lunes, 31 de diciembre de 2012

Todos los que reciben la Palabra pueden llegar a ser hijos de Dios

¡Amor y paz!

Concluye hoy 2012 y comienza un nuevo año. Démosle gracias a Dios por los 365 días que concluyen, por los logros y los fracasos, los sinsabores y las alegrías y pongámonos nuevamente en sus manos para que Él se digne bendecirnos y guiarnos cada día del 2013.

El final del año resuena en nuestra celebración. El evangelio nos muestra a Jesús como punto de referencia único de la historia. Hoy podemos hablar de que todo nuestro tiempo, en la vida humana y en la fe, tiene un único centro y criterio: Jesús.

El evangelio nos invita a contemplar a este Jesús: en él está toda la gracia y el amor de Dios; y esta gracia y amor los hemos visto en su hacerse hombre, en su "carne". Sólo en la vida concreta de este Jesús podemos encontrar la gloria de Dios, el sentido de todo (Josep Lligadas).

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este 7º. Día de la Octava de Navidad.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Juan 1,1-18.
Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. Al principio estaba junto a Dios. Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe. En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la percibieron. Apareció un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. Él no era la luz, sino el testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre. Ella estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios. Ellos no nacieron de la sangre, ni por obra de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino que fueron engendrados por Dios. Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él, al declarar: "Este es aquel del que yo dije: El que viene después de mí me ha precedido, porque existía antes que yo". De su plenitud, todos nosotros hemos participado y hemos recibido gracia sobre gracia: porque la Ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. Nadie ha visto jamás a Dios; el que lo ha revelado es el Hijo único, que está en el seno del Padre. 
Comentario

Este himno cristológico es muy antiguo. Seguramente ya existía cuando se escribió el evangelio de Juan. Es un himno extensamente estudiado, debatido, explicado. Hoy, sólo nos fijaremos en unos pocos versículos.

Juan, a diferencia de Lucas y Mateo, no pone el origen de Jesucristo directamente relacionado con un "nacimiento maravilloso (Mt 1, 18-25), ni se remonta al primer Adán (Lc 3, 38) sino que afirma el origen de Jesucristo en Dios mismo". Este procedimiento nos quiere señalar no sólo el significado de Jesús para el pueblo elegido, o para la humanidad en general. Su interés es enfatizar el significado definitivo que tiene la existencia de Jesús para toda la humanidad. Jesús nos revela al hombre en su integridad total y absoluta. 

Depende de nuestra decisión el que nos tomemos en serio a ese hombre y lo asumamos como nuestro itinerario vital.

El verbo de Dios, su palabra creadora, se enfrenta a la oscuridad del mundo. Y es un conflicto que no ocurre en el vacío, sino en lo concreto de la historia. La oscuridad del mundo es todo aquel sistema de ideas, organizaciones y realizaciones que empantana la existencia humana y la sumergen en la injusticia y la angustia. La Palabra creadora de Dios viene a desafiar esa situación y a plantear una alternativa definitiva.

Por eso, la existencia de Jesucristo, ilumina nuestra vida con una luz absolutamente novedosa. Esa luz nos permite reconocernos como seres humanos dignos y auténticos. La comunidad humana bajo esta nueva perspectiva no está sometida a la oscuridad que quiere imponer el mundo de la injusticia y la angustia. La Palabra de Dios viene en nuestro rescate y da todo lo que es para alcanzar nuestra liberación.

Ahora, esa lucha definitiva contra el mal ocurre en la historia, en la vida concreta de un ser humano que se enfrentó al absurdo de un mundo hundido en la oscuridad. Esa persona es Jesús de Nazaret. De su vida, historia y presencia continua en nuestras vidas depende el sentido que le demos a la historia de la humanidad, especialmente al futuro. Si queremos que la realidad cambie, no podemos ignorar lo que Dios ha hecho en Jesús por nosotros: ha realizado en la historia la perfección de su creación. Y no en un hombre biológica, intelectual o psíquicamente superior, no. Lo ha hecho en un hombre que nos ha mostrado que el verdadero significado de la humanidad está en Dios. Y un Dios que significa respeto, dignidad, justicia, solidaridad y todos aquellos valores que nos permiten hacernos un juicio correcto de lo que debe constituir el mundo para el ser humano.

Servicio Bíblico Latinoamericano

domingo, 30 de diciembre de 2012

¡Que la luz de Cristo ilumine nuestras familias!

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este domingo en que celebramos la Fiesta de la Sagrada Familia de Jesús, María y José.

Oración

Hoy, Señor, te damos gracias por nuestra familia.

Gracias, Señor, por nuestros padres:
siendo jóvenes quisieron complicarse la vida
y me trajeron al mundo.
Me han colmado de amor
y me han enseñado a amar;
Han llenado mi vida de besos,
de caricias, de cuidados, de regalos...
Y me acompañan dando seguridad a mis años.

Gracias, Señor, por los padres de mis padres, mis abuelos.
Su cariño, su ternura y su paciencia,
sus consejos y relatos
son la mejor reserva de felicidad.

Gracias, Señor, por nuestros hijos,
que son tuyos, pues son tu bendición a nuestro amor.
Haz que crezcan sanos,
que aprendan y que jueguen y sean felices.
Ellos son la ilusión de nuestra vida, nuestro gozo.

Gracias por los tíos y primos y parientes:
todos nos hacen sentir unidos,
acompañados, arraigados y seguros.

Ayúdanos, Señor,
a crecer en el amor y repartirlo,
a crecer en experiencia y compartirla.

Conserva nuestras familias unidas en el amor,
para que entre todas
construyamos el mundo sobre la solidaridad. 

Dios los bendiga…

Evangelio según San Lucas 2,41-52. 
Sus padres iban todos los años a Jerusalén en la fiesta de la Pascua. Cuando el niño cumplió doce años, subieron como de costumbre, y acabada la fiesta, María y José regresaron, pero Jesús permaneció en Jerusalén sin que ellos se dieran cuenta. Creyendo que estaba en la caravana, caminaron todo un día y después comenzaron a buscarlo entre los parientes y conocidos. Como no lo encontraron, volvieron a Jerusalén en busca de él. Al tercer día, lo hallaron en el Templo en medio de los doctores de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Y todos los que lo oían estaban asombrados de su inteligencia y sus respuestas. Al verlo, sus padres quedaron maravillados y su madre le dijo: "Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Piensa que tu padre y yo te buscábamos angustiados". Jesús les respondió: "¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?". Ellos no entendieron lo que les decía. El regresó con sus padres a Nazaret y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba estas cosas en su corazón. Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia delante de Dios y de los hombres. 
Comentario

Hoy contemplamos, como continuación del Misterio de la Encarnación, la inserción del Hijo de Dios en la comunidad humana por excelencia, la familia, y la progresiva educación de Jesús por parte de José y María. Como dice el Evangelio, «Jesús progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres» (Lc 2,52).

El libro del Siracida, nos recordaba que «el Señor glorifica al padre en los hijos, y afirma el derecho de la madre sobre su prole» (Si 3,2). Jesús tiene doce años y manifiesta la buena educación recibida en el hogar de Nazaret. La sabiduría que muestra evidencia, sin duda, la acción del Espíritu Santo, pero también el innegable buen saber educador de José y María. La zozobra de María y José pone de manifiesto su solicitud educadora y su compañía amorosa hacia Jesús.

No es necesario hacer grandes razonamientos para ver que hoy, más que nunca, es necesario que la familia asuma con fuerza la misión educadora que Dios le ha confiado. Educar es introducir en la realidad, y sólo lo puede hacer aquél que la vive con sentido. Los padres y madres cristianos han de educar desde Cristo, fuente de sentido y de sabiduría.

Difícilmente se puede poner remedio a los déficits de educación del hogar. Todo aquello que no se aprende en casa tampoco se aprende fuera, si no es con gran dificultad. Jesús vivía y aprendía con naturalidad en el hogar de Nazaret las virtudes que José y María ejercían constantemente: espíritu de servicio a Dios y a los hombres, piedad, amor al trabajo bien hecho, solicitud de unos por los otros, delicadeza, respeto, horror al pecado... Los niños, para crecer como cristianos, necesitan testimonios y, si éstos son los padres, esos niños serán afortunados.

Es necesario que todos vayamos hoy a buscar la sabiduría de Cristo para llevarla a nuestras familias. Un antiguo escritor, Orígenes, comentando el Evangelio de hoy, decía que es necesario que aquel que busca a Cristo, lo busque no de manera negligente y con dejadez, como lo hacen algunos que no llegan a encontrarlo. Hay que buscarlo con “inquietud”, con un gran afán, como lo buscaban José y María.

Rev. D. Joan Antoni Mateo i García (La Fuliola-Lleida, España)