¡Amor y paz!
A medida que el año litúrgico se acerca a su fin, nuestro pensamiento se orienta también hacia una reflexión sobre el ‘fin’ de todas las cosas.
En la lectura de hoy, Jesús nos propondrá que descifremos tres hechos históricos que considera símbolos de todo ‘fin’: el diluvio... la destrucción de una ciudad entera, Sodoma... la ruina de Jerusalén...
Pero andamos ocupados en muchas cosas y no nos ponemos a pensar en el fin, ni en lo que habrá después…
Los invito a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este viernes de la 32ª. semana del tiempo ordinario.
Dios los bendiga…
Evangelio según San Lucas 17,26-37.
En los días del Hijo del hombre sucederá como en tiempos de Noé. La gente comía, bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca y llegó el diluvio, que los hizo morir a todos. Sucederá como en tiempos de Lot: se comía y se bebía, se compraba y se vendía, se plantaba y se construía. Pero el día en que Lot salió de Sodoma, cayó del cielo una lluvia de fuego y de azufre que los hizo morir a todos. Lo mismo sucederá el Día en que se manifieste el Hijo del hombre. En ese Día, el que esté en la azotea y tenga sus cosas en la casa, no baje a buscarlas. Igualmente, el que esté en el campo, no vuelva atrás. Acuérdense de la mujer de Lot. El que trate de salvar su vida, la perderá; y el que la pierda, la conservará. Les aseguro que en esa noche, de dos hombres que estén comiendo juntos, uno será llevado y el otro dejado; de dos mujeres que estén moliendo juntas, una será llevada y la otra dejada". Entonces le preguntaron: "¿Dónde sucederá esto, Señor?". Jesús les respondió: "Donde esté el cadáver, se juntarán los buitres".
COMENTARIO
Hay quien no se da cuenta del desastre hasta que no se le cae la casa encima. Y aún entonces todavía piensa que habría que cortar el gas y apagar la luz del cuarto de baño y recoger los platos que estaban sucios en el fregadero. Mientras tanto la casa es ya sólo un montón de ruinas. Y no hay nada que pueda salvarse. Eso que nos pasa con las cosas, también nos pasa con nuestra vida. Preocupados por minucias, nos despistamos de lo que es más importante, de lo que nos afecta en lo más hondo. Nos quedamos en la superficie y no llegamos a tocar lo que es verdaderamente más importante.
Jesús nos invita en el Evangelio de hoy a tomarnos en serio lo único que tenemos: la vida. Y en la vida este momento presente del que disponemos ahora. Unos minutos más tarde puede suceder cualquier cosa. Pero la vida es como la arena de la playa. Si la pretendemos guardar egoístamente para nosotros se nos escapa entre los dedos. Sólo hay una forma de disfrutarla y gozarla: compartiéndola con los hermanos. Compartiendo "los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de las personas de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren" (Gaudium et Spes, 1). Porque el día del Hijo del Hombre está pronto y tendremos que dar cuenta de lo que hemos hecho con nuestra vida y con la de nuestros hermanos.
Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica
www.mercaba.org
viernes, 13 de noviembre de 2009
jueves, 12 de noviembre de 2009
EL REINADO DE DIOS SE CONSTRUYE AQUÍ Y AHORA
¡Amor y paz!
El ‘Reino de Dios’ es una frase mágica que concentraba toda la espera ardiente de Israel: un día Dios tomaría el poder y salvaría a su pueblo de todos sus opresores. Era la espera de ‘días mejores’, la espera del ‘gran día’, el deseo de ‘una sociedad nueva’, el sueño de una humanidad feliz.
Pero ese gran momento no llegará de repente, con mucho boato y esplendor, sino que hay que irlo construyendo aquí y ahora, poco a poco, palabra tras palabra, gesto a gesto, acción tras acción, con base en dar mucho amor.
Los invito a que lean y mediten el Evangelio y el comentario, en este jueves de la 32ª. semana del Tiempo Ordinario.
Dios los bendiga…
Evangelio según San Lucas 17,20-25.
Los fariseos le preguntaron cuándo llegará el Reino de Dios. El les respondió: "El Reino de Dios no viene ostensiblemente, y no se podrá decir: 'Está aquí' o 'Está allí'. Porque el Reino de Dios está entre ustedes". Jesús dijo después a sus discípulos: "Vendrá el tiempo en que ustedes desearán ver uno solo de los días del Hijo del hombre y no lo verán. Les dirán: 'Está aquí' o 'Está allí', pero no corran a buscarlo. Como el relámpago brilla de un extremo al otro del cielo, así será el Hijo del hombre cuando llegue su Día. Pero antes tendrá que sufrir mucho y será rechazado por esta generación.
COMENTARIO
Tengo la sensación de que a veces los análisis de la realidad que hace la jerarquía de la Iglesia o las comunidades cristianas o los mismos teólogos, son sólo oráculos de pesimismo. La realidad aparece en ellos siempre oscura, casi absolutamente vacía de sentido. Todo es malo. Parecemos profetas de desgracias.
El Evangelio de hoy nos comunica una perspectiva bien diferente. El Hijo del Hombre será como los relámpagos. Imagino esas noches de tormenta en que los relámpagos alumbran por un momento el cielo pesado de nubarrones con una intensidad tal que parece que es de día. ¡Dichosos los que son capaces de ver en nuestro mundo esos relámpagos de la presencia del Reino!
Porque ciertamente Jesús no miente. Si nos quitamos las habituales gafas oscuras que nos hacen ver todo con ojos pesimistas, podremos descubrir esa presencia. A veces son pequeños detalles en nuestra comunidad o en nuestra familia. A veces son noticias que aparecen en los informativos de la televisión o en los periódicos. Pero siempre, en alguna parte, hay alguien que se esfuerza por poner paz donde hay guerra, reconciliación en medio del odio, justicia entre la explotación. Y, sobre todo, amor en el corazón de las personas. Ahí está el Reino de Dios, su presencia viva y vivificante. Entre nosotros. Iluminando este mundo de esquina a esquina.
Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica).
www.mercaba.org
El ‘Reino de Dios’ es una frase mágica que concentraba toda la espera ardiente de Israel: un día Dios tomaría el poder y salvaría a su pueblo de todos sus opresores. Era la espera de ‘días mejores’, la espera del ‘gran día’, el deseo de ‘una sociedad nueva’, el sueño de una humanidad feliz.
Pero ese gran momento no llegará de repente, con mucho boato y esplendor, sino que hay que irlo construyendo aquí y ahora, poco a poco, palabra tras palabra, gesto a gesto, acción tras acción, con base en dar mucho amor.
Los invito a que lean y mediten el Evangelio y el comentario, en este jueves de la 32ª. semana del Tiempo Ordinario.
Dios los bendiga…
Evangelio según San Lucas 17,20-25.
Los fariseos le preguntaron cuándo llegará el Reino de Dios. El les respondió: "El Reino de Dios no viene ostensiblemente, y no se podrá decir: 'Está aquí' o 'Está allí'. Porque el Reino de Dios está entre ustedes". Jesús dijo después a sus discípulos: "Vendrá el tiempo en que ustedes desearán ver uno solo de los días del Hijo del hombre y no lo verán. Les dirán: 'Está aquí' o 'Está allí', pero no corran a buscarlo. Como el relámpago brilla de un extremo al otro del cielo, así será el Hijo del hombre cuando llegue su Día. Pero antes tendrá que sufrir mucho y será rechazado por esta generación.
COMENTARIO
Tengo la sensación de que a veces los análisis de la realidad que hace la jerarquía de la Iglesia o las comunidades cristianas o los mismos teólogos, son sólo oráculos de pesimismo. La realidad aparece en ellos siempre oscura, casi absolutamente vacía de sentido. Todo es malo. Parecemos profetas de desgracias.
El Evangelio de hoy nos comunica una perspectiva bien diferente. El Hijo del Hombre será como los relámpagos. Imagino esas noches de tormenta en que los relámpagos alumbran por un momento el cielo pesado de nubarrones con una intensidad tal que parece que es de día. ¡Dichosos los que son capaces de ver en nuestro mundo esos relámpagos de la presencia del Reino!
Porque ciertamente Jesús no miente. Si nos quitamos las habituales gafas oscuras que nos hacen ver todo con ojos pesimistas, podremos descubrir esa presencia. A veces son pequeños detalles en nuestra comunidad o en nuestra familia. A veces son noticias que aparecen en los informativos de la televisión o en los periódicos. Pero siempre, en alguna parte, hay alguien que se esfuerza por poner paz donde hay guerra, reconciliación en medio del odio, justicia entre la explotación. Y, sobre todo, amor en el corazón de las personas. Ahí está el Reino de Dios, su presencia viva y vivificante. Entre nosotros. Iluminando este mundo de esquina a esquina.
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