¡Amor y paz!
En el texto evangélico, Cristo nos enseña que Él da paz, pero no una paz de acuerdos económicos, convencionales, interesados, partidistas, sino la
paz del alma, de la virtud, del amor, de la justicia.
Los invito, hermanos a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este Martes de la Quinta Semana de Pascua.
Dios los bendiga…
Evangelio según San Juan 14,27-31.
Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo. ¡No se inquieten ni teman! Me han oído decir: 'Me voy y volveré a ustedes'. Si me amaran, se alegrarían de que vuelva junto al Padre, porque el Padre es más grande que yo. Les he dicho esto antes que suceda, para que cuando se cumpla, ustedes crean. Ya no hablaré mucho más con ustedes, porque está por llegar el Príncipe de este mundo: él nada puede hacer contra mí, pero es necesario que el mundo sepa que yo amo al Padre y obro como él me ha ordenado. Levántense, salgamos de aquí.
Comentario
Jesús da la paz a los suyos en la forma tradicional del saludo y despedida de los semitas. Pero insinúa también que quiere dar "su" paz, la cual no corresponde a la paz que dan los que son del mundo. El judío usaba la fórmula de paz no sólo como saludo ordinario, sino también como parte de un acto sagrado. La fórmula de saludo estaba llena de contenido vivencial. En el A.T. llegó a ser fórmula litúrgica de bendición en el culto en Jerusalén (Nm 6,26; Sal 29,11). En el Nuevo Testamento aparece desde el nacimiento de Juan Bautista y de Jesús (Lc 2,14; Lc 1,79), hasta la resurrección.
Jesús da la paz a sus discípulos antes de anunciarles su muerte, ligada a la acción del Maligno (v. 30a). Después de su resurrección da la paz a sus atemorizados discípulos (Jn 20,19; 21,26). Es decir, la paz de Jesús es algo más que un saludo. Es su misma fuerza, junto con la del Padre y la del Espíritu, que reconforta y anima. Es una comunicación sacramental. La iglesia primitiva sintió la paz de Jesús como la fuerza que la reunificaba en las contradicciones (Ef 2,14). Es decir, la paz estaba asociada a momentos especiales de gracia, en los que Dios se manifestaba como energía especial.
Hoy Jesús nos da esa misma paz, que debe recibir el contenido que quiso darle Jesús: no sólo un saludo de cortesía, sino una ratificación de su presencia, para no perder la esperanza y para fomentar la fraternidad. La paz no es sólo ausencia de la guerra, sino un verdadero estado de gracia, construido en lo más profundo del ser humano. Ella posibilita que nos acerquemos al otro como a un hermano. Por eso la paz es el gran clamor de la mayoría del pueblo sencillo. En contraposición a los que viven del poder, que hacen la guerra y comercian con ella, en busca de dominio y fortuna. No les importa que, como siempre, sea el pueblo sencillo el que sufra las consecuencias.
Servicio Bíblico Latinoamericano
martes, 4 de mayo de 2010
lunes, 3 de mayo de 2010
‘HACE TANTO QUE ESTOY CON USTEDES, ¿Y TODAVÍA NO ME CONOCEN?’
¡Amor y paz!
Recientemente leímos el Evangelio al que volvemos hoy y es porque, haciendo un alto en el ciclo litúrgico, celebramos la Fiesta de los apóstoles Felipe y Santiago.
En la lista de los apóstoles, Felipe aparece en el Evangelio de Mateo 10 veces. Quien más noticias nos da sobre él es el evangelista Juan, quien lo presenta como persona sencilla, generosa, bondadosa, cercana a Jesús.
Luego de ser recibido por Jesús como seguidor, es él quien da la noticia a Natanael y quien, ante el escepticismo de éste, le añade: “Ven y lo veras’ (Jn 1, 42ss). Y es también el que, tras oír y no entender el discurso de Jesús en la última Cena, dice al Maestro: “Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta” (Jn 14, 7s). Después de Pentecostés, su predicación recayó principalmente sobre Frigia. En el Nuevo Testamento no tenemos ninguna Carta escrita por Felipe.
Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario.
Dios los bendiga…
Evangelio según San Juan 14,6-14.
Jesús le respondió: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si ustedes me conocen, conocerán también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto". Felipe le dijo: "Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta". Jesús le respondió: "Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conocen? El que me ha visto, ha visto al Padre. ¿Como dices: 'Muéstranos al Padre'? ¿No crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que digo no son mías: el Padre que habita en mí es el que hace las obras. Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Créanlo, al menos, por las obras. Les aseguro que el que cree en mí hará también las obras que yo hago, y aún mayores, porque yo me voy al Padre. Y yo haré todo lo que ustedes pidan en mi Nombre, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si ustedes me piden algo en mi Nombre, yo lo haré.
Comentario
En el pasaje evangélico el apóstol Felipe hace a Jesús una petición audaz e inusitada: “muéstranos al Padre y eso nos basta”. Nada menos, como si a Dios se le pudiera mostrar aquí o allá, como se muestra a una persona o a una cosa cualquiera. Como si Dios pudiera ser contemplado con nuestros ojos mortales, cuando en el AT es constante la afirmación de que quien vea a Dios necesariamente morirá (véase por ejemplo Ex 33, 20; Is 6, 5). Pero con su audacia el apóstol Felipe ha hecho que Jesús nos revele el verdadero rostro de Dios: “quien me ha visto a mí ha visto al Padre”. Conocer a Jesús, escuchar sus palabras, vivir sus mandamientos, equivale a conocer plenamente a Dios, a contemplar su rostro amoroso reflejado en la bondad de Jesucristo, en su misericordia y amor hacia los pobres y sencillos.
De Santiago el menor sabemos que llegó a ser líder de la comunidad cristiana de Jerusalén hasta los calamitosos años anteriores a la guerra judía contra Roma. El historiador Flavio Josefo, contemporáneo de los acontecimientos, nos ha dejado un testimonio vívido y honroso del apóstol en una de sus obras (Antigüedades judías 20.9.1). Representaba Santiago el menor el cristianismo judaizante de los primerísimos tiempos, apegado todavía al culto del templo, a la reunión sinagogal, la guarda del sábado y demás tradiciones judías. Flavio Josefo nos dice que gozaba del respeto y veneración, no solo de los cristianos, sino también de los mismos judíos piadosos que lo llamaba “el justo”. El mismo autor narra dramáticamente su muerte a manos de judíos fanáticos. De Felipe casi no sabemos nada. La memoria litúrgica de la Iglesia los unió cuando en el siglo VI fue inaugurada la basílica de los doce apóstoles en la ciudad de Roma, y se depositaron en su altar principal supuestas reliquias de estos dos personajes.
Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica).
www.mercaba.org
Recientemente leímos el Evangelio al que volvemos hoy y es porque, haciendo un alto en el ciclo litúrgico, celebramos la Fiesta de los apóstoles Felipe y Santiago.
En la lista de los apóstoles, Felipe aparece en el Evangelio de Mateo 10 veces. Quien más noticias nos da sobre él es el evangelista Juan, quien lo presenta como persona sencilla, generosa, bondadosa, cercana a Jesús.
Luego de ser recibido por Jesús como seguidor, es él quien da la noticia a Natanael y quien, ante el escepticismo de éste, le añade: “Ven y lo veras’ (Jn 1, 42ss). Y es también el que, tras oír y no entender el discurso de Jesús en la última Cena, dice al Maestro: “Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta” (Jn 14, 7s). Después de Pentecostés, su predicación recayó principalmente sobre Frigia. En el Nuevo Testamento no tenemos ninguna Carta escrita por Felipe.
Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario.
Dios los bendiga…
Evangelio según San Juan 14,6-14.
Jesús le respondió: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si ustedes me conocen, conocerán también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto". Felipe le dijo: "Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta". Jesús le respondió: "Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conocen? El que me ha visto, ha visto al Padre. ¿Como dices: 'Muéstranos al Padre'? ¿No crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que digo no son mías: el Padre que habita en mí es el que hace las obras. Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Créanlo, al menos, por las obras. Les aseguro que el que cree en mí hará también las obras que yo hago, y aún mayores, porque yo me voy al Padre. Y yo haré todo lo que ustedes pidan en mi Nombre, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si ustedes me piden algo en mi Nombre, yo lo haré.
Comentario
En el pasaje evangélico el apóstol Felipe hace a Jesús una petición audaz e inusitada: “muéstranos al Padre y eso nos basta”. Nada menos, como si a Dios se le pudiera mostrar aquí o allá, como se muestra a una persona o a una cosa cualquiera. Como si Dios pudiera ser contemplado con nuestros ojos mortales, cuando en el AT es constante la afirmación de que quien vea a Dios necesariamente morirá (véase por ejemplo Ex 33, 20; Is 6, 5). Pero con su audacia el apóstol Felipe ha hecho que Jesús nos revele el verdadero rostro de Dios: “quien me ha visto a mí ha visto al Padre”. Conocer a Jesús, escuchar sus palabras, vivir sus mandamientos, equivale a conocer plenamente a Dios, a contemplar su rostro amoroso reflejado en la bondad de Jesucristo, en su misericordia y amor hacia los pobres y sencillos.
De Santiago el menor sabemos que llegó a ser líder de la comunidad cristiana de Jerusalén hasta los calamitosos años anteriores a la guerra judía contra Roma. El historiador Flavio Josefo, contemporáneo de los acontecimientos, nos ha dejado un testimonio vívido y honroso del apóstol en una de sus obras (Antigüedades judías 20.9.1). Representaba Santiago el menor el cristianismo judaizante de los primerísimos tiempos, apegado todavía al culto del templo, a la reunión sinagogal, la guarda del sábado y demás tradiciones judías. Flavio Josefo nos dice que gozaba del respeto y veneración, no solo de los cristianos, sino también de los mismos judíos piadosos que lo llamaba “el justo”. El mismo autor narra dramáticamente su muerte a manos de judíos fanáticos. De Felipe casi no sabemos nada. La memoria litúrgica de la Iglesia los unió cuando en el siglo VI fue inaugurada la basílica de los doce apóstoles en la ciudad de Roma, y se depositaron en su altar principal supuestas reliquias de estos dos personajes.
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