lunes, 13 de marzo de 2023

Jesús pasando en medio de ellos siguió su camino

¡Amor y paz!

 

Los invito, hermanos, a leer y meditar la Palabra de Dios, en este lunes de la 3ª semana de Cuaresma, ciclo A.

 

Dios nos bendice...

 

I LECTURA

 

Lectura del segundo libro de los Reyes   5, 1-15

 

Naamán, general del ejército del rey de Arám, era un hombre prestigioso y altamente estimado por su señor, porque gracias a él, el Señor había dado la victoria a Arám. Pero este hombre, guerrero valeroso, padecía de una enfermedad en la piel.

En una de sus incursiones, los arameos se habían llevado cautiva del país de Israel a una niña, que fue puesta al servicio de la mujer de Naamán. Ella dijo entonces a su patrona: « ¡Ojalá mi señor se presentara ante el profeta que está en Samaría! Seguramente, él lo libraría de su enfermedad.»

Naamán fue y le contó a su señor: «La niña del país de Israel ha dicho esto y esto.»

El rey de Arám respondió: «Está bien, ve, y yo enviaré una carta al rey de Israel.»

Naamán partió llevando consigo diez talentos de plata, seis mil siclos de oro y diez trajes de gala, y presentó al rey de Israel la carta que decía: «Al mismo tiempo que te llega esta carta, te envío a Naamán, mi servidor, para que lo libres de su enfermedad.»

Apenas el rey de Israel leyó la carta, rasgó sus vestiduras y dijo: « ¿Acaso yo soy Dios, capaz de hacer morir y vivir, para que este me mande librar a un hombre de su enfermedad? Fíjense bien y verán que él está buscando un pretexto contra mí.»

Cuando Eliseo, el hombre de Dios, oyó que el rey de Israel había rasgado sus vestiduras, mandó a decir al rey: « ¿Por qué has rasgado tus vestiduras? Que él venga a mí y sabrá que hay un profeta en Israel.»

Naamán llegó entonces con sus caballos y su carruaje, y se detuvo a la puerta de la casa de Eliseo. Eliseo mandó un mensajero para que le dijera: «Ve a bañarte siete veces en el Jordán; tu carne se restablecerá y quedarás limpio.»

Pero Naamán, muy irritado, se fue diciendo: «Yo me había imaginado que saldría él personalmente, se pondría de pie e invocaría el nombre del Señor, su Dios; luego pasaría su mano sobre la parte afectada y curaría al enfermo de la piel. ¿Acaso los ríos de Damasco, el Abaná y el Parpar, no valen más que todas las aguas de Israel? ¿No podía yo bañarme en ellos y quedar limpio?» Y dando media vuelta, se fue muy enojado.

Pero sus servidores se acercaron para decirle: «Padre, si el profeta te hubiera mandado una cosa extraordinaria ¿no lo habrías hecho? ¡Cuánto más si él te dice simplemente: Báñate y quedarás limpio!»

Entonces bajó y se sumergió siete veces en el Jordán, conforme a la palabra del hombre de Dios; así su carne se volvió como la de un muchacho joven y quedó limpio.

Luego volvió con toda su comitiva adonde estaba el hombre de Dios. Al llegar, se presentó delante de él y le dijo: «Ahora reconozco que no hay Dios en toda la tierra, a no ser en Israel. Acepta, te lo ruego, un presente de tu servidor.»

 

Palabra de Dios.

 

SALMO         

 

Sal 41, 2. 3; 42, 3. 4 (R.: cf. 41,3)

 

R.        Mi alma tiene sed del Dios viviente: ¿Cuándo contemplaré el 

rostro de Dios?

 

Como la cierva sedienta

busca las corrientes de agua,

así mi alma suspira

por ti, mi Dios.  R.

Mi alma tiene sed de Dios,

del Dios viviente:

¿Cuándo iré a contemplar

el rostro de Dios?  R.

Envíame tu luz y tu verdad:

que ellas me encaminen

y me guíen a tu santa Montaña,

hasta el lugar donde habitas.  R.

Y llegaré al altar de Dios,

el Dios que es la alegría de mi vida;

y te daré gracias con la cítara,

Señor, Dios mío.  R.

 

EVANGELIO

 

Lectura del santo Evangelio según san Lucas   4, 24-30

 

Cuando Jesús llegó a Nazaret, dijo a la multitud en la sinagoga:

«Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su tierra. Yo les aseguro que había muchas viudas en Israel en el tiempo de Elías, cuando durante tres años y seis meses no hubo lluvia del cielo y el hambre azotó a todo el país. Sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta, en el país de Sidón.

También había muchos leprosos en Israel, en el tiempo del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, el sirio.»

Al oír estas palabras, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron y, levantándose, lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intención de despeñarlo. Pero Jesús, pasando en medio de ellos, continuó su camino.

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

  • Los sirios tenían fama de poseer secretos mágicos para curar las enfermedades. Damasco era esplendorosa y opulenta, eran bien conocidos sus perfumes y sus aguas refrescantes a pesar de estar al borde del desierto. Naamán, el Sirio, favorito del gobierno del rey es oriundo de esta ciudad y va a Israel buscando la curación de su lepra.
  • El profeta Eliseo le manda decir que tiene que lavarse siete veces en el Jordán y su carne quedará limpia. Naamán a pesar de su enojo, porque esperaba gestos más espectaculares, es capaz de humillarse y someterse a la palabra del profeta. Se baña en el Jordán y experimenta que lo menos importante es el río y el número de veces que tenía que bañarse. Lo importante era hacer lo que Dios quería y como Dios quiere.
  • El pagano Naamán sale sano del baño del Jordán purificado de la lepra del cuerpo y sobre todo de la de su corazón incrédulo. Sale creyendo ya en el Dios verdadero.

***

  • El Evangelio que escuchamos hoy está a continuación de la proclamación que Jesús hace del Año de Gracia para todo el pueblo manifestado en la  libertad para los oprimidos, luz para los ciegos y la buena nueva para los pobres. Después de este anuncio los hombres de Nazaret tientan a Dios y quieren utilizar a Jesús pidiéndole que realice los milagros que ha hecho en Cafarnaún.
  • Jesús no se deja intimidar, y aprovecha para anunciar la salvación universal a través del recuerdo de la viuda y el general que siendo paganos fueron bendecidos por los milagros de Elías y de Eliseo y supieron reconocer la actuación de Dios. Jesús se sitúa en la línea de los profetas que critican que la salvación sea vista como algo exclusivo de los judíos.
  • Las palabras que Jesús dirige a su pueblo, a pesar de haber sido recibidas en un comienzo con admiración y aplausos, acaban casi en tragedia. Les molesta tanto que Jesús les muestre que no han sabido captar los signos de los tiempos, que lo empujan fuera del pueblo con la intención de despeñarlo. Ya se vislumbra el final del camino: la muerte en la cruz.
  • Nuestra sociedad no se encuentra lejos de la problemática de los Nazarenos. Seguimos manejando la fantasía del proyecto de una nueva humanidad realizada a base de milagros, sin el esfuerzo que da el convencimiento, sin la conversión y el sacrificio de los propios intereses y como propiedad exclusiva de unos pocos.
  • Hacer milagros para implantar la justicia, la bondad y el amor solidario en el mundo, no es el camino que  Dios ha elegido. La nueva realidad debe nacer, ciertamente con la ayuda de Dios, pero con el asentimiento y el compromiso de todo el hombre y de todos los hombres.
  • Dios se deja encontrar solamente por los sencillos, aquellos que aún no se han formado juicio alguno sobre Él, aquellos que aún no han convertido a Dios a su imagen y semejanza. Dios no es algo; Él es Alguien siempre original, siempre nuevo, que inesperadamente entra en nuestra vida y rompe esquemas, destruye tranquilidades y nos coloca siempre ante el gran desafío de la fe.
  • Por eso, acoger a Cristo no es privilegio de una raza o una nación sino de todos los que sepan reconocer los signos, las llamadas de Dios que suelen ser siempre en la vida cotidiana y común de los hombres: una pobre viuda que espera socorro para el hambre y un leproso desahuciado. Y para poder reconocerlo, necesitamos estar sedientos del Dios que da la vida. Estar sedientos de Él es el único modo para encontrar siempre, y en todo momento, a través de las circunstancias, de las personas, de los ambientes, de las dudas, de las caídas, de nuestras debilidades, la salvación de Dios.
  • Cuaresma es el tiempo favorable para que desde la contemplación de nuestra vida, con sus luces y sombras, pidamos que se agigante nuestro deseo de Dios.

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PARA DISCERNIR

  • ¿Dónde busco a Dios?
  • ¿Qué valor le doy a lo cotidiano como expresión de la voluntad de Dios?
  • ¿Puedo descubrir que Dios me habla a través de acontecimientos y personas?
  • ¿Cuáles? ¿Quiénes?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DIA

Envíanos, Señor, tu luz y tu verdad

 

ARZOBISPADO DE BUENOS AIRES

Vicaría de Pastoral

 

 

domingo, 12 de marzo de 2023

«Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: ´Dame de beber´...»

¡Amor y paz!

 

Los invito, hermanos, a leer y meditar la Palabra de Dios, en este Domingo de la 3ª semana de Cuaresma, ciclo A.

 

Dios nos bendice...

 

PRIMERA LECTURA

 

Lectura del libro del Éxodo            17, 1-7

 

El pueblo, torturado por la sed, protestó contra Moisés diciendo: « ¿Para qué nos hiciste salir de Egipto? ¿Sólo para hacernos morir de sed, junto con nuestros hijos y nuestro ganado?»

Moisés pidió auxilio al Señor, diciendo: « ¿Cómo tengo que comportarme con este pueblo, si falta poco para que me maten a pedradas?»

El Señor respondió a Moisés: «Pasa delante del pueblo, acompañado de algunos ancianos de Israel, y lleva en tu mano el bastón con que golpeaste las aguas del Nilo. Ve, porque yo estaré delante de ti, allá sobre la roca, en Horeb. Tú golpearás la roca, y de ella brotará agua para que beba el pueblo.»

Así lo hizo Moisés, a la vista de los ancianos de Israel.

Aquel lugar recibió el nombre de Masá -que significa «Provocación»- y de Meribá -que significa «Querella»- a causa de la acusación de los israelitas, y porque ellos provocaron al Señor, diciendo: « ¿El Señor está realmente entre nosotros, o no?»

 

Palabra de Dios.

 

SALMO         

 

Sal  94, 1-2. 6-7d-9 (R.: 7d-8a)

 

R.        Ojalá hoy escuchen la voz del Señor: «No endurezcan su 

corazón.»

 

¡Vengan, cantemos con júbilo al Señor,

aclamemos a la Roca que nos salva!

¡Lleguemos hasta él dándole gracias,

aclamemos con música al Señor!  R.

 

¡Entren, inclinémonos para adorarlo!

¡Doblemos la rodilla ante el Señor que nos creó!

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros, el pueblo que él apacienta,

las ovejas conducidas por su mano.  R.

 

Ojalá hoy escuchen la voz del Señor:

«No endurezcan su corazón como en Meribá,

como en el día de Masá, en el desierto,

cuando sus padres me tentaron y provocaron,

aunque habían visto mis obras.»  R.

 

SEGUNDA LECTURA

 

Lectura de la carta del apóstol san Pablo

a los cristianos de Roma    5, 1-2. 5-8

 

Hermanos:

Justificados, entonces, por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo.

Por él hemos alcanzado, mediante la fe, la gracia en la que estamos afianzados, y por él nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.

Y la esperanza no quedará defraudada, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado.

En efecto, cuando todavía éramos débiles, Cristo, en el tiempo señalado, murió por los pecadores.

Difícilmente se encuentra alguien que dé su vida por un hombre justo; tal vez alguno sea capaz de morir por un bienhechor.

Pero la prueba de que Dios nos ama es que Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores.

 

Palabra de Dios.

 

EVANGELIO

 

Lectura del santo Evangelio según san Juan  4, 5-42

 

Jesús llegó a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca de las tierras que Jacob había dado a su hijo José. Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se había sentado junto al pozo. Era la hora del mediodía.

Una mujer de Samaría fue a sacar agua, y Jesús le dijo: «Dame de beber.»

Sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos.

La samaritana le respondió: « ¡Cómo! ¿Tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» Los judíos, en efecto, no se trataban con los samaritanos.

Jesús le respondió: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: «Dame de beber», tú misma se lo hubieras pedido, y él te habría dado agua viva.»

«Señor, le dijo ella, no tienes nada para sacar el agua y el pozo es profundo. ¿De dónde sacas esa agua viva? ¿Eres acaso más grande que nuestro padre Jacob, que nos ha dado este pozo, donde él bebió, lo mismo que sus hijos y sus animales?»

Jesús le respondió: «El que beba de esta agua tendrá nuevamente sed, pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más volverá a tener sed. El agua que yo le daré se convertirá en él en manantial que brotará hasta la Vida eterna.»

«Señor, le dijo la mujer, dame de esa agua para que no tenga más sed y no necesite venir hasta aquí a sacarla.»

Jesús le respondió: «Ve, llama a tu marido y vuelve aquí.»

La mujer respondió: «No tengo marido.»

Jesús continuó: «Tienes razón al decir que no tienes marido, porque has tenido cinco y el que ahora tienes no es tu marido; en eso has dicho la verdad.»

La mujer le dijo: «Señor, veo que eres un profeta. Nuestros padres adoraron en esta montaña, y ustedes dicen que es en Jerusalén donde se debe adorar.»

Jesús le respondió: «Créeme, mujer, llega la hora en que ni en esta montaña ni en Jerusalén se adorará al Padre. Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque esos son los adoradores que quiere el Padre. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad.»

La mujer le dijo: «Yo sé que el Mesías, llamado Cristo, debe venir. Cuando él venga, nos anunciará todo.»

Jesús le respondió: «Soy yo, el que habla contigo.»

En ese momento llegaron sus discípulos y quedaron sorprendidos al verlo hablar con una mujer. Sin embargo, ninguno le preguntó: « ¿Qué quieres de ella?» o « ¿Por qué hablas con ella?»

La mujer, dejando allí su cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente: «Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que hice. ¿No será el Mesías?»

Salieron entonces de la ciudad y fueron a su encuentro.

Mientras tanto, los discípulos le insistían a Jesús, diciendo: «Come, Maestro.» Pero él les dijo: «Yo tengo para comer un alimento que ustedes no conocen.»

Los discípulos se preguntaban entre sí: « ¿Alguien le habrá traído de comer?»

Jesús les respondió:

«Mi comida es hacer la voluntad de aquel que me envió y llevar a cabo su obra. Ustedes dicen que aún faltan cuatro meses para la cosecha. Pero yo les digo: Levanten los ojos y miren los campos: ya están madurando para la siega. Ya el segador recibe su salario y recoge el grano para la Vida eterna; así el que siembra y el que cosecha comparten una misma alegría. Porque en esto se cumple el proverbio: «Uno siembra y otro cosecha.» Yo los envié a cosechar adonde ustedes no han trabajado; otros han trabajado, y ustedes recogen el fruto de sus esfuerzos.»

Muchos samaritanos de esa ciudad habían creído en él por la palabra de la mujer, que atestiguaba: «Me ha dicho todo lo que hice.»

Por eso, cuando los samaritanos se acercaron a Jesús, le rogaban que se quedara con ellos, y él permaneció allí dos días. Muchos más creyeron en él, a causa de su palabra. Y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú has dicho; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es verdaderamente el Salvador del mundo.»

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

  • El pueblo que atraviesa el desierto se encuentra cansado y sediento. La promesa de una tierra que mana leche y miel sacó a los israelitas de la esclavitud de Egipto, pero de camino hacia la tierra prometida, apenas liberado de una servidumbre, en la libertad del desierto les faltó el agua y, con ella, la esperanza. Quedan lejos los proyectos optimistas y sólo ven peligros, dificultades y sequía. Comenzaron así a sospechar de la promesa y de quién la había hecho, comenzaron a murmurar y dudar de Moisés y de quién lo había enviado: «¿Está o no está el Señor en medio de nosotros?». Y el Señor, para cumplir lo que promete y demostrar que no habla en vano, hizo saltar el agua de la roca para que bebiera su pueblo y no le faltara ni el agua, ni la esperanza.

***

  • San Pablo, hoy, define nuestra condición de cristianos: salvados por haber creído en Cristo, reconciliados con Dios, llenos de sus dones. El mayor de los dones es el Espíritu Santo que nos ha sido dado, don inmerecido e inesperado, como el agua de las fuentes de agua que brotaron del Horeb para saciar la sed del pueblo. De esto es de lo que debe gloriarse el cristiano, de creer y experimentar la gracia que nos llega por medio del Espíritu de Dios.

***

  • El evangelio nos ofrece una de las escenas y diálogos mejor construidos de San Juan. Los samaritanos proceden de la unión de tribus asirias y de judíos del reino del Norte antes de su destrucción. Después se llegó a un verdadero cisma entre judíos y samaritanos. Los samaritanos se opusieron a la construcción del nuevo Templo de los judíos y construyeron otro santuario para ellos en el monte Garizim que fue destruido en el año 129 a C. Los samaritanos se consideran descendientes de los Patriarcas, y estaban orgullosos del pozo que decían les había dejado su padre Jacob por medio de José. Un judío religioso debía evitar todo contacto con los samaritanos que eran considerados no solamente impuros, sino herejes, por lo tanto, lo que menos se podía pensar era en pedirle a ellos de comer o beber.
  • El encuentro de Jesús con la samaritana se describe con abundancia de detalles. Todo es normal: mediodía, la hora de la sed; después de un largo viaje, Jesús está cansado, tiene sed y pide agua. La mujer iba a buscar agua, como cada día al pozo del padre Jacob, donde bebieron él y sus hijos y sus ganados.
  • Entre Jesús y aquella mujer samaritana había una tremenda barrera religiosa, y además la barrera que significaba que él era hombre y ella, mujer. Jesús prescinde de estos condicionamientos. Él es, y se presenta ante todo como un ser humano necesitado.
  • Pero Jesús, pidiendo un favor le ofrece a cambio otro favor, le ofrece otra agua, otro manantial. La mujer lo entiende desde la rivalidad religiosa existente: «¿De dónde sacas el agua?» Pero Jesús no plantea un pozo judío frente a otro samaritano. Habla del agua viva que hace que el que beba de ella no vuelva a tener sed. Jesús no quita valor al agua del pozo de Jacob, sino que se limita a poner de relieve su insuficiencia. Cristo no condena las aguas de la tierra, sino que ofrece el agua que salta hasta la vida eterna. Promete Jesús la satisfacción plena, habla de agua que da vida, porque es don.
  • La experiencia diaria de las idas y venidas al pozo, del cansancio asumido para apagar la sed, se convierten en el escalón que lleva finalmente hasta la petición. La samaritana, que sólo pensaba en el agua para el uso de todos los días le pide que le de esa agua; así no tendrá que venir al pozo a sacarla.
  • Jesús antes de dar el agua del evangelio exige sinceridad y conversión.  La sed de la samaritana es búsqueda e insatisfacción. Esta  mujer, tiene sed de felicidad. La está buscando y no está satisfecha: ya ha tenido cinco maridos y no es feliz. La presencia de este desconocido que ha leído en su corazón, la inquieta, y busca desviar la conversación hacia polémicas religiosas. La samaritana se olvida del agua, del pozo, del cántaro y ahora le preocupa el culto a Dios; piensa que «la relación con Dios es cultual» y recibe la corrección del Maestro: no se trata de elegir entre templos, en la nueva relación con Dios desaparece el culto localizado y ritual. El Agua Viva, el Espíritu, el don gratuito de Dios, desborda la de los aljibes de Jerusalén y Garizim.
  • El nuevo nombre de Dios es «Padre», y el culto se realizará en el marco de la relación de hijos con su padre Dios y un vínculo nuevo con los demás hombres. El culto verdadero será la práctica del amor, expresión del Espíritu que se derrama en el corazón de los hombres.
  • El homenaje al Padre ya no puede consistir en un culto ritual. No hay dos esferas, la de Dios y la de la vida; la existencia misma, dedicada al bien de los demás, es el culto por el que se adora al Padre. El amor alumbra inmediatamente la nueva comunidad humana. Un Dios que ha derribado muros y altares de holocaustos ha invadido la vida.

***

  • Jesús con una respetuosa pedagogía va conduciendo la conversación desde el agua material hasta la espiritual.
  • La sed de la samaritana puede entenderse como la sed de la humanidad, que no encuentra satisfacción ni seguridad en sus ídolos y camina a ciegas de un dios a otro, de un templo a otro. Es la sed de la humanidad doliente que no encuentra al Dios que la salve verdaderamente, la libere y la llene de luz.
  • La sed de Jesús es espiritual. Pide de beber a la samaritana, para que ella le pida de beber. Tiene sed de ver al Espíritu derramado en el corazón de los hombres, para que puedan tener sed de Dios y amarlo con deseo ferviente. Pide de beber el que puede saciar a todos los sedientos. El amor tiene sed de amar. Tenía sed de la justicia que regala Dios. Jesús recogía la sed de todos los hombres, siendo Él quien únicamente puede saciar esa sed. Es Jesús quien ofrece a la samaritana y a todos los hombres el agua viva que sacia plenamente.
  • También nosotros tenemos sed. Sed de verdad, de seguridad, de amor, de sentido de la vida. Sin formularlo explícitamente, tenemos sed de salvación. Sentir sed, y saberlo, es una de las condiciones para recorrer con esperanza y sentido el camino hacia la vida plena, el camino hacia la Pascua. La vida verdadera, la que sacia el corazón humano, no está fuera del hombre: brota de sí mismo. Jesús no nos proporciona el agua viva desde el exterior: nos descubre a cada uno el misterio que se realiza cuando permitimos que el Espíritu obre en nosotros.
  • Igual que para la Samaritana, el primer paso para acceder al agua viva es la sinceridad con nosotros mismos. Superar la sutil y enorme barrera que nos impide ver más allá de lo que queremos ver, mintiéndonos a nosotros mismos.
  • El que beba de esta agua nunca más tendrá sed. Jesús promete la satisfacción plena: cumplir nuestros anhelos más hondos, calmar nuestros dolores más profundos, liberar nuestras pasiones más esclavizantes, satisfacer nuestras hambres, llenar nuestras ausencias y avivar nuestras esperanzas.
  • En medio de las múltiples respuestas que el mundo de hoy nos ofrece, ésta es la única creíble. Nuestra sed no quedará nunca satisfecha si acudimos a otras fuentes de agua. El «Yo soy» de Jesús sigue siendo la respuesta más entrañable a nuestra sed, a nuestra fatiga, a nuestra desesperanza sea cual sea nuestro estado personal humano y cristiano. Siguiendo su camino, buscando lo mismo que Él, nuestra vida será como un torrente de agua en medio del desierto, como una fuente viva que todo lo llena, que todo lo fecunda.
  • Jesús quiere conducir nuestra vida de fe hacia una nueva calidad de vida que se realiza en el amor, y por él hacernos pasar del agua de la ley al agua del Espíritu, del agua del temor al agua del amor, del agua de las obras al agua de la gracia, del agua de la esclavitud al agua de la filiación, del agua de la debilidad al agua de la fortaleza.
  • Y el origen de tanta dicha está en su Espíritu, derramando sobre nosotros un manantial de paz, de gozo, de luz, de fuerza, de amor. El Espíritu que hace que Dios tenga su casa y su altar en el corazón del hombre y los hace fuente de vida.
  • Desde esta novedad, el verdadero culto consiste en testimoniar que Dios es Padre con una vida de verdaderos hijos suyos y hermanos de todos los hombres.
  • Cuando nuestros gestos rituales manifiestan nuestra sed de Dios, de justicia y amor verdaderos, nace el culto celebrado «en verdad». El culto nuevo surge cuando se entabla un servicio mutuo, cuando nos solidarizamos con las fatigas del otro y somos capaces de sacar agua de nuestro propio pozo y dar de beber; cuando somos capaces de llorar con el que llora y de entristecernos con el que sufre. Hay un culto nuevo, contradictorio con todos los ritualismos, que consiste en dejar la ofrenda en el altar para salir a reconciliarse con el hermano o a crear unas condiciones en las cuales sea posible llegar a ser hermanos.
  • El encuentro verdadero con Jesús nos marca. Prende fuego en nuestro interior y nos envía. La samaritana que fue a sacar agua del pozo, abandona el cántaro vacío y, transformada por este encuentro, realiza una experiencia misionera con los de su pueblo. Es el encuentro con el que nos regala el “agua viva” el que hace emerger nuestra sed más honda y nos dinamiza en un amor hecho torrente de vida. Se convierte en un nuevo comienzo y en una manera diferente de comprender las cosas. Cada día nos irá exigiendo más y más. Nos convierte en esos hijos “buscados por el Padre” y “buscadores del Padre” que lo adoran “en espíritu y en verdad” gastando la vida en el servicio del Reino de Dios al servicio a los hermanos.

 

PARA DISCERNIR

  • ¿Cuál es la sed más profunda de mi vida?
  • ¿En qué pozos busco saciarme?
  • ¿Qué me ofrece Jesús?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

 

Mi alma tiene sed de Ti, Señor

 

ARZOBISPADO DE BUENOS AIRES

Vicaría de Pastoral