lunes, 24 de septiembre de 2018

La lámpara se pone sobre un candelero, para que los que entren vean la luz


¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio, en este lunes de la 25ª semana del Tiempo Ordinario.

Hoy se celebra la fiesta de Nuestra Señora de la Mercedes y la Fiesta Nacional del Recluso. Le pedimos a la Virgen María que interceda por todas las personas privadas de la libertad.

Dios nos bendice...

LECTIO DIVINA: LUCAS 8,16-18
Lectio: 

 Lunes, 24 septiembre, 2018

1) Oración inicial

¡Oh Dios!, que has puesto la plenitud de la ley en el amor a ti y al prójimo; concédenos cumplir tus mandamientos para llegar así a la vida eterna. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 8,16-18

«Nadie enciende una lámpara y la tapa con una vasija, o la pone debajo de un lecho, sino que la pone sobre un candelero, para que los que entren vean la luz. Pues nada hay oculto que no quede manifiesto, y nada secreto que no venga a ser conocido y descubierto. Mirad, pues, cómo oís; porque al que tenga, se le dará; y al que no tenga, aun lo que crea tener se le quitará.»

3) Reflexión

• El evangelio de hoy nos trae tres pequeños dichos de Jesús. Son frases sueltas que Lucas coloca aquí después de la parábola de la simiente (Lc 8,4-8) y de su explicación a los discípulos (Lc 8,9-15). En este contexto literario Lucas coloca las tres frases, y ayuda a comprender la manera en que quiere que la gente entienda estas frases de Jesús.

• Lucas 8,16: La lámpara que ilumina. "Nadie enciende una lámpara y la tapa con una vasija, o la pone debajo de un lecho, sino que la pone sobre un candelero, para que los que entren vean la luz.”. Esta frase de Jesús es una pequeña parábola. Jesús no explica, pues todo el mundo sabía de qué se trataba. Era algo da la vida de todos los días. En aquel tiempo, no había luz eléctrica. Uno se puede imaginar lo siguiente. La familia está reunida en casa. Comienza a caer la noche. Alguien se levanta, toma la lámpara, la enciende y la pone debajo de una cama o la tapa con algo. ¿Qué dirán los demás? Todos gritarán: ¿Estás loco/a, o qué? ¡Pon la lámpara encima de la mesa!” En una reunión bíblica, alguien hizo el siguiente comentario: la palabra de Dios es una lámpara para ser encendida en la oscuridad de la noche. Si se queda en el libro cerrado de la Biblia, es como una lámpara tapada con una vasija. Está colocada encima de la mesa e ilumina la casa cuando es leída por la comunidad y está enlazada con la vida.

En el contexto en que Lucas coloca esta frase, se refiere a la explicación que Jesús dio de la parábola de la semilla (Lc 8,9-15). Es como si dijera: las cosas que tú acabas de oír, no debes guardarlas para ti, sino que debes irradiarlas para los demás. Un cristiano no debe tener miedo a dar testimonio y a irradiar la Buena Nueva. La humildad es importante, pero es falsa la humildad que esconde los dones de Dios dados para edificar la comunidad (1Cor 12,4-26; Rom 12,3-8).

• Lucas 8,17: Lo escondido se volverá manifiesto. “Pues nada hay oculto que no quede manifiesto, y nada secreto que no venga a ser conocido y descubierto.” Esta segunda frase de Jesús, de acuerdo con el contexto que fue puesto por Lucas, también se refiere a las enseñanzas que Jesús dio en particular a sus discípulos (Lc 8,9-10). Los discípulos no pueden conservarlas para sí, sino que deben divulgarlas, pues forman parte de la Buena Nueva de Dios que Jesús nos trae.

• Lucas 8,18: Prestar atención a las ideas preconcebidas. “Mirad, pues, cómo oís; porque al que tenga, se le dará; y al que no tenga, aun lo que crea tener se le quitará". En aquel tiempo, había muchas ideas preconcebidas sobre el Mesías que impedían a la gente el que entendiera de forma correcta la Buena Nueva del Reino que Jesús anunciaba. Por esto, esta advertencia de Jesús con relación a ideas preconcebidas es de mucha actualidad. Jesús pide a los discípulos que tomen conciencia de las ideas preconcebidas con que escuchan la enseñanza que él les ofrece. A través de esta frase de Jesús, Lucas está diciendo a las comunidades y a todos nosotros: “¡Prestad atención a las ideas con que miráis a Jesús!” Pues, si el color de los ojos es verde, todo será de color de verde. ¡Si fuera azul, todo será de color de azul! Si la idea con la que miro a Jesús fuera equivocada, todo lo que pienso, recibo y enseño sobre Jesús estará amenazado de error. Si yo pienso que el mesías ha de ser un rey glorioso, no voy a entender nada de lo que Jesús enseña sobre la Cruz, sobre el sufrimiento, la persecución y el compromiso, y hasta voy a perder aquello que yo pensaba poseer. Uniendo esta tercera fase a la primera, se puede concluir lo siguiente: quien quiera quedarse con lo que recibe, sin compartirlo con los demás, pierde aquello que tiene, pues se va a pudrir.

4) Para la reflexión personal

• ¿Tienes experiencia de ideas preconcebidas que te impiden percibir y apreciar en su justo valor, las cosas buenas que las personas hacen?

• ¿Te has dado cuenta de las ideas preconcebidas que están detrás de ciertas historias, anécdotas y parábolas que las personas cuentan?

5) Oración final

Dichosos los que caminan rectamente,
los que proceden en la ley del Señor.
Dichosos los que guardan sus preceptos,
los que lo buscan de todo corazón. (Sal 119,1-2)

Orden de los Carmelitas

domingo, 23 de septiembre de 2018

«Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos»


¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar la Palabra de Dios, en este Domingo 25º del Tiempo Ordinario - Ciclo B.

Dios nos bendice...

Hoy, domingo, 23 de septiembre de 2018

Primera lectura

Lectura del libro de la Sabiduría (2,12.17-20):

Se dijeron los impíos: «Acechemos al justo, que nos resulta incómodo: se opone a nuestras acciones, nos echa en cara nuestros pecados, nos reprende nuestra educación errada; veamos si sus palabras son verdaderas, comprobando el desenlace de su vida. Si es el justo hijo de Dios, lo auxiliará y lo librará del poder de sus enemigos; lo someteremos a la prueba de la afrenta y la tortura, para comprobar su moderación y apreciar su paciencia; lo condenaremos a muerte ignominiosa, pues dice que hay quien se ocupa de él.»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 53,3-4.5.6 y 8

R/.
 El Señor sostiene mi vida

Oh Dios, sálvame por tu nombre,
sal por mí con tu poder.
Oh Dios, escucha mi súplica,
atiende a mis palabras. R/.

Porque unos insolentes se alzan contra mí,
y hombres violentos me persiguen a muerte,
sin tener presente a Dios. R/.

Pero Dios es mi auxilio,
el Señor sostiene mi vida.
Te ofreceré un sacrificio voluntario,
dando gracias a tu nombre, que es bueno. R/.

Segunda lectura
Lectura de la carta del apóstol Santiago (3,16–4,3):

Donde hay envidias y rivalidades, hay desorden y toda clase de males. La sabiduría que viene de arriba ante todo es pura y, además, es amante de la paz, comprensiva, dócil, llena de misericordia y buenas obras, constante, sincera. Los que procuran la paz están sembrando la paz, y su fruto es la justicia. ¿De dónde proceden las guerras y las contiendas entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, que luchan en vuestros miembros? Codiciáis y no tenéis; matáis, ardéis en envidia y no alcanzáis nada; os combatís y os hacéis la guerra. No tenéis, porque no pedís. Pedís y no recibís, porque pedís mal, para dar satisfacción a vuestras pasiones.

Palabra de Dios

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Marcos (9,30-37):

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se marcharon de la montaña y atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y, después de muerto, a los tres días resucitará.» Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle.
Llegaron a Cafarnaún, y, una vez en casa, les preguntó: «¿De qué discutíais por el camino?»
Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos.»
Y, acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: «El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí no me acoge a mí, sino al que me ha enviado.»

Palabra del Señor

Comentario

Este pasaje del Evangelio nos presenta tres temas, aparentemente desconectados entre sí, pero que en realidad tienen una relación muy significativa. Tratemos de analizarlos uno por uno y de aplicarlos a nuestra vida cotidiana, teniendo en cuenta también las otras lecturas bíblicas de este domingo (Sabiduría 2, 12. 17-20; Carta de Santiago 3, 16 - 4, 3).

1. Jesús anuncia por segunda vez su pasión, muerte y resurrección

Lo primero que encontramos en el Evangelio de hoy es el segundo de los tres anuncios que los relatos evangélicos nos cuentan que les hizo Jesús a sus discípulos acerca de su pasión, su muerte en la cruz y su resurrección. Si bien estos relatos fueron hechos y puestos por escrito después de los acontecimientos del Calvario y en el contexto de la experiencia pascual de los primeros seguidores de Jesús, es importante recordar que el significado de tales anuncios tiene que ver con el verdadero sentido de la fe en Él como el Mesías o Cristo, el Ungido o consagrado, no como un jefe político poderoso o un guerrero victorioso, sino como el servidor de Dios y por lo mismo de la humanidad, para liberarnos a todos de cuanto nos impide ser verdaderamente felices.

Aquellos primeros discípulos de Jesús, empezando por los “doce” a quienes había llamado para que fueran sus apóstoles, es decir sus enviados a proclamar el evangelio, la buena noticia de esa liberación que Dios está dispuesto a obrar en cada ser humano si le abre espacio en su vida a la acción transformadora de su Espíritu, tenían el peligro de malinterpretar las palabras y los hechos de su Maestro reduciéndolo a un líder terrenal que no sólo los libraría de la dominación del imperio romano que padecían, sino que además les daría a ellos, sus elegidos, una cuota importante de poder en el “reino” que les había dicho que venía a establecer.

Por eso, para que se bajen de esa nube de ambiciones terrenales, Jesús les anuncia lo que verdaderamente implica el cumplimiento de su misión como Mesías: entregar su vida por completo, hasta la última gota de su sangre, como consecuencia de solidarizarse hasta lo último con los pobres, los pequeños, los oprimidos, las víctimas de la injusticia y la violencia en todas sus formas.

2. Jesús nos enseña el valor de la disposición para servir

Esa disposición es lo que Jesús nos muestra en su propia vida, puesta al servicio desinteresado de todos los seres humanos sufrientes o necesitados. Y por eso, mientras sus discípulos se pelean entre sí discutiendo quién es o va a ser el mayor o el más importante, Jesús les dice que “el que quiera ser el primero, deberá ser el último de todos…” ¿Cómo? Pues disponiéndose a ser servidor en lugar de dominador. En otros pasajes evangélicos paralelos a éste de san Marcos, es decir, en los de los evangelios según san Mateo y san Lucas, Jesús añade una explicación refiriéndose a su propio ejemplo de vida: “porque el Hijo del Hombre -como solía llamarse a sí mismo- no vino a ser servido, sino a servir”.

Y es esta actitud de servicio la que nos conecta precisamente con la imagen profética del Siervo o Servidor anunciado unos seis siglos atrás en el libro del profeta Isaías, como también con la del justo -descrito unos cincuenta años antes de Cristo en el libro de la Sabiduría-, que precisamente por solidarizarse con las víctimas inocentes de la injusticia les resulta incómodo a quienes obran el mal aprovechándose del pobre, oprimiéndolo y explotándolo en beneficio de sus propios intereses egoístas.
La Carta del apóstol Santiago, de la que está tomada la segunda lectura, es muy significativa con respecto a la actitud verdaderamente sabia, propia de “los que procuran la paz”, que son “compasivos, imparciales y sinceros”, totalmente contraria a la codicia de quienes son dominados por sus propios intereses egoístas, sedientos de poder, sin importarles las víctimas que van dejando pisoteadas a su paso. Cualquier parecido tanto en el ámbito político como en el económico con los dictadores o tiranos y los que se enriquecen a su sombra y a acosta de los pobres, no es mera coincidencia.

3. Jesús nos invita a encontrar a Dios en los humildes, sencillos y pequeños

Los pobres, los humildes, los sencillos, suelen ser simbolizados en los Evangelios con la imagen del niño que necesita de la protección y la ayuda amorosa de sus padres y de sus mayores para salir adelante en la vida. Este es el sentido de la frase de Jesús al final del texto evangélico de hoy: “El que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, no me recibe a mí sino a Aquél que me ha enviado”. En otras palabras, atender o acoger al desvalido y ponerse a su servicio es atender y acoger a Jesús mismo, y por lo tanto al Dios verdadero que quiere a todos sus hijos como un padre amoroso, como una madre amorosa.

Pidámosle entonces a Jesús que nos dé un corazón dispuesto siempre a amar y servir preferentemente a quienes padecen mayor debilidad o necesidad, para que así podamos ser verdaderamente felices al participar en el reino de Dios que Él vino a proclamar y a hacer presente en nosotros, si dejamos que actúe su Espíritu Santo en nuestra vida: un reino de amor, de justicia y de paz.

El mensaje del Domingo
Gabriel Jaime Pérez Montoya, S.J.