domingo, 2 de febrero de 2020

Mis ojos han visto tu salvación


¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio, a la manera de la lectio divina, en este domingo en que celebramos la fiesta de la Presentación del Señor.

Dios nos bendice...

Lectio Divina: Presentación del Señor
Lectio
Domingo, 2 de febrero de 2020
La presentación del Niño en el templo
Lucas 2, 22-40
1. Oración inicial
Oh Dios, nuestro Creador y Padre! Tú has querido que tu Hijo, engendrado antes de la aurora del mundo, fuese miembro de una familia humana; revive en nosotros la veneración por el don y el misterio de la vida, para que los padres se sientan partícipes de la fecundidad de tu amor, los ancianos donen a los jóvenes su madura sabiduría y los hijos crezcan en sabiduría, piedad y gracia, para gloria de tu Santo Nombre. Amén.
2. Lectura: Lucas 2, 22-40
22 Cuando se cumplieron los días en que debían purificarse, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, 23 como está escrito en la Ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor 24 y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones, conforme a lo que se dice en la Ley del Señor.
25 Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón. Era un hombre justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y estaba en él el Espíritu Santo. 26 El Espíritu Santo le había revelado que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor. 27 Movido por el Espíritu, vino al Templo; y cuando los padres introdujeron al niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre él, 28 le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:
29 «Ahora, Señor, puedes, según tu palabra,
dejar que tu siervo se vaya en paz;
30 porque han visto mis ojos tu salvación,
31 la que has preparado a la vista de todos los pueblos,
32 luz para iluminar a las gentes
y gloria de tu pueblo Israel.»
33 Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de él. 34 Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: «Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y como signo de contradicción -35 ¡y a ti misma una espada te atravesará el alma!- a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones.»
36 Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad avanzada. Casada en su juventud, había vivido siete años con su marido, 37 y luego quedó viuda hasta los ochenta y cuatro años; no se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día en ayunos y oraciones. 38 Presentándose en aquella misma hora, alababa a Dios y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.
39 Así que cumplieron todas las cosas según la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. 40 El niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre él.
3. Un momento de silencio orante
- para que la Palabra de Dios pueda morar en nosotros y la dejemos iluminar nuestra vida;
- para que antes de nuestros comentarios, sea la misma luz de la Palabra la que se imponga y brille con su misterio de presencia viviente del Señor.
4. Algunas preguntas
para ayudarnos en la meditación y en la oración.
a) ¿Por qué Jesús, hijo del Altísimo, y su madre María, concebida sin pecado, deben someterse a las prescripciones de Moisés? ¿Quizás porque María no tenía todavía conciencia de su inocencia y santidad?
b) Además de las palabras de Simeón, en su forma de obrar, como también en el de la profetisa Ana ¿hay un significado especial? Su obrar y su alegría, ¿no recuerdan quizás el estilo de los antiguos profetas?
c) ¿Cómo explicar esta "espada que traspasa": se trata de una herida de las conciencias ante los retos y los requerimientos de Jesús? ¿ O, más bien, se trata sólo de un íntimo sufrimiento de la Madre?
d) ¿Puede significar algo esta escena para los padres de hoy, para la formación religiosa de sus hijos, para el proyecto que Dios tiene sobre cada uno de sus hijos, para los miedos y angustias que los padres llevan en el corazón pensando qué sucederá cuando sean grandes sus hijos?
5. Una clave de lectura
para aquéllos que quieran profundizar más en el tema.
a) Según la ley de Moisés / del Señor: es una especie de estribillo, muchas veces repetido. Lucas mezcla dos prescripciones, sin mucha distinción. La purificación de la madre era prevista por el Levítico (12,2-8) y se cumplía cuarenta días después del parto. Hasta ese momento la mujer no podía acercarse a los lugares sagrados, y la ceremonia era acompañada de una ofrenda de animales pequeños, un cordero primal y un pichón o una tórtola. Sin embargo la consagración del primogénito estaba prescrita en el Éxodo 13, 11-16: y era considerada una especie de "rescate" – también con la ofrenda de pequeños animales – en recuerdo de la acción salvífica de Dios cuando libró a los israelitas de la esclavitud de Egipto. En toda la escena los padres aparecen como en el acto de presentar / ofrecer el hijo como se hacía con las víctimas y los levitas; mientras en la figura de Simeón y Ana aparece más bien Dios que ofrece /presenta al hijo para la salvación del pueblo.
b) Las figuras de Simeón y Ana: son figuras cargadas de valor simbólico. Ellos tienen la tarea del reconocimiento, que proviene tanto de la iluminación y del movimiento del Espíritu, como también de una vida llevada en la espera más intensa y confiada. En particular a Simeón se le define como el "prosdekòmenos", a saber, uno que está todo concentrado en la espera, uno que va al encuentro para acoger. Por eso, él también aparece obediente a la ley, la del Espíritu, que lo empuja hacia el Niño, dentro del templo. 
También el cántico proclama manifiestamente esta su pro-existencia: ha vivido para llegar a este momento: ahora se marcha, para que otros vean también la luz y la salvación para Israel y para las gentes. A su vez Ana, con su avanzada edad (valor simbólico : 84 = 7x12: el doce es el número de las tribus; o también 84–7= 77, perfección redoblada), pero sobretodo con su modo de vivir (ayuno y oración) y con la proclamación de quien "esperaba", completa el cuadro. Ella es guiada por el espíritu de profecía, dócil y purificada en el corazón. Además, pertenece a la tribu más pequeña, la de Aser: signo de que los pequeños y los débiles están más dispuestos a reconocer a Jesús el Salvador. Estos dos ancianos – que son como una pareja original – son símbolos del mejor judaísmo, de la Jerusalén fiel y dócil, que espera y se alegra, y que deja desde ahora en adelante brillar la nueva luz.
c) Una espada que traspasa: en general se interpreta como anuncio de sufrimiento para María, un drama visualizado de la Dolorosa. Pero debemos más bien entender aquí a la Madre como el símbolo de Israel: Simeón intuye el drama de su pueblo, que será profundamente herido de la palabra viva y cortante del redentor (cfr Lc 12, 51-53). María representa el recorrido. Debe confiar pero atravesará dolores y obscuridad, luchas y silencios angustiosos. La historia del Mesías sufriente será dilacerante para todos, también para la Madre: no se sigue a la nueva luz destinada al mundo entero, sin pagar el precio, sin ser provocados a tomar decisiones de riesgo, sin renacer siempre de nuevo de lo alto y en novedad. Pero estas imágenes de "la espada que traspasa," del niño "que hará caer" y sacará a los corazones del sopor, no van separadas del gesto tan cargado de sentido de los dos ancianos: el uno, Simeón, toma entre los brazos el niño, para indicar que la fe es encuentro y abrazo, no idea o teorema: la otra, se hace anunciadora y enciende en "los que esperan" una fulgurante luz.
d) La vida cotidiana, epifanía de Dios: finalmente, es interesante notar que todo el episodio da relieve a las situaciones más simples y familiares: la pareja de esposos con el niño en brazos; el anciano que goza y abraza; la anciana que reza y anuncia, los oyentes que aparecen indirectamente comprometidos. También la conclusión del pasaje escriturístico hace entrever el pueblo de Nazaret, el crecimiento del niño en un contexto normal, la impresión de un niño dotado de forma extraordinaria de sabiduría y bondad. El tema de la sabiduría entrelazada con la vida normal de crecimiento y en el contexto del pueblo, deja la historia como suspendida: ella se reabrirá precisamente con el tema de la sabiduría del muchacho entre los doctores del templo. Y es precisamente también el episodio que sigue inmediatamente (Lc 2, 41-52).
6. Salmo 122 (123)
¡Qué alegría cuando me dijeron:
Vamos a la Casa del Señor!
¡Finalmente pisan nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén!
Jerusalén, ciudad edificada
toda en perfecta armonía,
adonde suben las tribus,
las tribus del Señor,
según costumbre en Israel,
a dar gracias al nombre del Señor.
Allí están los tronos para el juicio,
los tronos de la casa de David.
Invocad la paz sobre Jerusalén,
vivan tranquilos los que te aman,
haya calma dentro de tus muros,
que tus palacios estén en paz.
Por amor de mis hermanos y amigos
quiero decir: ¡La paz contigo!
Por la Casa del Señor, nuestro Dios,
pediré todo bien para ti.
7. Oración final
Te alabamos y Te bendecimos, oh Padre, porque mediante tu Hijo, nacido de mujer por obra del Espíritu Santo, nacido bajo la ley, nos has rescatado de la ley y has llenado nuestra existencia de luz y esperanza nueva. Haz que nuestras familias sean acogedoras y fieles a tus proyectos, ayuden y sostengan en los hijos los sueños y el nuevo entusiasmo, lo cubran de ternura cuando sean frágiles, lo eduquen en el amor a Ti y a todas las criaturas. A Ti nuestro Padre, todo honor y gloria.
Orden de los Carmelitas

sábado, 1 de febrero de 2020

«Pues ¿quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen?»


¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio, en este sábado de la 3ª semana del Tiempo Ordinario, ciclo A.

Dios nos bendice...

Lectio Divina: Marcos 4,35-41

Lectio
Sábado, 1 de febrero de 2020
Tiempo ordinario

1) Oración
Dios todopoderoso y eterno: ayúdanos a llevar una vida según tu voluntad, para que podamos dar en abundancia frutos de buenas obras en nombre de tu Hijo predilecto. Que vive y reina contigo.

2) Lectura 

Del Evangelio según Marcos 4,35-41

Este día, al atardecer, les dice: «Pasemos a la otra orilla.» Despiden a la gente y le llevan en la barca, como estaba; e iban otras barcas con él. En esto, se levantó una fuerte borrasca y las olas irrumpían en la barca, de suerte que ya se anegaba la barca. Él estaba en popa, durmiendo sobre un cabezal. Le despiertan y le dicen: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?» Él, habiéndose despertado, increpó al viento y dijo al mar: «¡Calla, enmudece!» El viento se calmó y sobrevino una gran bonanza. Y les dijo: «¿Por qué estáis con tanto miedo? ¿Cómo no tenéis fe?» Ellos se llenaron de gran temor y se decían unos a otros: «Pues ¿quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen?»

3) Reflexión

•  El evangelio de hoy describe la borrasca en el lago y Jesús que duerme en la barca. A veces nuestras comunidades se sienten como un barquito perdido en el mar de la vida, sin mucha esperanza de poder llegar al puerto. Jesús parece estar durmiendo en nuestra barca, pues no aparece ningún poder divino para salvarnos de las dificultades y de la persecución. En vista de esta situación de desesperación, Marcos recoge diversos episodios que revelan como Jesús está presente en medio de la comunidad. En las parábolas se revela el misterio del Reino presente en las cosa de la vida (Mc 4,1-34). Ahora comienza a revelar el misterio del Reino presente en el poder que Jesús ejerce a favor de los discípulos, a favor de la gente y, sobretodo, a favor de los excluidos y marginados. Jesús vence el mar, símbolo del caos (Mc 4,35-41). ¡En él actúa un poder creador! Jesús vence y expulsa al demonio (Mc 5,1-20). En él actúa ¡el poder de la vida! ¡Es el Jesús vencedor! Las comunidades no tienen que temer (Mc 5,21-43). Es éste el motivo del pasaje de la borrasca aplacada que meditamos en el evangelio de hoy.

•  Marcos 4,35-36:  El punto de partida: “Vamos para el otro lado”. Fue un día pesado, de mucho trabajo. Terminado el discurso de las parábolas (Mc 4,1-34), Jesús dice: “¡Pasemos a la otra orilla!” Le llevan en la barca, como estaba, la barca de donde había hecho el discurso de las parábolas. De tan cansado que estaba, Jesús se pone a dormir sobre un cabezal. Este es el cuadro inicial que Marcos nos pinta. Un cuadro bonito, y bien humano.

•  Marcos 4,37-38: La situación desesperada: “¿No te importa que perezcamos?” El lago de Galilea está rodeado de montañas. A veces, por entre las hendiduras de las rocas, el viento cae encima del lago y provoca repentinas tempestades. Viento fuerte, mar agitado, ¡barca llena de agua! Los discípulos eran pescadores experimentados. Si piensan que se van a hundir, entonces la situación es ¡realmente peligrosa! Jesús ni siquiera se  despierta, sigue durmiendo. Este sueño profundo no es sólo señal de un gran cansancio. Es también expresión de confianza tranquila que tiene en Dios. El contraste entre la actitud de Jesús y los discípulos ¡es grande!

•  Marcos 4,39-40: La reacción de Jesús: “¿Cómo no tenéis fe?” Jesús se despierta, no por causa de las olas, sino por causa del grito desesperado de los discípulos. Primero, se dirige al mar y dice: “¡Calla, enmudece!” Y luego el mar se aplaca. Enseguida se dirige a los discípulos y dice: “¿Por qué estáis con tanto miedo? ¿Cómo no tenéis fe?” La impresión que se tiene es que no es preciso aplacar el mar, pues no había ningún peligro. Es como cuando uno llega a una casa y el perro, al lado del dueño, empieza a ladrar.  No hay que tener miedo porque está el dueño que controla la situación. El episodio de la tempestad calmada evoca el éxodo, cuando la gente, sin miedo, pasaba en medio de las aguas del mar (Ex 14,22). Evoca al profeta Isaías que decía a la gente: “¡Si atraviesas las aguas, yo estaré contigo!” (Is 43,2) Jesús rehace el éxodo y realiza la profecía anunciada por el Salmo 107(106),25-30.

•  Marcos 4,41: El no saber de los discípulos: “¿Quién es éste hombre?” Jesús aplaca el mar y dice: “¿Cómo es que no tenéis fe?” Los discípulos no saben qué responder y se preguntan: “¿Quién es éste que hasta el mar y el viento le obedecen?” ¡Jesús parece un extraño para ellos! A pesar de haber estado tanto tiempo con él, no saben bien quién es. ¿Quién es este hombre? Con esta pregunta en la cabeza, las comunidades siguen la lectura del evangelio. Y hasta hoy, es ésta la misma pregunta que nos lleva a continuar la lectura de los Evangelios. Es el deseo de conocer siempre y mejor el significado de Jesús para nuestra vida.

•  ¿Quién es Jesús?  Marcos comienza su evangelio diciendo: “Inicio de la Buena Nueva de Jesucristo, Hijo de Dios” (Mc 1,1). Al final, en la hora de la muerte, un soldado pagano declara: “Verdaderamente, ¡este hombre era Hijo de Dios!” (Mc 15,39) Al comienzo y al final del Evangelio,  Jesús es llamado Hijo de Dios. Entre el comienzo y el fin, aparecen muchos otros nombres de Jesús. He aquí la lista: Mesías o Cristo (Mc 1,1; 8,29; 14,61; 15,32); Señor (Mc 1,3; 5,19; 11,3); Hijo amado (Mc 1,11; 9,7); Santo de Dios (Mc 1,24); Nazareno  (Mc 1,24; 10,47; 14,67; 16,6); Hijo del Hombre (Mc 2,10.28; 8,31.38; 9,9.12.31; 10,33.45; 13,26; 14,21.21.41.62); Novio (Mc 2,19); Hijo de Dios (Mc 3,11); Hijo del Dios altísimo (Mc 5,7); Carpintero (Mc 6,3); Hijo de María (Mc 6,3); Profeta (Mc 6,4.15; 8,28); Maestro  (frecuente); Hijo de David (Mc 10,47.48; 12,35-37); Bendito (Mc 11,9); Hijo (Mc 13,32); Pastor (Mc 14,27); Hijo del Dios bendito (Mc 14, 61); Rey de los judíos (Mc 15,2.9.18.26); Rey de Israel (Mc 15,32).

Cada nombre, título o atributo es un intento de expresar lo que Jesús significaba para las personas. Pero un nombre, por más bonito que sea, nunca llega a revelar el misterio de una persona, mucho menos de la persona de Jesús. Además de esto, algunos de estos nombres dados a Jesús, inclusive los más importantes y los más tradicionales, son cuestionados y puestos en duda por el Evangelio de Marcos. Así que, en la medida en que avanzamos en la lectura del evangelio, Marcos nos obliga a revisar nuestras ideas y a preguntarnos, cada vez de nuevo: “En definitiva, ¿quién es Jesús para mí, para nosotros?” Cuanto más se avanza en la lectura de Marcos, tanto más se quiebran los títulos y los criterios. Jesús no cabe en ninguno de  estos nombres, en ningún esquema, en ningún título. ¡El es el mayor! Poco a poco el lector, la lectora se rinde y desiste de querer enmarcar a Jesús en un concepto conocido o en una idea hecha de antemano, y lo acepta así como se presenta. El amor seduce, la cabeza, ¡no!

4) Para la reflexión personal

• Las aguas del mar de la vida, ¿te han amenazado alguna vez? ¿Qué te salvó?

• ¿Cuál era el mar agitado en el tiempo de Jesús? ¿Cuál era el mar agitado en la época en que Marcos escribió el evangelio? ¿Cuál es, hoy, el mar agitado para nosotros?

5) Oración final

Crea en mí, oh Dios, un corazón puro,
renueva en mi interior un espíritu firme;
no me rechaces lejos de tu rostro,
no retires de mí tu santo espíritu. (Sal 51,12-13)

Orden de los Carmelitas