jueves, 8 de julio de 2010

Para la misión: desinterés económico, generosidad y confianza en Dios

¡Amor y paz!

La tarea de los apóstoles es la misma de Jesús: la proclamación de que “el Reinado de Dios está cerca”(v. 7) que debe ser acompañada de idénticos signos a los actuados por el mismo Jesús. Se señalan tres de ellos en la primera parte del v. 8: triunfo sobre la enfermedad, sobre la muerte y sobre la impureza de la lepra.

Luego de estas indicaciones siguen dos exhortaciones: la primera tiene como objetivo la determinación del estilo de la misión (vv. 8b-10), en segundo lugar se instruye sobre el comportamiento que se debe asumir frente a las reacciones ante el mensaje por parte de los oyentes (vv. 11-15).

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este Jueves de la XIV Semana del Tiempo Ordinario.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Mateo 10,7-15.

Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca. Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente. No lleven encima oro ni plata, ni monedas,
ni provisiones para el camino, ni dos túnicas, ni calzado, ni bastón; porque el que trabaja merece su sustento. Cuando entren en una ciudad o en un pueblo, busquen a alguna persona respetable y permanezcan en su casa hasta el momento de partir. Al entrar en la casa, salúdenla invocando la paz sobre ella. Si esa casa lo merece, que la paz descienda sobre ella; pero si es indigna, que esa paz vuelva a ustedes. Y si no los reciben ni quieren escuchar sus palabras, al irse de esa casa o de esa ciudad, sacudan hasta el polvo de sus pies. Les aseguro que, en el día del Juicio, Sodoma y Gomorra serán tratadas menos rigurosamente que esa ciudad.

Comentario

a) El Maestro da a sus apóstoles -a todos nosotros, miembros de la Iglesia «apostólica» y «misionera»- unas consignas, para que cumplan su misión siguiendo su estilo:

- ante todo, lo que tienen que anunciar es el Reino de los Cielos, el proyecto salvador de Dios,
que se ha cumplido en Jesús: ésta era la última idea del evangelio de ayer y la primera de hoy,

- pero, además, a las palabras deben seguir los hechos: curar enfermos, resucitar muertos, limpiar leprosos, echar demonios;

- los enviados de Jesús deben actuar con desinterés económico, no buscando su propio provecho, sino «dando gratis lo que han recibido gratis»;

- este estilo es la llamada «pobreza evangélica»: que no se apoya en los medios materiales (oro, plata, vestidos, alforjas), sino en la ayuda de Dios y en la fuerza de su palabra;

- y les avisa Jesús que, en algunos sitios los recibirán y en otros no los querrán ni escuchar.

b) Nos conviene revisar nuestro modo de actuar, comparándolo con estas consignas misioneras de Jesús. No se trata de tomarlas al pie de la letra (no llevar ni calderilla), sino de asumir su espíritu:

- el desinterés económico:

- la generosidad de la propia entrega: ya que Dios nos ha dado gratis, tratemos de igual modo a los demás; recordemos cómo Pablo no quiso vivir a costa de la comunidad, sino trabajando con sus propias manos, aun reconociendo que «bien merece el obrero su sustento»;

- confiemos más en la fuerza de Dios que en nuestras cualidades o medios técnicos; nos irá mejor si llevamos poco equipaje y si trabajamos sin demasiados cálculos económicos y humanos;

- no nos contentemos con palabras, sino mostremos con nuestros hechos que la salvación de Dios alcanza a toda la persona humana: a su espíritu y a su cuerpo; a la vez que anunciamos a Dios, luchamos contra el mal y las dolencias y las injusticias;

- no dramaticemos demasiado los fracasos que podamos tener: no tienen que desanimarnos hasta el punto de dimitir de nuestro encargo misionero; si en un lugar no nos escuchan, vamos a otro donde podamos anunciar la Buena Noticia: dispuestos a todo, a ser recibidos y a ser rechazados;

- sin olvidar que, en definitiva, lo que anunciamos no son soluciones técnicas ni políticas, sino el sentido que tiene nuestra vida a los ojos de Dios: el Reino que inauguró Cristo Jesús.

J. ALDAZABAL
ENSÉÑAME TUS CAMINOS 5
Tiempo Ordinario. Semanas 10-21
Barcelona 1997. Págs. 126-130
www.mercaba.org

miércoles, 7 de julio de 2010

‘Vayan y proclamen que el Reino de Dios está cerca’

¡Amor y paz!

En el capítulo 10, Mateo comienza hoy una nueva sección de su evangelio: el llamado ‘discurso misionero’ o ‘apostólico’. Terminada la serie de milagros que había narrado después del sermón de la montaña, ahora leemos el segundo de los cinco grandes discursos de Jesús, en el que da a sus apóstoles unas consignas para su misión evangelizadora.

Ya había insinuado la idea al final del evangelio de ayer, cuando Jesús contemplaba la abundancia de la mies y la escasez de obreros para la siega, invitándonos a orar al Padre que envíe trabajadores a su campo.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este Miércoles de la XIV Semana del Tiempo Ordinario.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Mateo 10,1-7.

Jesús convocó a sus doce discípulos y les dio el poder de expulsar a los espíritus impuros y de curar cualquier enfermedad o dolencia. Los nombres de los doce Apóstoles son: en primer lugar, Simón, de sobrenombre Pedro, y su hermano Andrés; luego, Santiago, hijo de Zebedeo, y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, hijo de Alfeo, y Tadeo; Simón, el Cananeo, y Judas Iscariote, el mismo que lo entregó. A estos Doce, Jesús los envió con las siguientes instrucciones: "No vayan a regiones paganas, ni entren en ninguna ciudad de los samaritanos. Vayan, en cambio, a las ovejas perdidas del pueblo de Israel.
Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca.

Comentario

El número “Doce” no es cualquier número en Israel. Es un número que representa a un pueblo. Es un número que representa un “sueño de Dios”. Él se eligió un pueblo, representado en las “Doce tribus de Israel”, y quiere que ese pueblo muestre una sociedad alternativa de fraternidad, de solidaridad, de servicio a Dios, de rechazo a los ídolos de la muerte, un pueblo que dé frutos de justicia y derecho. Pero el pueblo no supo, o no quiso seguir ese camino y se fue dispersando. La gran mayoría de esas tribus terminó desapareciendo y su memoria se había perdido. El número Doce elegido por Jesús en estrecha relación con el Reino, no es “por casualidad”. La tarea de este “nuevo Israel” es “restaurar las tribus”, buscar “las ovejas perdidas del pueblo de Israel”, es predicar el Reino que no es sino fraternidad de hermanos bajo un único Dios y padre.

Jesús se eligió Doce, aunque no todos ellos fueron fieles a su proyecto -como Judas-, y elegidos los puso confiados en las manos de Dios para que sepan dejarse conducir por él. Y, como su maestro, se manifiesten compasivos con los dolores y angustias de las “ovejas” del pueblo.

Todos los que fuimos elegidos por Jesús para seguirlo, y fuimos llamados por nuestro nombre desde el Bautismo, estamos -como los Doce- llamados a manifestar que una sociedad diferente a este mundo de injusticia y corrupción, de modernas esclavitudes y viejas muertes, un mundo diferente es posible. Ese mundo debemos empezar a mostrarlo visiblemente en la Iglesia, y en nuestra capacidad de conmovernos frente a los dolores de la humanidad. Ciertamente estamos muy lejos de esto, tanto en la Iglesia como en la historia, pero de nosotros depende que el sueño de Jesús no sea simplemente eso, un sueño.

Servicio Bíblico Latinoamericano
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