domingo, 3 de julio de 2011

Te alabamos, Padre, por haber revelado tu Palabra a los sencillos

¡Amor y paz!

-¿Quién entiende el evangelio? ¿Los sabios, los letrados, los que han estudiado....?, ¿los curas, los teólogos? ¿Son estos los que entienden a Jesús, los que entienden el evangelio? Hay razones para dudarlo. Sobre todo si apenas han hecho otra cosa que estudiar.

Lo primero que hace falta para comprender el evangelio es escucharlo, y lo segundo, semejante a lo primero e inseparable con lo primero, es ponerlo en práctica. Pues el que no hace lo que escucha no ha entendido nada. Por eso dice Jesús: "Dichoso el que escucha la palabra de Dios y la pone en práctica".

-No "los sabios y entendidos": Pues la capacidad de escuchar de un hombre cualquiera depende de la necesidad de preguntar. De modo que el "sabio y el entendido", el que vive sin problemas y cree que todo lo tiene resuelto, el satisfecho, el situado en bienes y opiniones, el que se cree justo y juzga a los demás, el autosuficiente..., no pregunta, no busca, no escucha ni puede escuchar. Y menos aún escucha un mensaje como el evangelio que habla de salvación, de liberación, de perdón. Para él la mejor noticia no es la Buena Noticia, sino la ausencia de toda noticia y el parte que diga una y otra vez: "sin novedad" (Eucaristía 1978/31).

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este Domingo 14º. del Tiempo Ordinario.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Mateo 11,25-30.
En esa oportunidad, Jesús dijo: "Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido. Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana". 
Comentario

Conocí a Carlos Riesgo en una comunidad de Fe y Luz que lleva por nombre Ephetá, que significa: ¡Ábrete! Una comunidad que reúne, alrededor de la Palabra de Dios y de la construcción de la fraternidad, a niños y niñas con alguna deficiencia mental o psíquica, a sus familiares y a sus amigos. Jean Vanier y Marie Hélène Mathieu, fundaron estas comunidades hace ya cuarenta años y se han ido extendiendo a lo largo y ancho del mundo. En Colombia están creciendo dos pequeñas comunidades en Bogotá y está naciendo una nueva en Medellín; su camino es lento y pausado, como debe ser el proceso de cualquier obra que de verdad quiera llegar a ser grande, como las ceibas de nuestros campos o el grano de mostaza del Evangelio.

Carlos sufre de una parálisis cerebral y tiene muchos problemas para moverse y para hablar; pero sus ojos, vivos como centellas, dicen más de lo que sus difíciles palabras alcanzan a expresar. Un buen día, a propósito de un encuentro al que fuimos un fin de semana junto con otras comunidades llegadas de otras ciudades, me pidieron que estuviera especialmente pendiente de Carlos los tres días que estaríamos reunidos. Él se defiende muy bien y hace prácticamente todo por sí mismo; lo único que necesitaba era apoyo y respaldo por cualquier eventualidad. Yo acepté el reto con mucho gusto.

Ese bendito fin de semana recibí una de las lecciones más importantes de mi vida; en esos tiempos estaba yo haciendo unos estudios de especialización en teología y contaba con un grupo de distinguidos profesores, todos ellos doctores. Sin embargo, el mejor profesor que tuve durante esos años fue Carlos Riesgo, no lo puedo dudar. El necesitaba apoyo y yo necesité paciencia... mucha paciencia, porque Carlos lo hace todo lentamente, a su ritmo: comer, moverse de un lugar a otro, acomodarse en su silla, arreglarse por las mañanas... Desacelerarse un fin de semana completo, para los que vamos por la vida como una moto, no resulta un trabajo fácil. Y, dentro de lo que hace lentamente, lo que más me costó trabajo fue su forma de hablar...

Cada vez que Carlos quería decirme algo, comenzaba a articular difícilmente las palabras, tratando de hacer una frase comprensible. Y yo, con el acelere de siempre, trataba de adivinar lo que quería decirme, sin dejar que terminara. Tan pronto lo interrumpía con una frase que no era la que estaba tratando de armar; hacía un gesto con la mano y comenzaba de nuevo su tortuoso esfuerzo por expresarse. De nuevo el hábil sabelotodo, que quiere apurar el paso y ganar tiempo, se me salía con otra frase que tampoco lograba adivinar el trabalenguas... Y vuelva a empezar otra vez... Hasta que, poco a poco, fui aprendiendo que cuando yo me quedaba callado y esperaba a que Carlos terminara de decir lo que quería decir, a la velocidad que él iba, entonces, ¡oh milagro!, entendía que lo que quería era un vaso con agua o que le alcanzara fruta...

“Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has mostrado a los sencillos las cosas que escondiste de los sabios y entendidos. Sí, Padre, porque así lo has querido”. Este grito de júbilo de Jesús debió nacer después de haberse encontrado con alguna de estas personas que la sociedad desprecia o considera inútiles. Son ellos los depositarios de los secretos del Reino de Dios. Por eso, gracias a Carlos, el Señor me gritó: ¡Ephetá! para enseñarme a escuchar a los demás sin interrumpirlos; para aprender a callar y a respetar el ritmo de los sencillos... No sé si he logrado vivir todo esto, pero siento la responsabilidad de alabar con Jesús la ocurrencia de Dios de revelarle los misterios del Reino a los más pequeños, ocultándolos de los sabios y entendidos. Por eso, tenemos que pedir todos los días que el Señor quiera abrir nuestros oídos para saber escuchar sus mensajes y dejarnos evangelizar por los más pobres de nuestra sociedad. “Sí, Padre, porque así lo has querido”.


Hermann Rodríguez Osorio, S.J.*

* Sacerdote jesuita, Decano académico de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana – Bogotá

sábado, 2 de julio de 2011

Imitemos a María, modelo de los creyentes

¡Amor y paz!

Ayer celebrábamos la solemnidad del Corazón de Jesús, del Amor. Propio de hijos bien nacidos es que hoy, junto al Hijo, encontremos a su Madre. El Papa Pío XII, muy sensible a la celebración del amor compartido entre el Hijo y la Madre, instituyó esta fiesta el año 1944. Celebrémosla con amor y fe (Dominicos, 2003).

Los invito, hermanos, a leer y meditar el evangelio y el comentario, en este Sábado en que celebramos la memoria del Inmaculado Corazón de María.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Lucas 2,41-51. 
Sus padres iban todos los años a Jerusalén en la fiesta de la Pascua.  Cuando el niño cumplió doce años, subieron como de costumbre, y acabada la fiesta, María y José regresaron, pero Jesús permaneció en Jerusalén sin que ellos se dieran cuenta. Creyendo que estaba en la caravana, caminaron todo un día y después comenzaron a buscarlo entre los parientes y conocidos. Como no lo encontraron, volvieron a Jerusalén en busca de él. Al tercer día, lo hallaron en el Templo en medio de los doctores de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Y todos los que lo oían estaban asombrados de su inteligencia y sus respuestas. Al verlo, sus padres quedaron maravillados y su madre le dijo: "Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Piensa que tu padre y yo te buscábamos angustiados". Jesús les respondió: "¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?". Ellos no entendieron lo que les decía. El regresó con sus padres a Nazaret y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba estas cosas en su corazón. 
Comentario

"Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón". El verbo traducido por "conservar" significa guardar, mantener en la memoria lo que se considera valioso, como si se tratara de un tesoro. El sustantivo traducido por "cosas" significa dichos y hechos, palabras y acontecimientos.

El evangelio de Lucas nos dice expresamente que María se admiraba y no entendía (2, 48.50) algunas cosas. Pero no se conforma, sino que se esfuerza por comprender el sentido de todo lo referente a su hijo. Se diferencia de los demás testigos por el hecho de que ella trata de descubrir el significado más profundo de los acontecimientos. Y a medida que lo va comprendiendo se convierte para ella en una espada que atraviesa su alma (2, 35).

El tercer evangelio presenta a María como modelo de los discípulos, paradigma de los creyentes, ejemplo del proceso de fe que tendrán que vivir todos los seguidores de Jesús, los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica. Ella es el puente entre los relatos de la infancia y el ministerio público de Jesús. Quizá los versículos con los que comenzábamos este comentario indiquen que María desempeñó un papel fundamental en la formación del evangelio y en la transmisión de las tradiciones primitivas a las primeras comunidades cristianas.

Ella es testimonio y modelo de la actitud que han de tener todos los cristianos ante la Palabra de Dios: acogida, meditada y puesta en práctica. Ella nos transmite la fuerza del Espíritu a través de la Palabra encarnada que se hace vida en nuestro compromiso de ser auténticos oyentes y servidores de la palabra de Dios.

Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica)
www.mercaba.org