¡Amor y paz!
En el evangelio leeremos cómo la persona de Jesús, concretamente su origen, provoca discusiones y posturas diversas. Se ignora lo más profundo de su personalidad: su origen divino. La vida de los hombres se decide según la actitud vivencial que tomen con respecto a Jesús.
Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este sábado de la 4ª semana de Cuaresma.
Dios los bendiga…
Evangelio según San Juan 7,40-53.
Algunos de la multitud que lo habían oído, opinaban: "Este es verdaderamente el Profeta". Otros decían: "Este es el Mesías". Pero otros preguntaban: "¿Acaso el Mesías vendrá de Galilea? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá del linaje de David y de Belén, el pueblo de donde era David?". Y por causa de él, se produjo una división entre la gente. Algunos querían detenerlo, pero nadie puso las manos sobre él. Los guardias fueron a ver a los sumos sacerdotes y a los fariseos, y estos les preguntaron: "¿Por qué no lo trajeron?". Ellos respondieron: "Nadie habló jamás como este hombre". Los fariseos respondieron: "¿También ustedes se dejaron engañar? ¿Acaso alguno de los jefes o de los fariseos ha creído en él? En cambio, esa gente que no conoce la Ley está maldita". Nicodemo, uno de ellos, que había ido antes a ver a Jesús, les dijo: ¿Acaso nuestra Ley permite juzgar a un hombre sin escucharlo antes para saber lo que hizo?". Le respondieron: "¿Tú también eres galileo? Examina las Escrituras y verás que de Galilea no surge ningún profeta". Y cada uno regresó a su casa.
Comentario
Tomar partido por Cristo.
-De la muchedumbre, a propósito de Jesús, unos decían... otros decían...
Jesús sigue siendo un misterio para sus contemporáneos.
¿Quién es? ¿De dónde viene? Las discusiones simplemente humanas no alcanzan a dar una
respuesta.
-Y se originó un desacuerdo en la multitud por su causa.
Y yo, ¿qué digo de Jesús? ¿Tomo partido, claramente?
-¿No dice la Escritura que...?
Incluso la ciencia bíblica no basta para descubrir verdaderamente quién es El. No es primero en los libros que se descubre a Cristo. Los escribas y los fariseos eran la más alta autoridad doctrinal, los mejores especialistas en discusiones sobre la
Escritura -sus referencias son prueba de ello-.
Según ellos, en Jesús no se cumplen todas las condiciones necesarias: no es el Mesías.
La condición esencial para conocer a Dios es la humildad.
Hay que saber desprenderse de sí mismo, renunciar a sus propios puntos de vista, dejarse conducir.
Más allá de mis dudas y de mis preguntas, Señor, haz que te conozca. Acepto no saber captar todo. Sé que no puedo comprenderlo todo.
-Del linaje de David y de la aldea de Belén ha de venir el Mesías.
A menudo es así: los detalles nos bloquean.
Nos quedamos en bagatelas.
No sabemos superar las apariencias.
Y sin embargo, era ciertamente ¡"de Belén" que él venía! Pero también ¡"de mucho más lejos" que Belén! Esa pequeña aldea podía ser causa de ilusión.
Dios permanece escondido detrás de las apariencias humanas.
Los guardias, enviados por los príncipes de los sacerdotes para arrestarle volvieron diciendo: ¡Jamás hombre alguno habló como este! Los alguaciles del Sanedrín no se atrevieron a ponerle la mano encima, como se les había mandado. Quedaron subyugados, seducidos.
Este detalle es importante. Nos muestra que algo debía emanar de Jesús: se adivinaba una personalidad excepcional, fascinante.
Muchos hombres, hoy, se quedan con esta admiración:
Jesús es un gran hombre..., un genio espiritual..., un sabio...
Tú eres, Señor, mucho más que esto: "creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos. Dios de Dios. Luz de Luz... Por Quien todo fue hecho.
-"¿Acaso algún magistrado o fariseo ha creído en él?" "Pero esta gentuza que ignora
la Ley, son unos malditos".
He aquí lo que dicen los fariseos. ¡Qué aplomo! ¡Qué desprecio a todos los que no piensan como ellos, esas gentes que no conocen la Escritura!
-Nicodemo, el que había ido antes a él, les dijo: "¿Acaso nuestra Ley condena a un hombre antes de oírle?--¿También tú eres Galileo?
No resulta fácil tomar partido por Jesús. Se corre el riesgo de ser mal visto; de ser
juzgado con él.
¿Soy capaz de correr ese riesgo? ¿Soy capaz de ser despreciado y juzgado mal, por el hecho de seguir a Jesús? ¿Hasta dónde llega mi fe? ¿Qué compromiso contraigo con ella?
¿Soy cristiano solamente cuando es fácil? ¿O bien lo soy también cuando el serlo requiere comprometerse?
NOEL QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 1
EVANG. DE ADVIENTO A PENTECOSTES
EDIT. CLARET/BARCELONA 1984.Pág. 152 s.
www.mercaba.org
sábado, 20 de marzo de 2010
viernes, 19 de marzo de 2010
JOSÉ, ESPOSO DE MARÍA, HOMBRE JUSTO
¡Amor y paz!
Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este viernes en que celebramos la solemnidad de San José, esposo de la Virgen María.
En algunos países se celebra hoy el Día del Hombre. Pidámosle a San José que interceda por todos los hombres, especialmente por los padres de familia y también por los sacerdotes, toda vez que el esposo de María es el patrono de la Iglesia universal…
Evangelio según San Mateo 1,16.18-21.24.
Jacob fue padre de José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, que es llamado Cristo. Este fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto. Mientras pensaba en esto, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: "José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados". Al despertar, José hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa.
Comentario
“Este es el criado fiel y solícito a quien el Señor ha puesto al frente de su familia” (Lc12,42). Estas palabras de Jesús, que recoge el evangelista San Lucas, son aplicadas por la liturgia de la Iglesia a San José, esposo de la Virgen María. Él, con lealtad y sabiduría, supo asumir la responsabilidad que Dios le había confiado: José “hizo lo que le había mandado el ángel del Señor” (Mt 1,24).
¿En qué consistió esta responsabilidad? Fundamentalmente en cuidar de María y de Jesús: “No tengas reparo en llevarte a María, tu mujer… Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús”. Dios entrega a su propio Hijo, y a la Madre de su Hijo, a la custodia de San José. En su acción salvadora, Dios quiere contar con la colaboración de los hombres; de administradores fieles y solícitos que velen por su familia.
San José, sin ser el padre biológico de Jesús - ya que Jesús solamente tiene por Padre a Dios - , supo cumplir la misión de padre, de servidor de la vida y del crecimiento de aquel a quien Dios mismo le había confiado como hijo. En cierto sentido, todos los padres de la tierra reciben una encomienda parecida: servir a la vida y propiciar el crecimiento de sus hijos, a quienes, como colaboradores de Dios, han traído a la existencia. Los hijos no están confiados únicamente a la responsabilidad de las madres. También lo están a la responsabilidad de sus padres. Pero, más aun que de sus padres y de sus madres, los hijos son de Dios, pertenecen a Dios.
También los sacerdotes ejercen un tipo de paternidad y, en consecuencia, “han de preocuparse de los fieles que engendraron espiritualmente con el bautismo y la doctrina” (Lumen gentium, 28). A los sacerdotes se les encomienda, de modo muy especial, la tarea de cuidar, con caridad pastoral, a la familia de Dios, que es la Iglesia. Como San José, han de apoyarse en la fe para poder desempeñar su ministerio, sin separar la fe y la acción, la escucha de la Palabra divina y la obediencia concreta a esta Palabra.
Por intercesión de San José, patrono de la Iglesia universal, debemos pedir al Señor por los sacerdotes, por la santidad de los sacerdotes, para que, con su vida y ejemplo, no alejen a las personas de Dios, sino que las acerquen a Él. Con todas las limitaciones propias de los hombres, con pecados y con miserias, Dios los ha escogido para que sean testigos de su misericordia, de su amor compasivo, de un amor que se hace cargo de nuestras debilidades y que siempre está dispuesto a perdonarnos.
Y, junto a la oración por los sacerdotes, también la plegaria por las vocaciones sacerdotales. En cada diócesis, el Seminario es un motivo de esperanza y, como Abraham, que “creyó, contra toda esperanza” (cf Rm 4,18), también nosotros estamos llamados a esperar, por encima de cálculos meramente humanos, que, si lo pedimos con fe, Dios no dejará de enviar obreros a su mies.
Santa Teresa de Jesús animaba a acudir a la intercesión de San José: “Sólo pido por amor de Dios, que lo pruebe quien no me creyere y verá por experiencia el gran bien que es encomendarse a este glorioso Patriarca y tenerle devoción”, escribe en el Libro de la vida. Hagamos, pues, esa “prueba” que recomienda Santa Teresa, encomendándonos, y encomendando a toda la Iglesia, a la intercesión de San José.
Guillermo Juan Morado.
Sacerdote diocesano. Doctor en Teología por la PUG de Roma y Licenciado en Filosofía.
Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este viernes en que celebramos la solemnidad de San José, esposo de la Virgen María.
En algunos países se celebra hoy el Día del Hombre. Pidámosle a San José que interceda por todos los hombres, especialmente por los padres de familia y también por los sacerdotes, toda vez que el esposo de María es el patrono de la Iglesia universal…
Evangelio según San Mateo 1,16.18-21.24.
Jacob fue padre de José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, que es llamado Cristo. Este fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto. Mientras pensaba en esto, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: "José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados". Al despertar, José hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa.
Comentario
“Este es el criado fiel y solícito a quien el Señor ha puesto al frente de su familia” (Lc12,42). Estas palabras de Jesús, que recoge el evangelista San Lucas, son aplicadas por la liturgia de la Iglesia a San José, esposo de la Virgen María. Él, con lealtad y sabiduría, supo asumir la responsabilidad que Dios le había confiado: José “hizo lo que le había mandado el ángel del Señor” (Mt 1,24).
¿En qué consistió esta responsabilidad? Fundamentalmente en cuidar de María y de Jesús: “No tengas reparo en llevarte a María, tu mujer… Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús”. Dios entrega a su propio Hijo, y a la Madre de su Hijo, a la custodia de San José. En su acción salvadora, Dios quiere contar con la colaboración de los hombres; de administradores fieles y solícitos que velen por su familia.
San José, sin ser el padre biológico de Jesús - ya que Jesús solamente tiene por Padre a Dios - , supo cumplir la misión de padre, de servidor de la vida y del crecimiento de aquel a quien Dios mismo le había confiado como hijo. En cierto sentido, todos los padres de la tierra reciben una encomienda parecida: servir a la vida y propiciar el crecimiento de sus hijos, a quienes, como colaboradores de Dios, han traído a la existencia. Los hijos no están confiados únicamente a la responsabilidad de las madres. También lo están a la responsabilidad de sus padres. Pero, más aun que de sus padres y de sus madres, los hijos son de Dios, pertenecen a Dios.
También los sacerdotes ejercen un tipo de paternidad y, en consecuencia, “han de preocuparse de los fieles que engendraron espiritualmente con el bautismo y la doctrina” (Lumen gentium, 28). A los sacerdotes se les encomienda, de modo muy especial, la tarea de cuidar, con caridad pastoral, a la familia de Dios, que es la Iglesia. Como San José, han de apoyarse en la fe para poder desempeñar su ministerio, sin separar la fe y la acción, la escucha de la Palabra divina y la obediencia concreta a esta Palabra.
Por intercesión de San José, patrono de la Iglesia universal, debemos pedir al Señor por los sacerdotes, por la santidad de los sacerdotes, para que, con su vida y ejemplo, no alejen a las personas de Dios, sino que las acerquen a Él. Con todas las limitaciones propias de los hombres, con pecados y con miserias, Dios los ha escogido para que sean testigos de su misericordia, de su amor compasivo, de un amor que se hace cargo de nuestras debilidades y que siempre está dispuesto a perdonarnos.
Y, junto a la oración por los sacerdotes, también la plegaria por las vocaciones sacerdotales. En cada diócesis, el Seminario es un motivo de esperanza y, como Abraham, que “creyó, contra toda esperanza” (cf Rm 4,18), también nosotros estamos llamados a esperar, por encima de cálculos meramente humanos, que, si lo pedimos con fe, Dios no dejará de enviar obreros a su mies.
Santa Teresa de Jesús animaba a acudir a la intercesión de San José: “Sólo pido por amor de Dios, que lo pruebe quien no me creyere y verá por experiencia el gran bien que es encomendarse a este glorioso Patriarca y tenerle devoción”, escribe en el Libro de la vida. Hagamos, pues, esa “prueba” que recomienda Santa Teresa, encomendándonos, y encomendando a toda la Iglesia, a la intercesión de San José.
Guillermo Juan Morado.
Sacerdote diocesano. Doctor en Teología por la PUG de Roma y Licenciado en Filosofía.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
- "Frente a la CULTURA DE LA PRISA, es necesaria una CERCANÍA que trascienda las normas rituales"
- León XV invita al Camino a promover la UNIDAD, SIN RIGIDEZ NI MORALISMOS
- Cardenales: EL PAPEL MORAL DE EE.UU. EN EL MUNDO ESTÁ BAJO EXAMEN
- Condolencias del Papa por las víctimas del accidente ferroviario en España
- La fe cristiana NO SE BASA EN IDEAS ABSTRACTAS, sino en un ENCUENTRO PERSONAL CON EL HIJO"