sábado, 15 de septiembre de 2012

La Virgen María, fiel hasta la muerte

¡Amor y paz!

Nos hemos acostumbrado, sobre todo en Semana Santa, a ver a María como la virgen dolorosa. Sin embargo, el verdadero recuerdo que la tradición cristiana nos ha conservado de ella, es el de una madre valerosa, que se mantuvo firme de pie junto a la cruz, es decir, que no se dejó derrumbar por el dolor. Ella es prototipo de la actitud del valor en medio del sufrimiento. Pero no se trata de cualquier valor, se trata del valor que está sustentado por la esperanza 
(Servicio Bíblico Latinoamericano). 

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este sábado en que la Iglesia celebra la Memoria de Nuestra Señora de los Dolores.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Juan 19,25-27.
Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: "Mujer, aquí tienes a tu hijo". Luego dijo al discípulo: "Aquí tienes a tu madre". Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa. 
Comentario

1. Fue en el momento de la cruz. Se cumplieron las palabras proféticas de Simeón, como atestigua el Vaticano II: “María al pie de la cruz sufre cruelmente con su Hijo único, asociada con corazón maternal a su sacrificio, dando a la inmolación de la víctima, nacida de su propia carne, el consentimiento de su amor”. Por eso, la Iglesia, después de haber celebrado ayer la fiesta de la exaltación de la Cruz, recuerda hoy  a la Virgen de los Dolores, la Madre Dolorosa, también exaltada, por lo mismo que humillada con su Hijo.

2. Cuanto más íntimamente se participa en la pasión y muerte de Cristo, más plenamente se tiene parte también en su exaltación y glorificación. Vio a su Hijo sufrir y ¡cuánto! Escuchó una a una sus palabras, le miró compasiva y comprensiva, lloró con Él lágrimas ardientes y amargas de dolor supremo, estuvo atenta a los estertores de su agonía, retumbó en sus oídos y se estrelló en su corazón el desgarrado grito de su Hijo a Dios: “¿por qué me has abandonado?”, oyó los insultos, comprobó la alegría de sus enemigos rebosando en el rostro iracundo de los sacerdotes y del sumo Anás y de Caifás , mientras balanceaban sus tiaras, y de los sanedritas, que se regodeaban en su aparente victoria, contempló cómo iba perdiendo el color Jesús, su querido hijo...Humanamente no se podía soportar tanta angustia. El Padre amoroso la tuvo que sostener en pie.

3. Mientras su Hijo extenuado expiraba, su corazón inmaculado y amantísimo sangraba a chorros, sus manos impotentes para acariciarle, para aliviarle, se estremecían de dolor y de pena horrorosa y su alma dulcísima estaba más amarga que la de ninguna madre en el transcurrir de los siglos ha estado y estará. ¡Cuánto dolor, pobre Madre! ¡Qué parto de la iglesia tan doloroso y tan diferente de aquélla noche de Belén! Al fin, inclinó la cabeza y el Hijo expiró. Y nacimos nosotros. “Mujer, ahí tienes a tu hijo”. Por eso el Padre te exaltó a la derecha de tu Hijo asumpta en cuerpo y alma. Cuanto mayor fue tu dolor, más grande es tu victoria.

4. La Madre Teresa de Calcuta ha visto en los hombres a sus hijos, los de la Madre y los de ella. Con cuánta razón es llamada ¡Madre! El 19 de octubre será proclamada Beata. En un excelente programa de la 2 de TVE, cuyo nombre no recuerdo, Joaquín  Soler Serrano entrevistaba a la Madre Teresa de Calcuta. La figura del presentador, arrogante, elocuente, simpático, dominador, con muchas tablas. La de la Madre Teresa pequeña, muy pequeña, nada bella físicamente, surcada de arrugas su frente, su rostro, sus manos, un manojo de sarmientos. Desmañada, encorvada, doblada. El periodista comenzó la entrevista con gran empaque. La monjita respondía desgranando unas palabras como musitadas, desproporcionadas a las del Goliat que le preguntaba con sus potentes armas descriptivas, chispeantes, atractivas. Pero, poco a poco, la figura de la monjita fue creciendo, y ¡oh milagro!, la del Goliat periodista, menguando, disminuyendo, empequeñeciendo, no diré acomplejado, pero rendido, asombrado, reverente, vencido, Goliat ante un David crecido. Emocionado yo también, admiré el poder del espíritu superando a la técnica con tal evidencia, que no pude menos de exaltar y glorificar el fulgor de Dios sobre la opacidad de las obras humanas. Vi el brillar de una Santa que, vamos a ver y a venerar dentro de unas semanas, en los altares.

5. Otro día fue en Roma. El aula Pablo VI luce rebosante. 6000 sacerdotes reunidos de todas las naciones, esperan. Presentaron en el estrado a la Madre Teresa de Calcuta, que iba a hablar a aquella enorme y culta asamblea. Después de los aplausos de la presentación se hizo un gran silencio. Comenzó a hablar aquella mujer menuda y apenas si decía nada, muchos sacerdotes aquí y allá se ponían de pie, porque casi no se la veía. Descendió las gradas del estrado y desfiló por el pasillo saludando con inclinaciones de cabeza, las manos cruzadas sobre el pecho y con una sonrisa maternal y bondadosa, que iluminaba todo su rostro. Atronaron los aplausos largo rato. Me susurró un compañero canadiense: No sabe hablar, apenas se la ve y míranos a todos embobados y entusiasmados… Era el esplendor de Dios que se reflejaba en ella, como la aureola irresistible de Moisés cuando descendía del Sinaí. La Madre Teresa de Calcuta. La persona que ha cautivado al mundo.

6. Otra vez en Calcuta. Su entierro. Su apoteosis. El mundo a sus pies. Las coronas innumerables de flores blancas, llegadas de todas las procedencias, testimoniando el respeto, la devoción asombrada del orbe entero, rendido ante el heroísmo de esta mujer, que no ha querido convencer, sino demostrar. Demostrar que Jesús está en los pobres más pobres, en los niños no nacido y en los pobres moribundos. Entonces dijo Juan Pablo II.  "Sigue viva en mi memoria su diminuta figura, doblada por una existencia transcurrida al servicio de los más pobres entre los pobres, pero siempre cargada de una inagotable energía interior: la energía del amor de Cristo". Ante el atúd de la Madre Teresa ví, entre las muchas personalidades que desfilaron ante la urna en aquella iglesia de Santo Tomas, al primer ministro indio, Inder Kumar Gujral, que dijo estas palabras solemnes: " En la primera mitad del siglo XX tuvimos al Mahatma Gandhi tuvimos en la India  al Mahatma Gandhi,  para enseñarnos a luchar contra la pobreza; en la segunda mitad, hemos tenido a la Madre Teresa, para mostrar el camino para ayudar a los pobres". Al marcar los siglos el primer ministro, a mí se me ocurre afirmar: Francisco de Asís vino en el siglo XIII a Europa, a reconstruir la Iglesia que se desmoronaba. La Madre Teresa ha venido a Asia, al finalizar el siglo XX, para alentar al mundo a defender la vida, la vida de los pobres. Las mujeres sollozaban y llevaban coronas de flores blancas. Se arrodillaban ante el féretro, cubierto con la bandera nacional, y  le decían: "Ah madre, ah madre". Y yo busco sus raíces. El amor a los hombres, a los más pobres de los pobres, hijos de la Madre Dolorosa. “Ahí tienes a tus hijos”. El testamento de Jesús en la Cruz. ¡Qué bien lo supo entender! ¡Qué bien lo supo cumplir! ¡Qué ejemplo nos ha dejado 
a seguir!

JESÚS MARTÍ BALLESTER

viernes, 14 de septiembre de 2012

Jesús no es juicio sino salvación

¡Amor y paz!

Al celebrar hoy la Iglesia la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, el Evangelio de Juan nos hace ver cómo Jesús no es juicio sino salvación. Asimismo, que Dios no es el que juzga, sino el que salva y que la salvación tiene lugar por la fe.  En cambio, "el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios". La luz es dada a todos (ilumina a todos los hombres: Jn 1,9), pero "los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas".

Los invito, hermanos, a leer y, meditar el Evangelio y el comentario.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Juan 3,13-17.
Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo. De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en él tengan Vida eterna. Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. 
Comentario

Lo importante de la cruz es lo que señala y significa, lo que nos dice y nos recuerda; porque la cruz es una señal, la señal de los cristianos. Claro está que todas las señales, igual que las palabras, pueden cambiar poco a poco de sentido, imperceptiblemente, de modo que lleguen a significar incluso lo contrario de lo que ellas querrían decir en su origen. Nos preguntamos si no habrá ocurrido con la cruz algo semejante.

En tiempos de Pablo todavía era la cruz un escándalo para los judíos y una necedad para los romanos; pero los judíos y romanos de nuestro tiempo, los césares y fariseos de hoy, se honran con la cruz y se condecoran. ¿Acaso habrán comprendido que la cruz es sabiduría de Dios? ¿O habrá que decir que la cruz ya no significa lo mismo? Si en aquel tiempo fue plantada la cruz en la oposición, frente a los señores de este mundo y su justicia, y si ahora la vemos convertida en un ornato inofensivo que nada contradice en la sociedad, será porque la cruz ha sido tergiversada, desfigurada, manipulada, y no ciertamente porque la sociedad se haya convertido a la cruz de Cristo. Vemos aquí la causa de que los cristianos hayamos perdido la conciencia de nuestra identidad, pues no sabemos lo que decimos, lo que apreciamos y por lo que luchamos en el mundo, si es que luchamos por algo. Para recuperar esta conciencia y encontrarnos a nosotros mismos y saber qué debemos hacer como cristianos, habrá que poner en claro lo que significó la cruz para Cristo y debe significar, por lo tanto, para quienes se llaman hoy sus discípulos.

La cruz fue para Cristo la voluntad del Padre cumplida hasta el extremo: "y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del Hombre". Fue para Cristo la última palabra y la más elocuente. En la palabra de la cruz manifestó de una vez por todas lo que es Dios y quiere ser para los hombres, y ahora sabemos que Dios es amor. La cruz fue para Cristo ponerse en el último lugar y prestar el mejor servicio a todos los hombres. Para servir hay que ponerse en la cola, y hasta ahí, hasta el último lugar, descendió el que era Hijo de Dios, y no quiso alardear de ello porque vino al mundo a servir y no a ser servido. Por eso fue también la cruz el trono de la exaltación de Cristo, su gloria. Por eso recibió en la cruz el "nombre-sobre-todo-nombre". La cruz fue, finalmente, la justicia ajusticiada por los poderosos de este mundo, y, por ende, la justicia de Dios contra la justicia de los poderosos. Y si la cruz fue para Cristo todo eso, la cruz de Cristo no puede ser ya nunca asimilada, integrada, desvirtuada por un sistema en el que domina el capricho del egoísmo sobre las exigencias de la voluntad de Dios, el odio y la mentira sobre la revelación del amor, el dominio y el abuso de poder sobre el servicio, la ostentación de lo que no se es por encima de la aceptación de la propia verdad. La cruz de Cristo es el mentís, la contradicción manifiesta de una sociedad competitiva donde se fomenta la rivalidad y la vanagloria.

La exaltación de la cruz, fiesta que celebramos hoy, ha de ser para nosotros ocasión de hacer memoria, de recordar y proclamar muy alto que se ha querido olvidar y silenciar incluso dentro de la misma iglesia: que Cristo ha sido exaltado en la cruz y que todos los que son de Cristo no pueden apetecer otra gloria que ésta. Tengamos, pues, los mismos sentimientos que tuvo Cristo y no queramos conformarnos a este mundo. Si somos discípulos de Cristo estaremos siempre con él en la cruz, en la oposición.

EUCARISTÍA 1975/51