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martes, 29 de diciembre de 2015

Ni ‘oscurantismo’ ni Ilustración ni Nueva Era: la Luz verdadera viene de Cristo

¡Amor y paz!

Los invito, hermanos, a leer y meditar las 1ª. Lectura, el Evangelio y el comentario, en este 5º día de la Octava de Navidad.

Dios nos bendice…

Epístola I de San Juan 2,3-11. 
Queridos hermanos: La señal de que lo conocemos, es que cumplimos sus mandamientos. El que dice: "Yo lo conozco", y no cumple sus mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en él. Pero en aquel que cumple su palabra, el amor de Dios ha llegado verdaderamente a su plenitud. Esta es la señal de que vivimos en él. El que dice que permanece en él, debe proceder como él. Queridos míos, no les doy un mandamiento nuevo, sino un mandamiento antiguo, el que aprendieron desde el principio: este mandamiento antiguo es la palabra que ustedes oyeron. Sin embargo, el mandamiento que les doy es nuevo. Y esto es verdad tanto en él como en ustedes, porque se disipan las tinieblas y ya brilla la verdadera luz. El que dice que está en la luz y no ama a su hermano, está todavía en las tinieblas. El que ama a su hermano permanece en la luz y nada lo hace tropezar. Pero el que no ama a su hermano, está en las tinieblas y camina en ellas, sin saber a dónde va, porque las tinieblas lo han enceguecido.  

Evangelio según San Lucas 2,22-35. 
Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley: Todo varón primogénito será consagrado al Señor. También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor. Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor. Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo: "Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido, porque mis ojos han visto la salvación que preparaste delante de todos los pueblos: luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel". Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él. Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: "Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos". 

Comentario


1.1 Las lecturas de hoy van unidas en el tema de la luz. El que está en Cristo tiene luz porque Cristo mismo es la luz. ¿Qué significa esto para nosotros?

1.2 Es interesante al respecto recordar que los cristianos llamaban "iluminación" a la recepción del bautismo: era entendido este sacramento como entrar en la luz.

1.3 Mas luego llegaron otras ofertas de luz. En el siglo XVIII se llamó "oscura" a la época en que la fe tenía preponderancia social y presencia académica. El tiempo entre el humanismo griego y el humanismo renacentista fue considerado una época "sombría," de modo que ser bautizado y público creyente fue considerado "oscurantismo." Los pensadores que estas cosas decían llamaron a su propio tiempo "iluminación," o, como es conocido más comúnmente, "ilustración."

1.4 La luz vuelve a ser tema en la Nueva Era. En multitud de metáforas y sugestivas imágenes la Nueva Era nos quiere invitar a acoger la luz, pero esta vez se trata de una luz que ya no predica la sola (y "fría") racionalidad sino que anuncia una especie de experiencia espiritual, de fusión con el cosmos o de conexión con potencias celestiales o mensajeros de sabiduría.

1.5 En el ambiente esotérico es común hablar de los "grandes maestros" (entre los que estaría el mismo Cristo) y presentarlos como ejemplos de verdaderos "iluminados." Según estos "nuevaeristas," la iluminación viene a través de la meditación, la superación o anulación del ego, y otras cosas que en realidad pretenden superar los males del racionalismos egocéntrico de la Modernidad, es decir, de la anterior Iluminación o Ilustración.

2. La Nueva Era Es Todo, Menos Nueva

2.1 La Primera Carta de Juan ya tuvo que tratar el tema de la gente que se creía muy iluminada pero que llevaba una vida oscura. Lo básico es que la vida tiene que resplandecer, y que una luz que se queda en el nivel del conocimiento no es luz verdadera.

2.2 El racionalismo de la Ilustración o las experiencias mentales de la Nueva Era suceden en el nivel del intelecto, esto es, de la mente entendida como superior o independiente de la realidad temporal y corporal que tenemos. La razón endiosada o el cerebro recargado de sensaciones densas se suponen superiores a la vida que transcurre más allá de la reflexión o el conocimiento. El texto de hoy va exactamente en contra de ese modo de ver las cosas.

2.3 Frente a los que se enorgullecían de su conocimiento (que en griego se dice "gnosis") Juan pronuncia una palabra clara: ¿cómo está tu vida? Y la vida se refleja en criterios visibles: los mandamientos, no sólo en el sentido de los Diez Mandamientos, que no quedan excluidos, sino en el sentido amplio de conformidad con el querer divino. Y en cuanto ese querer significa vida y salvación para mi hermano, tener luz es estar en camino de anunciar y comunicar vida, amor, salvación a mi hermano.

http://fraynelson.com/homilias.html.

lunes, 19 de mayo de 2014

¡¿Cómo es posible que el mundo aún no descubra ni acepte a Jesús!?


¡Amor y paz!

Toda esta semana meditaremos el "discurso después de la Cena". Esas palabras de Jesús, en el relato de san Juan, siguen inmediatamente el anuncio de la negación de Pedro, portavoz del grupo de los discípulos (Jn 13, 38). Un malestar profundo invade a estos hombres. Temen lo peor. Y es verdad que mañana Jesús será torturado. Jesús experimenta también esta turbación: Y he aquí lo que acierta a decir para reconfortarles... para reconfortarse a sí mismo….

Los invito, hermanos, a leer y meditar el Evangelio y el comentario, en este lunes de la 5ª. Semana de Pascua.

Dios nos bendice…

Evangelio según San Juan 14,21-26. 
Jesús dijo a sus discípulos: «El que recibe mis mandamientos y los cumple, ese es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él". Judas -no el Iscariote- le dijo: "Señor, ¿por qué te vas a manifestar a nosotros y no al mundo?". Jesús le respondió: "El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él. El que no me ama no es fiel a mis palabras. La palabra que ustedes oyeron no es mía, sino del Padre que me envió. Yo les digo estas cosas mientras permanezco con ustedes. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho.»  

Comentario

Otra vez aparece el tema de la incomprensión. Judas -no el Iscariote- no entiende el modo de la manifestación de Jesús. No acierta a comprender cómo es posible esta manifestación de Jesús y que el mundo siga sin descubrirlo y sin aceptarlo.

Aunque con dificultad, los discípulos podían entender que Jesús, durante su vida terrena, hubiese tomado una apariencia externa humilde y como consecuencia, que su persona hubiese provocado la indiferencia o el rechazo.

Ahora comienza el período de su glorificación. ¿Por qué en esta etapa en la que Jesús ya está resucitado y constituido señor del mundo no se manifiesta de una manera sensacional a todos los hombres? Esta es la tentación del creyente en esta etapa de la vida de la Iglesia.

Jesús afirma que, aun después de su muerte y durante el período de su glorificación, las cosas no ocurrirán como ellos las pensaban: él no se va a manifestar a los hombres con las fuerzas del poder de Dios para que los hombres tengan que aceptarlo sin remedio.

La fe seguirá siendo invisible a sí misma. No aparecerá rodeada de milagros y sensacionalismos. Aunque Jesús ya esté resucitado y constituido Señor de toda la creación, aunque el Reino de Dios ya está presente en el mundo, las cosas parece que siguen igual que antes y la gloria de Dios solamente pueda vislumbrare a través de la fe.

Dios sigue presente y actuando en la Iglesia y en el mundo. Pero esa idea de Jesús-Rey-glorioso que impone la Ley de Dios por la fuerza, no tiene lugar en este tiempo nuevo de la nueva relación del hombre con Dios.

La manifestación de Jesús únicamente es posible en la obediencia y en el amor. "El que sabe mis mandamientos y los guarda, ese me ama: y al que me ama lo amará mi Padre y lo amaré yo, y me mostrará a él".

No solo se mostrará sino que habitará en ellos, vivirá en ellos. Los creyentes son situados por Jesús en una relación tan estrecha, tan íntima con Dios, que llegan a experimentar dentro de ellos mismos la realidad de Dios.

"El que me ama guardará mi palabra y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él".

Lo que une a Jesús con sus discípulos tras su separación corporal es una comunidad de amor. Y en ese amor experimentan la inhabitación de Dios.

El que me ama... todo es cuestión de amor. ¿Cómo es entonces, que hay tantos cristianos que tratan a Dios a la manera del mundo, como un objeto útil cuando se tiene necesidad de él y que se olvida cuando resulta inservible?

¿Cómo va a ser nuestra religión como la conciben los hombres; como un asunto de deberes y obligaciones?

Si alguien me ama... Ser discípulo es sentir la fascinación producida por el hecho de que Dios hace todo lo posible por compartir su vida con nosotros.

Si alguien me ama... Dios ha elegido para siempre vivir en el corazón que ama. Ahí es donde hay que buscar y encontrar a Dios.