¡Amor y paz!
Estamos comenzando la primera semana del tiempo ordinario. La Liturgia de la Palabra, en la celebración de la Eucaristía, nos trae una ‘lectura continuada’ de dos textos: una carta del Nuevo Testamento y un evangelio sinóptico, el de Marcos.
Nosotros aquí sólo leemos y meditamos el Evangelio, pero nos ceñimos a los textos que a lo largo de tres años leen (escuchan) y meditan todos los cristianos católicos en todo el mundo.
La intención es que esa labor diaria, de la lectura y meditación de la Palabra de Dios, nos transforme en mejores cristianos, en mejores personas. La frase con la que titulo este texto es la misma que pronuncia quien el Miércoles de Ceniza nos impone la señal de la cruz en la frente. Es lo que nos pide hoy Jesús en el comienzo de su ministerio: “Conviértanse y crean en la Buena Nueva”.
Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este lunes de la 1ª. semana del Tiempo Ordinario.
Dios los bendiga…
Marcos 1, 14-20
Después de que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: Decía: -El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva. Bordeando el mar de Galilea, vio a Simón y Andrés, el hermano de Simón, largando las redes en el mar, pues eran pescadores. Jesús les dijo: -Venid conmigo, y os haré llegar a ser pescadores de hombres. Al instante, dejando las redes, le siguieron. Caminando un poco más adelante, vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan; estaban también en la barca arreglando las redes; y al instante los llamó. Y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras él.
Comentario
a) Estamos de inicio de libros. Durante las primeras nueve semanas del Tiempo Ordinario proclamamos el evangelio de Marcos, que se lee en primer lugar entre los tres sinópticos, haciendo caso a los estudiosos actuales que sitúan a Marcos como el evangelio más antiguo, del que dependen en buena parte los otros dos, Mateo y Lucas. Se podría decir, por tanto, que Marcos es el inventor de ese género literario tan provechoso que se llama «evangelio»: no es tanto historia, ni novela, sino «buena noticia». Pudo ser escrito en los años 60, o, si hacemos caso de los papiros descubiertos en el Qumran, incluso antes.
Con un estilo sencillo, concreto y popular, Marcos va a ir haciendo pasar ante nuestros ojos los hechos y palabras de Jesús: con más relieve los hechos que las palabras. Marcos no nos aporta, por ejemplo, tantos discursos de Jesús como Mateo o tantas parábolas como Lucas. Le interesa más la persona que la doctrina. En sus páginas está presente Jesús, con su historia palpitante, sus reacciones, sus miradas, sus sentimientos de afecto o de ira. Lo que quiere Marcos, y lo dice desde el principio, es presentarnos «el evangelio de Jesús, el Mesías, el Hijo de Dios» (Mc 1,1). Hacia el final del libro pondrá en labios del centurión las mismas palabras: «Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios» (Mc 15,39).
Además de leer cada año el evangelio de Marcos en los días feriales de estas nueve semanas, también lo proclamamos en los domingos de cada tres años: 2009…2012…
La página que escuchamos (leemos) hoy nos narra el comienzo del ministerio de Jesús en Galilea, que ocupará varios capítulos. En los versículos anteriores (Mc 1,1-13) nos hablaba de Juan el Precursor y del bautismo de Jesús en el Jordán. Son pasajes que leímos en el tiempo de Adviento y Navidad.
El mensaje que Marcos pone en labios de Jesús es sencillo pero lleno de consecuencias: ha llegado la hora (en griego, «kairós»), las promesas del AT se empiezan a cumplir, está cerca el Reino de Dios, convertíos y creed la Buena Noticia: la Buena Noticia que tiene que cambiar nuestra actitud ante la vida.
En seguida empieza ya a llamar a discípulos: hoy a cuatro, dos parejas de hermanos. El relato es bien escueto. Sólo aporta dos detalles: que es Jesús el que llama y que los llamados le siguen inmediatamente, formando ya un grupo en torno suyo.
b) Somos invitados a escuchar a Jesús, nuestro auténtico Maestro, a lo largo de todo el año, y a seguirle en su camino. Nuestro primer «evangelio de cabecera» en los días entre semana será Marcos. Es la escuela de Jesús, el Evangelizador verdadero.
Somos invitados a «convertirnos», o sea, a ir aceptando en nuestras vidas la mentalidad de Jesús. Si creyéramos de veras, como aquellos cuatro discípulos, la Buena Noticia que Jesús nos anuncia también a nosotros, ¿no tendría que cambiar más nuestro estilo de vida? ¿no se nos tendría que notar que hemos encontrado al Maestro auténtico?
«Convertíos y creed en la Buena Noticia». Convertirse significa cambiar, abandonar un camino y seguir el que debe ser, el de Jesús. El Miércoles de Ceniza escuchamos, mientras se nos impone la ceniza, la doble consigna de la conversión (porque somos polvo) y de la fe (creer en el evangelio de Jesús). El mensaje de Jesús es radical: no nos puede dejar indiferentes.
«Lo dejaron todo y le siguieron». Buena disposición la de aquellos pescadores. A veces los lazos de parentesco (son hermanos) o sociales (los cuatro son pescadores) tienen también su influencia en la vocación y en el seguimiento. Luego irán madurando, pero ya desde ahora manifiestan una fe y una entrega muy meritorias.
«Lo dejaron todo y le siguieron». No es un maestro que enseña sentado en su cátedra. Es un maestro que camina por delante. Sus discípulos no son tanto los que aprenden cosas de él, sino los que le siguen, los que caminan con él. Es más importante la persona que la doctrina. Marcos no nos revela tanto qué es lo que enseñaba Jesús -aunque también lo dirá- sino quién es Jesús y qué significa seguirle.
J. ALDAZABAL
ENSÉÑAME TUS CAMINOS 4.
Tiempo Ordinario. Semanas 1-9
Barcelona 1997.Pág. 14-19
www.mercaba.org
lunes, 11 de enero de 2010
domingo, 10 de enero de 2010
JESÚS RECIBE EL ESPÍRITU SANTO Y EMPRENDE SU MISIÓN
¡Amor y paz!
Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este Domingo en que celebramos la fiesta del Bautismo del Señor.
Es éste un domingo de transición: el Bautismo del Señor cierra el ciclo de Navidad e inaugura a la vez la primera semana del tiempo ordinario. Con la escena del bautismo culmina la manifestación de Jesús como Hijo de Dios que hemos celebrado a lo largo de toda la Navidad, pero a la vez se nos presenta a un Jesús ya adulto, dispuesto a iniciar su ministerio público.
Dios los bendiga…
Evangelio según San Lucas 3,15-16.21-22.
Como el pueblo estaba a la expectativa y todos se preguntaban si Juan no sería el Mesías, él tomó la palabra y les dijo: "Yo los bautizo con agua, pero viene uno que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de desatar la correa de sus sandalias; él los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego. Todo el pueblo se hacía bautizar, y también fue bautizado Jesús. Y mientras estaba orando, se abrió el cielo y el Espíritu Santo descendió sobre él en forma corporal, como una paloma. Se oyó entonces una voz del cielo: "Tú eres mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección".
Comentario
Hoy es el último día del tiempo de Navidad. La "manifestación" de Dios y su acercamiento a nuestra historia han tenido etapas sucesivas: la espera del Adviento, el gozo del Nacimiento, la fiesta de la Madre, la invitación a los pueblos paganos en los Magos... Ahora, con el Bautismo de Jesús en el Jordán, se completa esta manifestación y se proclama su misión de Mesías ante todo el pueblo.
El bautismo de Jesús es una escena importante en el evangelio: en él se nos anuncia claramente que Jesús es el predilecto de Dios, su Mesías y Enviado, lleno de su Espíritu, dispuesto a iniciar su misión de Maestro y Salvador.
Isaías ha hecho como un retrato profético en el "canto del Siervo" que hemos leído: "mirad a mi Siervo, mi Elegido, a quien prefiero: sobre él he puesto mi Espíritu, para que traiga el derecho a las naciones....".
Lucas en el evangelio nos ha dicho cómo se cumple este retrato de Jesús de Nazaret. Se abre el cielo (¿no ha sido todo el tiempo de Navidad la celebración de cómo se ha abierto el cielo y cómo Dios ha querido hacerse de nuestra historia?), se oye la voz de Dios: "tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto" (la misma descripción de Isaías) y baja el Espíritu sobre él (también el profeta decía que sobre el Siervo descendía el Espíritu de Dios).
El que es llamado por Dios y enviado a una misión recibe, en la Biblia, para que pueda cumplir bien esta misión, la fuerza y el Espíritu de Dios. Aquí, Jesús inaugura el ejercicio oficial de su vocación mesiánica: su Bautismo es una verdadera teofanía y epifanía de Jesús como Mesías, Profeta y Salvador.
Pasó haciendo el bien
Después del tiempo de Navidad, la fiesta del Bautismo de Jesús es como un puente de unión, como el programa para todos los domingos del nuevo año. Escucharemos la voz del Enviado de Dios, no de un profeta cualquiera. El Jesús que se nos ha manifestado en la Navidad o en Epifanía, va a ser nuestro Maestro, de parte de Dios. Hoy comienza su misión.
Isaías describe el estilo de actuación del futuro Siervo: "no gritará, no voceará por las calles...." El elegido de Dios trabajará a favor de la justicia y el derecho. Pero lo hará con un estilo propio: no con la violencia, no a gritos, sino con suavidad. La caña que está a punto de romperse, no la acabará de quebrar. Al contrario, la ayudará a mantenerse. Abrirá los ojos de los ciegos, libertará a los cautivos...
Es exactamente el retrato que nos hace Pedro en la segunda lectura y el que aparece a lo largo del evangelio: Jesús "pasó haciendo el bien". Siempre comprensivo y servicial, cercano a los débiles y los marginados. La misión mesiánica, de parte de Dios, y lleno de su Espíritu, la cumple Jesús curando a los enfermos, consolando a los atribulados, perdonando a los pecadores, resucitando a los muertos, enseñando y proclamando a todos la buena noticia de la salvación.
En el evangelio de hoy, Lucas nos dice cómo Jesús, aun sin tener pecado, se pone en fila con los que acuden a recibir el Bautismo de la conversión en el Jordán: es la solidaridad con los pecadores y con toda la humanidad que empezó ya en su Nacimiento, que sigue en esta escena, y que culminará con su Muerte en la Cruz.
Jesús es ungido
Un primer aspecto de la interpretación y aplicación es la presentación cristológica: concluimos la Navidad mirando a ese Jesús que a lo largo del año va a ser nuestro Maestro, nuestro Salvador. El Mesías que Dios nos ha enviado, lleno de su fuerza y su Espíritu.
Pero todos participamos de su misión mesiánica de alguna manera: por los sacramentos de iniciación hemos renacido como hijos de Dios y hemos sido incorporados a Cristo como pueblo sacerdotal (bautismo), hemos recibido el don y la fuerza del Espíritu para cumplir nuestra misión en el mundo (confirmación) y nos hemos incorporado a la comunidad eucarística (primera comunión). Si Él era el Ungido (Cristo y Mesías significan lo mismo: el Ungido, o sea, el que ha sido lleno del Espíritu de Dios), nosotros también somos ungidos, "cristianos", y Dios nos ha encomendado una misión.
La iglesia en Pentecostés, y nosotros en la Confirmación, hemos recibido el Espíritu de Dios para esa misión. Como Cristo la cumplió radicalmente, nosotros también somos invitados a ser consecuentes con nuestro Bautismo y Confirmación, testigos de Dios y su Buena Noticia en el mundo de hoy. La Eucaristía dominical (o la diaria, para algunos) son nuestro alimento y nuestra continua reorientación a la escuela y a la mesa de Cristo.
Es bueno que nos miremos también al espejo de Cristo en el estilo de vida con que El cumplió su vocación. También nosotros, en medio de este mundo, somos ungidos a trabajar por la justicia y la verdad, para hacer triunfar los valores de Dios: pero no con la violencia o la impaciencia, sino con la comprensión, la servicialidad, y con la entrega total de nosotros mismos. De modo que se pueda decir también del seguidor del Mesías: "pasó haciendo el bien, curando, enseñando... porque Dios estaba con él".
J. ALDAZABAL
MISA DOMINICAL 1989, 1
www.mercaba.org
Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este Domingo en que celebramos la fiesta del Bautismo del Señor.
Es éste un domingo de transición: el Bautismo del Señor cierra el ciclo de Navidad e inaugura a la vez la primera semana del tiempo ordinario. Con la escena del bautismo culmina la manifestación de Jesús como Hijo de Dios que hemos celebrado a lo largo de toda la Navidad, pero a la vez se nos presenta a un Jesús ya adulto, dispuesto a iniciar su ministerio público.
Dios los bendiga…
Evangelio según San Lucas 3,15-16.21-22.
Como el pueblo estaba a la expectativa y todos se preguntaban si Juan no sería el Mesías, él tomó la palabra y les dijo: "Yo los bautizo con agua, pero viene uno que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de desatar la correa de sus sandalias; él los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego. Todo el pueblo se hacía bautizar, y también fue bautizado Jesús. Y mientras estaba orando, se abrió el cielo y el Espíritu Santo descendió sobre él en forma corporal, como una paloma. Se oyó entonces una voz del cielo: "Tú eres mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección".
Comentario
Hoy es el último día del tiempo de Navidad. La "manifestación" de Dios y su acercamiento a nuestra historia han tenido etapas sucesivas: la espera del Adviento, el gozo del Nacimiento, la fiesta de la Madre, la invitación a los pueblos paganos en los Magos... Ahora, con el Bautismo de Jesús en el Jordán, se completa esta manifestación y se proclama su misión de Mesías ante todo el pueblo.
El bautismo de Jesús es una escena importante en el evangelio: en él se nos anuncia claramente que Jesús es el predilecto de Dios, su Mesías y Enviado, lleno de su Espíritu, dispuesto a iniciar su misión de Maestro y Salvador.
Isaías ha hecho como un retrato profético en el "canto del Siervo" que hemos leído: "mirad a mi Siervo, mi Elegido, a quien prefiero: sobre él he puesto mi Espíritu, para que traiga el derecho a las naciones....".
Lucas en el evangelio nos ha dicho cómo se cumple este retrato de Jesús de Nazaret. Se abre el cielo (¿no ha sido todo el tiempo de Navidad la celebración de cómo se ha abierto el cielo y cómo Dios ha querido hacerse de nuestra historia?), se oye la voz de Dios: "tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto" (la misma descripción de Isaías) y baja el Espíritu sobre él (también el profeta decía que sobre el Siervo descendía el Espíritu de Dios).
El que es llamado por Dios y enviado a una misión recibe, en la Biblia, para que pueda cumplir bien esta misión, la fuerza y el Espíritu de Dios. Aquí, Jesús inaugura el ejercicio oficial de su vocación mesiánica: su Bautismo es una verdadera teofanía y epifanía de Jesús como Mesías, Profeta y Salvador.
Pasó haciendo el bien
Después del tiempo de Navidad, la fiesta del Bautismo de Jesús es como un puente de unión, como el programa para todos los domingos del nuevo año. Escucharemos la voz del Enviado de Dios, no de un profeta cualquiera. El Jesús que se nos ha manifestado en la Navidad o en Epifanía, va a ser nuestro Maestro, de parte de Dios. Hoy comienza su misión.
Isaías describe el estilo de actuación del futuro Siervo: "no gritará, no voceará por las calles...." El elegido de Dios trabajará a favor de la justicia y el derecho. Pero lo hará con un estilo propio: no con la violencia, no a gritos, sino con suavidad. La caña que está a punto de romperse, no la acabará de quebrar. Al contrario, la ayudará a mantenerse. Abrirá los ojos de los ciegos, libertará a los cautivos...
Es exactamente el retrato que nos hace Pedro en la segunda lectura y el que aparece a lo largo del evangelio: Jesús "pasó haciendo el bien". Siempre comprensivo y servicial, cercano a los débiles y los marginados. La misión mesiánica, de parte de Dios, y lleno de su Espíritu, la cumple Jesús curando a los enfermos, consolando a los atribulados, perdonando a los pecadores, resucitando a los muertos, enseñando y proclamando a todos la buena noticia de la salvación.
En el evangelio de hoy, Lucas nos dice cómo Jesús, aun sin tener pecado, se pone en fila con los que acuden a recibir el Bautismo de la conversión en el Jordán: es la solidaridad con los pecadores y con toda la humanidad que empezó ya en su Nacimiento, que sigue en esta escena, y que culminará con su Muerte en la Cruz.
Jesús es ungido
Un primer aspecto de la interpretación y aplicación es la presentación cristológica: concluimos la Navidad mirando a ese Jesús que a lo largo del año va a ser nuestro Maestro, nuestro Salvador. El Mesías que Dios nos ha enviado, lleno de su fuerza y su Espíritu.
Pero todos participamos de su misión mesiánica de alguna manera: por los sacramentos de iniciación hemos renacido como hijos de Dios y hemos sido incorporados a Cristo como pueblo sacerdotal (bautismo), hemos recibido el don y la fuerza del Espíritu para cumplir nuestra misión en el mundo (confirmación) y nos hemos incorporado a la comunidad eucarística (primera comunión). Si Él era el Ungido (Cristo y Mesías significan lo mismo: el Ungido, o sea, el que ha sido lleno del Espíritu de Dios), nosotros también somos ungidos, "cristianos", y Dios nos ha encomendado una misión.
La iglesia en Pentecostés, y nosotros en la Confirmación, hemos recibido el Espíritu de Dios para esa misión. Como Cristo la cumplió radicalmente, nosotros también somos invitados a ser consecuentes con nuestro Bautismo y Confirmación, testigos de Dios y su Buena Noticia en el mundo de hoy. La Eucaristía dominical (o la diaria, para algunos) son nuestro alimento y nuestra continua reorientación a la escuela y a la mesa de Cristo.
Es bueno que nos miremos también al espejo de Cristo en el estilo de vida con que El cumplió su vocación. También nosotros, en medio de este mundo, somos ungidos a trabajar por la justicia y la verdad, para hacer triunfar los valores de Dios: pero no con la violencia o la impaciencia, sino con la comprensión, la servicialidad, y con la entrega total de nosotros mismos. De modo que se pueda decir también del seguidor del Mesías: "pasó haciendo el bien, curando, enseñando... porque Dios estaba con él".
J. ALDAZABAL
MISA DOMINICAL 1989, 1
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