscáis a Jesús Nazareno, el crucificado; ha resucitado, no está aquí. Pero id a decir a sus discípulos. '(Mc 16, 6-7). María Magdalena, que se ve privilegiada por una aparición personal de Jesús, ve también a dos ángeles (Jn 20, 12-17; cfr. también Lc 24, 4). Los ángeles 'se presentan' a los Apóstoles después de la desaparición de Cristo para decirles: 'Hombres de Galilea, ¿qué estáis mirando al cielo? Ese Jesús que ha sido arrebatado de entre vosotros al cielo, vendrá como le habéis visto ir al cielo' (Hech 1, 11).

Son los ángeles de la vida, de la pasión y de la gloria de Cristo. Los ángeles de Aquel que, como escribe San Pedro, 'está a la diestra de Dios, después de haber ido al cielo, una vez sometidos a Él ángeles, potestades y poderes' (1 Pe 3, 22).

4. Si pasamos a la nueva venida de Cristo, es decir, a la 'parusía', hallamos que todos los sinópticos hacen notar que 'el Hijo del hombre. vendrá en la gloria de su Padre con los santos ángeles' (así Mc 8, 38, Mt 16, 27 y 25, 31, en la descripción del juicio final; y Lc 9, 26; cfr. también San Pablo, 2 Tes 1, 7).

Se puede, por tanto, decir que los ángeles, como espíritus puros, no sólo participan en el modo que les es propio de la santidad del mismo Dios, sino que en los momentos clave, rodean a Cristo y lo acompañan en el cumplimiento de su misión salvífica respecto a los hombres. De igual modo también toda la Tradición y el Magisterio ordinario de la Iglesia ha atribuido a lo largo de los siglos a los ángeles este carácter particular y esta función de ministerio mesiánico.

Autor: Beato Juan Pablo II 

lunes, 1 de octubre de 2012

Quien acoge a un pobre a nombre de Jesús acoge a Jesús

¡Amor y paz!

Lamentablemente hoy son menos los jóvenes que cuando escogen una profesión u oficio incluyen el servicio entre los criterios decisivos. ¿Con cuál profesión o actividad puedo servir yo más a los demás? No. Lo que más se preguntan es con qué carrera se puede hacer más dinero y más rápidamente.

¡Cuán diferentes son los criterios que recomienda Jesús a sus discípulos! Se trata de hacer el bien, de recibir, de acoger, a nombre de Él, hasta al más humilde de los seres humanos.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el evangelio y el comentario, en este lunes de la XXVI Semana del Tiempo Ordinario.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Lucas 9,46-50.
Entonces se les ocurrió preguntarse quién sería el más grande. Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, tomó a un niño y acercándolo, les dijo: "El que recibe a este niño en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe a mí, recibe a aquel que me envió; porque el más pequeño de ustedes, ese es el más grande". Juan, dirigiéndose a Jesús, le dijo: "Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu Nombre y tratamos de impedírselo, porque no es de los nuestros". Pero Jesús le dijo: "No se lo impidan, porque el que no está contra ustedes, está con ustedes".
 Comentario

El texto que comentamos consta de dos unidades diferentes. La primera (9. 46-48) trata de la relación de los creyentes entre sí. La segunda (9. 49-50) se preocupa de la actitud de la iglesia ante los valores de los hombres que permanecen fuera de ella.

Común en ambas es la preocupación por superar la autosuficiencia de los grandes y el orgullo de grupo que ha podido surgir dentro de la iglesia. En ambos casos nos hallamos ante una de las expresiones más auténticas del mensaje de Jesús para los hombres.

La primera unidad se ocupa de la constitución interna de los discípulos de Jesús o de la iglesia. Siguiendo la lógica de este mundo parece evidente que lo más importante dentro de la comunidad son aquéllos que destacan por sus cualidades o por la responsabilidad de las funciones que están desarrollando. Por eso, los apóstoles discutían sobre el puesto y nombre del mayor como lo hacen tantos todavía. Pues bien, la respuesta de Jesús sigue siendo tan cortante ahora como entonces: el mayor y más valioso es simplemente el más necesitado, el niño, el indefenso.

NIÑO/VALORES: El niño no es mayor por sus valores, su inocencia o su ternura.

Es importante sólo porque es pobre, porque está necesitado de los otros y no puede resolver la vida por sí mismo. En este aspecto, son valiosos con el niño todos los que están más alejados, perdidos, indefensos, pobres. Ellos son los que han constituido el centro de atención de Cristo. Ellos seguirán siendo el centro de los cuidados de la iglesia. Por eso son los más valiosos e importantes.

Esto significa que la iglesia no es una sociedad que está formada sobre el valor de las personas que la integran, sino sobre las necesidades y miserias de aquéllos que precisan recibir su ayuda.

Su movimiento fundamental no es la defensa de sus bienes interiores, sino aquella fuerza de expansión por la que sale de sí misma y ofrece su ayuda a los que están necesitados (dentro y fuera de sus filas).

Dentro de la perspectiva del texto que comentamos es necesario completar esta verdad desde otro plano: a)decíamos que importa el niño o necesitado que carece de todo y simplemente es el objeto de la ayuda de los otros en la iglesia; b)después se añade que es grande aquél que "se ha venido a hacer pequeño"; esto supone que tenía capacidad para actuar y decidir, para buscar sus propios bienes y anhelar ventajas; sin embargo, lo ha dejado todo y se ha convertido en pequeño para servir a los demás.

Con esto hemos logrado descubrir los dos tipos originales de oyentes de Jesús:

a) Discípulo u oyente es el que escucha la palabra sobre el Reino y recibe el auxilio que le ofrece  Cristo. (Los primeros que penetran en el Reino son los pobres, los pequeños o los niños; quien les ayuda o les recibe ha recibido o ayudado al mismo Cristo). b) Pero, a la vez, es discípulo el que ayuda a los pequeños, el que vive preocupado por los otros y es pequeño simplemente por servirles.

En esta perspectiva se comprende la palabra de Jesús sobre los hombres que utilizan su mensaje (su poder sobre las fuerzas del demonio) sin estar formando parte de su iglesia. El evangelio es don abierto; todos tienen poder de utilizarlo. La iglesia es servidora del mensaje de Jesús y no su dueña. Por eso no puede impedir que lo utilicen los de fuera (9. 49-5- ). En definitiva, lo que importa no es el triunfo externo de la iglesia o la ventaja que adquieren los cristianos; lo que vale es que la fuerza y la verdad del reino se propague hacia los hombres.

COMENTARIOS A LA BIBLIA LITÚRGICA NT
EDIC MAROVA/MADRID 1976. Pág. 1311