¡Amor y paz!
El discurso de Jesús sobre el Pan de Vida llega a su final. Ha hablado de la fe: de ver y creer en el Enviado de Dios. Ahora habla de comer y beber su Carne y su Sangre.
A los cristiano-católicos nos hace falta aprender a valorar la inmensa riqueza de la Eucaristía. El Evangelio describe las consecuencias que la Eucaristía va a tener para nosotros, según el pensamiento de Cristo: “el que come mi carne y bebe mi sangre, permanece (habita) en mí y yo en él”: la intercomunicación entre el Resucitado y sus fieles en la Eucaristía.
Y añade una comparación fundamental: “el Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí”. La unión de Cristo con su Padre es misteriosa, vital y profunda. Pues así quiere Cristo que sea la de los que lo reciben en las formas del pan y del vino.
Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este Viernes de la Tercera Semana de Pascua.
Dios los bendiga…
Evangelio según San Juan 6,52-59.
Los judíos discutían entre sí, diciendo: "¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?". Jesús les respondió: "Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.
Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente". Jesús enseñaba todo esto en la sinagoga de Cafarnaún.
Comentario
Discutían entre sí los judíos: "¿Cómo puede este darnos a coma su carne? Ellos lo interpretan de la manera más realista; y les choca.
-Jesús dijo entonces: "Sí, en verdad os digo que, si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros." Lejos de atenuar el choque, Jesús repite lo que ya ha dicho; lo enlaza explícitamente con el "sacrificio del calvario"... "El pan que yo daré, es mi carne... que habré dado antes en la Pasión, para la vida del mundo". La alusión a la "sangre", en el pensamiento de Jesús, remite también a la cruz y a la muerte que da la vida.
No olvidemos que cuando San Juan puso por escrito este discurso había estado celebrando la Eucaristía desde más de 60 años. ¿Cómo podría admitirse que sus lectores de entonces no hubiesen aplicado inmediatamente estas frases a la Eucaristía: cuerpo entregado y sangre vertida?
Por otra parte, si Jesús no hubiese nunca hablado así, ¿cómo los apóstoles, la tarde de la Cena, hubiesen podido comprender algo de lo que Jesús estaba haciendo? La institución de la Eucaristía, la tarde del Jueves Santo, hubiera sido ininteligible a los Doce, si Jesús jamás los hubiera preparado antes.
-El que come mi carne y bebe mi sangre tiene la vida eterna, y Yo le resucitaré en el último día. En efecto, mi carne es la verdadera comida, y mi sangre es la verdadera bebida.
"Tomad y comed, esto es mi cuerpo... Tomad y bebed, esta es mi sangre..." San Juan no relata la institución de la Eucaristía, pero el paralelismo es aquí suficientemente riguroso con los Evangelios Sinópticos: Mateo, Marcos y Lucas.
Tres efectos de la Eucaristía quedan indicados:
-1º "La vida eterna y la resurrección"
Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y Yo le resucitaré.
¡En la Eucaristía comulgamos a "Cristo vivo resucitado"! Y este Cuerpo resucitado pasa a ser en nosotros "simiente" de vida divina. En el momento de la Cena Jesús hablará del "banquete celestial" donde reunirá de nuevo a sus amigos.
"No beberé más del fruto de la viña hasta el día en que beberé con vosotros el vino nuevo en el Reino de mi Padre".Vamos hacia ese encuentro feliz.
2º La inmanencia recíproca de Cristo y del cristiano"
"Quien come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y Yo en él". Es una palabra muy apreciada por Juan: habitar, "¡permanecer!
¿Sabéis lo que es el estar con alguien a quien se ama? ¿Ser feliz con él? La vocación de todo hombre es "estar con Dios, permanecer en Dios". Es el tema fundamental de la Alianza, que se ha expresado, al curso de la historia, en la Escritura, por fórmulas cada vez más íntimas: Vosotros seréis mi pueblo, y Yo seré vuestro Dios"... "Mi amado está conmigo y Yo estoy con él"… "Permaneceréis en mí y yo en vosotros ...
3º "La consagración del cristiano a Cristo". "Así como vivo Yo por mi Padre, así también el que me come vivirá por mí".
Hubiera sido mejor traducir:... vivo "para" mi Padre. ¡Vivir "para alguien"! Jesús ha consagrado su vida al Padre, ha vivido totalmente para El. Y, a su vez, nos pide vivir para Él.
Gracias, Señor. Amén.
NOEL QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 1
EVANG. DE ADVIENTO A PENTECOSTES
EDIT. CLARET/BARCELONA 1984.Pág. 210 s.
www.mercaba.org
viernes, 23 de abril de 2010
jueves, 22 de abril de 2010
«YO SOY EL PAN VIVO, BAJADO DEL CIELO»
¡Amor y paz!
En nuestra relación con Dios, a veces nos movemos entre polos contradictorios: cuando no nos distanciamos a partir de un frío análisis racional, recurrimos a Él con inmensos deseos de que nos haga un milagro.
Pero Jesús nos pide tener una mentalidad siempre abierta para descubrir, leer y encontrarnos con Dios Padre en el interior de nuestra vida. Sólo así la Palabra y la Eucaristía podrán cambiar la manera que tenemos de apreciar la realidad, de relacionarnos unos con otros y de entenderlo a Él.
Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este Jueves de la Tercera Semana de Pascua.
Dios los bendiga…
Evangelio según San Juan 6,44-51.
Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió; y yo lo resucitaré en el último día. Está escrito en el libro de los Profetas: Todos serán instruidos por Dios. Todo el que oyó al Padre y recibe su enseñanza, viene a mí. Nadie ha visto nunca al Padre, sino el que viene de Dios: sólo él ha visto al Padre. Les aseguro que el que cree, tiene Vida eterna. Yo soy el pan de Vida. Sus padres, en el desierto, comieron el maná y murieron. Pero este es el pan que desciende del cielo, para que aquel que lo coma no muera. Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo".
Comentario
Hoy cantamos al Señor de quien nos viene la gloria y el triunfo. El Resucitado se presenta a su Iglesia con aquel «Yo soy el que soy» que lo identifica como fuente de salvación: «Yo soy el pan de la vida» (Jn 6,48). En acción de gracias, la comunidad reunida en torno al Viviente lo conoce amorosamente y acepta la instrucción de Dios, reconocida ahora como la enseñanza del Padre. Cristo, inmortal y glorioso, vuelve a recordarnos que el Padre es el auténtico protagonista de todo. Los que le escuchan y creen viven en comunión con el que viene de Dios, con el único que le ha visto y, así, la fe es comienzo de la vida eterna.
El Pan vivo es Jesús. No es un alimento que asimilemos a nosotros, sino que nos asimila. Él nos hace tener hambre de Dios, sed de escuchar su Palabra que es gozo y alegría del corazón. La Eucaristía es anticipación de la gloria celestial: «Partimos un mismo pan, que es remedio de inmortalidad, antídoto para no morir, para vivir por siempre en Jesucristo» (San Ignacio de Antioquía). La comunión con la carne del Cristo resucitado nos ha de acostumbrar a todo aquello que baja del cielo, es decir, a pedir, a recibir y asumir nuestra verdadera condición: estamos hechos para Dios y sólo Él sacia plenamente nuestro espíritu.
Pero este pan vivo no sólo nos hará vivir un día más allá de la muerte física, sino que nos es dado ahora «por la vida del mundo» (Jn 6,51). El designio del Padre, que no nos ha creado para morir, está ligado a la fe y al amor. Quiere una respuesta actual, libre y personal, a su iniciativa. Cada vez que comemos de este pan, ¡adentrémonos en el Amor mismo! Ya no vivimos para nosotros mismos, ya no vivimos en el error. El mundo todavía es precioso porque hay quien continúa amándolo hasta el extremo, porque hay un Sacrificio del cual se benefician hasta los que lo ignoran.
Rev. D. Pere Montagut i Piquet (Barcelona, España)
www.mercaba.org
En nuestra relación con Dios, a veces nos movemos entre polos contradictorios: cuando no nos distanciamos a partir de un frío análisis racional, recurrimos a Él con inmensos deseos de que nos haga un milagro.
Pero Jesús nos pide tener una mentalidad siempre abierta para descubrir, leer y encontrarnos con Dios Padre en el interior de nuestra vida. Sólo así la Palabra y la Eucaristía podrán cambiar la manera que tenemos de apreciar la realidad, de relacionarnos unos con otros y de entenderlo a Él.
Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este Jueves de la Tercera Semana de Pascua.
Dios los bendiga…
Evangelio según San Juan 6,44-51.
Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió; y yo lo resucitaré en el último día. Está escrito en el libro de los Profetas: Todos serán instruidos por Dios. Todo el que oyó al Padre y recibe su enseñanza, viene a mí. Nadie ha visto nunca al Padre, sino el que viene de Dios: sólo él ha visto al Padre. Les aseguro que el que cree, tiene Vida eterna. Yo soy el pan de Vida. Sus padres, en el desierto, comieron el maná y murieron. Pero este es el pan que desciende del cielo, para que aquel que lo coma no muera. Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo".
Comentario
Hoy cantamos al Señor de quien nos viene la gloria y el triunfo. El Resucitado se presenta a su Iglesia con aquel «Yo soy el que soy» que lo identifica como fuente de salvación: «Yo soy el pan de la vida» (Jn 6,48). En acción de gracias, la comunidad reunida en torno al Viviente lo conoce amorosamente y acepta la instrucción de Dios, reconocida ahora como la enseñanza del Padre. Cristo, inmortal y glorioso, vuelve a recordarnos que el Padre es el auténtico protagonista de todo. Los que le escuchan y creen viven en comunión con el que viene de Dios, con el único que le ha visto y, así, la fe es comienzo de la vida eterna.
El Pan vivo es Jesús. No es un alimento que asimilemos a nosotros, sino que nos asimila. Él nos hace tener hambre de Dios, sed de escuchar su Palabra que es gozo y alegría del corazón. La Eucaristía es anticipación de la gloria celestial: «Partimos un mismo pan, que es remedio de inmortalidad, antídoto para no morir, para vivir por siempre en Jesucristo» (San Ignacio de Antioquía). La comunión con la carne del Cristo resucitado nos ha de acostumbrar a todo aquello que baja del cielo, es decir, a pedir, a recibir y asumir nuestra verdadera condición: estamos hechos para Dios y sólo Él sacia plenamente nuestro espíritu.
Pero este pan vivo no sólo nos hará vivir un día más allá de la muerte física, sino que nos es dado ahora «por la vida del mundo» (Jn 6,51). El designio del Padre, que no nos ha creado para morir, está ligado a la fe y al amor. Quiere una respuesta actual, libre y personal, a su iniciativa. Cada vez que comemos de este pan, ¡adentrémonos en el Amor mismo! Ya no vivimos para nosotros mismos, ya no vivimos en el error. El mundo todavía es precioso porque hay quien continúa amándolo hasta el extremo, porque hay un Sacrificio del cual se benefician hasta los que lo ignoran.
Rev. D. Pere Montagut i Piquet (Barcelona, España)
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