miércoles, 14 de abril de 2010

«TANTO AMÓ DIOS AL MUNDO QUE ENTREGÓ A SU HIJO ÚNICO»

¡Amor y paz!

La reflexión que hace hoy Jesús es una lección de teología: sobre los motivos de la encarnación, pasión, muerte y resurrección del Hijo de Dios, sobre nuestra disponibilidad al don de la fe, y sobre las consecuencias de la infidelidad a la gracia que emana del sacrificio de Cristo.

Cada frase del Evangelio hoy es una oportunidad para reflexionar sobre la razón de ser de nuestra fe cristiana.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este miércoles de la 2ª. semana de Pascua.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Juan 3,16-21.


Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en Él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. En esto consiste el juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Todo el que obra mal odia la luz y no se acerca a ella, por temor de que sus obras sean descubiertas. En cambio, el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se ponga de manifiesto que sus obras han sido hechas en Dios".

Comentario

a) En el diálogo con Nicodemo, Jesús llega todavía a mayor profundidad en la revelación de su propio misterio. Aquí ya debe ser el mismo evangelista Juan quien introduce su comentario teológico a lo que pudo ser históricamente el diálogo en sí.

La fe en Cristo la presenta en dos vertientes muy claras.

Por parte de Dios, el pasaje de hoy nos dice claramente que todo es iniciativa de amor: «tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único». Dios ha demostrado históricamente su amor. Quiere la vida eterna de todos: por eso ha enviado al Hijo. Dios ama. Ama a todos. Al mundo entero. Esta es la perspectiva que lo explica todo: la Navidad (cuántas veces escuchamos en la carta de Juan la afirmación de Dios como amor) y la Pascua, y toda la historia de antes y de después. Lo propio de Dios no es condenar, sino salvar. Como se vio continuamente en la vida de Jesús: vino a salvar y a perdonar. Acogió a los pecadores. Perdonó a la adúltera. La oveja descarriada recibió las mejores atenciones del Buen Pastor, dándole siempre un margen de confianza, para que se salvara.

Pero por parte nuestra hay la dramática posibilidad de aceptar o no ese amor de Dios. Una libertad tremenda. El que decide creer en Jesús acepta en sí la vida de Dios. El que no, él mismo se condena, porque rechaza esa vida. Juan lo explica con el símil de la luz y la oscuridad. Hay personas -como muchos de los judíos- que prefieren no dejarse iluminar por la luz, porque quedan en evidencia sus obras. Es una luz que tiene consecuencias en la vida. Y viceversa: la clase de vida que uno lleva condiciona si se acepta o no la luz. La antítesis entre la luz y las tinieblas no se juega en el terreno de los conocimientos, sino en el de las obras.

b) Cristo ha muerto por todos. Es la prueba del amor que a todos y a cada uno nos tiene Dios Trino. Yo, cada uno de nosotros, soy amado por Dios. He sido salvado por Jesús cuando hace dos mil años se entregó a la muerte y fue resucitado a la nueva vida. Puedo desconfiar de muchas personas y de mí mismo, pero la Pascua que estamos celebrando me recuerda: tanto me ha amado Dios, que ha entregado por mí a su Hijo. Para que creyendo en Él y siguiéndole, me salve y tenga la vida eterna.

Sólo si yo no quiero la salvación o el amor o la luz, quedaré excluido de la vida: pero seré yo mismo el que no quiere entrar a la nueva existencia que me está ofreciendo Dios. La Pascua anual que estamos celebrando, y la Eucaristía en que participamos, deberían aumentar nuestra fe en Cristo Jesús, nuestra unión con él: «el que me come permanece en mí y yo en él». Y esto daría fuerza y aliento a nuestra vida cristiana de cada día.

J. ALDAZABAL
ENSÉÑAME TUS CAMINOS 3
El Tiempo Pascual día tras día
Barcelona 1997. Págs. 48-51
www.mercaba.org

martes, 13 de abril de 2010

ES NECESARIO CONJUGAR LA FE CON LA CULTURA

¡Amor y paz!

A Nicodemo, y seguramente a muchos de nosotros, le hacía falta nacer de nuevo: conjugar su cultura humana con la visión sobrenatural que da la fe en Jesucristo, muerto en la cruz por amor a los hombres.

Ir por el mundo sin fe o sin razón es como que un animal bípedo intente caminar con una sola pata o que un ave intente volar con una sola ala: terminará estrellándose.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio, en este martes de la 2ª. semana de Pascua. Hay que tener en cuenta que en esta meditación, hay un diálogo del lector con Jesús.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Juan 3,7-15.

No te extrañes de que te haya dicho: 'Ustedes tienen que renacer de lo alto'. El viento sopla donde quiere: tú oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Lo mismo sucede con todo el que ha nacido del Espíritu". "¿Cómo es posible todo esto?", le volvió a preguntar Nicodemo. Jesús le respondió: "¿Tú, que eres maestro en Israel, no sabes estas cosas? Te aseguro que nosotros hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no aceptan nuestro testimonio. Si no creen cuando les hablo de las cosas de la tierra, ¿cómo creerán cuando les hable de las cosas del cielo? Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo. De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en él tengan Vida eterna.

Meditación

1º. Jesús, en esta conversación tuya con Nicodemo, aparecen dos sabidurías distintas. Nicodemo se había dirigido a Ti llamándote «Rabí, Maestro venido de parte de Dios» (Juan3, 2),y Tú le llamas «maestro en Israel» Los dos sois maestros, pero cada uno «hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto.» Y aquí está la diferencia, porque Tú vienes del Cielo: «nadie ha subido al Cielo, sino el que bajó del Cielo, el Hijo del Hombre.» Tú eres Dios, Nicodemo es hombre, y cada uno habla de lo que sabe y da testimonio de lo que ha visto. Por eso Nicodemo, aun siendo maestro, no entiende: «¿cómo puede ser esto?» Pero, Jesús, Tú no dices que tengamos que entender todo, como se entiende un problema de matemáticas. Hablas de creer, de tener fe: «Si os he hablado de cosas terrenas y no creéis, ¿cómo ibais a creer si os hablara de cosas celestiales?»

La fe es muy razonable, y estudiando la doctrina se entienden muchas cosas. Pero hay un salto que no depende de la razón humana, sino de creer que Tú eres el Hijo de Dios y que, por tanto, hablas de lo que sabes y das testimonio de lo que has visto. «De una manera fragmentaria y de muchos modos habló Dios en el pasado a nuestros Padres por medio de los Profetas; en estos últimos tiempos nos ha hablado por su Hijo» (Hebreos 1, 1-2). Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre, es la Palabra única, perfecta e insuperable del Padre. En El lo dice todo, no habrá otra palabra más que ésta». (CEC-65).

2º. Sólo te preocupas de edificar tu cultura. -Y es preciso edificar tu alma. -Así trabajarás como debes, por Cristo: para que Él reine en el mundo hace falta que haya quienes, con la vista en el cielo, se dediquen prestigiosamente a todas las actividades humanas, y desde ellas, ejerciten calladamente -y eficazmente- un apostolado de carácter profesional» (Camino.-347). Jesús, desde mi infancia, voy edificando mi cultura, mis conocimientos; mi capacidad crítica, de entender el mundo y de comunicarme; mi capacidad de trabajo, mi memoria. ¿Y mi alma? A veces parece que la tengo todavía a nivel de «primera comunión»: en el conocimiento y profundización de la doctrina; en la capacidad de sacrificio y de oración; o a la hora de defender la fe o de tomar decisiones con visión cristiana. Nicodemo era maestro en Israel, pero le hacía falta nacer de nuevo: conjugar esa cultura humana con la visión sobrenatural que da la fe en Ti, muerto en la cruz por amor a los hombres.

Cuando, mientras los demás se esconden, Nicodemo ayuda a bajar tu cuerpo muerto de la cruz, demuestra que tuvo fe en tus palabras: «es preciso que sea levantado el Hijo del Hombre, para que todo el que crea tenga vida eterna en él» «Para que Él reine en el mundo hace falta que haya quienes, con la vista en el cielo, se dediquen prestigiosamente a todas las actividades humanas.» Jesús, Tú quieres que sepa conjugar, como Nicodemo, el prestigio profesional humano con una fe profunda, que mire al cielo. Así habrá gente de talento que sepa resolver los problemas humanos con visión cristiana: justicia, honradez, solidaridad. Y de este modo podrá ejercitarse -callada pero eficazmente- un apostolado de carácter profesional.

Esta meditación está tomada de: “Una cita con Dios” de Pablo Cardona. Ediciones Universidad de Navarra. S. A. Pamplona.