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lunes, 9 de enero de 2017

Arrepiéntanse y crean en el Evangelio


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Los invito, hermanos, a leer y meditar la Palabra de Dios y el comentario, en este lunes de la primera semana del Tiempo Ordinario.

Carta a los Hebreos 1,1-6. 

Después de haber hablado antiguamente a nuestros padres por medio de los Profetas, en muchas ocasiones y de diversas maneras, ahora, en este tiempo final, Dios nos habló por medio de su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas y por quien hizo el mundo. El es el resplandor de su gloria y la impronta de su ser. El sostiene el universo con su Palabra poderosa, y después de realizar la purificación de los pecados, se sentó a la derecha del trono de Dios en lo más alto del cielo. Así llegó a ser tan superior a los ángeles, cuanto incomparablemente mayor que el de ellos es el Nombre que recibió en herencia. ¿Acaso dijo Dios alguna vez a un ángel: "Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy?" ¿Y de qué ángel dijo: "Yo seré un padre para él y él será para mi un hijo?" Y al introducir a su Primogénito en el mundo, Dios dice: "Que todos los ángeles de Dios lo adoren." 

Salmo 97(96),1.2b.6.7c.9. 


¡El Señor reina! Alégrese la tierra,
regocíjense las islas incontables.
La Justicia y el Derecho son la base de su trono.

Los cielos proclaman su justicia
y todos los pueblos contemplan su gloria.
Todos los dioses se postran ante él.

Porque tú, Señor, eres el Altísimo:
estás por encima de toda la tierra,
mucho más alto que todos los dioses.

Evangelio según San Marcos 1,14-20. 
Después que Juan fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea. Allí proclamaba la Buena Noticia de Dios, diciendo: "El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia".  Mientras iba por la orilla del mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que echaban las redes en el agua, porque eran pescadores. Jesús les dijo: "Síganme, y yo los haré pescadores de hombres". Inmediatamente, ellos dejaron sus redes y lo siguieron.  Y avanzando un poco, vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban también en su barca arreglando las redes. En seguida los llamó, y ellos, dejando en la barca a su padre Zebedeo con los jornaleros, lo siguieron. 

Comentario

1. El Tiempo "Ordinario"

1.1 Empezamos hoy el tiempo llamado "ordinario", o mejor: el tiempo "durante el año". En el dúo adviento-navidad celebramos la encarnación del Señor; en el dúo cuaresma-pascua celebramos la muerte y resurrección del Señor. La Encarnación y la Pascua son los dos misterios mayores de nuestra fe, pero no agotan el misterio de Cristo. El tiempo "durante el año" tiene ese propósito: contemplar de la mano del Evangelio el conjunto admirable del misterio del ministerio de Cristo, que es lo que va desde su Encarnación hasta su Pascua.

1.2 Nuestra guía en esa contemplación y maravilloso aprendizaje es, desde luego, el Santo Evangelio. Por eso el tiempo ordinario es el tiempo del evangelio, el tiempo para oír, de un modo continuo y muy completo, el evangelio. Ahora bien, como hay una serie de textos evangélicos que se proclaman en adviento-navidad y otra en cuaresma-pascua, los textos del tiempo ordinario empiezan con el bautismo del Señor, que fue la fiesta de ayer, y se prolongan hasta los discursos de fondo escatológico que Jesús predicó en Jerusalén, ya próximo a su Pasión.

1.3 El tiempo ordinario tiene 33 o 34 semanas, dependiendo del comienzo del adviento del año litúrgico siguiente. Durante esas semanas se leen los textos principales del Evangelio según san Marcos, luego las partes de Mateo que no tienen paralelo en Marcos y luego las partes de Lucas que no tienen paralelo exacto ni en Marcos ni en Mateo. De este modo, los evangelios llamados "sinópticos" nos enseñan a lo largo de este ciclo del tiempo ordinario a mirar el misterio del ministerio de Nuestro Señor Jesucristo.

1.4 Eso en cuanto a las lecturas del evangelio. Con respecto a la primera lectura, la Iglesia ha tomado una opción en dos ciclos: uno para los años impares, como este, y otro para los años pares. Los libros, o mejor dicho, las partes de los libros que se leen en cada ciclo, par o impar, son obviamente distintos. El ciclo de los años impares comienza, como vemos, con la Carta a los Hebreos; el ciclo de los años pares empezará con la historia de Samuel, en el Primer Libro que lleva su nombre.

2. La unicidad del Hijo

2.1 Por amor a nuestra fe y por anhelo de apreciarla mejor, hemos de destacar algunos puntos del texto de Hebreos que la Iglesia nos ofrece hoy. Empezamos con una pregunta: ¿qué peculiaridades tiene Cristo, según estos versículos?

2.2 Son varias estas peculiaridades. Cristo llega en el momento "final", y como final de un proceso (Heb 1,2). Cristo es el "heredero de todo"; es aquel "por quien fue hecho el universo" (Heb 1,2). Aún más: "El es reflejo de su gloria, imagen perfecta de su ser. El sostiene el universo con su palabra poderosa." (Heb 1,3). Cristo es el que ha realizado "la purificación por los pecados" (Heb 1,3); es el que está "a la diestra del Padre", y que recibe un trato (tiene un "título") superior al de todo ángel, pues es "engendrado de Dios", que le llama "hijo" y se llama "Padre".

2.3 La enseñanza, pues, es clara: Cristo es único. Lo que podemos esperar de Cristo es único. Lo que hizo Cristo es único. Lo que hemos de agradecerle y el amor que le debemos, todo, todo es único.

http://fraynelson.com/homilias.html.

lunes, 11 de enero de 2016

Jesús nos invita a convertirnos y a creer en la Buena Noticia

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este lunes de la 1a. semana del Tiempo Ordinario.

Dios nos bendice….

Evangelio según San Marcos 1,14-20. 
Después que Juan fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea. Allí proclamaba la Buena Noticia de Dios, diciendo: "El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia". Mientras iba por la orilla del mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que echaban las redes en el agua, porque eran pescadores. Jesús les dijo: "Síganme, y yo los haré pescadores de hombres". Inmediatamente, ellos dejaron sus redes y lo siguieron. Y avanzando un poco, vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban también en su barca arreglando las redes. En seguida los llamó, y ellos, dejando en la barca a su padre Zebedeo con los jornaleros, lo siguieron. 
Comentario

a) Estamos de inicio de libros. Durante las primeras nueve semanas del Tiempo Ordinario proclamamos el evangelio de Marcos, que se lee en primer lugar entre los tres sinópticos, haciendo caso a los estudiosos actuales que sitúan a Marcos como el evangelio más antiguo, del que dependen en buena parte los otros dos, Mateo y Lucas. Se podría decir, por tanto, que Marcos es el inventor de ese género literario tan provechoso que se llama «evangelio»: no es tanto historia, ni novela, sino «buena noticia». Pudo ser escrito en los años 60, o, si hacemos caso de los papiros descubiertos en el Qumran, incluso antes.

Con un estilo sencillo, concreto y popular, Marcos va a ir haciendo pasar ante nuestros ojos los hechos y palabras de Jesús: con más relieve los hechos que las palabras. Marcos no nos aporta, por ejemplo, tantos discursos de Jesús como Mateo o tantas parábolas como Lucas. Le interesa más la persona que la doctrina. En sus páginas está presente Jesús, con su historia palpitante, sus reacciones, sus miradas, sus sentimientos de afecto o de ira. Lo que quiere Marcos, y lo dice desde el principio, es presentarnos «el evangelio de Jesús, el Mesías, el Hijo de Dios» (Mc 1,1). Hacia el final del libro pondrá en labios del centurión las mismas palabras: «Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios» (Mc 15,39).

Además de leer cada año el evangelio de Marcos en los días feriales de estas nueve semanas, también lo proclamamos en los domingos de cada tres años.

La página que leemos hoy nos narra el comienzo del ministerio de Jesús en Galilea, que ocupará varios capítulos. En los versículos anteriores (Mc 1,1-13) nos hablaba de Juan el Precursor y del bautismo de Jesús en el Jordán. Son pasajes que leímos en el tiempo de Adviento y Navidad.

El mensaje que Marcos pone en labios de Jesús es sencillo pero lleno de consecuencias: ha llegado la hora (en griego, «kairós»), las promesas del Antiguo Testamento se empiezan a cumplir, está cerca el Reino de Dios, convertíos y creed la Buena Noticia: la Buena Noticia que tiene que cambiar nuestra actitud ante la vida.

En seguida empieza ya a llamar a discípulos: hoy a cuatro, dos parejas de hermanos. El relato es bien escueto. Sólo aporta dos detalles: que es Jesús el que llama y que los llamados le siguen inmediatamente, formando ya un grupo en torno suyo.

b) Somos invitados a escuchar a Jesús, nuestro auténtico Maestro, a lo largo de todo el año, y a seguirle en su camino. Nuestro primer «evangelio de cabecera» en los días entre semana será Marcos. Es la escuela de Jesús, el Evangelizador verdadero.

Somos invitados a «convertirnos», o sea, a ir aceptando en nuestras vidas la mentalidad de Jesús. Si creyéramos de veras, como aquellos cuatro discípulos, la Buena Noticia que Jesús nos anuncia también a nosotros, ¿no tendría que cambiar más nuestro estilo de vida? ¿No se nos tendría que notar que hemos encontrado al Maestro auténtico?

«Convertíos y creed en la Buena Noticia». Convertirse significa cambiar, abandonar un camino y seguir el que debe ser, el de Jesús. El Miércoles de Ceniza escuchamos, mientras se nos impone la ceniza, la doble consigna de la conversión (porque somos polvo) y de la fe (creer en el evangelio de Jesús). El mensaje de Jesús es radical: no nos puede dejar indiferentes.

«Lo dejaron todo y le siguieron». Buena disposición la de aquellos pescadores. A veces los lazos de parentesco (son hermanos) o sociales (los cuatro son pescadores) tienen también su influencia en la vocación y en el seguimiento. Luego irán madurando, pero ya desde ahora manifiestan una fe y una entrega muy meritorias.

«Lo dejaron todo y le siguieron». No es un maestro que enseña sentado en su cátedra. Es un maestro que camina por delante. Sus discípulos no son tanto los que aprenden cosas de él, sino los que le siguen, los que caminan con él. Es más importante la persona que la doctrina. Marcos no nos revela tanto qué es lo que enseñaba Jesús -aunque también lo dirá- sino quién es Jesús y qué significa seguirle.

J. ALDAZABAL
ENSÉÑAME TUS CAMINOS 4.
Tiempo Ordinario. Semanas 1-9
Barcelona 1997.Pág. 14-19
 

domingo, 26 de enero de 2014

"Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca"

¡Amor y paz!

Comenzamos la lectura continuada del evangelio de san Mateo. Para situarnos tenemos que saber que el evangelista, en los capítulos anteriores, ha narrado tanto los misterios de la infancia de Jesús como su bautismo en el Jordán.
La lectura arranca en el momento en el que Jesús deja su casa de Nazaret y se afinca en Cafarnaún, ciudad muy bien situada para la misión que iba a iniciar. De hecho, será su residencia habitual en los años de su vida pública. Con todo, el evangelista ve en este cambio de residencia el cumplimiento de una profecía.

La primeras palabras de Jesús son una invitación a que cada hombre que se tope con Él tiene que reconsiderar toda su vida y acertar a situarse ante la novedad de un nuevo orden de cosas en el que no valen las leyes y valores de este mundo sino el proyecto y los deseos de Dios, en concreto, "el Reino de los cielos" (Antonio Luis Martínez).
Los invito, hermanos, a leer y meditar el evangelio y el comentario, en este Tercer Domingo del Tiempo Ordinario.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Mateo 4,12-23.
Cuando Jesús se enteró de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea. Y, dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, a orillas del lago, en los confines de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías: ¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, país de la Transjordania, Galilea de las naciones! El pueblo que se hallaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en las oscuras regiones de la muerte, se levantó una luz. A partir de ese momento, Jesús comenzó a proclamar: "Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca". Mientras caminaba a orillas del mar de Galilea, Jesús vio a dos hermanos: a Simón, llamado Pedro, y a su hermano Andrés, que echaban las redes al mar porque eran pescadores. Entonces les dijo: "Síganme, y yo los haré pescadores de hombres". Inmediatamente, ellos dejaron las redes y lo siguieron. Continuando su camino, vio a otros dos hermanos: a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca con Zebedeo, su padre, arreglando las redes; y Jesús los llamó. Inmediatamente, ellos dejaron la barca y a su padre, y lo siguieron. Jesús recorría toda la Galilea, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias de la gente.

Comentario

El Bautista había usado ya las mismas palabras. En Juan, el acento recaía en la palabra «conviértanse» como corresponde a su función de precursor; ahora, se recalca la segunda parte «el reino de Dios está cerca». Es una frase de alegría, de felicidad rebosante: expresa la voluntad inquebrantable de Dios de otorgar la salvación. «El Reino de Dios está cerca», viene y no puede ser detenido, aunque no viene plenamente desarrollado, ni con toda su gloria. «Está cerca» es decir, está delante de la puerta, ante las murallas del mundo, ante el corazón de los hombres. No forzará al hombre ni a los pueblos. Dios llega, pero no viene, si no es esperado ni aceptado por el hombre. A la invitación de Dios, corresponde la respuesta del hombre.
«Conviértanse». La conversión nace como respuesta a esa Buena Noticia que debería ensancharnos el corazón: en Jesús ha aparecido, en toda su profundidad, el amor increíble y sorprendente de Dios al hombre, a cada uno de los hombres; el amor de Dios a todos nosotros, a cada uno de nosotros.
Este es el acontecimiento que tengo que aceptar, del que tengo que fiarme, y por el que tengo que conducir toda mi vida.
Esto es convertirse. No significa necesariamente que seamos grandes pecadores y debamos hacer penitencia. Significa que debemos tomar en serio a Jesús en nuestra vida, que debemos acoger sinceramente su evangelio y lo vayamos asimilando en las actitudes fundamentales de la vida.

Plantearse la conversión cristiana es preguntarse si uno ha elegido alguna vez definitivamente a Jesucristo. 
* * * * *
Pedro y sus compañeros son llamados aquí a ser cristianos, no a ser apóstoles. Lo cual equivale a tener una función social: ser pescadores de hombres. Quiere decir que ser cristiano incluye necesariamente una relación hacia los demás. No somos cristianos para salvarnos. Para esto, basta cumplir los mandamientos. Se es cristiano para que este mundo se vaya transformando con nuestra colaboración en Reino de Dios.

Hay que desguazar el concepto de conversión de todas sus escorias individualistas. La conversión no es un acto espiritual-intimista, sino el acto por el que se pone en práctica la conformidad con el contenido de la fe cristiana. No hay que referirla principalmente al individuo, sino a la praxis de transformación del mundo y de construcción del Reino de Dios. El mandamiento del amor se traduce en el mandamiento de la transformación del mundo y de la provocación del Reino.
Una interpretación exclusivamente individualista del concepto de conversión ha coincidido siempre con el quietismo social.

La finalidad de la conversión es hacer de un hombre un discípulo de Cristo. Y convertirse en discípulo no significa realizar un acto individualista, sino pasar a formar parte de aquellos que sirven a Cristo. Y el nexo que une a éstos no es una fe individual, sino el servicio a que se sienten llamados.

Convertirse es, pues, participar en el dinamismo de la acción divina y transformadora del mundo, provocadora del Reino. 
* * * * *
«Vengan conmigo». Llamada y respuesta personal.

Aquí está el secreto. Es posible que hasta ahora nosotros hayamos recibido una llamada que podríamos calificar de «sociológica». Hemos nacido en una nación, en una familia, en las que fatalmente teníamos que ser cristianos. Lo hemos heredado como hemos heredado los apellidos paternos. Pero nos ha faltado ese enfrentamiento personal con la llamada al cristianismo. Nos ha faltado la respuesta concreta, consciente, madura, reflexiva. 
Vengan conmigo. Esta es la invitación que hay que atender. Procurar estar cada día un rato con Jesús. Ver lo que Jesús hace. Escuchar lo que Jesús dice y entablar con él una relación personal de amistad. Dejarse cautivar por Jesús. Poco a poco nos iremos dando cuenta -en la medida en que nos dejemos contagiar por él- de que con Jesús es posible una nueva forma de ser y de vivir.

lunes, 13 de enero de 2014

Ayudémosle a Jesús a salvar a la humanidad

¡Amor y paz!

Durante las nueve primeras semanas del año hacemos la lectura continua del evangelio según san Marcos, el primero que se puso por escrito y el más corto de los evangelios. Los trece primeros versículos, que no leemos aquí, porque se leyeron durante los domingos precedentes, relatan muy brevemente la "predicación de Juan Bautista", "el bautismo de Jesús" y "el retiro preliminar de Jesús en el desierto, donde fue tentado"...
Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario,  en este lunes de la primera semana del Tiempo Ordinario.

Dios los bendiga…
Evangelio según San Marcos 1,14-20.
Después que Juan fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea. Allí proclamaba la Buena Noticia de Dios, diciendo: “El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia". Mientras iba por la orilla del mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que echaban las redes en el agua, porque eran pescadores. Jesús les dijo: "Síganme, y yo los haré pescadores de hombres". Inmediatamente, ellos dejaron sus redes y lo siguieron. Y avanzando un poco, vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban también en su barca arreglando las redes. En seguida los llamó, y ellos, dejando en la barca a su padre Zebedeo con los jornaleros, lo siguieron.

Comentario

Después que Juan fue preso, Jesús marchó a Galilea, predicando la "buena nueva" de Dios.
Jesús humildemente sigue la predicación de Juan. Le ha dejado llegar hasta el final de su misión de precursor. A su desaparición, le llega a Jesús el turno de entrar en escena. ¿Sé yo dejar su lugar a los demás? Juan Bautista fue pues "detenido", y encarcelado. En esta situación dramática -la "buena nueva" es un estorbo y los portavoces de Dios son mal vistos- es cuando Jesús comienza: ya puede prever lo que le esperará dentro de algunos meses.

-Decía "Los tiempos se han cumplido... y el Reino de Dios está cerca... Arrepentíos... y creed en la "buena nueva..."

Voy a meditar pausadamente sobre estas cuatro palabras.

Jesús desde el principio se considera ser el término de todo el Antiguo Testamento. El tiempo fijado por Dios para cumplir sus promesas ha llegado. Una nueva era comienza. Abraham, Moisés, David, los Profetas... no eran más que una preparación: "Yo llego... cumplo... termino... Pretensión exorbitante. Se ha creído a veces poder soslayar la cuestión engorrosa que suscita la personalidad de Jesús, tratando de suprimir los milagros o de explicarlos humanamente. De hecho la conciencia que posee Jesús de su vinculación privilegiada con Dios está presente en todas las páginas del evangelio. Si se rehúsa admitir la divinidad de Jesús, no sólo se tendrán que romper algunas páginas molestas... toda la trama del evangelio quedaría rota.
"El Reino de Dios está cercano". Yo introduzco la humanidad en este reino. Es a partir de mí que este reino tan esperado va a comenzar por fin. "Convertíos". Cambiad de vida. Es urgente.

"Creed en "la buena nueva." Sí, lo que acabo de deciros es bueno, ¡es una alegre nueva!
-Caminando a orillas del mar de Galilea vio a Simón y a su hermano Andrés... Algo más allá vio a Santiago y a su hermano Juan...

Marcos no intenta darnos una biografía real. Sabemos por el evangelio según san Juan que Jesús había ya encontrado esos mismos hombres a orillas del Jordán. Pero aquí Marcos quiere decirnos toda la importancia que, para Jesús, tienen los "discípulos".
Todavía no hemos visto a Jesús ante las muchedumbres, ni ante personas precisas...

Estamos sólo en el versículo 16 del evangelio... y he aquí que Jesús se rodea de cuatro hombres, que no van a dejarle más, y que veremos siempre a su alrededor. Son éstos más importantes para El que el entusiasmo de las gentes; es ya la Iglesia que se va preparando.
-Venid... Seguidme... Yo os haré pescadores de hombres.

Decididamente, este joven "rabí" se impone de entrada.
¿Quién es para tener tales pretensiones y tales exigencias? Parece saber muy bien lo que quiere. Por el momento no será un "maestro" intelectual reuniendo auditores para ir pensando con El... No, hay que seguirle para una acción, hay que trabajar en su obra, hay que ayudar a salvar a la humanidad.

NOEL QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 1
EVANG. DE ADVIENTO A PENTECOSTÉS
EDIT. CLARET/BARCELONA 1984.Pág. 262 s.
www.mercaba.org

martes, 30 de noviembre de 2010

‘Hemos encontrado al Mesías’, anuncia el apóstol

¡Amor y paz!

San Juan Crisóstomo comenta el Evangelio que hoy leemos y sintetiza muy bien la labor de un apóstol  de Jesucristo: ‘Hemos encontrado al Mesías’. Esa fue ayer, es hoy y será mañana la tarea fundamental de quien ha sido enviado por el Señor a anunciar la Buena Noticia de la Salvación. Todos nosotros, los bautizados, estamos llamados a dar testimonio de nuestra fe en Jesús donde quiera que vayamos.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio, en este martes en que la Iglesia celebra la Fiesta de San Andrés, Apóstol.

Dios los bendiga..

Evangelio según San Mateo 4,18-22. 

Mientras caminaba a orillas del mar de Galilea, Jesús vio a dos hermanos: a Simón, llamado Pedro, y a su hermano Andrés, que echaban las redes al mar porque eran pescadores. Entonces les dijo: "Síganme, y yo los haré pescadores de hombres". Inmediatamente, ellos dejaron las redes y lo siguieron. Continuando su camino, vio a otros dos hermanos: a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca con Zebedeo, su padre, arreglando las redes; y Jesús los llamó. Inmediatamente, ellos dejaron la barca y a su padre, y lo siguieron. 

Comentario

«Ved qué dulzura, qué delicia convivir los hermano unidos» (Sl 32,1)... Andrés, después de haber permanecido junto a Jesús (Jn 1,39) y haber aprendido muchas cosas, no se guardó este tesoro sólo para él: se apresuró a ir junto a su hermano Simón-Pedro para compartir con él los bienes que había recibido... Considera lo que dice a su hermano: «Hemos encontrado al Mesías, es decir, a Cristo» (Jn 1,41). ¿Te das cuenta del fruto de lo que, en tan poco tiempo, acababa de aprender? Eso demuestra la autoridad del Maestro que enseñó a sus discípulos y, al mismo tiempo, el celo de conocerle ya desde los inicios. 

    La prisa de Andrés, su celo en difundir inmediatamente una tan buena noticia, supone un alma que ardía en deseos de ver cumplido ya lo que tantos profetas habían anunciado referente a Cristo. El hecho de compartir así las riquezas espirituales demuestra una amistad verdaderamente fraterna, un profundo afecto y un natural lleno de sinceridad... «Hemos encontrado al Mesías» dice; no un mesías, un mesías cualquiera, sino «el Mesías, aquel que esperábamos». 

San Juan Crisóstomo (hacia 345-407), presbítero en Antioquia, después obispo de Constantinopla - Homilías sobre el evangelio de Juan, nº 19,1
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