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lunes, 10 de febrero de 2014

Jesús nos pide ser misericordiosos con los más necesitados

¡Amor y paz!

Siguiendo el ejemplo de Jesús, la comunidad eclesial recibió el encargo del Divino Maestro de anunciar la Buena Noticia de la salvación y, también, de curar a los enfermos. Así lo hicieron los discípulos ya desde sus primeras salidas apostólicas en tiempos del Señor: predicaban y curaban.

Un cristiano que quiere seguir a su Maestro no puede descuidar esta faceta: ¿cómo atendemos a los ancianos, a los débiles, a los enfermos, a los que están marginados en la sociedad? (José Aldazabal).

Los invito, hermanos, a leer y meditar el evangelio y la oración, en este lunes de la V Semana del Tiempo Ordinario.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Marcos 6,53-56. 
Después de atravesar el lago, llegaron a Genesaret y atracaron allí. Apenas  desembarcaron, la gente reconoció en seguida a Jesús, y comenzaron a recorrer toda la región para llevar en camilla a los enfermos, hasta el lugar donde sabían que él estaba. En todas partes donde entraba, pueblos, ciudades y poblados, ponían a los enfermos en las plazas y le rogaban que los dejara tocar tan sólo los flecos de su manto, y los que lo tocaban quedaban curados. 

Comentario

Misericordia divina, que nos acompañas toda la vida, confío en ti.
Misericordia divina, que nos rodeas particularmente en la hora de la muerte, confío en ti.
Misericordia divina, que nos das la vida eterna, confío en ti.
Misericordia divina, presente en cada instante de nuestra vida, confío en ti. 
Misericordia divina, que nos proteges del fuego del infierno, confío en ti.
Misericordia divina, que conviertes a los pecadores recalcitrantes, confío en ti. 
Misericordia divina, maravilla para los ángeles, inconcebible para los santos, confío en ti.
Misericordia divina, insondable en todos, los misterios divinos, confío en ti.
Misericordia divina, que nos levantas de toda miseria, confío en ti.
Misericordia divina, fuente de nuestra felicidad y nuestro gozo, confío en ti.
Misericordia divina, que nos llamas de la nada a la existencia, confío en ti.
Misericordia divina, que sostienes en tus manos cuanto existe, confío en ti.
Misericordia divina, que coronas todo lo que existe y existirá, confío en ti.
Misericordia divina, en la cual estamos sumergidos, confío en ti.
Misericordia divina, dulce quietud de los corazones atormentados, confío en ti.
Misericordia divina, la sola esperanza de las almas desesperadas, confío en ti.
Misericordia divina, descanso de los corazones, paz en el espanto, confío en ti.
Misericordia divina, delicia y maravilla de las almas santas, confío en ti.
Misericordia divina, que nos das la esperanza contra toda esperanza, confío en ti.

Oh Dios eterno, en quien la misericordia es insondable e inagotable el tesoro de la compasión, míranos con bondad y llénanos de tu misericordia a fin de que en los momentos difíciles no desesperemos jamás, no perdamos el valor, sino que nos sometamos con total confianza a tu santa voluntad ya que es el mismo amor y misericordia.

Santa Faustina Kowalska (1905-1938), religiosa
Diario, § 949 – 950
©Evangelizo.org 2001-2014






lunes, 11 de febrero de 2013

Jesús cura, pero, sobre todo, salva



¡Amor y paz!

En el Evangelio de hoy se resumen todos los ingredientes que acompañan la predicación de Jesús, al lado de sus discípulos. Tan pronto se hacen presentes, la multitud se reúne alrededor suyo y trae a sus enfermos para que sean curados.
 
Cada milagro de Jesús no debe ser tomado al pie de la letra, ya que producía un doble efecto en las personas: una sanación interior, relacionada más con el cambio de vida que se experimentaba, y otra sanación exterior que tenía que ver con el hecho material de ver restablecida la salud de sus cuerpos.

Mucha gente no descubría en el milagro su sentido liberador, y se quedaba sólo con el milagro exterior, y con el Jesús milagrero. No eran capaces de "leer" otros aspectos en aquellos "signos", y los asociaban más con la magia, con las curaciones "parciales" fáciles y milagreras que con la difícil transformación integral de la persona y de la sociedad, es decir, con la llegada del Reino con el que Él sueña... Jesús no está haciendo milagros para exhibirse, ni para poner parches o pequeños remedios a nuestras deficiencias de salud... Eso, con ser muy importante, no es lo más importante.

Te invito, hermano, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este lunes de la V Semana del Tiempo Ordinario.

Dios te bendiga…

Evangelio según San Marcos 6,53-56.

Después de atravesar el lago, llegaron a Genesaret y atracaron allí. Apenas desembarcaron, la gente reconoció en seguida a Jesús, y comenzaron a recorrer toda la región para llevar en camilla a los enfermos, hasta el lugar donde sabían que él estaba. En todas partes donde entraba, pueblos, ciudades y poblados, ponían a los enfermos en las plazas y le rogaban que los dejara tocar tan sólo los flecos de su manto, y los que lo tocaban quedaban curados.

Comentario

Las gentes de los contornos llevaban a los enfermos para que, al menos, pudiesen tocar la orla del manto de Jesús. De esa manera se curaban.

Hoy nosotros podemos pensar que quizá la fe de aquellas personas tenía algo de mágica. Es posible que fuese verdad. Sin embargo, en su sencillez aquellas gentes habían intuido algo muy importante: que sólo el contacto directo con una persona nos permite conocerla o sentirnos afectados por ella.

Los cristianos tendríamos que aprender a "tocar" a Jesús, a no perder de ninguna manera el contacto directo con él, porque él es la fuente de lo que somos y de lo que da sentido a nuestras vidas. Lo mismo que tocando la orla de su vestido aquellas personas quedaban curadas, sólo tocando hoy a Jesús encontraremos s la fuerza para seguir adelante y seguirle por los caminos de nuestra vida.

No es imposible tocarlo hoy. Ciertamente no es una persona con un cuerpo como el nuestro. Pero hay dos caminos al menos para encontrarnos con Él y tocarlo. Una es a través de la Eucaristía y de la lectura y escucha de la Palabra de Dios. Ahí nos encontramos con Jesús tal y como fue y no tal y como nos gustaría que fuese.

Otra manera es acercarnos a nuestros hermanos y hermanas, especialmente a los más pobres y desamparados, a los que sufren. Ellos son hoy sacramentos vivientes de la presencia de Jesús en medio de nosotros. El contacto físico, real, diario, con ellos nos hará experimentar, sin ninguna duda, la humanidad viva y real de Jesús que nos cura de nuestras enfermedades.

Servicio Bíblico Latinoamericano

lunes, 7 de febrero de 2011

‘Danos entrañas de misericordia ante toda miseria humana’

¡Amor y paz!

El evangelio de hoy es como un resumen de una de las actividades que más tiempo ocupaba a Jesús: la atención a los enfermos.

Son continuas las noticias que el evangelio nos da sobre cómo Jesús atendía a todos y nunca dejaba sin su ayuda a los que veía sufrir de enfermedades corporales, psíquicas o espirituales. Curaba y perdonaba, liberando a la persona humana de todos sus males. En verdad «pasó haciendo el bien».

Es la ocasión para pedirle a Dios Nuestro Señor, como lo hacemos en la plegaria eucarística Vb, que nos dé “entrañas de misericordia ante toda miseria humana”.

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este Lunes de la V Semana del Tiempo Ordinario.

Dios los bendiga…

Evangelio según San Marcos 6,53-56.
Después de atravesar el lago, llegaron a Genesaret y atracaron allí. Apenas desembarcaron, la gente reconoció en seguida a Jesús, y comenzaron a recorrer toda la región para llevar en camilla a los enfermos, hasta el lugar donde sabían que él estaba. En todas partes donde entraba, pueblos, ciudades y poblados, ponían a los enfermos en las plazas y le rogaban que los dejara tocar tan sólo los flecos de su manto, y los que lo tocaban quedaban curados. 
Comentario

La comunidad eclesial recibió el encargo de Jesús de que, a la vez que anunciaba la Buena Noticia de la salvación, curara a los enfermos. Así lo hicieron los discípulos ya desde sus primeras salidas apostólicas en tiempos de Jesús: predicaban y curaban. La Iglesia hace dos mil años que evangeliza este mundo y le predica la reconciliación con Dios y, como hacia Jesús. todo ello lo manifiesta de un modo concreto también cuidando de los enfermos y los marginados. Esta servicialidad concreta ha hecho siempre creíble su evangelización, que es su misión fundamental.

Un cristiano que quiere seguir a su Maestro no puede descuidar esta faceta: ¿cómo atendemos a los ancianos, a los débiles, a los enfermos, a los que están marginados en la sociedad? Los que participamos con frecuencia en la Eucaristía no podemos olvidar que comulgamos con el Jesús que está al servicio de todos, «mi Cuerpo, entregado por vosotros», y por tanto, también nosotros debemos ser luego, en la vida, «entregados por los demás». De modo particular por aquellos por los que Jesús mostró siempre su preferencia, los pobres, los débiles, los niños, los enfermos.

Sería bueno que leyéramos los números 1503-1505 del Catecismo de la Iglesia que tratan de «Cristo, médico», y los números 1506-1510 sobre «sanad a los enfermos», el encargo que Jesús dio a los suyos para con los enfermos: la asistencia humana, la oración, y de modo particular el sacramento propio de los cristianos enfermos: la Unción.


J. Aldazábal
Enséñame tus caminos 4
Tiempo Ordinario. Semanas 1-9
Barcelona 1997. Págs. 126-130