martes, 19 de abril de 2011

Jesús experimenta el dolor de la traición

¡Amor y paz!

Después de la meditación de ayer, que se situaba históricamente en Betania el lunes por la tarde, saltamos directamente a la tarde del jueves, durante la última cena. Jesús anuncia que va a ser traicionado.

¿Alguno de los que lee esto ha sido traicionado? ¿Ha sentido el profundo dolor y decepción que produce que el amigo en quien confiaba le dé la espalda y lo entregue a quienes no lo quieren bien?

Jesús siempre ha expresado sentimientos de amor y compasión, pero ayer y hoy es traicionado por sus discípulos, por alguien que se dejó caer en la tentación del dinero, o del placer o del poder y abandonó su apostolado.
  
Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, hoy Martes Santo.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Juan 13,21-33.36-38.
Después de decir esto, Jesús se estremeció y manifestó claramente: "Les aseguro que uno de ustedes me entregará".  Los discípulos se miraban unos a otros, no sabiendo a quién se refería. Uno de ellos -el discípulo al que Jesús amaba- estaba reclinado muy cerca de Jesús. Simón Pedro le hizo una seña y le dijo: "Pregúntale a quién se refiere". El se reclinó sobre Jesús y le preguntó: "Señor, ¿quién es?". Jesús le respondió: "Es aquel al que daré el bocado que voy a mojar en el plato". Y mojando un bocado, se lo dio a Judas, hijo de Simón Iscariote. En cuanto recibió el bocado, Satanás entró en él. Jesús le dijo entonces: "Realiza pronto lo que tienes que hacer". Pero ninguno de los comensales comprendió por qué le decía esto. Como Judas estaba encargado de la bolsa común, algunos pensaban que Jesús quería decirle: "Compra lo que hace falta para la fiesta", o bien que le mandaba dar algo a los pobres. Y en seguida, después de recibir el bocado, Judas salió. Ya era de noche. Después que Judas salió, Jesús dijo: "Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado y Dios ha sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en él, también lo glorificará en sí mismo, y lo hará muy pronto. Hijos míos, ya no estaré mucho tiempo con ustedes. Ustedes me buscarán, pero yo les digo ahora lo mismo que dije a los judíos: 'A donde yo voy, ustedes no pueden venir'. Simón Pedro le dijo: "Señor, ¿adónde vas?". Jesús le respondió: "A donde yo voy, tú no puedes seguirme ahora, pero más adelante me seguirás". Pedro le preguntó: "¿Por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti". Jesús le respondió: "¿Darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces".
Comentario
1. Profundidad en la psicología de Jesús:

El Maestro está profundamente conmovido por la magnitud de la revelación que va a hacer: un discípulo va a traicionar al Maestro con el que ha compartido su vida, dones, predicación... 

¡Quien mucho ama mucho sufre con la ingratitud del amado!

2. Profundidad en la sorpresa de los discípulos:

Los discípulos se sienten débiles, pobres, desagradecidos; pero en la conciencia de casi todos es inimaginable una traición de tal calidad que conlleve la entrega del Maestro. ¡Para eso hace falta no sólo ser débil y pecador sino ser muy pecador y traidor!

Demos gracias a Dios porque Él ha favorecido a la naturaleza humana con cierta dosis de bondad, y porque a la conciencia limpia le repugna hacer el mal.

3. Profundidad en el gesto de caridad:

Jesús unta el pan, lo entrega, y habla al corazón; no quiere la muerte y ruina del pecador sino que se arrepienta y viva.

¡Gracias, Señor, gracias!

4. Profundidad en la ceguera de Judas (y acaso en la mía).

Al desoír la palabra y despreciar el gesto de Jesús, Satanás tomó posesión del corazón del discípulo, privándole de toda luz.

¡Todo se hizo noche en el alma! ¡Es como perder a Dios!

5. Desahogo de Jesús.

Una vez esculpida en el corazón de Judas la traición a su Maestro, y dicho el adiós, resulta sorprendente humanamente, y grandioso en el plano divino,  escuchar de labios de Jesús esta exclamación de entrega que contempla el triunfo final de salvación:

Ahora es glorificado el Hijo del hombre y Dios es glorificado en Él.
Jesús  se lanza a consumar la obra de nuestra redención y de retorno al Padre.

Dominicos 2003

lunes, 18 de abril de 2011

Ayúdanos, Señor, a encontrarte en los pobres

¡Amor y paz!

La entrañable escena de Betania sucedió «seis días antes de la Pascua», en Betania, y por eso se lee precisamente hoy. La queja de Judas sirve para señalar la intención del gesto simbólico: Jesús es consciente de que su fin se precipita, e interpreta el gesto de María como una unción anticipada que presagia su muerte y sepultura. La muerte de Jesús ya se ve cercana. Además, sus enemigos deciden matar también a Lázaro (J. Aldazábal).

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, hoy Lunes Santo.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Juan 12,1-11.

Seis días antes de la Pascua, Jesús volvió a Betania, donde estaba Lázaro, al que había resucitado. Allí le prepararon una cena: Marta servía y Lázaro era uno de los comensales. María, tomando una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, ungió con él los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. La casa se impregnó con la fragancia del perfume. Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dijo: "¿Por qué no se vendió este perfume en trescientos denarios para dárselos a los pobres?". Dijo esto, no porque se interesaba por los pobres, sino porque era ladrón y, como estaba encargado de la bolsa común, robaba lo que se ponía en ella. Jesús le respondió: "Déjala. Ella tenía reservado este perfume para el día de mi sepultura. A los pobres los tienen siempre con ustedes, pero a mí no me tendrán siempre". Entre tanto, una gran multitud de judíos se enteró de que Jesús estaba allí, y fueron, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado. Entonces los sumos sacerdotes resolvieron matar también a Lázaro, porque muchos judíos se apartaban de ellos y creían en Jesús, a causa de él. 

Comentario

-Seis días antes de la "Pascua", vino Jesús a Betania donde estaba Lázaro a quien había resucitado de entre los muertos.

El evangelista Juan hace notar la proximidad de la Pascua, y la presencia de Lázaro "que El había resucitado" de entre los muertos. Esto es ya una "clave" de interpretación.

La escena que acabamos de leer sucedió pues el "lunes" de la última semana de Jesús. Es la gran semana "pascual" de Jesús, la que comienza así.

-Le dispusieron allí una cena. Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban a la mesa con Él.

Comienzo por meditar, muy sencillamente, sobre esta comida.

Escena concreta. Me imagino los gestos y las palabras de esa comida entre amigos, como si yo estuviera presente.

Sí, un día, Señor, fuiste invitado en casa de unos amigos.

Antes que llegaran las horas de brutalidad y de odio vino la hora de la amistad, el momento reconfortante. Tus enemigos están preparando en la sombra, el complot en Jerusalén.

Pero en esta casa de las afueras de Jerusalén, Tú eres feliz con Marta, María y Lázaro...

-María, tomando una libra de ungüento de nardo legítimo, de gran valor, ungió los pies de Jesús y los enjugó con sus cabellos, y la casa se llenó de olor del ungüento.

Escena misteriosa, gesto insólito. En primer lugar es un gesto de amistad. Es también un gesto gratuito, casi excesivo, enorme... un despilfarro, como hará resaltar Judas.

-"¿Por qué este ungüento no se vendió en trescientos denarios y se dio a los pobres?"

Una fortuna "echada al aire" Trescientos denarios, en aquella época debían representar el salario de trabajo de un jornalero durante un año. ¿Por qué Juan nos ha contado esto?

¿Dónde quiere ir a parar?

-Jesús dijo entonces: "¡Déjala! Lo tenía guardado para el día de mi sepultura.

Este gesto tiene pues un alcance pascual. Jesús subraya que María anticipa aquí los cuidados que no podrán ser dados a su cadáver; La unción ritual de la sepultura, obligatoria para los judíos, no podrá tener lugar la tarde del viernes, pues el sábado de Pascua habrá ya empezado -Juan lo subrayará en 19, 42-... pero esta unción tampoco podrá hacerse la mañana del Domingo, primer día de la semana, pues cuando las mujeres llegarán al sepulcro con este fin, provistas de aromas y bálsamos, había ya resucitado: ellas encontrarán la tumba vacía.
Simbólicamente, esta "unción" del lunes es pues signo de la Resurrección.

Jesús piensa en su muerte... en su sepultura... Todo esto está cerca. Habla de ello con mucha lucidez, como estos enfermos valientes que sintiendo la muerte próxima, van hacia ella con plena conciencia y tranquilos lo comentan con sus amigos y parientes. Este fue el caso de Jesús.

Pero Jesús piensa también siempre en su resurrección.

-Porque pobres siempre los tenéis con vosotros, pero a mí no me tenéis siempre.

Jesús se da perfecta cuenta de que su "ausencia" físicamente va a crear un gran vacío.

Esto es verdad, ¡Señor! Por mucho que te busquemos a través de la Fe, de los signos de los sacramentos, de la oración...

Tú estás ausente, aparentemente.

Ayúdanos a encontrarte donde quiera que sea, en particular en "estos pobres" quienes están siempre presentes, y de los cuales decías: "lo que hacéis a éstos, me lo hacéis a mí..."

Noel Quesson
Palabra de Dios para cada día 1
Evang. de Adviento a Pentecostés
Edit. Claret/Barcelona 1984.Pág. 166 s.