lunes, 26 de enero de 2015

Se necesitan trabajadores que se apropien de la causa del Evangelio

¡Amor y paz!


Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este lunes en que celebramos la memoria de los santos Timoteo y Tito, obispos, compañeros de san Pablo.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Lucas 10,1-9. 
El Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde él debía ir. Y les dijo: "La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha. ¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos. No lleven dinero, ni alforja, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino. Al entrar en una casa, digan primero: '¡Que descienda la paz sobre esta casa!'. Y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz reposará sobre él; de lo contrario, volverá ustedes. Permanezcan en esa misma casa, comiendo y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario. No vayan de casa en casa. En las ciudades donde entren y sean recibidos, coman lo que les sirvan; curen a sus enfermos y digan a la gente: 'El Reino de Dios está cerca de ustedes'." 
Comentario

En nuestra Iglesia nadie se elige a sí mismo para presidir la comunidad. Tampoco es la comunidad la que elige a sus pastores, como una provincia eligiendo su gobernador. La Iglesia nace de la predicación de los apóstoles y es a través de ellos como recibe su alimento que es la Palabra. Esta Palabra conlleva autoridad y tiene poder para edificar a la misma comunidad: de ella brota todo, incluyendo la decisión de quién y cómo ha de prolongar el ministerio de edificar a la comunidad.

Por eso nuestros pastores no son --o no deben ser-- el resultado de un esfuerzo de autopromoción ni tampoco el fruto de una campaña electoral. Son una expresión, entre tantas, del amor de Dios que cuida y defiende su obra.

Con estas consideraciones entendemos mejor el texto del evangelio de hoy. Cristo constata que "faltan operarios" para la mies y propone como estrategia pedir al dueño de la mies que mande operarios. En buena lógica esto sólo puede significar que los operarios son un regalo, un don que el Padre, dueño de la mies, otorga a su mies.

Notemos también el vínculo que hay entre la necesidad sentida y la oración realizada. Quien no tiene hambre no pide pan. Hay que sentir la falta de operarios, sentirla en las entrañas, padecerla en lo hondo del corazón, para rogar, como es debido a Dios para que mande obreros a su mies.

Uno siente que faltan operarios cuando ve que la evangelización no alcanza. Esta es una sensación cuantitativa. Pero más importante es sentir lo cualitativo: más que un número determinado, cosa que pensaría un simple administrador, necesitamos un número apropiado: un número de operarios que se apropie con amor de la causa del Evangelio y la sienta como propia. Así lo hicieron Timoteo y Tito, que hoy rueguen por nosotros.

http://fraynelson.com/homilias.html.


domingo, 25 de enero de 2015

Muchos siguen empeñados en desoír a Jesús

¡Amor y paz!

Nuestro mundo está necesitado de la Buena Noticia. Y esa Buena Noticia ya nos ha sido dada desde hace más de 20 siglos. Sólo que no hay peor ciego y sordo que aquel que no quiere ver ni  oír.  Es que para creer en esa Buena Noticia, la que nos trajo el mismo Jesús, hay que arrepentirse y cambiar. Y, ¡Oh cuánto nos aferramos al pecado!

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este III Domingo del Tiempo Ordinario.

Dios nos bendice…

Evangelio según San Marcos 1,14-20. 
Después de que Juan fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea. Allí proclamaba la Buena Noticia de Dios, diciendo: "El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia". Mientras iba por la orilla del mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que echaban las redes en el agua, porque eran pescadores. Jesús les dijo: "Síganme, y yo los haré pescadores de hombres".  Inmediatamente, ellos dejaron sus redes y lo siguieron. Y avanzando un poco, vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban también en su barca arreglando las redes. En seguida los llamó, y ellos, dejando en la barca a su padre Zebedeo con los jornaleros, lo siguieron.  
Comentario

No sé cómo estaría el mundo de Cristo de necesitado de una Buena Noticia, pero sé y sabemos cómo lo está nuestro mundo. Todos los días buscamos en los medios de comunicación social, con verdadero interés, una buena noticia. La mayor parte de las veces cerramos el diario o apagamos la radio o la televisión sin haberla encontrado.

Los hombres siguen empeñados en no entenderse y, como consecuencia, se persiguen sañudamente, se matan o dejan que cientos de ellos mueran de hambre. Pues bien, nosotros tenemos una BUENA NOTICIA para difundir: la BUENA NOTICIA de que Dios ha venido a la tierra para decirnos que somos sus hijos, que su brazo fuerte y poderoso estará amparándonos en los momentos duros, que cuando lo llamemos vendrá en nuestra ayuda; que el mundo está hecho para que en él vivan los hombres como hermanos, que hay un Reino de justicia, de verdad, de paz y de gracia, que es posible si el hombre es capaz de volver los ojos hacia Dios y buscar en él la norma de su vida en lugar de buscarla en sí mismo, en su egoísmo, en su sed de venganza, en el odio que parece anidar arraigadamente en su corazón.

A.M. CORTÉS
DABAR 1988/12