domingo, 16 de agosto de 2015

¡Eucaristía, anticipación del gran banquete celestial!

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este Vigésimo Domingo del Tiempo Ordinario.

Dios nos bendice…

Evangelio según San Juan 6,51-58. 
Jesús dijo a los judíos: "Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo". Los judíos discutían entre sí, diciendo: "¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?". Jesús les respondió: "Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí.Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente". 
Comentario


1.1 La liturgia nos ofrece hoy un espacio para meditar sobre el misterio del amor que se dona en la Santísima Eucaristía. Nos predica una religiosa, la Hna. Gloria I. Huérfano, O.P., Superiora General de las Dominicas Hijas de N. S. de Nazareth. La numeración es nuestra.

1.2 ¿Dónde quieres que te hagamos los preparativos para comer el cordero de Pascua? (Mt 26, 17). Jesús celebra su Pascua como un banquete. El banquete que Jesús preside se celebra como la Pascua de los Judíos. Pero en este banquete existe una inmensa diferencia y novedad con respecto a la Pascua Hebrea.

1.3 La cena de Jesús se celebra en el contexto de su pasión y muerte, y él, en la Eucaristía, anticipa simbólica y realmente su sacrificio de redención. El es el sacerdote y la víctima de ese sacrificio.

1.4 Jesús aquella noche sustituye el Antiguo por el Nuevo Testamento: "esta es mi sangre..." (Mt 26, 28). A la antigua Pascua histórica y figurativa él une y hace suceder su Pascua también histórica, definitiva, pero figurativa también ella de otro acontecimiento último, la Parusía final: "No beberé más de este fruto de la vid hasta el día en que lo beba de nuevo con vosotros en el Reino de mi Padre" (Mt 26, 29). Estas palabras dan a la Eucaristía el carácter de un banquete que tendrá su plena realización después de nuestra resurrección.

1.5 La Eucaristía es, de hecho, sacramento de comunión con el Cristo Pascual, con Cristo muerto y resucitado, que ha entrado en una nueva fase de su existencia, la gloriosa a la derecha del Padre. Comulgar con Jesús en la Eucaristía significa, por tanto, participar ya desde esta tierra en su vida gloriosa, en su comunión con el Padre. "Dichosos los invitados a las bodas del Cordero" (Ap 19,9).

2. Banquete Sagrado

2.1 La liturgia canta bellamente: "Oh sagrado banquete en el que se recibe a Cristo, se renueva el memorial de su Pasión, el alma se colma de gracia, y se nos da una prenda de gloria futura". Tomás de Aquino exclama: "¡Oh banquete precioso y admirable!"

2.2 Dice el texto del evangelio de hoy: "El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, vivirá por mí. El que coma este pan vivirá para siempre" (Jn 6,54-59).

2.3 San Agustín comenta: "Los hombres quieren lograr con comida y bebida no tener hambre ni sed. Sin embargo, esto no lo otorga más que esta comida y esta bebida. Quien las toma se vuelve inmortal e incorruptible y se ve introducido en la comunión de los santos. Allí habrá paz y unidad completa y perfecta".

2.4 Realmente es así: Jesucristo hizo en verdad un sacrificio inconcebiblemente grande, se dio a sí mismo en el Sacramento del altar, para poder permanecer entre nosotros hasta la consumación de los siglos. La Pascua completa del Señor se extiende desde el principio de los tiempos hasta la venida final y definitiva (Mt 24,3). El es el Primogénito de toda la creación. A través de la persona del Verbo todo ha sido hecho y todo se sigue haciendo "y sin ella no se hizo nada de cuanto existe" (Jn 1,3). Es más: toda la creación va convergiendo hacia la persona de Cristo resucitado como hacia un punto Omega. Todo existe a través de El, con El y por El.

3. Prenda y Esperanza

3.1 De esta gran esperanza de los cielos nuevos y la tierra nueva en los que habitará la justicia, no tenemos prenda más segura, signo más manifiesto que la Eucaristía. En efecto cada vez que se celebra este misterio "se realiza la obra de nuestra redención" (Plegaria Eucarística III del Misal Romano). Y "partimos un mismo pan que es remedio de inmortalidad, antídoto para no morir, alimento para vivir en Jesucristo para siempre" (San Ignacio de Antioquia, Eph. 20,2).

3.2 Concédenos Señor Jesús, por María tu Madre, gozar plenamente de tu vida divina en el banquete eterno que pregustamos en este sacramento de tu Cuerpo y de tu Sangre, y seamos ahora colmados de gracia y bendición. Amén.

http://fraynelson.com/homilias.html. 

sábado, 15 de agosto de 2015

"¡Dichosa tú, que has creído!"

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este sábado en que celebramos la solemnidad de la Asunción de la Virgen María.

Dios nos bendice….

Evangelio según San Lucas 1,39-56. 

María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá.  Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel.  Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo,  exclamó: "¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!  ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme?  Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno.  Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor".  María dijo entonces: "Mi alma canta la grandeza del Señor,  y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador,  porque el miró con bondad la pequeñez de su servidora.  En adelante todas las generaciones me llamarán feliz".  Porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas:  ¡su Nombre es santo!  Su misericordia se extiende de generación en generación  sobre aquellos que lo temen.  Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón.  Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes.  Colmó de bienes a los hambrientos  y despidió a los ricos con las manos vacías.  Socorrió a Israel, su servidor,  acordándose de su misericordia,  como lo había prometido a nuestros padres,  en favor de Abraham y de su descendencia para siempre".  María permaneció con Isabel unos tres meses y luego regresó a su casa. 
Comentario

1) Hoy celebramos el triunfo de la vida sobre todas las fuerzas de la muerte que hay en el mundo. Es como la Pascua de María: en la desembocadura de la peripecia humana que fue la vida de Jesús estaba el Padre y la vida plena de la resurrección; la vida plena, gracias a Cristo, es también la desembocadura de aquella mujer de Nazaret, María, la madre de Jesús. "¡Dichosa tú, que has creído!", podemos repetir con Isabel; lo que te ha dicho el Señor se ha cumplido.

2) ¡Dichosos los que hemos creído! Al contemplar cómo el triunfo de Jesús rebosa y se derrama sobre su madre, primera de "todos los cristianos", el corazón se nos llena de gozo y de esperanza. Este movimiento no se detiene: después de Jesús, María; después de María, nosotros. La vida plena es la perspectiva del pequeño rebaño a quien el Padre ha tenido a bien dar el Reino. El Reino -la vida de Dios en nosotros- no se reduce a las perspectivas de espacio y tiempo que enmarcan ahora nuestra vida, sino que nos abre a las perspectivas de Dios, a sus horizontes de plenitud y eternidad. Creer es edificar nuestra existencia sobre una esperanza que nos hace mirar hacia arriba y seguir adelante: está anclada donde está Cristo con el Padre. Todos somos de Adán, de tierra; por eso todos morimos. Pero los creyentes llevan en ellos una semilla que ha nacido de arriba; por eso viviremos con Cristo y con María.

3) El Poderoso es quien obra estas maravillas, quien es capaz de destruir la Muerte. Los hombres buscamos la plenitud, pero sin conseguirla. La buscamos donde no se encuentra. El Señor "dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes; a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos". El cántico de María es revolucionario: celebra un vuelco; "todo principado, poder y fuerza" deben ser destituidos, no son ellos los que construyen el Reino. El Padre "mira la humillación de su esclava" y da el Reino gratuitamente, generosamente, a los que creen, como María, a los que se fían de su Palabra y edifican sobre ella su vida.

4) La Madre de mi Señor ha venido a visitarme. Contemplemos cómo la llena de gracia se va decididamente a casa de Isabel. Su grandeza no la aleja de nosotros, sino que la acerca: porque no se trata de "principado, poder y fuerza" que se imponen, sino de amor que se comunica. El pueblo cristiano ha recurrido a María y la ha venerado en mil santuarios, la ha representado y vestido de mil modos, le ha cantado mil himnos y tonadas de la tierra.

Podemos confiar en ella. Podemos recurrir a ella. No para que nos salve "milagrosamente", sino para que nos transforme el corazón, para que realice en nosotros aquel vuelco que ella cantó.

J. TOTOSAUS

MISA DOMINICAL 1980, 16