¡Amor y paz!
Jesús ha hablado hasta ahora mucho del amor. Ahora aparece la palabra ‘odio’. Eso es lo que suscita en el mundo alguien que vive y proclama unos valores sustancialmente diferentes. El mundo está dedicado a 'honrar' al dinero y anda empeñado en la lucha por el poder, el tener y el placer. Los seguidores de Cristo proclaman la justicia, el amor y la paz y eso no le gusta al mundo.
Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este Sábado de la Quinta Semana de Pascua.
Dios los bendiga…
Evangelio según San Juan 15,18-21.
Si el mundo los odia, sepan que antes me ha odiado a mí. Si ustedes fueran del mundo, el mundo los amaría como cosa suya. Pero como no son del mundo, sino que yo los elegí y los saqué de él, el mundo los odia. Acuérdense de lo que les dije: el servidor no es más grande que su señor. Si me persiguieron a mí, también los perseguirán a ustedes; si fueron fieles a mi palabra, también serán fieles a la de ustedes. Pero los tratarán así a causa de mi Nombre, porque no conocen al que me envió.
Comentario
La lectura del evangelio de hoy describe la situación precaria de la comunidad cristiana en el mundo, que en concreto era la sociedad pagana y en parte también la judía de finales del siglo I y comienzos del siglo II. Una situación que se caracteriza por el rechazo y hasta por la persecución abiertas. La resistencia a la revelación no ha cesado con la cruz de Jesús; ahora se dirige contra la comunidad creyente que mantiene el testimonio de la revelación y que se presenta frente al mundo.
"Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a mí antes que a vosotros". La exhortación a la comunidad cristiana comienza con un recuerdo lapidario: la expresión "sabed" invita a los oyentes a reflexionar sobre su situación fundamental y a que piensen en aquel Jesús al que se
han unido mediante la fe.
El odio del mundo sale al paso a los discípulos, que probablemente no contaron con esta contingencia al abrazar la fe.
Que la fe suscite odio y no amor es algo que puede confundir a los cristianos sobre todo si se piensa que precisamente por la misma fe cristiana se está obligado al amor. A esto se añade el peligro, presente ya desde el comienzo, de que, frente a la amenaza de las persecuciones y dificultades, algunos cristianos se volvían atrás y apostataban. Por eso, en este texto empieza por ser tan apremiante el recuerdo de Jesús. Se les viene a decir a los cristianos: cuando os encontréis con el odio del mundo, debéis de tener presente que vuestra suerte y vuestro destino no pueden ser otros que los del propio Jesús. Antes que a vosotros me han odiado a mí.
Y a continuación se añade la razón teológica del hecho: los discípulos ya no pertenecen al mundo. "Si fuerais del mundo, el mundo os amaría como cosa suya, pero como no sois del mundo sino que yo os he escogido sacándoos del mundo, por eso el mundo os odia".
Los discípulos "no son del mundo", han pasado ya "de la muerte a la vida", por lo cual se han despojado de su naturaleza mundana. Para el mundo ya no son "lo suyo", sino que ahora pertenecen a Jesús. El los ha hecho suyos mediante su elección. Porque ya no pertenecen al mundo, tampoco el mundo les demuestra su amor, habiendo perdido a sus ojos todo interés. Y por esta pertenencia a Jesús los cristianos han entrado lógicamente en esa oposición tensa y radical que hay entre Dios y el mundo. Pablo llegará a decir que "están crucificados con Jesús".
Sin embargo, han de vivir en el mundo aunque no pueden llegar a sentirse en el mundo como en su propia casa. El discípulo de Jesús no puede ya identificarse con el mundo. Y eso es justamente lo que el mundo no le puede perdonar "por eso el mundo os odia". "Y todo esto lo hará con vosotros a causa de mi nombre, porque no conocen al que me envió".
Jesús es el testigo por excelencia del amor y de la fidelidad de Dios, pero el pueblo judío prefiere llamarle blasfemo antes que reconocerlo como Hijo de Dios.
Para creer en Jesús de Nazaret y aceptar el Reino inaugurado en su persona, el pueblo elegido tendría que haber renunciado a su orgullo, a su seguridad en sí mismo. Prefirió suprimir al testigo molesto.
La Iglesia es el cuerpo de Cristo y encarna la sabiduría de Dios. Por eso, tiene que sufrir inevitablemente los ataques del hombre que se cree dios de sí mismo y que no puede renunciar a ser él el autor de su propia salvación. Este hombre siempre buscará acusaciones contra la Iglesia, por los mismos motivos que las buscó contra Jesús. Entonces no se aceptó a Jesús como enviado de Dios. Ahora no se acepta a la Iglesia como enviada de Cristo.
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sábado, 8 de mayo de 2010
viernes, 7 de mayo de 2010
‘ÉSTE ES MI MANDAMIENTO: QUE OS AMÉIS UNOS A OTROS’
¡Amor y paz!
En su discurso de la Última Cena, Jesús ha insistido en que sus discípulos deben ‘permanecer en su amor, guardando sus mandamientos’.
Ahora pide un seguimiento más comprometido: “Éste es mi mandamiento, que os améis unos a otros como yo os he amado”.
Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio, en este Viernes de la Quinta Semana de Pascua.
Dios los bendiga…
Evangelio según San Juan 15,12-17.
Este es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado. No hay amor más grande que dar la vida por los amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre. No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero. Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá. Lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros.
Comentario
El Evangelio continúa las palabras de Jesús referentes al amor cristiano. Este es por excelencia un amor fraternal. No está fijado a los vínculos de sangre ni al "amor a la Patria". Ni siquiera es un amor que se centre exclusivamente en los integrantes de la propia congregación. Es un amor abierto a la humanidad, especialmente a la humillada, pobre y excluida. El amor cristiano manifiesta el amor del Padre en la medida en que vemos a los demás como personas dignas de nuestro afecto y respeto.
Un amor tan profundo sólo es posible si el discípulo opta por la propuesta de Jesús. Por esta razón, el texto insiste en la fidelidad a la Palabra de Jesús. Esta no es una más dentro de otras comunicaciones. Dios nos ha dado en Jesús su comunicación más personal. "Si ustedes permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y se les dará".
El discípulo no es un simple subalterno. Es ante todo un amigo personal de Jesús. Esta amistad es el ambiente donde el discípulo crece en diálogo constante y en atención permanente a su maestro.
El discípulo se siente llamado. Los discípulos y discípulas del Señor no están congregados en la comunidad por un asunto ocasional. Ellos son parte viva de la comunidad y están destinados a desarrollarse allí como personas autónomas, libres y maduras. "Esto es lo que les mando: que se amen unos a otros".
Servicio Bíblico Latinoamericano
www.mercaba.org
En su discurso de la Última Cena, Jesús ha insistido en que sus discípulos deben ‘permanecer en su amor, guardando sus mandamientos’.
Ahora pide un seguimiento más comprometido: “Éste es mi mandamiento, que os améis unos a otros como yo os he amado”.
Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio, en este Viernes de la Quinta Semana de Pascua.
Dios los bendiga…
Evangelio según San Juan 15,12-17.
Este es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado. No hay amor más grande que dar la vida por los amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre. No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero. Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá. Lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros.
Comentario
El Evangelio continúa las palabras de Jesús referentes al amor cristiano. Este es por excelencia un amor fraternal. No está fijado a los vínculos de sangre ni al "amor a la Patria". Ni siquiera es un amor que se centre exclusivamente en los integrantes de la propia congregación. Es un amor abierto a la humanidad, especialmente a la humillada, pobre y excluida. El amor cristiano manifiesta el amor del Padre en la medida en que vemos a los demás como personas dignas de nuestro afecto y respeto.
Un amor tan profundo sólo es posible si el discípulo opta por la propuesta de Jesús. Por esta razón, el texto insiste en la fidelidad a la Palabra de Jesús. Esta no es una más dentro de otras comunicaciones. Dios nos ha dado en Jesús su comunicación más personal. "Si ustedes permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y se les dará".
El discípulo no es un simple subalterno. Es ante todo un amigo personal de Jesús. Esta amistad es el ambiente donde el discípulo crece en diálogo constante y en atención permanente a su maestro.
El discípulo se siente llamado. Los discípulos y discípulas del Señor no están congregados en la comunidad por un asunto ocasional. Ellos son parte viva de la comunidad y están destinados a desarrollarse allí como personas autónomas, libres y maduras. "Esto es lo que les mando: que se amen unos a otros".
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