sábado, 4 de mayo de 2024

«Yo soy el camino, la verdad y la vida. (...) El que me ha visto a mí, ha visto al Padre»

 

¡Amor y paz!

 

Los invito, hermanos, a leer y meditar la Palabra de Dios, en esta Fiesta de los Santos Felipe y Santiago, apóstoles, ciclo B.

 

Dios nos bendice…

 

1ª Lectura (1Cor 15,1-8):

 

Hermanos: Os recuerdo el Evangelio que os proclamé y que vosotros aceptasteis, y en el que estáis fundados, y que os está salvando, si es que conserváis el Evangelio que os proclamé; de lo contrario, se ha malogrado vuestra adhesión a la fe. Porque lo primero que yo os transmití, tal como lo había recibido, fue esto: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se le apareció a Cefas y más tarde a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos juntos, la mayoría de los cuales viven todavía, otros han muerto; después se le apareció a Santiago, después a todos los apóstoles; por último, se me apareció también a mí.

 

Salmo responsorial: 18

 

R/. A toda la tierra alcanza su pregón.

 

El cielo proclama la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de sus manos: el día al día le pasa el mensaje, la noche a la noche se lo susurra.

Sin que hablen, sin que pronuncien, sin que resuene su voz, a toda la tierra alcanza su pregón, y hasta los límites del orbe su lenguaje.

 

Versículo antes del Evangelio (Jn 14,6.9):

 

Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie viene al Padre sino por mí.

 

Texto del Evangelio (Jn 14,6-14):

 

En aquel tiempo, Jesús dijo a Tomás: «Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto». Le dice Felipe: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta». Le dice Jesús: «¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: ‘Muéstranos al Padre’? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí?

»Las palabras que os digo, no las digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí es el que realiza las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, creedlo por las obras. En verdad, en verdad os digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré».

 

Comentario

Hoy celebramos la fiesta de los apóstoles Felipe y Santiago. El Evangelio hace referencia a aquellos coloquios que Jesús tenía sólo con los Apóstoles, y en los que procuraba ir formándolos, para que tuvieran ideas claras sobre su persona y su misión. Es que los Apóstoles estaban imbuidos de las ideas que los judíos se habían formado sobre la persona del Mesías: esperaban un liberador terrenal y político, mientras que la persona de Jesús no respondía en absoluto a estas imágenes preconcebidas.

Las primeras palabras que leemos en el Evangelio de hoy son respuesta a una pregunta del apóstol Tomás. «Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí» (Jn 14,6). Esta respuesta a Tomás da pie a la petición de Felipe: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta» (Jn 14,8). La respuesta de Jesús es —en realidad— una reprensión: «¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces Felipe?» (Jn 14,9).

Los Apóstoles no acababan de entender la unidad entre el Padre y Jesús, no alcanzaban a ver al Dios y Hombre en la persona de Jesús. Él no se limita a demostrar su igualdad con el Padre, sino que también les recuerda que ellos serán los que continuarán su obra salvadora: les otorga el poder de hacer milagros, les promete que estará siempre con ellos, y cualquier cosa que pidan en su nombre, se la concederá.

Estas respuestas de Jesús a los Apóstoles, también nos las dirige a todos nosotros. San Josemaría, comentando este texto, dice: «‘Yo soy el camino, la verdad y la vida’. Con estas inequívocas palabras, nos ha mostrado el Señor cuál es la vereda auténtica que lleva a la felicidad eterna (...). Lo declara a todos los hombres, pero especialmente nos lo recuerda a quienes, como tú y como yo, le hemos dicho que estamos decididos a tomarnos en serio nuestra vocación de cristianos».

Rev. D. Joan SOLÀ i Triadú (Girona, España)

Evangeli. net

viernes, 3 de mayo de 2024

Jesús revela en la cruz el amor de Dios a la humanidad

 

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar la Palabra de Dios, en esta Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, ciclo B.

Dios nos bendice…

 

Libro de los Números 21,4-9

Los israelitas partieron del monte Hor por el camino del Mar Rojo, para bordear el territorio de Edóm. Pero en el camino, el pueblo perdió la paciencia y comenzó a hablar contra Dios y contra Moisés: "¿Por qué nos hicieron salir de Egipto para hacernos morir en el desierto? ¡Aquí no hay pan ni agua, y ya estamos hartos de esta comida miserable!".

Entonces el Señor envió contra el pueblo unas serpientes abrasadoras, que mordieron a la gente, y así murieron muchos israelitas.

El pueblo acudió a Moisés y le dijo: "Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti. Intercede delante del Señor, para que aleje de nosotros esas serpientes".

Moisés intercedió por el pueblo, y el Señor le dijo: "Fabrica una serpiente abrasadora y colócala sobre un asta. Y todo el que haya sido mordido, al mirarla, quedará curado".

Moisés hizo una serpiente de bronce y la puso sobre un asta. Y cuando alguien era mordido por una serpiente, miraba hacia la serpiente de bronce y quedaba curado.


Salmo 78(77),1-2.34-38

Poema de Asaf. Pueblo mío, escucha mi enseñanza, presta atención a las palabras de mi boca:
yo voy a recitar un poema, a revelar enigmas del pasado.
Cuando los hacía morir, lo buscaban y se volvían a él ansiosamente:
recordaban que Dios era su Roca, y el Altísimo, su libertador.
Pero lo elogiaban de labios para afuera y mentían con sus lenguas;
su corazón no era sincero con él y no eran fieles a su alianza.
El Señor, que es compasivo, los perdonaba en lugar de exterminarlos; una y otra vez reprimió su enojo y no dio rienda suelta a su furor
.

Carta de San Pablo a los Filipenses 2,6-11

El, que era de condición divina, no consideró esta igualdad con Dios como algo que debía guardar celosamente: al contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a los hombres.

Y presentándose con aspecto humano,
se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz. Por eso, Dios lo exaltó y le dio el Nombre que está sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús, se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclame para gloria de Dios Padre: "Jesucristo es el Señor".


Evangelio según San Juan
3,13-17.

Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo.
De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto,
también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en él tengan Vida eterna.
Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna.
Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

Comentario

El evangelio de Juan, que tanto insiste en la encarnación de Jesús ("El Logos se hizo carne" 1,14), igualmente insiste en la muerte de Jesús como glorificación. Jesús revela en la cruz el amor de Dios a la humanidad ("tanto amó Dios al mundo..."), para que ésta tenga ya ahora vida eterna. La vida que Jesús construye en la cruz es una vida humana plena que ya no muere. Juan afirma así una escatología realizada: la condición última de la humanidad y del mundo la vivimos ya ahora en el presente. Más adelante lo dice claramente: "el que escucha mi Palabra...tiene vida eterna...y ha pasado de la muerte a la vida". La muerte en cruz era la muerte más temida por todos los oprimidos del imperio romano. Jesús transformó esta cruz en glorificación y medio para poseer una vida eterna. En este sentido la exaltación de la cruz no es la exaltación del sufrimiento y del sacrificio, sino la posibilidad de transformar el sufrimiento en construcción de vida humana plena. Jesús nos enseña cómo pasar de la muerte a la vida. En el himno a Jesús, que nos transmite la carta a los Filipenses (2, 6-11), se nos revela el despojo y la humillación de Dios, que hace posible la exaltación del pobre y del oprimido. Jesús no asume la condición de hombre, sino la de esclavo y de un esclavo que muere en la cruz. La exaltación de Jesús-esclavo como Señor, abre la posibilidad al pueblo oprimido de ser Señor de la historia.

 

Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica)

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