jueves, 13 de mayo de 2010

‘ESTARÁN TRISTES, PERO SU TRISTEZA SE CONVERTIRÁ EN GOZO’

¡Amor y paz!

Jesús utiliza palabras de ternura, delicadeza, con calor de despedida y, al mismo tiempo, de consuelo y animación para sus seguidores: me veis y no me veréis, estáis tristes y os alegraréis; estoy con vosotros y me voy al Padre; pero no os abandonaré nunca...

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este Jueves de la 6ª. Semana de Pascua.

Dios los bendiga…

Juan 16: 16 - 20

16«Dentro de poco ya no me veréis, y dentro de otro poco me volveréis a ver.»17Entonces algunos de sus discípulos comentaron entre sí: «¿Qué es eso que nos dice: "Dentro de poco ya no me veréis y dentro de otro poco me volveréis a ver" y "Me voy al Padre"?»18Y decían: «¿Qué es ese "poco"? No sabemos lo que quiere decir.»19Se dio cuenta Jesús de que querían preguntarle y les dijo: «¿Andáis preguntándoos acerca de lo que he dicho: "Dentro de poco no me veréis y dentro de otro poco me volveréis a ver?"20«En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo.

Comentario

a) Este jueves de la semana sexta de Pascua ha sido durante mucho tiempo el día en que celebrábamos la fiesta de la Ascensión, que ahora se ha trasladado al próximo domingo.
Con todo, el tono de la lectura evangélica está impregnado del mismo espíritu de despedida de Jesús, que, por otra parte, llena todo el discurso de la última cena.

Los apóstoles no entienden de momento las palabras de Jesús: «dentro de poco ya no me veréis», que luego ya se darían cuenta que se referían a su muerte inminente, «y dentro de otro poco me volveréis a ver», esta vez con un anuncio de su resurrección, que más tarde entenderían mejor.
Ante esta próxima despedida por la muerte, Jesús les dice que «vosotros lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará». Pero no será ésa la última palabra: Dios, una vez más, va a escribir recto con líneas que parecen torcidas y que conducen al fracaso. Y Jesús va a seguir estando presente, aunque de un modo más misterioso, en medio de los suyos.

b) Las ausencias de Jesús nos afectan también muchas veces a nosotros. Y provocan que nos sintamos como en la oscuridad de la noche y en el eclipse de sol.

Si supiéramos que «dentro de otro poquito» ya se terminará el túnel en el que nos parece encontrarnos, nos consolaríamos, pero no tenemos seguridades a corto plazo. Sólo la fe nos asegura que la ausencia de Jesús es presencia, misteriosa pero real.

También a nosotros, como a los apóstoles, nos resulta cuesta arriba entender por qué en el camino de una persona -sea Cristo mismo, o nosotros- tiene que entrar la muerte o la renuncia o el dolor. Nos gustaría una Pascua sólo de resurrección. Pero la Pascua la empezamos ya a celebrar el Viernes Santo, con su doble movimiento unitario: muerte y resurrección. Hay momentos en que «no vemos», y otros en que «volvemos a ver». Como el mismo Cristo, que también tuvo momentos en que no veía la presencia del Padre en su vida: «¿por qué me has abandonado?».

Celebrando la Pascua debemos crecer en la convicción de que Cristo y su Espíritu están presentes y activos, aunque no les veamos. La Eucaristía nos va recordando continuamente esta presencia. Y por tanto no podemos «desalentarnos», o sea, perder el aliento: «Espíritu» en griego («Pneuma») significa precisamente «Aliento».

J. ALDAZABAL
ENSÉÑAME TUS CAMINOS 3
El Tiempo Pascual día tras día
Barcelona 1997. Págs. 132-134
www.mercaba.org

miércoles, 12 de mayo de 2010

‘EL ESPÍRITU DE LA VERDAD OS GUIARÁ HASTA LA VERDAD PLENA’

¡Amor y paz!

Ayer meditamos el papel de "Defensor" que el Espíritu ejerce en el curso del "proceso de Jesús" que se desarrolló en Jerusalén en aquel tiempo... y que se desarrolla en el curso de toda la historia.

Hoy vamos a considerar otro rol del Espíritu, el de 'Pedagogo', el que hace comprender, el que hace crecer.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio, en este Miércoles de la Sexta Semana de de Pascua.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Juan 16,12-15.

Todavía tengo muchas cosas que decirles, pero ustedes no las pueden comprender ahora.
Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá sucediendo. Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes. Todo lo que es del Padre es mío. Por eso les digo: 'Recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes'.

Comentario

«Nadie conoce lo íntimo de Dios, sino el Espíritu de Dios» (1C 2,11). Pues bien, su Espíritu que lo revela nos hace conocer a Cristo, su Verbo, su Palabra viva, pero no se revela a sí mismo. El que «habló por los profetas» (Credo) nos hace oír la Palabra del Padre. Pero a Él no le oímos. No le conocemos sino en la obra mediante la cual nos revela al Verbo, y nos dispone a recibir al Verbo en la fe. El Espíritu de verdad que nos «desvela» a Cristo «no habla de sí mismo» (Jn 16,13). Un ocultamiento tan discreto, propiamente divino, explica por qué «el mundo no puede recibirle, porque no le ve ni le conoce», mientras que los que creen en Cristo le conocen porque él mora en ellos (Jn 14,17).

La Iglesia, comunión viviente en la fe de los apóstoles que ella transmite, es el lugar de nuestro conocimiento del Espíritu Santo:

En las Escrituras que Él ha inspirado;

En la Tradición, de la cual los Padres de la Iglesia son testigos siempre actuales

En el Magisterio de la Iglesia, al que Él asiste;

En la liturgia sacramental, a través de sus palabras y sus símbolos, en donde el Espíritu Santo nos pone en comunión con Cristo;

En la oración en la cual Él intercede por nosotros;

En los carismas y ministerios mediante los que se edifica la Iglesia;

En los signos de vida apostólica y misionera;

En el testimonio de los santos, donde Él manifiesta su santidad y continúa la obra de la salvación.

Catecismo de la Iglesia Católica
§ 687-688
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