miércoles, 24 de junio de 2020

«Juan es su nombre»

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio, a la manera de la lectio divina, en este miércoles de la 12ª semana del Tiempo Ordinario, cuando celebramos la solemnidad de la Natividad de San Juan Bautista.

Dios nos bendice...

Lectio Divina: Natividad de San Juan Bautista

Lectio
Miércoles, 24 junio de 2020
Nacimiento del Precursor del Señor
Lucas 1,57-66.80

1. Recojámonos en oración – Statio

Oración del Card. Mercier al Espíritu Santo

¡Oh Dios, que has instruido a tus fieles, iluminando sus corazones con la luz del Espíritu Santo, concédenos obtener por el mismo Espíritu el gustar del bien y gozar siempre de sus consuelos. Gloria, adoración, amor, bendición a Ti eterno divino Espíritu, que nos ha traído a la tierra al Salvador de nuestras almas. Y gloria y honor a su adorabilísimo Corazón que nos ama con infinito amor!
¡Oh Espíritu Santo, alma del alma mía, yo te adoro: ilumíname, guíame, fortifícame, consuélame, enséñame lo que debo hacer, dame tus órdenes!
Te prometo someterme a lo que permitas que me suceda: hazme sólo conocer tu voluntad.

2. Lectura orante de la Palabra – Lectio

Del Evangelio de Lucas (1,57-66.80)

57 Se le cumplió a Isabel el tiempo de dar a luz y tuvo un hijo. 58 Oyeron sus vecinos y parientes que el Señor le había hecho gran misericordia, y se congratulaban con ella.
59 Al octavo día fueron a circuncidar al niño y querían ponerle el nombre de su padre, Zacarías, 60 pero su madre, tomando la palabra, dijo: «No; se ha de llamar Juan.» 61 Le decían: «No hay nadie en tu parentela que tenga ese nombre.» 62 Y preguntaban por señas a su padre cómo quería que se le llamase. 63 Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre.» Y todos quedaron admirados.64 Y al punto se abrió su boca y su lengua, y hablaba bendiciendo a Dios. 65 Invadió el temor a todos sus vecinos, y en toda la montaña de Judea se comentaban todas estas cosas; 66todos los que las oían las grababan en su corazón, diciéndose: «Pues ¿qué será este niño?» Porque, en efecto, la mano del Señor estaba con él.
80 El niño crecía y su espíritu se fortalecía y vivió en lugares desiertos hasta el día de su manifestación a Israel.

3. Rumiar la Palabra - Meditatio

3.1 Clave de lectura

Este pasaje del evangelio forma parte de los así llamados relatos de la infancia de Jesús. De modo particular este texto sigue a la escena de la visita de María “a la casa de Zacarías” (Lc 1, 40) después de la anunciación del ángel mensajero de la nueva creación.
La anunciación de hecho inaugura gozosamente el cumplimiento de las promesas de Dios a su pueblo (Lc 1, 26-38). El gozo de los tiempos nuevos, que ha llenado a María, inunda ahora el corazón de Isabel. Ella goza por el anuncio traído por María (Lc 1, 41). María por su parte “proclama las grandezas del Señor” (Lc 1, 46) porque el Poderoso ha hecho cosas grandes en ella, como también ha obrado grandes prodigios por su pueblo necesitado de salvación.
La expresión “ se cumplió el tiempo” nos recuerda que esta realidad no solamente sorprende a Isabel preñada , sino que revela también algo del proyecto de Dios. San Pablo, en efecto, dice que cuando se cumplió el tiempo, Dios mandó a su Unigénito “nacido de mujer, nacido bajo la ley para rescatar a aquéllos que estaban bajo la ley, para que recibiésemos, la adopción de hijos” de Dios (Gál 4,4)
En el evangelio Jesús habla del cumplimiento de los tiempos, especialmente en evangelio el de Juan. Dos de estos momentos son las bodas de Caná (Jn 2,1-12) y la agonía en la cruz, donde Jesús proclama que “todo está cumplido” (Jn 19,30). En el cumplimiento de los tiempos Jesús inaugura una era de salvación. El nacimiento de Juan Bautista estrena este tiempo de salvación. Él, de hecho a la llegada del Mesías, se alegra y salta de gozo en el vientre de Isabel su madre (Lc 1,44). Más tarde él se definirá a sí mismo como el amigo del esposo (Jesús), que se alegra y goza con la llegada de las bodas con su esposa, la Iglesia (Jn 3,29).
El hijo no se llamará como su padre Zacarías, sino Juan. Zacarías nos recuerda que Dios no olvida a su pueblo. Su nombre en efecto significa “Dios recuerda”. Su hijo, ahora no podrá ser llamado “Dios recuerda”, porque las promesas de Dios se están cumpliendo. La misión profética de Juan debe indicar la misericordia de Dios. Él, por tanto, se llamará Juan, o sea, “Dios es misericordia”. Esta misericordia se manifiesta en la visita al pueblo, exactamente “como lo había prometido por boca de sus santos profetas de un tiempo” (Lc 1,67-70). El nombre indica por esto la identidad y la misión del que ha de nacer. Zacarías escribirá el nombre de su hijo sobre una tablilla para que todos pudiesen verlo con asombro (Lc 1,63). Esta tablilla evocará otra inscripción, escrita por Pilatos para ser colgada en la cruz de Jesús. Esta inscripción revelaba la identidad y la misión del crucificado: “Jesús Nazareno rey de los Judíos” (Jn 19,19). También este escrito provocó el asombro de los que estaban en Jerusalén por la fiesta.
En todo, Juan es el precursor de Cristo. Ya desde su nacimiento e infancia él apunta a Cristo. “¿Quién será este niño?” Él es “la voz que grita en el desierto” (Jn 1, 23), animando a todos a preparar los caminos del Señor. No es él el Mesías (Jn 1, 20), pero lo indica con su predicación y sobre todo con su estilo de vida ascética en el desierto. Él entretanto “ crecía y se fortificaba en el espíritu. Vivió en regiones desérticas hasta el día de su manifestación a Israel” (Lc 1, 80).
3.1.1 Preguntas para orientar la meditación y la actualización
- ¿Qué es lo que más te ha llamado la atención en este pasaje y en la reflexión?
- Juan se identifica como el amigo del esposo. ¿Cuál es, a tu parecer, el significado que tiene esta imagen?
- La Iglesia ha visto siempre en Juan Bautista su tipo. Él es aquel que prepara el camino del Señor. ¿Tiene esto alguna importancia para nuestra vida cotidiana?

4. Oratio

Bendigamos al Señor con Zacarías (Lc 1, 68-69)
 
«Bendito el Señor Dios de Israel
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
y nos ha suscitado una fuerza salvadora
en la casa de David, su siervo,
como había prometido desde antiguo,
por boca de sus santos profetas,
que nos salvaría de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian
teniendo misericordia con nuestros padres
y recordando su santa alianza
el juramento que juró
a Abrahán nuestro padre,
de concedernos que, libres de manos enemigas,
podamos servirle sin temor
en santidad y justicia
en su presencia todos nuestros días.
Y tú, niño, serás llamado profeta del Altísimo,
pues irás delante del Señor
para preparar sus caminos
y dar a su pueblo el conocimiento de la salvación
mediante el perdón de sus pecados,
por las entrañas de misericordia de nuestro Dios,
que harán que nos visite una Luz de lo alto,
a fin de iluminar a los que habitan
en tinieblas y sombras de muerte
y guiar nuestros pasos por el camino de la paz.»

5. Contemplatio

Adoremos juntos la misericordia y la bondad de Dios repitiendo en silencio:
Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio ahora y siempre
por los siglos de los siglos. Amén.

Orden de los Carmelitas

martes, 23 de junio de 2020

“Todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también a ellos”

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio, a la manera de la lectio divina, en este martes de la 12ª semana del Tiempo Ordinario, ciclo A.

Dios nos bendice...

Lectio: Mateo 7,6.12-14

Lectio
Martes, 23 de junio de 2020

Tiempo Ordinario  

1) Oración inicial 

Concédenos vivir siempre, Señor, en el amor y respeto a tu santo nombre, porque jamás dejas de dirigir a quienes estableces en el sólido fundamento de tu amor. Por nuestro Señor.

2) Lectura 

Del santo Evangelio según Mateo 7,6.12-14

«No deis a los perros lo que es santo, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las pisoteen con sus patas, y después, volviéndose, os despedacen.
«Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas.
«Entrad por la entrada estrecha; porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y pocos son los que lo encuentran. 

3) Reflexión

• Discernimiento y prudencia al ofrecer las cosas de valor. En sus relaciones con los demás, Jesús pone en guardia ante algunas actitudes peligrosas. Lo primero es no juzgar (7,1-5): se trata de una verdadera prohibición, “no juzguéis”, acción que evita todo desprecio o condena de los otros. El juicio último es competencia exclusiva de Dios; nuestros parámetros y criterios son relativos; están condicionados por nuestra subjetividad. Toda condenación de los demás se vuelve también condenación de sí mismo, por cuanto nos pone bajo el juicio de Dios y se autoexcluye del perdón. Si tu ojo está limpio, es decir, si está libre de todo juicio hacia el hermano, puedes relacionarte con él de manera veraz ante Dios.

Vayamos a las palabras de Jesús que el texto nos ofrece: “No deis a los perros lo que es santo, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las pisoteen con sus patas, y después, volviéndose, os despedacen” (7,6). A primera vista, este “dicho” de Jesús parece extraño a la sensibilidad del lector hodierno. Puede presentarse como un verdadero enigma. En verdad se trata de una manera de decir, de un lenguaje semítico que requiere ser interpretado. En tiempo de Jesús, como en la cultura antigua, los perros no eran muy apreciados porque se consideraban semisalvajes y callejeros (U. Luz).

Vayamos ahora al aspecto positivo y didáctico-sapiencial de las palabras de Jesús: no profanar las cosas santas es, a fin de cuentas, una invitación a usar la prudencia y el discernimiento. En el AT las cosas santas son la carne para el sacrificio (Lv 22,14; Es 29,33ss; Nm 18,8-19). También la prohibición de echar las perlas a los puercos resulta incomprensible. Para los hebreos, los cerdos son animales impuros, como la quintaesencia de la repugnancia. Por el contrario, las perlas son lo más precioso que puede haber. La advertencia de Jesús se refiere a aquel que sacia a los perros callejeros con la carne consagrada y destinada al sacrificio. Tal comportamiento resulta malvado y con frecuencia imprudente, pues normalmente a los perros no se les daba de comer y, movidos por su hambre insaciable, podían retroceder y asaltar a sus “bienhechores”. A nivel metafórico, las perlas indicarían las enseñanzas de los sabios y las interpretaciones de la “torâh”. En el evangelio de Mateo, la perla es imagen del reino de Dios (Mt 13,45ss). La interpretación que hace el evangelista al poner esta advertencia de Jesús, es principalmente teológica. Seguramente la interpretación que nos parecerá más acorde con el texto es la lectura eclesial de las palabras de Jesús: una advertencia a los misioneros cristianos de no predicar el evangelio a cualquiera (Gnilka Luz)

• El camino a seguir. Al final del discurso (7,13-27) Mateo pone, entre otras cuestiones, una exhortación conclusiva de Jesús, que invita a hacer una elección decisiva para entrar en el reino de los cielos: la puerta estrecha (7,13-14). La palabra de Jesús no es sólo algo que hay que comprender e interpretar, sino que sobre todo ha de formar parte de la vida. Ahora bien, para entrar en el reino de los cielos es necesario seguir un camino y entrar en la plenitud de la vida atravesando una “puerta”. El tema del “camino” es muy apreciado en el AT (Dt 11,26-28; 30,15-20; Jr 21,8; Sal 1,6; Sal 118,29-30; Sal 138,4; Sb 5,6-7, etc.). El camino representado en las dos puertas conduce a metas diversas. Una significación coherente de las advertencias de Jesús sería que a la puerta ancha se une el camino ancho que conduce a la perdición, es decir, recorrer un camino ancho siempre es agradable, pero esto no se dice en nuestro texto. Más bien parece que Mateo coincide con el concepto judío de “camino”: siguiendo Dt 30,19 y Jr 21,8 se encuentran dos caminos que se contraponen, el de la muerte y el de la vida. Saber elegir entre dos modos diversos de vida es decisivo para entrar en el reino de los cielos. El que elije la vía estrecha, la de la vida, debe saber que está llena de aflicciones; al decir estrecha indica que en el sufrimiento se encuentra la prueba de la fe. 

4) Para la reflexión personal

• ¿Cómo ha impactado en tu corazón la palabra de Jesús? ¿La escuchas para vivir bajo la mirada del Padre y para cambiar personalmente y en tus relaciones con los hermanos?

• La palabra de Jesús, o mejor, Jesús mismo es la puerta que introduce en la vida filial y fraterna. ¿Te dejas guiar y atraer por la vía estrecha y exigente del evangelio? ¿Sigues más bien la vía ancha y fácil, que consiste en hacer lo que a uno le place o lo que conduce a satisfacer los propios deseos, y que pasa por alto las necesidades de los demás? 

5) Oración final

Tu amor, oh Dios, evocamos
en medio de tu templo;
como tu fama, oh Dios, tu alabanza
alcanza los confines de la tierra. (Sal 48,10-11)

Orden de los Carmelitas