¡Amor y paz!
Los invito a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este sábado 25º. del tiempo ordinario.
Dios los bendiga…
Evangelio según San Lucas 9,43-45.
Todos estaban maravillados de la grandeza de Dios. Mientras todos se admiraban por las cosas que hacía, Jesús dijo a sus discípulos: "Escuchen bien esto que les digo: El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres". Pero ellos no entendían estas palabras: su sentido les estaba velado de manera que no podían comprenderlas, y temían interrogar a Jesús acerca de esto.
COMENTARIO
a) Jesús repite el anuncio sobre su muerte (esta vez no añade su resurrección). Se vuelve a llamar "Hijo del Hombre", apuntando a su mesianismo final, como Señor y Juez del universo.
Los discípulos "no entendían este lenguaje: les resultaba tan oscuro que no captaban el sentido". Y, además, "les daba miedo preguntarle sobre el asunto".
En otras ocasiones, los evangelistas nos describen los motivos de esta dificultad: los seguidores de Jesús tenían en su cabeza un mesianismo político, con ventajas materiales para ellos mismos, y discutían sobre quién iba a ocupar los puestos de honor a la derecha y la izquierda de Jesús. La cruz no entraba en sus planes.
b) Sí, Jesús despierta admiración, por sus gestos milagrosos y por la profundidad de sus palabras. También a nosotros nos gusta fácilmente ese Jesús.
Pero el Jesús servidor, el Jesús que se ciñe la toalla y lava los pies a los discípulos, el Jesús entregado a la muerte para salvar a la humanidad, eso no lo entendemos tan espontáneamente. Quisiéramos sólo el consuelo y el premio, no el sacrificio y la renuncia. Preferiríamos que no hubiera dicho aquello de que "el que me quiera seguir, tome su cruz cada día".
Pero ser seguidores de Jesús pide radicalidad, no creer en un Jesús que nos hemos hecho nosotros a nuestra medida. Ser colaboradores suyos en la salvación de este mundo también exige su mismo camino, que pasa a través de la cruz y la entrega. Como tuvieron ocasión de experimentar aquellos mismos apóstoles que ahora no le entienden, pero que luego, después de la Pascua y de Pentecostés, estarán dispuestos a sufrir lo que sea, hasta la muerte, para dar testimonio de Jesús.
J. ALDAZABAL
ENSÉÑAME TUS CAMINOS 6
Tiempo Ordinario. Semanas 22-34
Barcelona 1997. Págs. 111-114
www.mercaba.org
sábado, 26 de septiembre de 2009
viernes, 25 de septiembre de 2009
ORAR Y AMAR, EL CAMINO PARA LLEGAR A JESÚS
¡Amor y paz!
Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este viernes de la 25ª. semana del tiempo ordinario.
Dios los bendiga…
Evangelio según San Lucas 9,18-22.
Un día en que Jesús oraba a solas y sus discípulos estaban con él, les preguntó: "¿Quién dice la gente que soy yo?". Ellos le respondieron: "Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los antiguos profetas que ha resucitado". "Pero ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy yo?". Pedro, tomando la palabra, respondió: "Tú eres el Mesías de Dios". Y él les ordenó terminantemente que no lo dijeran a nadie. "El Hijo del hombre, les dijo, debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día".
COMENTARIO
La oración, realizada en la compañía de Jesús, es el único instrumento válido que nos prepara a realizar el camino que va del reconocimiento de Jesús como Profeta a la proclamación del Mesías y desde ésta a la fe en el misterio del Hijo del hombre.
La primera etapa del recorrido nos conduce a la adhesión a la Persona de Jesús como única respuesta valedera a nuestras búsquedas más profundas. Con Pedro y, a diferencia de la multitud, debemos proclamar al Mesías Jesús, nuestro Salvador.
Pero éste nos exige un paso más. El Mesías, concebido muchas veces como un triunfador, a semejanza de la mentalidad de la sociedad elitista que vivimos, no puede colmar nuestra existencia. Es necesario recorrer el camino hacia Jerusalén en que tiene lugar la Historia de la Pasión. Esta es la suerte reservada al Hijo del Hombre y es también la suerte que debe ser asumida por todos sus seguidores si quieren, como él, ser agentes de transformación de un mundo dominado por la satisfacción de los egoísmos.
La lucha contra éstos y contra las injusticias que ellos generan nos coloca en el horizonte de la Pasión entendida, no como complacencia en el propio sufrimiento, sino como una actitud de coraje para actuar los valores del Reino en un mundo que trata de acallarlos, incluso con el homicidio de sus portadores.
El martirio es siempre una posibilidad real para los que, en seguimiento de Jesús, asumen su causa. Dicha causa necesita testigos confiables y en el horizonte de éstos siempre se encuentra la posibilidad de la entrega de la propia vida en defensa de sus valores.
Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica)
www.mercaba.org
Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este viernes de la 25ª. semana del tiempo ordinario.
Dios los bendiga…
Evangelio según San Lucas 9,18-22.
Un día en que Jesús oraba a solas y sus discípulos estaban con él, les preguntó: "¿Quién dice la gente que soy yo?". Ellos le respondieron: "Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los antiguos profetas que ha resucitado". "Pero ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy yo?". Pedro, tomando la palabra, respondió: "Tú eres el Mesías de Dios". Y él les ordenó terminantemente que no lo dijeran a nadie. "El Hijo del hombre, les dijo, debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día".
COMENTARIO
La oración, realizada en la compañía de Jesús, es el único instrumento válido que nos prepara a realizar el camino que va del reconocimiento de Jesús como Profeta a la proclamación del Mesías y desde ésta a la fe en el misterio del Hijo del hombre.
La primera etapa del recorrido nos conduce a la adhesión a la Persona de Jesús como única respuesta valedera a nuestras búsquedas más profundas. Con Pedro y, a diferencia de la multitud, debemos proclamar al Mesías Jesús, nuestro Salvador.
Pero éste nos exige un paso más. El Mesías, concebido muchas veces como un triunfador, a semejanza de la mentalidad de la sociedad elitista que vivimos, no puede colmar nuestra existencia. Es necesario recorrer el camino hacia Jerusalén en que tiene lugar la Historia de la Pasión. Esta es la suerte reservada al Hijo del Hombre y es también la suerte que debe ser asumida por todos sus seguidores si quieren, como él, ser agentes de transformación de un mundo dominado por la satisfacción de los egoísmos.
La lucha contra éstos y contra las injusticias que ellos generan nos coloca en el horizonte de la Pasión entendida, no como complacencia en el propio sufrimiento, sino como una actitud de coraje para actuar los valores del Reino en un mundo que trata de acallarlos, incluso con el homicidio de sus portadores.
El martirio es siempre una posibilidad real para los que, en seguimiento de Jesús, asumen su causa. Dicha causa necesita testigos confiables y en el horizonte de éstos siempre se encuentra la posibilidad de la entrega de la propia vida en defensa de sus valores.
Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica)
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