jueves, 23 de julio de 2026

A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del Reino de los cielos y a ellos no

¡Amor y paz!

 

Los invito, hermanos, a leer y meditar la Palabra de Dios, en este jueves 16 del Tiempo Ordinario (A).

 

Dios nos bendice

 

Primera lectura  | Jeremías 2, 1-3. 7-8. 12-13

 

Recibí esta palabra del Señor:

Ve y grita a los oídos de Jerusalén: Así dice el Señor:

Recuerdo tu cariño de joven, tu amor de novia, cuando me seguías por el desierto, por tierra yerma. Israel era sagrada para el Señor, primicia de su cosecha: quien se atrevía a comer de ella lo pagaba, la desgracia caía sobre él -oráculo del Señor-.

Yo os conduje a un país de huertos, para que comieseis sus buenos frutos; pero entrasteis y profanasteis mi tierra, hicisteis abominable mi heredad.

Los sacerdotes no preguntaban: ¿Dónde está el Señor?, los doctores de la ley no me reconocían, los pastores se rebelaron contra mí, los profetas profetizaban por Baal, siguiendo dioses que de nada sirven.

Espantaos, cielos, de ello, horrorizaos y pasmaos -oráculo del Señor-.

Porque dos maldades ha cometido mi pueblo: Me abandonaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron aljibes, aljibes agrietados, que no retienen el agua.

 

Salmo 35

 

En Ti, Señor, está la fuente viva

 

Salmo Señor, tu misericordia llega al cielo, / tu fidelidad hasta las nubes; / tu justicia hasta las altas cordilleras, / tus sentencias son como el océano inmenso. R.

¡Qué inapreciable es tu misericordia, oh Dios!, / los humanos se acogen a la sombra de tus alas; / se nutren de lo sabroso de tu casa, / les das a beber del torrente de tus delicias. R.

Porque en ti está la fuente viva, / y tu luz nos hace ver la luz. / Prolonga tu misericordia con los que te reconocen, / tu justicia con los rectos de corazón. R.

 

Evangelio | Mateo 3, 10-17

 

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los discípulos y le preguntaron:¿ Por qué les hablas en parábolas? Él les contestó: A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumplirá en ellos la profecía de Isaías: Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver; porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo les cure. ¡Dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis vosotros y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.

 

Comentario

1. Historia de un Abandono

1.1 La primera lectura describe en clave de amor de pareja la relación entre Dios y su pueblo. No es la primera vez que encontraremos esta imagen, que es tan evocadora y elocuente, ni será la última. Es un hecho que los profetas muchas veces hablaron en términos del amor humano cuando querían expresar cómo ama Dios. Con una característica que no tiene excepciones: Dios es siempre el Esposo o el Novio; el pueblo es siempre la Esposa o Novia.

1.2 En el texto de Jeremías Dios recuerda un tiempo diferente, que viene a servir como de medida o medio de contraste para la situación presente. En resumen, Dios viene a decir: "antes me amabas más y me amabas mejor." Tal reproche lo podemos aplicar quizá a nuestra vida de muchas maneras. ¿No es verdad que quizá nos avergonzaríamos de encontrarnos un día con ese niño que fuimos cuando hicimos la primera comunión? O tal vez hemos tenido experiencias fuertes de conversión y ha sucedido que, después de un tiempo de fervor y amor, nos hemos dejado empantanar en la rutina. Cada quien puede examinarse a sí mismo.

1.3 Más adelante el texto nos da una causa para este cuadro deplorable, una causa que da qué pensar: "Los sacerdotes no preguntaban: ¿Dónde está el Señor? Los guardianes de la ley no me conocían; los pastores se rebelaron contra mí; los profetas profetizaban en nombre de Baal, siguiendo a dioses inútiles." En síntesis: quienes debían alzar la voz y dar la alarma, se distrajeron en sus comodidades y privilegios y dejaron que el pueblo se dispersara, buscando fuentes sin agua.

 

1.4 Es una buena lección para todos: para los pastores, porque no pueden ser inútiles ni aducir ignorancia; para los fieles, porque ya saben que, al preferir que el pastor no les hable con claridad, en realidad están rehusándose a oír la voz de Dios.

2. La parábola, lenguaje predilecto de Jesús

2.1 Según lo anterior, podemos comprender un poco mejor el estilo de Cristo como Maestro. Sus parábolas son a la vez "revelación" y "ocultamiento".

2. Las parábolas no muestran tanto como para que creamos que ya conocemos y dominamos a Dios. Tampoco ocultan tanto como para que nos exasperemos en la oscuridad de nuestras dudas, deseos o temores.

2.3 Parece caprichosa y casi injusta la respuesta de Jesús a la pregunta sobre por qué enseña en parábolas: ¿por qué "se ha concedido" a unos entender y a otros no? A esta pregunta no tenemos una respuesta última y completamente satisfactoria. Sabemos, sin embargo, dos cosas: que eso que "se ha concedido" tiene que ver con el misterio mismo de la gracia y su obra en nosotros, y que en esta disposición divina no hay injusticia.

2.4 No es injusto, en efecto, que Dios regale a quien quiera. Lo que es regalo, no es debido. Si fuera debido, no sería regalo. Goce, pues, quien recibe en lo que recibe, pero no se queje de lo que no reciba.

Fray Nelson Medina O.P.

 

 

 

 

 

miércoles, 22 de julio de 2026

«Fue María Magdalena y dijo a los discípulos que había visto al Señor»

¡Amor y paz!

 

Los invito, hermanos, a leer y meditar la Palabra de Dios cuando celebramos la fiesta de Santa María Magdalena (A).

 

Dios nos bendice

 

1ª. Lectura: 2Cor 5,14-17:

Hermanos: El amor de Cristo nos apremia, al pensar que si uno murió por todos, todos murieron. Cristo murió por todos para que los que viven ya no vivan para sí mismos, sino para aquel que murió y resucitó por ellos. Por eso nosotros ya no juzgamos a nadie con criterios humanos. Si alguna vez hemos juzgado a Cristo con tales criterios, ahora ya no lo hacemos. El que vive según Cristo es una creatura nueva; para él todo lo viejo ha pasado. Ya todo es nuevo.

 

Salmo responsorial: 62

 

R/. Mi alma está sedienta de ti, mi Dios.

 

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma está sedienta de ti; mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario viendo tu fuerza y tu gloria! Tu gracia vale más que la vida, te alabarán mis labios.

Toda mi vida te bendeciré y alzaré las manos invocándote. Me saciaré como de enjundia y de manteca, y mis labios te alabarán jubilosos.

Porque fuiste mi auxilio, y a la sombra de tus alas canto con júbilo; mi alma está unida a ti, y tu diestra me sostiene.

 

Versículo antes del Evangelio (---):

 

Aleluya. ¿Qué has visto de camino, María, en la mañana? A mi Señor glorioso, la tumba abandonada. Aleluya.

 

Texto del Evangelio (Jn 20,1-2.11-18):

 

El primer día de la semana va María Magdalena de madrugada al sepulcro cuando todavía estaba oscuro, y ve la piedra quitada del sepulcro. Echa a correr y llega donde Simón Pedro y donde el otro discípulo a quien Jesús quería y les dice: «Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto».

Estaba María junto al sepulcro, fuera, llorando. Y mientras lloraba se inclinó hacia el sepulcro, y ve dos ángeles de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y otro a los pies. Dícenle ellos: «Mujer, ¿por qué lloras?». Ella les respondió: «Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto». Dicho esto, se volvió y vio a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Le dice Jesús: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?». Ella, pensando que era el encargado del huerto, le dice: «Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo me lo llevaré». Jesús le dice: «María». Ella se vuelve y le dice en hebreo: «Rabbuní» —que quiere decir: “Maestro”—. Dícele Jesús: «No me toques, que todavía no he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios». Fue María Magdalena y dijo a los discípulos que había visto al Señor y que había dicho estas palabras.

 

Comentario

 

Hoy celebramos con gozo a santa María Magdalena. ¡Con gozo y provecho para nuestra fe!, porque su camino muy bien podría ser el nuestro. La Magdalena venía de lejos (cf. Lc 7,36-50) y llegó muy lejos… En efecto, en el amanecer de la Resurrección, María buscó a Jesús, encontró a Jesús resucitado y llegó al Padre de Jesús, el “Padre nuestro”. Aquella mañana, Jesucristo le descubrió lo más grande de nuestra fe: que ella también era hija de Dios.

En el itinerario de María de Magdala descubrimos algunos aspectos importantes de la fe. En primer lugar, admiramos su valentía. La fe, aunque es un don de Dios, requiere coraje por parte del creyente. Lo natural en nosotros es tender a lo visible, a lo que se puede agarrar con la mano. Puesto que Dios es esencialmente invisible, la fe «siempre tiene algo de ruptura arriesgada y de salto, porque implica la osadía de ver lo auténticamente real en aquello que no se ve» (Benedicto XVI). María viendo a Cristo resucitado “ve” también al Padre, al Señor.

Por otro lado, al “salto de la fe” «se llega por lo que la Biblia llama conversión o arrepentimiento: sólo quien cambia la recibe» (Benedicto XVI). ¿No fue éste el primer paso de María? ¿No ha de ser éste también un paso reiterado en nuestras vidas?

En la conversión de la Magdalena hubo mucho amor: ella no ahorró en perfumes para su Amor. ¡El amor!: he aquí otro “vehículo” de la fe, porque ni escuchamos, ni vemos, ni creemos a quien no amamos. En el Evangelio de san Juan aparece claramente que «creer es escuchar y, al mismo tiempo, ver (…)». En aquel amanecer, María Magdalena arriesga por su Amor, oye a su Amor (le basta escuchar «María» para re-conocerle) y conoce al Padre. «En la mañana de la Pascua (…), a María Magdalena que ve a Jesús, se le pide que lo contemple en su camino hacia el Padre, hasta llegar a la plena confesión: ‘He visto al Señor’ (Jn 20,18)» (Papa Francisco).

 

Rev. D. Antoni CAROL i Hostench (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)

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