viernes, 15 de octubre de 2010

‘Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados...’

¡Amor y paz!

Jesús bendice al Padre que regala u ofrece su ‘sabiduría’ no solamente a quienes cultivan ‘humanos saberes’ sino principalmente a quienes están hambrientos de unión íntima con el Padre y con Él. Estos son los santos. Nadie como ellos ha vivido y vive la ‘experiencia’ de hacer la vida al modo divino.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este Viernes, cuando la Iglesia celebra la fiesta de Santa Teresa de Jesús, virgen y doctora.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Mateo 11,25-30.

En esa oportunidad, Jesús dijo: "Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido. Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana".

Comentario

Hoy celebramos la fiesta de santa Teresa de Ávila. El Evangelio, proclamado en el día de esta doctora de la Iglesia, nos recomienda la sencillez de niños, a fin de ponernos en manos del Padre: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños» (Mt 11,25). De los niños había dicho Jesús: «Dejad que los niños vengan a mí, y no se lo impidáis porque de los que son como éstos es el Reino de los Cielos» (Mt 19,14). Ser como niños no significa permanecer en un infantilismo psicológico permanente. El niño es aquel que se deja guiar con docilidad por la mano del padre. El niño descubre a cada paso aquello que los padres le muestran. Todos los niños dan sus primeros pasos cogidos de las manos amorosas de unos padres. Seguir la voluntad del Padre es lo que pedimos cada vez que recitamos el Padrenuestro, y ésta es la característica fundamental de quien se hace como niño. «Aquel que se ocupó de ti antes de que existieras, ¿no se ha de preocupar de ti una vez que te llamó a la vida? Quien te creó es también quien te sostiene» (San Agustín). Todo descansa en la providencia de Dios.

Dios, nuestro Padre, no nos abandona nunca. Por el contrario, somos nosotros quienes nos tenemos que abandonar en las manos de Dios. El Evangelio de hoy nos invita a ello: confiar en Aquel que nos acompaña siempre. Tener confianza y ser humildes no está de moda, pero ciertamente es el único camino para llegar a Dios. Lo afirma expresamente santa Teresa: «He visto claramente que, si queremos que la majestad soberana nos revele grandes secretos, hemos de entra por esta puerta [la contemplación de Jesús]. No quiera nadie ningún otro camino (...). Este camino se ha de recorrer con libertad, abandonándonos en las manos de Dios».

Preguntémonos, hoy especialmente, cómo es nuestra vida: ¿guardamos silencio para dejar hablar a Dios? ¿Rezamos abandonándonos en sus manos? Pero confiar y ser humildes son dos términos que hemos de aprenderlos dentro de la Iglesia, ¡nuestra Madre!: ¿confiamos humildemente en ella y la amamos?

Rev. D. Ferran Jarabo i Carbonell (Agullana-Girona, España)

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jueves, 14 de octubre de 2010

Frente a la hipocresía, la misericordia y la caridad

¡Amor y paz!

El Evangelio hoy no es sólo para los doctores de la Ley: es para quienes han rechazado el mensaje de salvación, para todos los hombres y mujeres que, violentando la verdad, se cierran al evangelio de la justicia y el amor. Jesús nos pide unas relaciones de igualdad y solidaridad con los hermanos. Él rechaza la injusticia, el egoísmo y la muerte existentes en la vida de la humanidad que se sitúa de espaldas a Dios y al hermano.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este Jueves de la XXVIII Semana del Tiempo Ordinario.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Lucas 11,47-54.

¡Ay de ustedes, que construyen los sepulcros de los profetas, a quienes sus mismos padres han matado! Así se convierten en testigos y aprueban los actos de sus padres: ellos los mataron y ustedes les construyen sepulcros. Por eso la Sabiduría de Dios ha dicho: Yo les enviaré profetas y apóstoles: matarán y perseguirán a muchos de ellos. Así se pedirá cuanta a esta generación de la sangre de todos los profetas, que ha sido derramada desde la creación del mundo: desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, que fue asesinado entre el altar y el santuario. Sí, les aseguro que a esta generación se le pedirá cuenta de todo esto. ¡Ay de ustedes, doctores de la Ley, porque se han apoderado de la llave de la ciencia! No han entrado ustedes, y a los que quieren entrar, se lo impiden". Cuando Jesús salió de allí, los escribas y los fariseos comenzaron a acosarlo, exigiéndole respuesta sobre muchas cosas y tendiéndole trampas para sorprenderlo en alguna afirmación.

Comentario

a) Sigue el ataque implacable de Jesús contra las actitudes de los fariseos y los juristas.

Ante todo, porque "edificáis mausoleos a los profetas, después que vuestros padres los mataron". O sea, los fariseos están dispuestos a honrar a los profetas muertos, haciendo la comedia de edificarles monumentos. Pero no hacen caso a los profetas vivos. Los tratan igual que sus antepasados a los profetas de antes.

Nombra a dos, Abel, sacrificado por su hermano Caín (Gn 4) y Zacarías, el hijo del sacerdote Yoyadá, a quien mataron por encargo del rey Joás (cf. 2 Crónicas 24). Jesús los nombra como primero y último de una serie de profetas que acabaron igual. Es lo que van a hacer con él también, porque presenta una fe y un Dios muy distintos del que ellos están acostumbrados.

Otra acusación, esta vez para los doctores de la ley, que tienen la llave del saber y de la interpretación de la ley. No han hecho buen uso de esa llave: "no habéis entrado y habéis cerrado el paso a los que intentaban entrar". ¿Para eso tantas llaves?

b) Es valiente Jesús, al desenmascarar las actitudes de las clases dirigentes de su época.

Pero sus palabras nos ponen interrogantes también a nosotros, seamos dirigentes o no. ¿Caemos en la trampa de honrar a los profetas que fueron, reconociendo sus méritos y la injusticia del trato que recibieron, pero luego resulta que no hacemos caso de los profetas actuales, y les hacemos la vida imposible, porque no estamos dispuestos a escuchar su mensaje, que nos es incómodo?

Esto puede pasar en la sociedad, en la que pueden estorbar a los poderosos las voces proféticas que se levantan contra sus injusticias. Puede pasar en la Iglesia, en la que a veces se hace callar a los que tienen un espíritu más libre y crítico, aunque más tarde a veces se les rehabilite o incluso se les canonice. Pero puede pasar también a nuestro alrededor, cuando nos sentimos molestos cuando somos criticados, y hacemos lo posible por desacreditar -¡no llegaremos a eliminar!- a esos "profetas" que se abreven a llevarnos la contra. A todos nos pasa que nos estorban los profetas vivos, no los muertos.

Además podemos merecer también las palabras de Jesús a los juristas. ¿Nos sentimos "propietarios de la verdad", guardando sus llaves, de modo que los demás tengan que pasar la aduana de nuestra interpretación? ¿nos creemos los únicos que tenemos razón en todas las discusiones, sean importantes en el ámbito eclesial o más cotidianas en nuestra familia o círculo comunitario? Sería una lástima que los que podemos decir una palabra en el ámbito de la catequesis o de la predicación no comuniquemos esperanza y alegría, sino angustia y miedo. Seríamos malos guías.

J. Aldazábal
Enséñame tus caminos 6
Tiempo Ordinario. Semanas 22-34
Barcelona 1997. Págs. 179-183

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